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¿Cómo es que el enojo se convierte en una respuesta automática que fluye de nuestra mente subconsciente? Sucede porque aprendemos el enojo a través de la exposición repetida a determinadas experiencias en nuestro entorno.

Encuentro interesante que a pesar de que a menudo aprendemos a reprimir emociones en la infancia, este es el periodo en que nos bombardean las experiencias que despiertan emociones.

Hasta las caricaturas parecen enseñar a los niños a reaccionar ante la vida con enojo y con ira. Lo mismo vale para muchos de los programas policiales en los horarios pico. Los medios nos enseñan a reaccionar ante la vida con un fusible corto, a sacar  conclusiones inmediatas y a dar respuestas ingeniosas y súbitas.

El enojo es una respuesta condicionada. La aprendemos a través de la reiteración y por medio de pistas o cosas en nuestro entorno que nos dan pie para enojarnos.

En un estudio se demostró que se podía enseñar a los perros a salivar cuando sonara una campana. Inicialmente, cada vez que los perros recibían comida, también oían el sonido de una campana.  Salivaban ante la presencia del alimento al principio, pero con el tiempo la asociación entre el sonido de la campana y la comida era tan fuerte y estaba tan arraigada que salivaban aunque sonara la campana y no se les diera comida. Este es un ejemplo de respuesta condicionada.

De manera muy similar aprendemos a expresar ira cuando enfrentamos estrés.  Apenas se oye un grito, sacamos conclusiones apresuradas y respondemos de manera determinada aunque la persona que grita nonos esté gritando a nosotros.

Con el tiempo la persona ni siquiera se da cuenta de que es lo que hace disparar su ira, simplemente está lista, tensa para huir o pelear en todo momento. Un día quizá esté enojado y le grite al repartidor de periódicos si no lo deja en el lugar indicado. Otro día, quizá se enoje ante un vendedor incompetente. O cuando la fila parece demasiado larga en la estación de servicio, saldrá a la luz la expresión del enojo. La ira hierve de manera muy inadecuada si la persona vive mucho tiempo con ira reprimida.

Desafortunadamente las personas hostiles ni siquiera pueden darse cuenta de lo inadecuado de sus respuestas en relación a las circunstancias o situaciones que provocan sus reacciones.  La ira puede ser un suicidio silencioso.  Busque ayuda !

“me enamoré… me enamoré”. “Sólo llevamos veinte días y siento que me pertenece desde siempre”.

La estructura psicológica del enamoramiento, parece mostrar ciertos rasgos universales que incluyen una mezcla de romanticismo crónico, euforia y desvelo.

Veamos los rasgos:

Idealización del ser amado. Se refiere a magnificar las cualidades de la persona amada a expensas de sus defectos, a pasar por alto los errores o simplemente a ser incapaz de criticar el objeto de adoración.

Exclusividad y fidelidad absoluta. El enamoramiento no concibe la infidelidad en ninguna de las formas, pero no por convicción o principios, sino por pura incapacidad biológica: la mente y el cuerpo están ocupados en su totalidad por la persona amada, no hay espacio disponible para nadie más.

Sentimientos intensos de apego y atracción sexual. Aunque la mayoría de las personas diferencian entre el gozo afectivo y el placer sexual, el enamoramiento los unifica de manera indiscriminada. Deseo y afecto se amalgaman y hacen que los individuos “enamorados” piensen que el amor y el sexo siempre van juntos.

Pensamiento obsesivo sobre el ser amado. Aunque los pensamientos de la persona enamorada son intrusivos y persistentes, no siempre son molestos, más bien aceptan la forma de rumiación autogratificante, un embelesamiento recordatorio del cual el sujeto no quiere desprenderse.

Deseo de unión y fusión total con el ser amado. El deseo que guía el enamoramiento va más allá de querer estar con la persona amada, lo que exige el enamorado es “ser uno con el otro”, “ser uno aunque sean dos”.

Disposición a correr cualquier riesgo para conservar la relación. No hay límite, el amor pasional no mide consecuencias. La supuesta “valentía” que mueve a los que sufren de enamoramiento no suele ser más que inconsciencia o incapacidad para medir las consecuencias negativas, de manera similar a lo que ocurre en algunos trastornos mentales. Esta falta de autocontrol y dificultad para tomar decisiones racionales fácilmente pueden convertirse en apego y configurar un cuadro mixto de depresión y dependencia.

La mayoría de nosotros hemos cortado el césped alguna vez un sábado por la mañana. Y aprendimos que de nada sirve arrancarle la cabeza a los dientes de león o las malezas. Esto solamente parece asegurar que volverán a crecer y con más fuerza.

Cuando se trata de ciertos síntomas físicos a menudo solamente les cortamos la cabeza. Hacemos lo que podemos para librarnos nuevamente de las píldoras, el líquido o polvo… y así seguimos, semana a semana, mes tras mes, año tras año.

Es lo que hace la mayoría de las personas. La primera manifestación de estrés suele ser dolor de cabeza por tensión, los problemas digestivos (estomago, intestino, etc.), o erupción cutánea. Todas estas dolencias, claro está, agregan más estrés.

Si no tratamos el estrés inicial, de raíz, estos síntomas pueden volverse crónicos. Y pueden aparecer síntomas nuevos y más profundos: insomnio, pérdida o aumento de peso, dolor muscular especialmente en la espalda y las piernas, letargo generalizado o sensación de agotamiento, lentitud para pensar, falta de ambición y energía.

Nuestra respuesta general parece ser la de tomar más píldoras, intentar con una dieta diferente, hacer ejercicio por unos días y luego abandonar, y retarnos no solo porque estamos fuera de estado y con mala salud, sino por nuestra incapacidad por seguir un problema de buena salud. Todo el tiempo, agregamos una capa más de factores estresantes a la mezcla existente.

Si seguimos ignorando el estrés que está en la raíz, los síntomas pueden convertirse en una enfermedad declarada, del tipo que requiere cirugía, quimioterapia y radioterapia, medicación muy fuerte y otros protocolos de tratamientos muy serios. Cada uno de estos tratamientos, claro está, ¡producen todavía más estrés! Eso es lo que causa el diagnostico de una enfermedad que pone en riesgo o transforma nuestra vida para peor.

Estrés, mas estrés, más estrés; y todo el tiempo el cuerpo no diferencia qué es lo que causó el primer estrés.

Nuestro cuerpo no conoce, ni le importa que es lo que causó el estrés. Lo único que sabe el cuerpo es sentir estrés.

Es vital no subestimar los síntomas del estrés y resolverlos de manera superficial. Hay que buscar ayuda profesional antes de que sea demasiado tarde.

Vivimos enredados entre lo que nos gustaría hacer y lo que deberíamos. Dos sistemas de procesamiento aparentemente irreconciliables pugnan por imponerse: uno es prepotente, directo y emocional; el otro, solapado, astuto y racional. Emoción vs. Razón.

Admiramos mucho más a la persona que logra contener sus emociones hasta estreñirse, que a aquellas que suelta un grito de felicidad en una biblioteca pública porque encontró el poema perdido. Privilegiamos demasiado lo mental, a expensas de lo natural.

Querer enterrar todas las emociones no sólo es una tarea imposible, sino peligrosa para la salud. Cuando el poderoso super yo comienza a frenar más de la cuenta los impulsos sanos y naturales que pugnan por salir, se produce un desequilibrio mente-cuerpo.

En estos casos el organismo, además de aburrirse como una ostra, desaprovecha recursos energéticos, pierde motivación y decae en su capacidad comunicativa.

El desconocimiento de los propios estados emocionales acorta la vida y predispone a todo tipo de enfermedades. La emoción es la manera en que Dios nos recuerda que estamos vivos.

Si conseguimos integrarla adecuadamente a nuestra vida lograremos una mayor coherencia entre lo que hacemos, pensamos y sentimos, y un sentido de vida más vital.

Como no estamos acostumbrados a hacer contacto con nuestras emociones, hemos creado una dislexia emocional, un alfabetismo respecto de su gramática básica. Nos da miedo acercarnos a las emociones, porque cuando se activan demasiado perdemos el control.

Nuestro sistema atencional es claramente externalista, estamos más fuera que dentro. La confianza en uno mismo se ha trasladado a los amuletos, los astros, el cambio de gobierno, los ángeles o el destino.

Aunque todas las emociones nos enseñan, no todas son buenas y aceptables. Hay sentimientos autodestructivos y altamente peligrosos que deben manejarse con cuidado o eliminarlos para siempre. Otros, como los amigos de verdad, nos ayudan en las buenas y en las malas, fortalecen el yo y nos engrandecen. Establecer esta diferenciación es fundamental antes de actuar.

La depresión no es una enfermedad que se manifieste de la misma manera en todas las personas.

Hoy hablaré de la depresión mayor, la distimia y la depresión bipolar.

La depresión mayor puede hacer sentir como si el trabajo, la escuela, sus relaciones y otros aspectos de su vida se hubieran salido totalmente de control o como si hubieran quedado en espera indefinidamente. Se siente constantemente triste, agobiado, o pierde interés en todas las actividades, incluso en aquellas que solía disfrutar.

Estos sentimientos lo persiguen todo el día, la mayor parte de los días, y duran al menos dos semanas. La depresión mayor es más predominante en las mujeres que en los hombres, y aunque puede comenzar en cualquier etapa de la vida, el primer episodio ocurre, en promedio, durante los primeros diez años de la adultez.

La depresión o la desesperanza pueden ser tan paralizantes que incluso podrían impedirle buscar ayuda. Lo que es peor, usted puede creer que el tratamiento nunca le permitirá sobreponerse a esa fuerza destructiva que lo domina. Quien piense así comete un gran error. La mayoría de las personas que reciben el tratamiento adecuado se recuperan emocionalmente de dos a seis semanas, y pueden volver a disfrutar de la vida otra vez. Sin embargo, cuando la depresión mayor no se trata, el sufrimiento puede durar meses.

¿Qué es la distimia?

Distimia, se refiere a una depresión leve y monótona que dura al menos dos años en los adultos y un año en los niños y adolescentes. Aunque no es tan incapacitante como la depresión mayor, su persistencia puede impedirle sentirse bien e invadir sus actividades laborales, escolares y su vida social. Si la depresión equivale al color negro, la distimia puede compararse con el color gris tenue.

Si sufre distimia, es más frecuente que se sienta deprimido durante la mayor parte de su día, puede llevar acabo sus actividades, pero ya no tiene gozo.

¿Qué es trastorno bipolar?

El trastorno bipolar siempre incluye uno o más episodios de manía caracterizados por un excelente ánimo, sensación de omnipotencia y conducta errática. Con frecuencia incluye también episodios de depresión.

El trastorno bipolar es una enfermedad recurrente. Se puede esperar que 9 de 10 personas que han tenido un solo episodio maniaco vuelvan a repetir la experiencia. Los índices de suicidio entre las personas que tienen un trastorno bipolar son mayores que el promedio. Sin embargo, un tratamiento exitoso puede ayudar a disminuir la cantidad y la intensidad de los episodios y, además, reducir el riesgo de suicidio.

Se sufre por amor, ésa es la verdad. Incluso los que se vanaglorian de estar perfectamente acoplados a su pareja, en lo más recóndito de su ser a veces albergan dudas, inseguridades o pequeños miedos, anticipatorios respecto a su futuro afectivo.

El amor es múltiple. La experiencia afectiva está conformada por un conjunto de variables que se entrelazan de manera compleja.

Se me dirá que el amor no es para “entenderlo” sino para sentirlo y disfrutarlo, y que el romanticismo no soporta ningún tipo de lógica: nada más erróneo. La actitud sentimentalista, además de ingenua, es peligrosa, ya que una de las principales causas del “mal de amores” nace precisamente las creencias irracionales y poco realistas, que hemos elaborado sobre el afecto a lo largo de nuestras vidas. Las concepciones erróneas del amor son una de las principales fuentes de sufrimiento afectivo.

Amor deseado (principio del placer) y amor pensado (principio de realidad), lo uno y lo otro, razón y emoción en cantidades adecuadas. Hay que ordenar y regular el amor para hacerlo más amigable y próximo  las neuronas.

El amor podría estudiarse mejor a partir de tres dimensiones básicas. Cuando estos elementos logran acoplarse de manera adecuada, decidimos que estamos en presencia de un amor unificado y funcional. Con base en sus raíces griegas, los nombres que reciben estos tres amores son: eros (el amor que toma y se satisface), philia (el amor que comparte y se alegra) y ágape (el amor que da y se compadece).

Un amor completo, sano y gratificante, que nos acerque más a la tranquilidad que al sufrimiento, requiere la unión ponderada de los tres factores mencionados: deseo (eros), amistad (philia) y ternura (ágape).

Entonces no hay un amor de pareja, hay al menos tres amores reunidos alrededor de dos personas, y la alteración de cualquiera de ellos hará que el equilibrio vital del efecto se pierda y el sufrimiento aflore.

El amor incompleto duele y enferma. Cuando más desintegrados estén los componentes del amor, mayor será la sensación de vacío y desamor.

Las necesidades y expectativas de los integrantes del pareja no coinciden y los componentes del amor se pierden en una maraña de confusión y malos entendidos. Si no tenemos  un esquema cognitivo (mental) para incrementar los hechos, será imposible resolverlos.

La propuesta básica es que si se enlazan los tres amores con que amamos en esquema de amor unificado, no sólo la capacidad de disfrute se incrementará notablemente, sino que el dolor psicológico tendrá menos cabida.

El amor no tiene por qué producir sufrimiento si somos capaces de eliminar las creencias irracionales que la cultura ha inculcado en nosotros.

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MIGUEL PLA PSICOTERAPUETA © DERECHOS RESERVADOS 2014