Nuestro Blog

Nuestras costumbres influencian nuestro estado físico y emocional, además de programar nuestro comportamiento que acaba por definir nuestra vida. Hay hábitos de los que sería mejor olvidarse, evitar a como dé lugar. Algunos de ellos son los siguientes:

  1. La costumbre de autocompadecerse

Las raíces de la pobreza empiezan a crecer cuando aparece la auto-compasión y brotan las quejas acerca de lo “miserable” de tu vida. No tienes la figura que deseas, no tienes los ingresos que querrías, la educación que recibiste no es la que necesitabas, tu casa no es como la de la revista, el clima de hoy no te agrada, el vendedor en la tienda no te escuchó como debía, y todo, absolutamente todo a tu alrededor puede ser un motivo para sentir lástima de tí mismo y quejarte de tu mala suerte.

Entre tanto, las personas que tienen la costumbre de autocompadecerse van perdiendo la simpatía de quienes los rodean. Y es que claro nadie quiere compadecerse eternamente de alguien así, con una vida llena de malas notícias. Nadie espera nada de un hipocondríaco crónico, se sabe que lo único que puede hacer es lamentarse y por eso tampoco es común que se les invite a nada ni se les tenga en cuenta. Para alguien así es muy difícil entablar relaciones personales que a su vez son muy importantes para forjar una carrera y conseguir un trabajo interesante. Autocompadecerse es la mejor manera de ganarse un sueldo miserable y tener una vida gris.

  1. Costumbre de ahorrar en todo

Si en la tienda siempre vas en busca de la sección de rebajas, si piensas que les pagan más a tus colegas del trabajo aunque trabajen menos; si nunca le prestas nada a nadie, no dejas ni la más mínima propina a los camareros eso significa que la costumbre de la pobreza ya ha hecho nido en tí.
Los analistas dicen que intentar economizar en todo está lejos de ser signo de ahorro razonable y por el contrario es un síntoma de que la persona es incapaz de balancear sus gastos y sus ingresos.

  1. Costumbre de medir todo en dinero

Sólo las personas en cuyas mentes crece la pobreza piensan que la única manera de ser feliz es tener un salario con gran cantidad de ceros y que no hay lugar para la alegría si no se tiene ropa cara, casa propia y un automóvil de alta gama. Los sociólogos aseguran que al responder a la pregunta ¿qué necesitas para ser feliz? sólo aquellos con una mentalidad de pobreza empiezan enumerando los bienes materiales, mientras que aquellos con un punto de vista mejor enfocado mencionan el amor y la amistad en primer lugar. Lo interesante es que este último tipo de personas rara vez hablan de cuentas bancarias porque piensan que la riqueza se mide en la capacidad de generar ingresos y tener visión. Una persona verdaderamente exitosa no depende del tamaño de su saco de oro.

  1. Costumbre de entrar en pánico cuando el dinero se acaba

Si con sólo pensar que se puede ser parte de la próxima oleada de despidos el pulso se acelera eso puede ser un síntoma de una mente programada para la pobreza. La verdad es que el dinero es un fluído que va y viene.

  1. Costumbre de gastar más de lo que se gana

Si trabajas en dos lugares pero aún así no te alcanza el dinero es hora de cambiar algo en tu vida. Si una persona no logra entender en qué se diferencia un crédito de otro lo más probable es que nunca llegue a conocer la estabilidad económica.

  1. Costumbre de hacer lo que no te gusta

¿Si no lo hago yo entonces quién lo hará? Los psicólogos afirman que las personas cuyos empleos no les satisfacen están potencialmente programados para la pobreza y lo que podríamos llamar “mala suerte”. La razón está en los sentimientos que se despiertan en la persona al tener que ocuparse de asuntos que no le gustan. Para desterrar esa costumbre es necesario hacer no lo que alguien más necesita, sino lo que más nos produzca satisfacción. Sólo en ese caso es posible ver resultados “milagrosos”. Ya dicen por ahí, si vas a ser zapatero, debes ser el mejor; y con razón, si te gusta lo más probable es que acabes teniendo una zapatería.

  1. Costumbre de no tener una buena relación con las personas de tu familia

Aunque podría parecer que tener malas relaciones con los miembros de tu familia no es algo tan grave en realidad eso genera una especie de “tabú” mental y un malestar que podría llegar a convertirse en odio. El odio se convierte en amargura y la amargura en pobreza mental, que a su vez no permite ningún tipo de cambio ni perdón.

 

A continuación 4 ejercicios para ayudarte a cambiar tu estado de ánimo de manera instantánea. ¡Ponlos en práctica hoy mismo!

  1.     Camina erguido

Tu disposición corporal es consecuente con tus emociones. Si te fijas, éste adopta diferentes posturas dependiendo de cómo te estés sintiendo: triste, contento o entusiasmado. Cada emoción en ti se expresa a través de tu cuerpo cambiando así la posición de tus hombros, cabeza, espalda, brazos, manos, etc. Sin embargo aunque no lo creas, tu disposición corporal también afecta tus emociones, es una relación bidireccional que se retroalimenta en ambos sentidos.

Por lo tanto si siempre caminas erguido y con la cabeza en alto, afectas positivamente tu estado de ánimo, sea cual sea el que estés viviendo.

Ejercicio: imagínate muy triste y cuando sientas que tu cuerpo refleja a cabalidad esa emoción, oblígate a erguirte y a caminar con la cabeza en alto. ¿Cómo sientes que te afectó? ¿Pudiste mantener la misma emoción?

  1.     Sonríe

Aquí el principio es el mismo que el anterior y las conductas se complementan. Si caminas erguido y con la cabeza en alto y lo acompañas de una sonrisa amable, eso te predispondrá positivamente frente a la vida.

Ejercicio: imagínate muy enojado y luego esboza una sonrisa. ¿Qué pasó dentro de ti? ¿Pudiste mantener la emoción inicial?

  1.     Mira a los ojos

Existe un juicio negativo, comúnmente aceptado en nuestra sociedad, respecto de las personas que no miran a la cara: “Son personas poco confiables”.

Ejercicio: respóndete estas preguntas: ¿Cómo son las personas con la gente en la que confían? ¿Cómo te sientes cuando la gente confía en ti? ¿Te serviría contar con la confianza de las personas? ¿Que podrías lograr si contaras con la confianza de más personas? ¿Cambia eso cuando miras a las ojos a las personas?

  1.     Presta atención a tu respiración

La respiración es un acto involuntario, sin embargo puedes hacerlo consciente; eso te permitirá lograr bajar la presión en los momentos en los que más lo necesites. ¿Cómo? Escucha como entra y sale el aire de tu cuerpo. Al exhalar procura soltar tu estómago y soltar todo el aire que está en tus pulmones.

Ejercicio: hazlo en este momento. Toma conciencia de tu respiración por unos momentos. Si vienen algunas ideas a tu mente solo déjalas pasar y vuelve a tu respiración. ¿Cómo te hace sentir? Este ejercicio de “toma de conciencia respecto de tu respiración” puedes acompañarlo con la “toma de conciencia respecto de tu cuerpo”. Hazlo en este momento: Respira por unos segundos. Entra en él y una vez ahí, siente la contención que tú mismo te puedes proveer. ¿Cómo te hace sentir? Tú no eres tu cuerpo, tú estás siendo contenida por él. Este tipo de ejercicios te traen al momento presente, al “aquí y al ahora”, que es lo único que realmente existe.

¡A practicar!

 

Las claves de la felicidad según Harvard
Estas son nueve lecciones que aprenden los estudiantes de la prestigiosa universidad en una cátedra dedicada a hacerlos más felices.

Por mucho tiempo se creyó que la felicidad no se podía enseñar como las matemáticas o la geografía. Sin embargo, desde cuando Martin Zeligman creó la psicología positiva, esa idea cambió. A partir de sus muchas investigaciones se sabe que el 50 por ciento de la felicidad depende de factores como creencias y hábitos que son modificables y por lo tanto se pueden enseñar. “El resto es genética”, dice Andrés Aljure, coach y profesor de la cátedra de felicidad y bienestar de la Universidad de La Sabana.
En efecto, aprender a ser feliz es posible y por eso muchas universidades en el mundo se han dado a la tarea de incluirla como una cátedra. En Harvard, donde existe desde 2006, es la más apetecida por los estudiantes, al punto de que desbancó a Introducción a la Economía, que por años había sido la clase más popular.

Enseñarla es importante, según este coach, porque la expectativa de vida en el mundo está aumentando y la gente debe vivir esos años extra con bienestar. Se sabe, por ejemplo, que la gente feliz vive 15 años más y con más salud que los pesimistas. Además, ser feliz es una manera de prevenir enfermedades mentales como la depresión y la ansiedad, que amenazan con ser los principales motivos de discapacidad en países desarrollados a partir de 2020. También se ha visto que los empleados felices son más productivos. Por eso, dice Aljure, “no es una moda sino un tema de agenda de la sociedad”. Y si no se enseña en colegios y universidades, como indica Anthony Seldon, director del internado Wellington College, en Gran Bretaña, “es posible que las nuevas generaciones no lo aprendan en ninguna otra parte”.
Aunque lo parecen, los cursos de felicidad no son un paseo. En el de Harvard hay 22 clases magistrales de 75 minutos cada una dictadas por Tal Ben-Shahar, uno de los gurúes del tema en el mundo. El objetivo es enseñar a tener una vida productiva y satisfactoria, y para lograrlo Ben Shahar acude no solo a su propia experiencia, sino a la evidencia científica más reciente, que es el material de estudio más importante de la clase. La idea no es salir con una sonrisa de oreja a oreja, sino “aprender a tomar lo bueno y lo malo y aprovechar al máximo lo que brinda la vida”, señala una de las alumnas de Ben-Shahar.
Curiosamente, dentro de las lecciones principales el dinero no aparece por ningún lado y la razón es sencilla. Según Aljure, después de que el ser humano logra satisfacer sus necesidades básicas la plata deja de ser tan importante, y si bien crea satisfacciones en quienes la reciben resultan pasajeras. “El placer de comprar un carro o cualquier otra cosa se desgasta al mes de haberlo hecho”, dice. Aunque no está mal ambicionarlo, el dinero solo no hace totalmente feliz a nadie. Por el contrario, los siguientes comportamientos y formas de pensar representan cambios estructurales que generarán bienestar permanentemente.

  1. La felicidad está en la mente: el nivel de bienestar está determinado por la interpretación que cada cual hace de los eventos externos. Si se ven catastróficos o provechosos depende de dónde se ponga el foco de atención. Según Aljure, “el 10 por ciento es lo que nos pasa en la vida y el 90 por ciento es lo que hacemos con lo que nos pasa”. Las personas deben saber que no tienen control sobre todo lo que les sucede, por ejemplo, la muerte de un ser querido, un despido en el trabajo, pero sí tiene alternativas para ver cómo los afrontan. Saber que se tiene ese control es clave en la adversidad.
  2. Agradezca: el ser humano se adapta a todo, tanto a situaciones negativas como positivas. A eso se le llama adaptación hedonista. El agradecimiento es beneficioso porque significa reconocer las cosas que la gente da por sentadas y creer que siempre estarán allí. Según el psicoanalista Ariel Alarcón, los estudios comprueban que dar gracias explícitamente a las personas genera altos niveles de bienestar porque “en ese acto uno crea empatía con la bondad del otro y eso nos hace sentir buenos a su vez”. Zeligman también recomienda escoger cada noche el hecho más agradable del día.
  3. Haga ejercicio: se ha podido establecer que 20 minutos de ejercicio al día equivalen a una dosis de Prozac o cualquier otro antidepresivo. Esto sucede porque durante la actividad física el cerebro secreta un tipo de hormonas, las endorfinas, opiáceos naturales que proporcionan una sensación de calma y placer. El ejercicio no tiene que ser intenso ni en un gimnasio. Basta una caminata a ritmo acelerado durante 20 o 30 minutos.
  4. Cultive sus amigos: los estudios señalan que con solo mantener cinco relaciones de amistad durante toda la vida las personas tienen en un 60 por ciento mayor posibilidad de sentirse mejor. “Los amigos ayudan a que los individuos se desahoguen y al hacerlo se producen varias cosas: se reducen las emociones negativas, el cerebro se estructura mejor porque entiende con más claridad la situación y, además, brindan consejo y apoyo”, dice Aljure. Así mismo, al compartir las desgracias es posible descubrir que sus problemas no son únicos y mirar diferentes formas de afrontarlos.
  5. El sentido de propósito: la evidencia científica muestra que tener una meta, un proyecto, un sueño que le dé sentido a la vida redunda en bienestar porque funciona como un motor interno que sirve para sobrellevar los obstáculos. Estudios recientes han mostrado que las personas felices que no tienen un claro sentido de propósito cuentan con las mismas probabilidades de padecer problemas de salud que aquellos que enfrentan una adversidad crónica.
  6. Simplifique: hay que hacer la vida sencilla. Los expertos aconsejan no agendar más actividades de las que puede hacer, ni vivir muy lejos del trabajo, ni quedarse rumiando los problemas. La premisa es que la cantidad impacta la calidad. Tal Ben-Shahar recomienda la simplicidad en el trabajo y en la casa, y para eso hay que tener claras las prioridades.
  7. Medite: esta práctica milenaria reduce el estrés negativo, relaja, genera paz interior y da energía al cuerpo y a la mente para capotear las situaciones diarias. Está demostrado que, a largo plazo, la gente que medita puede soportar mejor los obstáculos porque, lo dice Laura Álvarez, directora de Happy Yoga, “al concentrarse la mente desvela el ruido que genera la vida amarga y ver el ruido es el primer paso para aquietarlo y cuando la meditación se hace de forma regular, el ruido se transforma en un espacio de silencio o paz”.
  8. Permítase ser humano: todas las emociones humanas, tanto las llamadas positivas como las negativas, entre las que están la ira y la tristeza, tienen un propósito. Por eso, es bueno sentirlas. También es importante ser compasivo consigo mismo, aceptar las debilidades y las fortalezas y no juzgarse más de la cuenta cuando hay fracasos. Errar no es malo si se ve como una oportunidad para aprender. “Las personas más infelices son las que pretenden que todo les salga perfecto”, señala Aljure.
  9. Vuélvase un caucho: la resiliencia se asocia a la habilidad que tiene un caucho de volver a su estado normal. En el caso de los humanos significa tener la elasticidad suficiente para ser impactado por un trauma, pero al mismo tiempo poder recuperarse. Esta palabra también se relaciona con crecimiento postraumático, lo que implica seguir caminando pero fortalecido después de una situación difícil o una pérdida. Para poder lograrlo es importante saber que se tiene control y que el fracaso también es oportunidad. Como dice Tal Ben-Shahar en sus clases, “no hay que decir ‘esto me pasó por mi bien’, sino ‘qué bien puedo sacar de esto que me pasó’”.

 

Los problemas vividos en la infancia vaticinan cómo será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos. Además, estos pueden influir significativamente en cómo nuestros niños de hoy actuarán mañana y en cómo nosotros, por otro lado, afrontaremos las adversidades.

Así, de alguna forma, a partir de estas 5 heridas emocionales o experiencias dolorosas de la infancia, conformaremos una parte de nuestra personalidad. Veamos a continuación cuáles son nuestras heridas definidas por Lisa Bourbeau.

1- El miedo al abandono

La soledad es el peor enemigo de quien vivió el abandono en su infancia. Habrá una constante vigilancia hacia esta carencia, lo que ocasionará que quien la haya padecido abandone a sus parejas y a sus proyectos de forma temprana, por temor a ser ella la abandonada. Sería algo así como “te dejo antes de que tú me dejes a mí”, “nadie me apoya, no estoy dispuesto a soportar esto”, “si te vas, no vuelvas…”.

Las personas que han tenido experiencias de abandono en la infancia, tendrán que trabajar su miedo a la soledad, su temor a ser rechazadas y las barreras invisibles al contacto físico.

La herida causada por el abandono no es fácil de curar. Así, tú mismo serás consciente de que ha comenzado a cicatrizar cuando el temor a los momentos de soledad desaparezca y en ellos empiece a fluir un diálogo interior positivo y esperanzador.

2- El miedo al rechazo

Es una herida muy profunda, pues implica el rechazo de nuestro interior. Con interior nos referimos a nuestras vivencias, a nuestros pensamientos y a nuestros sentimientos.

En su aparición pueden influir múltiples factores, tales como el rechazo de los progenitores o de la familia. Genera pensamientos de rechazo, de no ser deseado y de descalificación hacia uno mismo.

La persona que padece esta dolorosa experiencia no se siente merecedora de afecto ni de comprensión y se aísla en su vacío interior por el miedo de ser rechazado. Es probable que, si hemos sufrido esto en nuestra infancia, seamos personas huidizas. Por lo que debemos de trabajar nuestros temores, nuestros miedos internos y esas situaciones que nos generan pánico.

Si es tu caso, ocúpate de tu lugar, de arriesgar y de tomar decisiones por ti mismo. Cada vez te molestará menos que la gente se aleje y no te tomarás como algo personal que se olviden de ti en algún momento.

3- La humillación

Esta herida se genera cuando en su momento sentimos que los demás nos desaprueban y nos critican. Podemos generar estos problemas en nuestros niños diciéndoles que son torpes, malos o unos pesados, así como aireando sus problemas ante los demás; esto destruye la autoestima infantil.

El tipo de personalidad que se genera con frecuencia es una personalidad dependiente. Además, podemos haber aprendido a ser “tiranos” y egoístas como un mecanismo de defensa, e incluso a humillar a los demás como escudo protector.

Haber sufrido este tipo de experiencias requiere que trabajemos nuestra independencia, nuestra libertad, la comprensión de nuestras necesidades y temores, así como nuestras prioridades.

4- La traición o el miedo a confiar

Surge cuando el niño se ha sentido traicionado por alguno de sus padres principalmente, no cumpliendo sus promesas. Esto genera una desconfianza que se puede transformar en envidia y otros sentimientos negativos, por no sentirse merecedor de lo prometido y de lo que otros tienen.

Haber padecido estos problemas en la infancia construye personas controladoras y que quieren tenerlo todo atado y reatado. Si has padecido estos problemas en la infancia, es probable que sientas la necesidad de ejercer cierto control sobre los demás, lo que frecuentemente se justifica con un carácter fuerte.

Estas personas suelen confirmar sus errores por su forma de actuar. Requiere trabajar la paciencia, la tolerancia y el saber vivir, así como aprender a estar solo y a delegar responsabilidades.

5- La injusticia

Se origina en un entorno en el que los cuidadores principales son fríos y autoritarios. En la infancia, una exigencia en demasía y que sobrepase los límites generará sentimientos de ineficacia y de inutilidad, tanto en la niñez como en la edad adulta.

Las consecuencias directas en la conducta de quien lo padece será la rigidez, pues estas personas intentan ser muy importantes y adquirir un gran poder. Además, es probable se haya creado un fanatismo por el orden y el perfeccionismo, así como la incapacidad para tomar decisiones con seguridad.

Requiere trabajar la desconfianza y la rigidez mental, generando la mayor flexibilidad posible y permitiéndose confiar en los demás.

Ahora que ya conocemos las cinco heridas del alma que pueden afectar a nuestro bienestar, a nuestra salud y a nuestra capacidad para desarrollarnos como personas, podemos comenzar a sanarlas.

 

Para las personas que no se aprecian a sí mismas, el fracaso vale el doble y el triunfo no vale. (Nardone, 2009).

El término “autoestima” es cada vez más común entre las personas. Los padres, al referirse a sus hijos, muchas veces afirman que no tienen autoestima o que la tienen muy baja, y consideran que a eso se deben los problemas relacionales, actitudinales, de comportamiento y hasta académicos que pueden presentar sus hijos (niños o adolescentes).
Los psicólogos también emplean mucho el término autoestima como recurso para identificar qué es lo que debe trabajarse con un paciente. Y las personas también se definen a sí mismas como personas con baja autoestima o con problemas de autoestima.

En general, en conversaciones informales entre amigos y colegas, entre padres y profesores, entre jóvenes y adultos, el término autoestima aparece con mucha frecuencia para referirse al problema que significa no tenerla o tenerla muy baja. Pero, ¿qué significa la ‘autoestima’?
El diccionario VOX de la lengua española (1994) define la estima como el cariño o afecto hacia una persona o cosa. Eso permite pensar que la auto-estima es el afecto o cariño de una persona hacia sí misma. Pero en ese caso no es solo el afecto o el cariño, es también la seguridad que tienen las personas en sí mismas, en sus capacidades, la confianza que tienen cuando deben enfrentar un reto académico, laboral o deportivo; cuando van a entablar relaciones nuevas con desconocidos, o cuando surgen dificultades en relaciones ya establecidas con los amigos, con la pareja o con la familia.
El nivel de autoestima se revela también en el nivel de seguridad y confianza que siente una persona cuando tiene que resolver un problema de cualquier tipo y, aún sabiendo de antemano que existe el riesgo de que el resultado no sea el mejor, siente la fortaleza para hacerle frente al ‘fracaso’ y para seguir enfrentando los nuevos retos que se le vayan presentando en el futuro.

La autoestima se compone de muchos elementos y es inevitablemente vulnerable. Situaciones como perder un trabajo, que la pareja tome la decisión de terminar la relación o que ella misma vea que debe terminarla porque sabe que no es sana pero no logra hacerlo, tratar de hacer una dieta y no poder mantenerla, trabajarle a un proyecto a pesar de ver que los resultados no podrán ser los que se esperan, aplicar a un trabajo y ser rechazado varias veces, entre muchas otras dificultades de la vida diaria, son situaciones que empiezan a minar la autoestima de una persona. Y es normal, porque a nadie le gusta “fracasar”, o sentir que no pudo cumplir una meta que se había propuesto.
Es comprensible que en situaciones como estas una persona llegue a desconfiar de sí misma o de sus capacidades y que se sienta insegura al momento de empezar un nuevo proyecto, otra relación, o cualquier otra situación que de nuevo, la ponga a prueba. Pero son justamente esas situaciones de supuesto “fracaso” las que ofrecen las mejores oportunidades para trabajar en el fortalecimiento de la autoestima.

Ante un ‘fracaso’ existen siempre al menos dos opciones: la primera es llorar y lamentarse por lo ocurrido, ‘darse palo’ y hacer afirmaciones del tipo: ‘es típico que esto me pase a mí’, ‘es que yo nunca soy capaz de hacer las cosas bien’, ‘yo nunca puedo’, entre otras. Es la mejor forma de minar la propia autoestima hasta perderla.
La segunda es permitirse el sufrimiento y la tristeza que inevitablemente se sienten cuando se enfrentan situaciones como las descritas, aceptar lo que ya fue inevitable, y empezar a observar lo que ocurrió, cómo fue que se llegó a la situación y cuáles fueron los aspectos contextuales que pudieron afectar dicha situación. Pero sobre todo en qué forma la persona misma contribuyó para haber llegado a una situación de ‘fracaso’.
Porque es en ese preciso momento que puede convertir dicha situación en una oportunidad de crecimiento, de aprendizaje, de cambio. “Fui muy soberbio con mi jefe desde el comienzo. Ahora que lo pienso fue más por mi propia inseguridad, por querer evitar que se pusiera en evidencia que yo no me las sabía todas. Y eso terminó jugando en mi contra porque si hubiera sido más humilde, menos arrogante, no habría perdido mi trabajo”.
Este hombre había perdido varios trabajos, lo que lo llevó a buscar ayuda. Quería comprender qué era lo que estaba “haciendo mal” para evitar repetir lo mismo en el futuro. Y aunque llegó preocupado, no llegó derrotado ni tampoco lamentándose o auto agrediéndose por lo que le había ocurrido.
Por el contrario, llegó motivado para trabajar en sí mismo y fortalecer lo que él denominó “mi autoestima”: “Creo que tengo problemas de autoestima cuando me enfrento a situaciones en las que no lo sé todo, porque en vez de reconocer que no me las sé todas, me vuelvo arrogante, soberbio. Y eso es lo que está haciendo que me sienta más inseguro y que además, me muestre como una persona insoportable”.
Para las personas que no se aprecian a sí mismas, el fracaso vale el doble y el triunfo no vale (Nardone, 2009). Tener “fracasos” o situaciones en las que los resultados no son los esperados y los mejores en la vida es inevitable, no sufrir por ellos es igualmente inevitable y también es inevitable que se afecte la autoestima. Es en esos momentos en los que se presentan dudas con respecto a sí mismo, a las propias capacidades, a la seguridad, y por eso mismo son las verdaderas oportunidades para trabajar en la autoestima, para ser capaz de reconocer que hay momentos en la vida de dudas, de tristeza, de inseguridad, pero como todo en la vida, son momentos que se pueden superar. Todo depende de la manera como cada persona los afronte porque, como bien decía Aldous Huxley, la realidad no es lo que le ocurre a una persona sino lo que la persona hace con lo que le ocurre.

 

 

¿Cómo dejar de enfurecerse y aprender a escuchar a los demás?

Cualquiera de nosotros al menos una vez en la vida ha tenido alguna discusión. En estos momentos las emociones nos ganan y se nos hace difícil controlarlas.

Pero quizás, ¿habrá que darles a los demás por lo menos una pequeña oportunidad de ser escuchados? intentamos este sencillo método y podríamos asegurar que tan sólo 5 minutos pueden cambiar tus relaciones con la gente que te rodea.

Antes yo era irascible. Creía que mi opinión era más importante que la de los demás y no pensaba que tenía algún problema al respecto. Cada vez que alguien decía algo con lo que yo no estaba de acuerdo, intentaba imponer mi punto de vista. Entre más rápido reaccionas, menos piensas -así sucede frecuentemente pero no siempre-.

En 2007 participé con un informe en una conferencia de innovación empresarial en el Estado de Rhose Island. Richard Saul Wurman, el famoso diseñador gráfico y el fundador de las lecciones TED, después de mi discurso se me acercó para hablar. Fue muy halagador y agradable.

¿Qué crees que fue lo que hice? Francamente me comporté como un ignorante completo: cuando escuchaba el discurso de Wurman, apunté aquellos detalles con los cuales no estaba de acuerdo. Y cuando tuve la oportunidad de hablar con él a solas, empecé a rechazar sus ideas y demostrar mi punto de vista.

Su respuesta me cambió la vida. Sólo dijo: “Mira, chico, espera 5 minutos”. Le pregunté a qué se refería. Richard me explicó que es genial tener tu propia opinión sobre ciertos temas pero hay que darle un poco de tiempo a las ideas ajenas antes de empezar a discutir. 5 minutos para reflexionar y no reaccionar instantáneamente. Y tenía toda la razón. Me involucraba en discusiones sólo para demostrar algo, no para conocer algo nuevo.

Era un punto muy importante.

Richard lo había pensado a lo largo de toda su carrera y le dedicó casi 30 años. Y yo cobré la conciencia en tan sólo un par de minutos. Claro, puedes estar equivocado pero es mejor pensar dos veces antes de demostrar la confianza en tu rectitud.

Al expresar nuestro desacuerdo demostramos como si lo supiéramos y entendiéramos todo desde hace tiempo, pero al hacer las preguntas demostramos que realmente queremos saber algo. Haz más preguntas.

Aprender cómo pensar primero y luego tomar alguna acción no es tan simple. Y todavía de vez en cuando me ofusco cuando no debería hacerlo. Pero, créeme, es realmente útil y mejora la vida.

En el mundo existen dos cosas que no necesitan ninguna habilidad:

  1. Gastar el dinero de otras personas.
  2. Rechazar las ideas.

Rechazar una idea es fácil, no requiere mucho esfuerzo. Puedes burlarte de ella. Puedes simplemente ignorarla, es lo más fácil. Difícil es defender una idea, pensar en ella, estudiar, no dormir por la noche para poder realizarla. Incluso una idea mala puede convertirse en una buena si tiene una oportunidad de ser realizada.

Así que la próxima vez que escuches acerca de alguna idea de otra persona, dale 5 minutos. Piensa un poco sobre esa idea antes de criticarla o antes de decir que es demasiado complicada. Probablemente sí lo es, pero tal vez realmente vale la pena.

 

Por fortuna ha llegado la era del despertar, ha llegado el momento en el que el ser humano quiere vivir, pero vivir de verdad.

Es la era de las emociones, de la felicidad, del cuidado propio y el de otros, es la era del amor y del buen vivir.

En el transcurso de la vida se solía ver cómo nuestros padres, abuelos y hasta nosotros mismos vivíamos enfocados en adquirir, comprar, tener… y poco experimentar. Experimentar y disfrutar lo que la vida nos ofrece; pareciera que nacimos para trabajar y luego consumir y tal como lo dice Chamalú, un filósofo de la vida, escritor y poeta, un hombre indígena nacido en Bolivia que promueve el maravilloso tema de la felicidad y quien afirma que “Se privilegia lo externo, lo material y eso ha hecho que la gente vaya apareciendo años después de mucho trabajo, con la casa llena de cosas, pero vacíos por dentro, lo cual genera sin sentido e infelicidad”. Sin duda este sabio de la felicidad y de la paz interior tiene razón, pues ocurre que existen personas poco satisfechas con su vida y con el estilo que han decidido llevar día tras día; la gran noticia es que no nos estamos quedando ahí, por el contrario, se viene visualizando una tendencia a VIVIR, sí: con mayúsculas.

De acuerdo con un informe realizado por Workforce 2020, de SAP y Oxford Economics, se afirma que de 27 países estudiados Colombia ocupa el tercer lugar en un mercado infelizmente laboral, esto se detectó luego de consultar a 5.400 personas entre empleados y empleadores, sin duda alguna esta es una posición alarmante, pues no estar feliz con las labores diarias puede llegar a producir tristeza profunda o depresión. Llegar a estar en un nivel de depresión, porque no nos guste lo que hacemos en nuestro trabajo o por cualquier otra razón enmarcada dentro de los diversos ámbitos, como lo son emocional, económico, social etc.; sólo ocasionará un bajo interés en vivir, por esta razón, es vital identificar la misión que tenemos en la vida y lograr desempeñarla como mejor nos haga sentir. Esto lo afirma el líder espiritual Marcelo Bluk, quien en sus temas de liderazgo y superación personal, menciona que todos tenemos una misión en la vida y la difícil tarea es saberla identificar para así aplicarla, logrando que, de esta manera, nos sintamos contentos y satisfechos con nosotros mismos.

Como bien decía es “la era del despertar”. ¿Será el mundo digital el que ha permitido que despertemos? y aunque en ocasiones tanta digitalización puede afectar ciertas actividades o relaciones,se podría afirmar que la facilidad con la que tenemos acceso a la información ayuda en cierta manera a pensar y reflexionar, ayuda a buscar soluciones para poder cambiar el panorama y hacer de nuestra vida una herramienta de goce y felicidad.

¿Por qué hoy por hoy la gente está buscando disfrutar más, estar más feliz… por qué? ¿Cuál es la razón? ¿Qué estaba pasando que la gente se dio cuenta que tiene que cambiar? a la cual Chamalú responde: “Pues el vacío ¿no?, el vacío que llena tantas vidas, el sinsentido que persigue como un fantasma caprichoso y que ya ha alcanzado a mucha gente, el suicidio que pasa a ser una alternativa para muchas personas. Imagínate una vida tan corta, apenas es una pausa breve entre dos eternidades plantearse el suicidio es sorprenderte si somos condenados a muerte. Entonces la gente se está dando cuenta que el dinero no era suficiente para lograr niveles de bienestar, de estar bien en el sentido completo del término; la gente se está dando cuenta que las cosas más importantes, la felicidad, el amor, la libertad, la paz y la salud no se compran con dinero, la gente se está dando cuenta que llenó la casa de cosas, pero está cada vez más vacía y eso genera tristeza en el alma, eso que se llama depresión que luego lo administra el psiquiatra y hasta ahí llegó la vida”.

De acuerdo con lo planteado yo te pregunto: ¿eres feliz? ¿qué estás haciendo en tu vida para acercarte a la felicidad? ¿qué te hace feliz? ¡Vamos, recuerda que el momento es ya!

 

 

En este texto una mujer escribe a su pareja las razones por las que entendió y aceptó que simplemente él no era para ella, siendo la razón principal su amor propio. Esperamos te sirva este mensaje.

Primero que nada, quiero que sepas que el darme cuenta que quererte no era suficiente no fue para nada fácil. Siempre se nos ha enseñado que el amor es más fuerte que cualquier otra cosa. Nos lo dicen las películas, los libros, los cuentos de hadas. Incluso yo era de las personas que creían que el amor lo podía todo. Pero me dí cuenta que no, y aunque parezca un poco duro de mi parte, en nuestro caso el amor no fue suficiente. No bastó con sentir que el corazón me latía tan fuerte que casi se salía cuando tus brazos me rodeaban, ni tampoco lo fue pensar que, al fin, había encontrado a la persona con la que pasaría el resto de mi vida.

Yo quería seguir a tu lado, despertar contigo en las mañanas, que me tomaras la mano al salir de casa; quería seguirte deseando ‘buenas noches’ antes de que apagaras la luz, incluso si ibas a dormir justo a lado mío. Y, aunque suene extraño, también quería otras cosas que no eran tan buenas como seguir ignorando ese vacío en tu mirada o la forma en que mirabas a otras chicas cuando íbamos por la calle.

Me negué a preguntarte cosas que sabía, porque no quería escuchar tus respuestas a preguntas como qué tan seria era nuestra relación, si acaso teníamos un tipo de exclusividad o, peor aún, si lo que sentías por mí era amor verdadero. Ese fue uno de los peores errores que cometí, porque dentro de mí algo me decía que debía salir de allí.

El amor no siempre es sencillo. Pero hoy sé que lo que sentía por ti no era amor, o al menos no era amor verdadero. Y no te ofendas por favor. He comprendido que el amor nunca quita, al contrario, el amor siempre da y sin pedir nada a cambio.

Han pasado los años y he madurado. Fue inevitable que tú te quedaras atrás. Pero no siempre todo fue tan sencillo como lo es ahora ni siempre fui la persona que soy ahora. Hubo meses difíciles en los que me sentía perdida, en los que me ahogaba y desaparecía entre mi propia angustia y los pensamientos que tanto me aterraban. Sabía que un día te irías lejos y no tenía idea de cómo controlar el miedo que sentía de perderte.

El proceso fue largo. Me tomó meses, y tal vez si no hubiera tenido tanta fuerza de voluntad, me hubiera tomado años. Pero un día decidí que era hora de pensar en mí. Recuerdo que muchas veces me acusaste de tomar la decisión equivocada, de ser egoísta y de negarme a ver la realidad. ¿Sabes algo? Tus palabras tuvieron un efecto contrario al que deseabas y fue gracias a ellas que un día desperté a mi realidad.

Tú sólo te amabas a ti mismo, y yo no podía continuar entregando algo que ni siquiera tenía para mí misma. ¿Cómo podría amarte si ni siquiera me amaba yo? No era posible. Ahora comprendo que no se puede amar a alguien sin antes amarte a ti misma, con los defectos pero también con todas las virtudes que te hacen ser lo que eres.

Nunca voy a olvidar el día en el que fui lo suficientemente fuerte como para decidir lo que antes tanto miedo me había causado. Fue como haberme liberado, como romper las cadenas y abrir la puerta que por mucho tiempo había permanecido cerrada.

Aunque te parezca extraño, quiero agradecerte, porque fue por esta experiencia que viví contigo que aprendí a valorarme y amarme como siempre debí haberlo hecho. Quiero que lo sepas. Incluso cuando el destino te llevó por un camino diferente al mío.

Espero que tú también hayas cambiado y que las chicas que la vida puso a tu lado hayan sabido diferenciar entre lo real y lo falso de tus palabras.
Te quise y no me arrepiento, porque supe que a pesar de todo seguía siendo lo suficientemente humana como para ser capaz de amar. Incluso si no eras para mí.

 

Séneca recomendaba que por las noches, antes de acostarse, había que preguntarse si realmente hemos vivido ese día, porque cada jornada es un regalo. Vivir con las ganas puestas a cada momento, implicados en lo que hacemos y lo que dejamos de hacer.

Seguros y  coherentes para que “la fuerza de existir” nos empuje a mantener activo nuestro ser y a evolucionar al máximo. La esencia que nos define jamás se conforma, la “voluntad de poder” induce: queremos ser mejores y perfeccionar nuestro yo; no importa la clase social, la inteligencia o la fama, la naturaleza nos induce a crecer psicológicamente: ser más, si se puede.

“¡He vivido! ¡Con cada parte de mi cuerpo y de mi mente, a cada instante, persistentemente!”. Es la sensación de que nos hemos  jugado por lo que creemos, que nos hemos apropiado de lo que somos, a la máxima expresión. Vivir implica estar comprometido con el propio yo, de tal manera que nada importante se nos escape, que cada ilusión y cada sueño  cuente: percibir cada cosa con intensidad, recordar con lujo de detalles, fantasear descaradamente, gustar y degustar, sentir de veras, pensar de veras, atentamente, con la vitalidad imprescindible de quien no se resigna a perder. Bajar las defensas y dejar que los cinco sentidos se multipliquen.

Es verdad que no siempre andamos enchufados a la mayor capacidad, pero eso no significa que debamos entregarnos a la apatía del insensible. ¿Dónde está la belleza? Pues en cualquier parte. Tropezamos todo el tiempo con ella, pero no la vemos ¿Qué puedo descubrir si estoy encerrado en mi mismo, esperando el nirvana o algún paraíso perdido? El sabio no busca la eternidad, ya habita en ella. Insisto: el plan es bajar los umbrales sensoriales para que la experiencia entre y nos sacuda. La gente se resigna al letargo, a la parálisis de los sentidos que ya parecen callos.

Haber vivido cada día de verdad es también reafirmar los papeles que hemos aceptado llevar a cabo. Si soy padre, pues seré un padre con mayúsculas, un buen padre, un padre dispuesto. Si soy esposo o esposa, pues me lo tomaré en serio y haré que mi pareja reconozca positivamente mi presencia.  Si voy a trabajar en algo, trabajaré lo mejor posible. Si soy hijo, pues no lo seré de tanto en tanto, abrazaré a mis padres como si fuera el último día. El yo es información organizada sobre lo que  pienso, hago y siento, sobre las aquellas creencias, motivaciones y valores más arraigados, que necesitan actualizarse y revisarse para no perder la identidad y fortalecerla.

¿Quien puede decirse  a sí mismo, honestamente y con plena certeza: “he vivido”? No muchos. Unos pacientes me decían que vivían a ratos, porque la mayor parte del tiempo los invadía un sentido de despersonalización, es decir, cierto desconocimiento de quienes eran. La automatización, el hábito que se repite obsesivamente, no es vida. Vivir requiere de cierta audacia y bastante experimentalismo: vive quien corre riesgos saludables, los demás vegetan. Alguien afirmaba: “No soy yo el que vive… Soy un espectador de mí mismo…”. Fragmentación del ser que no se reconoce, que no se registra en lo íntimo, que se pierde en la sombra que se persigue a sí misma.

Resignarse a lo que no nos gusta, a lo que afecta nuestros principios, a lo que no va con uno, es quitarle fuerza a la vida, es vivir menos, es conformarse con otro yo, que internamente se violenta y se apaga. Vivir no solo es respirar, es hacer revoluciones, crear utopías de todo tipo,  renovarse, recrearse, vencer los miedos, superar las dudas, y muchos etcéteras más. Seneca tenía razón, si hemos vivido hoy, queremos repetir mañana.

 

Contacto

Ayuda 100% confidencial, profesional y con calidez humana.
Lic. Miguel Ángel Pla
Correo: direccion@miguelpla.com
Teléfonos:
Consultorio (81) 8143-0123
Celular 811-165-9270
Esquina Ave Sertoma y Ave la Clínica Hospital San Lucas
Segundo Piso Consultorio 202
Entrada por Ave Sertoma, frente al estacionamiento del Hospital San José

Para su mayor comodidad tenemos dos opciónes de consulta:
Consulta Presencial y Consulta Telefónica

Nombre
Correo
Teléfono
Mensaje

Su mensaje fue enviado exitosamente.
Error! Por favor revise los campos.
MIGUEL PLA PSICOTERAPUETA © DERECHOS RESERVADOS 2014