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La amistad de pareja implica sentirse compinche del otro, tal como ocurre con los buenos amigos. Lo primero que debes preguntarte es qué tan compañera o compañero te sientes de tu pareja y no me refiero a ser LA AMIGA o EL AMIGO con mayúscula, es decir, el mejor o el único (eso ya sería un poco asfixiante), sino a que si realmente puedes contar a tu pareja entre tus mejores amigos.

¿Te alegras cuando estás con él o ella? ¿Te hace falta? ¿La pasan bien juntos? ¿Se ríen? ¿Tienen de qué hablar? Si la respuesta a estos interrogantes es afirmativa, hay buen clima. Recuerda que la alegría potencia el ser y la tristeza lo hunde. En algunas parejas el fastidio o la molestia es obvia. “¡Estoy feliz porque mi marido se fue a un viaje de trabajo!”, me dijo en cierta ocasión una amiga. Le pregunté con curiosidad por qué estaba tan feliz y me contestó que cuando él se. iba, volvía a ser ella: “¡Me siento libre!”, me dijo en un suspiro. Era evidente que algo andaba mal. No digo que tengas que hacerte un harakiri cada vez que tu pareja se marche, los alejamientos moderados son buenos, pero si saltas de alegría por su ausencia y la diversión comienza en el preciso momento en que tu pareja se va, no estamos ante un amigo o una amiga de corazón, es probable que se trate más de un estorbo o de un mal necesario.

Que quede claro: no hablo de embelesamiento, sino de gozo y simpatía. Si tu pareja te hace sonreír de vez en cuando, vas bien. Si no ves la hora de contarle tus logros o un problema que te mortifica, sigues bien. Y si a veces sientes un cosquilleo agradable cuando te encuentras sorpresivamente con ella, estás en lo que es.

Hay parejas que confunden la “alegría de que existas” con la “resignación de que existas”. Se aguantan, se critican, se aburren: la “alergia” de que existas, el hastío de que andes rondando mi vida, la carga de tenerte. Los amigos, por definición, son livianos.

Una manera adecuada para saber si hay una buena amistad es comparar la relación de pareja con la de algún buen amigo o amiga. Buscar similitudes y diferencias, pero sobre todo cómo te sientes en un caso y otro. Compara emociones: ¿sientes alegría cuando estás con tu pareja o te invade el tedio? Es verdad que no se puede sentir alegría todo el tiempo, eso nos llevaría otra vez a la manía, pero el telón de fondo, el tono general, ¿es satisfactorio? ¿Te complaces con su compañía?

Si no es así, la cuestión necesita nuevos aires. Hay que revisar qué no está funcionando. Puede que eros y ágape no anden bien y afecten a philia. De hecho es muy difícil ser amigo de alguien que nos hiere o nos rechaza. Sin embargo, a veces el problema es de simple convivencia o de aburrimiento. No hay vuelta de hoja, debe haber alegría. No es negociable el desgano o el fastidio. No es aceptable que te moleste su presencia. Un paciente me describía así los encuentros con su esposa: “Veda me genera malestar. El ochenta por ciento del tiempo estamos en controversia. Ella se queja de que salgo con mis amigos, pero es que con ellos no hay peleas. Lo único que hacemos es pasada bien… Con ellos me relajo, ella me genera estrés”. En la amistad alegre, la proporción se invierte: el ochenta por ciento del tiempo la pasas bien y el veinte por ciento discutes, amigablemente. La amistad de pareja se basa en algo más que deseo (eros) y compasión (ágape). Yo diría que es una mezcla de gusto y humor. Los amigos se ríen y están del mismo lado en lo fundamental, ésa es la razón por la cual disfrutan estar juntos.

¿Puedes prescindir de philia?, la respuesta. es categórica: no, no puedes, a no ser que se trate de una aventura y entonces eros es suficiente. No obstante, si tu pareja es uno de tus amigos favoritos, podrías acceder a una interesante combinación de eros y philia, placer y alegría juntos. Hacer el amor con el amigo o la amiga: ¿qué más se puede pedir?

W.R.

Solidaridad, reciprocidad, autonomía; ninguno estos tres valores tendría sentido si no existiera el respeto a los derechos del otro.

Expresiones como: “Me perteneces” o “Eres mía o mío” no son otra cosa que la sintomatología de una necesidad imperiosa de posesión que suele traducirse en emociones destructivas, como los celos, el rencor, la ansiedad o la depresión.

Aunque no siempre sea fácil lograrlo, el amor digno se ubica en un punto medio entre “ser totalmente para el otro” y “ser totalmente para sí”. No es excluyente, sino asertivo, en tanto es capaz de discernir claramente el territorio de sus reivindicaciones y de marcar límites. El concepto del amor digno descansa sobre dos pilares que la cultura del amor incondicional ha desechado: el respeto y la defensa de los derechos humanos. La máxima que lo rige es tajante: “Si no eres capaz de amar y que te amen con dignidad, mejor no ames”.

De la tolerancia al respeto ¿Hay que tolerarlo todo? Obvio que no. Al igual que cualquier principio de vida, la tolerancia tiene sus límites.

Karl Popper planteó en su momento la paradoja de la tolerancia: “Si somos absolutamente tolerantes, incluso con los intolerantes, y no defendemos la sociedad tolerante contra sus asaltos, los tolerantes serán aniquilados y junto con ellos la tolerancia”. ¿Habría que tolerar la violación o los asesinatos? ¿Qué liaríamos si viéramos a un hombre golpeando a su pequeño hijo? ¿Debemos tolerar el abandono infantil, los genocidios, las estafas o el maltrato?

Hay amores intolerables y relaciones insoportables, a nadie le quepa duda.

Una persona tolerante es permisiva, paciente y no impositiva.

Sin embargo, estas virtudes llevadas al extremo pueden resultar peligrosas si no están acompañadas de amor propio y algo de sabiduría. Si alguien dijera: “Yo tolero a mi pareja”, en vez de decir: “Yo amo a mi pareja”, no daríamos un peso por esa relación. “Tolerar”, según el Diccionario de sinónimos de Aguilar, también quiere decir: “soportar, aguantar, sufrir, resistir, sobrellevar, cargar con, transigir, ceder, condescender, compadecerse, conformarse, permitir, tragar saliva y sacrificarse. Un” vínculo afectivo que se ubicara en este contexto semántico parecería más una reunión de masoquistas anónimos que una relación amorosa.

Soportar con indulgencia las agresiones no es sinónimo de amor.

Pero la palabra tolerancia también tiene una acepción más positiva y no tan referida al sacrificio, como es: “Disposición a admitir en los demás una manera de ser, de obrar o de pensar distinta a la propia”. Es decir, la tolerancia como un valor que promulga el pluralismo entre las personas, en tanto acepta que éstas tienen derecho a expresarse con libertad de culto y opiniones. ¿Tu relación de pareja se rige por el pluralismo? De todas maneras, si consideramos que la libertad del otro es un derecho, esta libertad no tendría que ser tolerada sino respetada. El respeto modula el amor, pone una distancia cognitiva útil y conveniente entre los enamorados y permite pensar sobre lo que piensa el otro, para no maltratar ni ser maltratado. Por eso, para que la tolerancia no viole los derechos ajenos debe ser limitada: si la persona que amas es peligrosa para tu integridad física o psicológica, la tolerancia está contraindicada.

Así como nos indignamos frente a la injusticia ajena, también tenemos la responsabilidad de indignarnos cuando nuestros derechos personales se vulneran.

No debemos tolerar los abusos, vengan de donde vengan y así estén patrocinados por el amor. Para el abuso no hay disculpas.

Recuerda: de la tolerancia a la estupidez sólo hay un paso, y es la ingenuidad.

No quiero tolerarte (¡Dios me libre!), lo que quiero es amarte en la convivencia, en los acuerdos y en los desacuerdos. No quiero tolerarte, sino amarte y respetar tu esencia.

W.R.

Algunas diferencias pueden corresponder al objetivo, intereses y hábitos cotidianos que, día a día, van generando una serie sucesiva de conflictos pequeños los cuales provocan, en un sinnúmero de casos, el desamor.

Estas diferencias tienen mucho que ver con la relación de competencia y poder entre las partes. Es natural que cada uno de los miembros de la pareja tienda a dominar, en determinado aspecto, al otro, dependiendo de sus propias capacidades e intereses. Sin embargo, de una manera u otra, en cada pareja se establece un intento de liderazgo por cada uno. Lo normal y lo deseable es que se establezca un equilibrio. Por supuesto, a mayores diferencias, más precario será este equilibrio y las posibilidades de desavenencias y discusiones aumentan. La buena comunicación y el sano debate permanente servirán de antídoto frente a ésta situación que parece sencilla pero que puede traer malas consecuencias con el tiempo.

Debemos intentar sentarnos a hablar del tema y de lo que no está funcionando en la relación. Tratar puntualmente ese tema, más allá de las actitudes que uno u otro han tenido en diferentes oportunidades. Decir lo que uno siente y cómo se sienten frente a ésta situación. Una relación se construye de a dos, por lo que cada uno tiene una cuota de responsabilidad en este problema.

Las Discusiones

Deberemos también identificar los motivos de las últimas discusiones. Cada pelea, por más superficial que parezca tiene un verdadero motivo de fondo que no fue hablado en su momento e intentemos tratar de identificar ese problema para poder solucionarlo. Hay que tratar de mejorar la comunicación. Una buena comunicación es una de las bases de toda relación. Hablar las cosas a tiempo evita interpretaciones equivocadas, enojos silenciosos y sobre todo rencores. Es importante evitar que en las discusiones surjan temas del pasado. Cada situación tiene que ser única y resolverse en el momento.

Un motivo de discusión: El Dinero

El dinero es uno los temas más conflictos en la pareja. Tener más o menos, ser un derrochador o un tacaño, resulta un handicap que sólo se puede superar con diálogo. Aunque resulte un tema desagradable, antes de iniciar una convivencia mejor hablar el tema, para que no sea área de conflicto.
Si la economía afecta a todos los aspectos de la vida es iluso pensar que las relaciones amorosas quedan fuera de su campo de acción. Son muchas las razones por las cuales una pareja puede discutir por dinero:

  • El engaño:. Algunos hombres o mujeres no se atreven a contar al otro lo que están gastando fuera de las necesidades del hogar.
  • No llegar a fin de mes: la falta de dinero suele ser motivo de discusiones constantes, presiones, reproches y culpabilidades.
  • Una mala administración: el vivir por encima de las posibilidades, con independencia del dinero del que se disponga, acaba haciendo mella en la relación. Forzar a alguien a gastar más dinero del que tiene es una receta para la aparición de problemas.
  • Una persona tacaña: El ser una excesivamente cuidadora del dinero puede conllevar a resentimientos en ambos lados.
  • Desequilibrios económicos: También el que uno gane más que el otro puede ser fuente de problemas, cuando se utiliza esa ventaja como forma de poder.

Estas son algunas de las situaciones que afectan al estado de ánimo en la pareja. Si no se solucionan comienzan a surgir sentimientos de angustia, agobio y tristeza, que dan lugar a un estado permanente de mal humor y susceptibilidad. Además, la intimidad de la pareja es uno de los primeros frentes que se resienten cuando el ambiente queda viciado por problemas de dinero. En definitiva: no mezclar temas económicos con el amor en la pareja es la mejor de las sugerencias, y se consigue con la comunicación y un plan en común.

Descalificando al Otro

El que una pareja tenga desacuerdos no significa que la relación este mal, es lógico que no siempre coincidan, además ante estas situaciones se tiene la oportunidad de enfrentar y expresar lo que sentimos, sin reprimirlo, ni mucho menos esconderlo. En cambio cuando los pleitos entre pareja son cada vez más frecuentes y están llenos de descalificaciones se borran de la memoria todas aquellas cualidades que pueda tener el otro.
Cuando hay una discusión entre pareja, por muy molestos que estemos debemos saber que el argumento es el principal protagonista; las descalificaciones, ironías, burlas y sarcasmos, están fuera. La solución a una discusión está en conversar con fundamentos, explicando los puntos de vista de cada uno. Así se asegura una discusión basada en el respeto y que seguramente terminará con éxito para la pareja.

Continuará…….

 

Según una estadística del Instituto de IIPCS (Instituto de Investigación Psicológica, Clínica y Social) y del DF De México, una de cada 10 mujeres y dos de cada 10 hombres tienen relaciones sexuales fuera de la pareja.

Una de cada 10 mujeres y dos de cada 10 hombres comete una infidelidad

Pero existe otra infidelidad diferente que es la infidelidad emocional de la cual según este mismo instituto tres de cada 10 mujeres y cuatro de cada 10 hombres la cometen.

La infidelidad emocional pareciera ser más grave aunque la sexual porque la idea es que “nada está ocurriendo” .

Si bien ambas infidelidades son complicadas y traen consecuencias difíciles de sobrellevar. Esta es mucho más complicada ya que la persona puede establecer una relación emocional sin tener ningún tipo de contacto físico y pensar que “no está haciendo nada malo”. Estas actualmente son muy comunes desde que existe la web, los chats, las redes sociales, los mails y los msn.

La infidelidad emocional pareciera ser más grave aún que la sexual

Ser infiel emocionalmente significa que la persona quiere ausentarse temporalmente de la relación sin tener que abandonar a la pareja ni a la familia.

Al no tener ningún contacto físico el infiel piensa que lo que está haciendo no tiene consecuencias ya que no hay intercambios físicos.

El alejamiento de la pareja puede aumentar el deseo sexual, pero tener un amante a la distancia que esté siempre y cuando lo necesita puede volverse una adicción.

La emoción de intercambiar miradas cómplices y de releer los chats y los mails cuantas veces quiera es el combustible ideal para mantener una aventura que no parece riesgosa, además de la seguridad que brinda el secreto y del miedo de ser descubierto.

 

Tener un amante a la distancia puede volverse una adicción

Todos estos elementos hacen este tipo de relaciones se conviertan en muchos más riesgosas aún. He atendido varios casos y realmente algunos se vuelven una adicción difícil después de superar.

¿Has tenido alguna de esas experiencias?

Pide ayuda www.psicoterapiamp.com

 

En la mayoría de los matrimonios, uno o ambos se resisten a la idea de asistir a terapia.

Algunos no pueden pagarla o la encuentran inconveniente. Y muchos la consideran un último recurso, algo que sólo las parejas desesperadas necesitan. Sólo el 19% de las parejas casadas participa de terapias matrimoniales; un estudio reciente acerca de parejas divorciadas encontró que casi dos tercios de ellas nunca asistieron a terapia antes de dar por terminada su relación.

“Parece que somos todavía más resistentes a buscar ayuda para nuestras relaciones que para la depresión o la ansiedad. Existe una fuerte resistencia a pensar que nuestras relaciones tienen problemas, el reconocer que puede que haya algo que no funciona es casi como admitir su fracaso.”

Por supuesto, la terapia matrimonial no siempre funciona, tal vez debido a que en general se atrasa hasta que los problemas son demasiado extensos y profundos. Un estudio reciente de dos tipos de terapias diferentes mostró que sólo alrededor de la mitad de las parejas declaraba mejoras a largo plazo en sus matrimonios.

Por eso, los investigadores comenzaron a buscar formas, algunas de ellas a través de Internet, de acercarse a las parejas antes de que los matrimonios se descarrilen. Un estudio sigue a 217 parejas que se realizan un “control matrimonial anual” que, esencialmente, ofrece medidas preventivas, como un control físico o un examen médico.

“No esperas a que te duela algo para ir al dentista, sino que asistes a controles regularmente”

Aunque todavía están analizando la información recogida, los primeros análisis muestran que las parejas que formaron parte de la experiencia sí mejoraron su calidad matrimonial. Al trabajar con los matrimonios antes de que sean infelices, los controles identifican conductas potencialmente “corrosivas” y ayudan a realizar pequeños cambios en la comunicación antes de que los problemas se descontrolen. Los más típicos incluyen la falta de tiempo y culpar a la pareja por el estrés de criar a los hijos.

“Al no asistir a terapia con sólo un problema que solucionar, las parejas terminan peleando y divorciándose aunque existan soluciones simples, pero que ellos no ven.”

 

A pesar de que la depresión de ningún modo es una enfermedad silenciosa, es seriamente subdiagnosticada. Los expertos estiman que sólo 34% de las personas con depresión buscan ayuda, y sólo un tercio de quienes tienen depresión mayor obtienen el apoyo que necesitan.

Cuando las personas salen en busca de ayuda, por lo general los médicos diagnostican depresión preguntando acerca de lo que sienten y experimentan. También pueden usar herramientas para la detección y buscar las posibles causas médicas a través de un examen físico y, en  ocasiones, con exámenes de laboratorio.

Un examen físico y un historial médico pueden dar pistas que apunten a una depresión causada por medicamentos o por una enfermedad subyacente. En estos casos, los exámenes de sangre o las radiografías confirmarán el problema. Frecuentemente, cuando las personas no pueden o no están dispuestas a reconocer su propia depresión, sus quejas iniciales son médicas.

Entre las quejas médicas más frecuentas están los dolores de cabeza, problemas estomacales, problemas sexuales y falta de energía.

Si los síntomas sugieren depresión y las causas médicas parecen improbables, su médico querrá saber si se ha estado sintiendo triste o desesperanzado, y si ha observado algún  cambio en su apetito, impulso sexual o en sus patrones de sueño. Es posible que le haga las siguientes preguntas:

  • ¿Ha sufrido usted o algún familiar cercano de depresión u otros trastornos mentales? Si es así, ¿Cómo se la trató?
  • ¿Está satisfecho o siente placer con su vida?
  • ¿Alguna vez ha tenido pensamientos suicidas o tratado de suicidarse?
  • ¿Bebe alcohol? Si es así, ¿con que frecuencia y cuánto?
  • ¿Consume algún tipo de droga como marihuana, cocaína, crack o heroína para sentirse más alegre o relajado? Si es así, ¿Cuáles drogas y con qué frecuencia?

Es posible que el médico le pida que complete un cuestionario que puede detectar algunos síntomas o cambios sutiles en su estado del ánimo que, de lo contrario, podrían pasar inadvertidos.

O bien, puede completar una escala similar basándose en sus propias observaciones. Esas escalas son un poco mejores para detectar la depresión que los informes personales.

Dado que usted podría restar importancia a algunos síntomas o simplemente no estar consiente de ellos, es posible que su médico o terapeuta desee hablar con alguien cercano a usted. En el caso de los niños y los adolescentes, el médico podría entrevistarse con los padres y, en lo posible, con los maestros o un consejero u orientador.

Evalúe si tiene depresión.

Para cada una de las siguientes veinte preguntas indique con qué frecuencia experimenta el síntoma o el sentimiento descrito. Marque con un círculo el número que corresponda a la letra que describa con qué frecuencia te suceden las siguientes situaciones.
A= Muy poco tiempo/ Muy pocas veces/ Raramente.
B= Algún tiempo/ Algunas veces/ De vez en cuando.
C= Gran parte del tiempo/ Muchas veces/ Frecuentemente.
D= Casi siempre/ Siempre/ Casi todo el tiempo.        
A B C D
1 Me siento triste y deprimido. 1 2 3 4
2 Por las mañanas me siento mejor que por las tardes. 4 3 2 1
3 Frecuentemente tengo ganas de llorar y a veces lloro. 1 2 3 4
4 Me cuesta mucho dormir o duermo mal por la noche. 1 2 3 4
5 Ahora tengo tanto apetito como antes. 4 3 2 1
6 Todavía me siento atraído por el sexo opuesto. 4 3 2 1
7 Creo que estoy adelgazando. 1 2 3 4
8 Estoy estreñido. 1 2 3 4
9 Tengo palpitaciones. 1 2 3 4
10 Me canso con cualquier cosa. 1 2 3 4
11 Mi cabeza está tan despejada como antes. 4 3 2 1
12 Hago las cosas con la misma facilidad que antes. 4 3 2 1
13 Me siento agitado e intranquilo y no puedo estar quieto. 1 2 3 4
14 Tengo esperanza y confianza en el futuro. 4 3 2 1
15 Me siento más irritable que habitualmente. 1 2 3 4
16 Encuentro fácil tomar decisiones. 4 3 2 1
17 Me siento útil y necesario para la gente. 4 3 2 1
18 Encuentro agradable vivir, mi vida es plena. 4 3 2 1
19 Creo que sería mejor para los demás que me muriera. 1 2 3 4
20 Me gustan las mismas cosas que habitualmente me agradan. 4 3 2 1
Ahora suma cada uno de los números que seleccionaste y mide tu nivel de depresión, según se muestra en la siguiente tabla.
De 0 a 20 puntos: sin depresión.  
De 21 a 40 puntos: depresión leve.  
De 41 a 47 puntos: depresión moderada.  
De 48 a 80 puntos: depresión grave.      

 

Si tienes la mala suerte  de estar con una pareja paranoica, serás culpable hasta que no demuestres lo contrario.

Para él o ella, no importarán tu buena conducta ni las demostraciones de amor. Siempre estarás en la lista negra de los enemigos potenciales, tu proceder siempre esconderá una “segunda intención”.

La premisa del paranoico / vigilante es deshumanizante: “La gente es mala, y si bajas la guardia, te lastimarán”, familia incluida. Ser recelosos y contraatacar es su mejor forma de sobrevivir en un mundo percibido como hostil y explorador.

El amor desconfiado pone al otro bajo sospecha y lo obliga a presentar descargos que demuestren su fidelidad y lealtad. Pero el amor y desconfianza no son compatibles, no importa cuántos “certificados” presentes. No encajan bajo el mismo techo.

Estamos de acuerdo en que la desconfianza no siempre es contraproducente.

Para alguien que trabaje en una agencia de espionaje, la suspicacia será una buena herramienta de supervivencia, lo mismo pasa para un soldado en plena guerra o incluso para algunos migrantes que llegan a tierras hostiles.

El niño suele ser desconfiado ante los extraños, y eso garantiza su seguridad ante posibles depredadores. Si andas por un barrio peligroso donde podrían asaltarte, confiar en la suerte sería una estupidez. En eso estamos de acuerdo. El problema con el estilo paranoico / vigilante es que la suspicacia se generaliza irracionalmente y transforma en un modo de vida.

La inaceptable propuesta afectiva del amor desconfiado gira alrededor  de tres esquemas destructivos: “Si doy amor, te aprovecharás de mí” (inhibición defensiva), “Si no estoy vigilante, me engañarás” (focalización maladaptativa) y “El pasado te condena” (fatalismo afectivo).

 

La mayoría de nosotros entramos al matrimonio por el camino de su experiencia de enamoramiento.   Conocemos a alguien cuyas características físicas y rasgos de la personalidad producen suficiente choque eléctrico para activar nuestro «sistema amoroso de alarma». Suena la alarma y ponemos en acción el proceso de llegar a conocer a la persona. Estamos en una búsqueda para descubrir el amor. ¿Podría este sentimiento cálido y estremecedor que hay en mi interior, ser lo que busco?

Nuestros sueños antes del matrimonio son de dicha conyugal… Es difícil creer otra cosa cuando estamos enamorados.

En su apogeo, la experiencia de «estar enamorados» es eufórica. Estamos emocionalmente obsesionados el uno con el otro. Nos acostamos pensando en el otro. Cuando nos levantamos, esa persona es el primer pensamiento en nuestras mentes. Anhelamos estar juntos; pasar el tiempo juntos es como jugar en la antesala del cielo. Cuando nos tomamos de las manos, parece que nuestra sangre fluye unida. Podríamos besarnos eternamente si no tuviéramos que ir a la escuela o al trabajo. El abrazarnos nos hace soñar en el matrimonio y en el éxtasis.

La persona que está enamorada tiene la ilusión de que su amado o amada es perfecto. Su madre puede ver las imperfecciones que tiene, pero él no. Sus amigos también pueden ver sus defectos, pero probablemente no le digan nada, a menos que él les pregunte, lo cual él no lo hará porque en su mente ella es perfecta y lo que otros piensen no le importa.

Nuestros sueños antes del matrimonio son de dicha conyugal: «Vamos a ser sumamente felices. Otras parejas pueden discutir y reñir, pero nosotros no. Nosotros nos amamos». Por supuesto, no somos tan ingenuos. Sabemos que con el tiempo habrá diferencias. Pero estamos seguros de que trataremos esas diferencias honestamente, uno de nosotros siempre tendrá que hacer concesiones y llegaremos a un acuerdo. Es difícil creer en otra cosa cuando se está enamorado. Hemos llegado a creer que si en verdad estamos enamorados, eso será para siempre, de que siempre tendremos esos maravillosos sentimientos que tenemos ahora. Nada puede interponerse jamás entre nosotros. Nada destruirá nuestro amor del uno para el otro.

Desgraciadamente, pensar que la experiencia del enamoramiento es eterna no es más que ficción, no es la realidad. Se han hecho varios estudios sobre el fenómeno del enamoramiento. Después de estudiar a muchas parejas, se concluye que el promedio de duración de la obsesión romántica es de dos años. Si es una aventura amorosa secreta puede durar un poquito más. Sin embargo, con el tiempo todos bajaremos de las nubes y pondremos nuestros pies en la tierra otra vez. Tenemos los ojos abiertos y vemos las imperfecciones de la otra persona. Reconocemos que algunos de los rasgos de su personalidad son en verdad irritantes. Sus patrones de conducta son fastidiosos. Él ahora puede resentirse y enojarse, tal vez hasta tener palabras duras y críticas. Esos pequeños rasgos que pasamos por alto cuando estábamos enamorados, ahora son montañas gigantescas. Nos acordamos de las palabras de la madre y nos preguntamos: ¿Cómo pude haber sido tan tonto?

Bienvenidos al mundo real del matrimonio, donde siempre hay cabellos en el lavabo y pequeñas manchas blancas sobre el espejo; donde se discute por la forma en que se gasta el papel higiénico y por si la tapa del inodoro debe estar abierta o cerrada. Es un mundo en donde los zapatos no caminan solos hasta el ropero y los cajones de la cómoda no se cierran por sí mismos, donde a las chaquetas no les gusta colgarse ni las medias se meten en la lavadora cuando está funcionando. En este mundo, una mirada puede herir y una palabra puede destrozar. Los amantes íntimos se convierten en enemigos, y el matrimonio es un campo de batalla.

¿Qué pasó con la experiencia del enamoramiento? Tal vez fue una ilusión que nos engañó para que firmáramos nuestros nombres sobre el formulario matrimonial, para bien o para mal. No se sorprendan de que tantos lleguen a maldecir el matrimonio y al cónyuge que una vez amaron. Después de todo, si fuimos engañados, tenemos el derecho de enojarnos. Tuvimos realmente «lo verdadero»? Pienso que sí. El problema fue información errónea.

La mala información fue la idea de que la obsesión del enamoramiento duraría para siempre. Debíamos haber sabido mejor. Una observación fortuita nos hubiera enseñado que si las personas permanecieran obsesionadas, todos estaríamos en serias dificultades. Las ondas del impacto harían tambalear los negocios, la industria, la iglesia, la educación y el resto de la sociedad. < Por qué? Porque las personas que están enamoradas pierden interés en otros asuntos. Por eso lo llamamos «obsesión».

Como es el caso de la mayoría de las adicciones, Codependencia tiende a evolucionar a medida que trascurren las diferentes etapas.

Primera Etapa

El primer paso indica la experimentación. La persona en esta etapa advierte que las conductas que buscan aprobación le otorgan cierto reconocimiento en su vínculo con otras personas, esta aprobación lograda a través de este sistema de búsqueda en principio logra compensar algunas carencias emocionales preexistentes.

Segunda Etapa

Al comprobar que sus conductas tendientes a obtener aprobación y su simpatía brindan esa compensación emocional los codependientes comienzan a utilizar cada vez más esas conductas, alejándose así cada vez más de su Yo, para comenzar a ser esa persona que resulta tan reconocida y apreciada, haciendo de estas conductas una forma de relacionarse.

Tercera Etapa

En esta etapa, el codependiente comienza, con frecuencia, a renunciar a actividades saludables, ya que se encuentra atado a una persona que es emocionalmente exigente. Esto no le deja tiempo para preocuparse por el mismo.

Deben trabajar más duro para complacer y quedar bien ante esa persona, pero ahora los resultados no son consistentes. Como resultado, pueden comenzar a experimentar una especie de resentimiento, de frustración, de decepción y dolor.

Cuarta Etapa

A medida que comienzan a acumular más dolor personal, es muy común que a la vez, se concentren totalmente en el objeto del dolor y traten de cambiarlo o influir en él.  En esta fase es normal que la Codependencia derive en otros trastornos tales como el desarrollo de psicosis o neurosis. Su salud física comienza a deteriorarse.

Quinta Etapa

Esta es la etapa terminal de la Codependencia. Donde la conciencia de la persona está completamente obsesionada con el objeto de su dolor. En esta fase, tanto la salud física como mental, comienzan a deteriorarse rápidamente.

 

Es la pregunta clave. La variedad que presenta este trastorno y las dificultades que el psiquiatra experimenta a veces en su labor diagnostica hacen que necesitemos precisar su concepto, pues existe en la actualidad un uso y un abuso exagerado de la palabra depresión.

También hemos comprobado que, pese a una mayor incidencia de la depresión en los tiempos modernos, lo cierto es que este trastorno ha existido siempre, desde los palimpsestos a los llamados libros de los muertos en Egipto, desde Mesopotamia a los escritos del siglo V y VI.

Puesto que la enfermedad muestra diferentes manifestaciones de acuerdo a las circunstancias y características de cada cual, es obvio que nos encontramos ante un término cuyo significado puede variar según el uso que le queramos dar. Así, en el lenguaje corriente, depresión se refiere a una sensación de malestar relacionada con síntomas como tristeza y angustia, pero también contrariedad, mal humor, frustración, como consecuencia de lago negativo que ha sucedido.

A menudo lo que se conoce coloquialmente como depresión no es tal cosa, al menos desde el punto de vista médico. La frustración, la contrariedad o la tristeza son sentimientos negativos que surgen como reacción ante un hecho adverso, pero experimentar tales estados no supone ni mucho menos estar deprimido.

La verdadera depresión es un estado de hundimiento terrible que cualitativa y cuantitativamente es mucho mayor que cualquier decaimiento producido por los avatares de la vida. El sufrimiento de la depresión puede llegar a ser tan profundo que solo se vea como salida de ese túnel el suicidio.

Para el especialista la depresión, es un estado psicológico anormal producido tanto por factores exógenos (adquiridos) como endógenos (bioquímicos, inmotivados, hereditarios), entre los cuales cabe un espectro intermedio de posibilidades que se mueven en esos dos polos.

Por eso hablamos de depresiones predominantemente endógenas y otras preferentemente reactivas. Por ejemplo, se puede hablar técnicamente de personalidad depresiva y predepresiva, como veremos, ya que existen personas que debido a factores hereditarios y ambientales parecen predispuestas a sufrir este mal.

Son las típicas personas pesimistas y tristes, que siempre piensan en negativo. Por supuesto, este tipo de sujetos sólo son propensos a sufrir una depresión, pero su forma de ser no representa en sí misma una depresión (del mismo modo que una persona optimista puede padecer depresión en un momento dado de su trayectoria vital).

Cada época de la historia tiene su forma predominante de enfermedad y en la nuestra, se puede decir que la depresión constituye su expresión más acabada.

Como hemos visto, la depresión es algo muy antiguo y existen datos relevantes para tipificarla desde hace muchos siglos, aunque en las últimas décadas los avances habidos han sido muy esclarecedores.

 


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MIGUEL PLA PSICOTERAPUETA © DERECHOS RESERVADOS 2014