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¿Cómo es posible que alguien no se quiera a sí mismo? ¿En qué cabeza cabe que lo más valioso de mi propia existencia yo lo repudie y lo pueda llegar a odiar?

Odiarse uno mismo, ¡claro! Hay gente que no se quiere, que se mira al espejo y dice ¡Dios mío! ¿qué es esto tan espantoso? Y lo hacen todas las mañanas, son depresivos, son personas que no se aceptan a sí mismos.
Para poder alcanzar esta capacidad de desarrollar el amor propio, de entender que tú eres un ser valioso dentro del universo, de que tú puedas gobernarte a ti mismo con satisfacción, es decir, con auto aceptación; he diseñado una guía práctica para enamorarte de ti mismo, suena descarado es verdad, ¡es que quiero ser descarado! ¡enamórate de ti mismo! ¿por qué no? ¿narcisismo? No, no hablo de narcisismo, no hablo de mirar el reflejo de la propia imagen y quedarme ahí enganchado de por vida. Hablo de la capacidad de tener cuatro cosas.

  1. Auto concepto: es decir, que te aceptes.
  2. Auto refuerzo: es decir que te premies, que te cuelgues medallas tú mismo, no esperes que te cuelguen medallas los otros ¡felicítate! Quita de encima esa manía que nos han enseñado desde pequeños de auto castigarnos. Es que es paradójico, cuando más te auto castigas, mejor te sientes. Es decir, debo sentirme mal para sentirme bien. ¡Es absurdo!
  3. Auto imagen: un elemento muy importante, que cuando te mires al espejo te guste, te gustes de verdad. ¡Que bien que lo hiciste Dios, no estoy mal! ¿Petulancia? No, autoimagen positiva. Que te gustes fisicamente, ir en contra de toda la tendencia de las modas que te dicen que debes medir no sé cuánto, debes tener tal proporción, que debes vestir de tal o cual manera. Hay que hacer una revolución e inventar tu propio sentido de la belleza. ¡Tu inventas quién eres!
  4. Autoeficacia: ¡soy capaz! Esa es la frase. Arriesgarte, ser atrevido, probarte, ponerte a prueba, ¿no eres capaz? ¡Atrévete!, te vas a sorprender.

Estos son los cuatro pilares que necesita una persona para enamorarse de sí misma. Te invito a leer estos pasos, te invito a que los pongas en práctica, que los fotocopies, que los pegues en la nevera, que los pegues en el automóvil; que estés todo el día pensando cómo hacer para enamorarme de mi mismo.

El día que logres enamorarte de ti mismo las cosas no solo vana  doler menos, sino que el sufrimiento va a ser un sufrimiento útil, vas a descubrir que el auto castigo es una estupidez que se ha inventado la cultura.

Seamos honestos, tú y yo somos tan intensos que esa misma intensidad no nos deja poner un punto final cordial. Nos hemos despedido ya un par de veces y siempre, siempre terminamos muy mal.

Ven, siéntate conmigo y vamos a hablar.

Sé muy bien que en una historia siempre hay dos versiones y la nuestra no es la excepción. Tú te fuiste con la idea de que fui yo y yo me quedo con la idea de que fuiste tú. El punto es que hoy no quiero echar más culpas, realmente sé que los dos fallamos y una vez más no supimos defender nuestro amor. No quiero más reclamos, ni reproches, hoy sólo quiero contarte mi versión…

Nos prometimos amarnos eternamente bajo las lunas de octubre. Yo no quería enamorarme, no buscaba el amor ni mucho menos esperaba encontrarlo así, tan de repente. Sinceramente tenías todo lo que NO busco en un hombre y de pronto ahí estabas, llenándome de detalles, de mensajes que no paraban, de deseos de buenas noches, de buenos días y te amé, no sólo me enamoré; TE AMÉ con cada parte de mi ser. ¡Éramos tan perfectos!. Juntos todo nos parecía fácil y podíamos hacer cualquier cosa, de ahí vinieron tantos y tantos planes como ese viaje o ese tatuaje que obviamente ya no pudimos llevar a cabo.

Nos queríamos comer al mundo y la verdad es que en ningún momento dudé que lo lograríamos, a tu lado me sentía la mujer más segura, confiada, era yo la más feliz pues te amaba y tú me amabas. Pero como a todo inicio le llega el final. Pasamos por un par de despedidas antes que ésta (que se siente como el verdadero adiós), pero volvíamos a reencontrarnos, yo una soñadora y fiel creyente del verdadero amor, no dudaba en intentarlo siguiendo mi firme convicción de que el amor todo lo puede, todo lo perdona, todo lo soporta.

Volvimos y lo intentamos varias veces convencidos de que ahora sí habría un “4ever” (para siempre), lamentablemente no tuvimos la madurez necesaria para afrontar las dificultades, no supimos luchar.

Al final del día aprendí que se necesita mucho más que amor para mantener una relación. Nunca dudé que me amaras como yo a ti y con esa idea y ese bello recuerdo, me quedo.

Contigo descubrí ese sentimiento maravilloso y no me arrepiento, te juro que no me arrepiento de cada minuto, de cada segundo que pasé a tu lado. No sé si fue el tiempo suficiente, no sé si nos hizo falta, sólo sé que fue el necesario para entregarte mi alma.

Si fuiste tú o si fui yo, ya no importa. No quiero despedirme con reproches ni reclamos. No soy la persona indicada para juzgarte o decirte en qué fallaste, soy la persona indicada para comprender y analizar mis propios errores y los acepto y me los llevo porque me dejan una enseñanza.

Terminemos esto con la cara en alto, diste lo que podías, di lo que podía y, al final, agradecida estoy por haberte tenido en mi vida.

Dos tercios de los divorcios son a pedidos de una mujer —un hecho triste—. Pero la pregunta importante es: “¿por qué?”

Según el National Center for Health Statistics (Centro Nacional de Estadísticas de Salud), cuando termina un matrimonio, dos tercios de las veces la mujer es la que presenta la demanda de divorcio. Es posible que un hombre abandone el matrimonio debido a la falta de intimidad, porque ha encontrado otra mujer o porque se siente que sus necesidades no son una prioridad en una relación; por el contrario, una mujer deja el matrimonio por razones muy diferentes. Estas son cinco razones por las que las mujeres terminan sus matrimonios:

  1. Falta de conexión emocional
    Los hombres se sienten cerca de sus esposas a través de la intimidad. Generalmente, las mujeres necesitan sentirse conectadas emocionalmente a sus maridos primero, y luego el deseo sexual surge de esa conexión. Cuando las mujeres buscan un compañero fuera de sus matrimonios, es más a menudo por la conexión emocional que la conexión física. A las mujeres les gusta que sus compañeros las conozcan y las escuchen. Los maridos más exitosos saben lo que a sus esposas les gusta y lo que sus esposas piensan.
  2. Diferencias en el manejo de las finanzas
    Algunos pueden pensar que la falta de dinero lleva a una mujer a salir de un matrimonio, pero los divorcios son más probables que ocurran debido a las diferentes expectativas en cuanto al manejo de las finanzas. Una esposa puede creer en la importancia de ahorrar, evitar deudas y realizar inversiones sabias; su marido quizás desea tomar más riesgos con el dinero y gastarlo más libremente —o podría ser justo lo contrario—. El punto es que los cónyuges a menudo no ven el dinero en la misma forma. Es importante hablar abiertamente acerca de las finanzas y llegar a un consenso sobre la mejor manera de administrarlas.
  3. Un hombre que rara vez está en casa o comparte poco con la familia
    Si el marido es el principal sostén, él puede creer que mientras más duro trabaja, más amor y dedicación le está demostrando a su familia. Pero si él trabaja hasta tarde la mayoría de los días, o viaja mucho, entonces su mujer puede empezar a cuestionar si realmente ella importa. Si hay niños involucrados y el marido nunca está en casa, el resentimiento puede crecer en ellos o en su esposa.
  4. La incapacidad para resolver conflictos
    Dos personas no siempre van a estar de acuerdo todo el tiempo. Por el contrario, la clave está en reconocer y adaptarse a las diferencias en lugar de tratar de evitarlas. Alejarse, negarse a tratar las diferencias o evitar la comunicación nunca resolverá nada. Según un estudio de la Universidad de Michigan, “un patrón particularmente tóxico es cuando solo un cónyuge se ocupa constructivamente de discutir una situación con calma, escuchar el punto de vista de la pareja o trata de averiguar lo que su pareja está sintiendo, mientras el otro cónyuge se aísla”. La mejor manera de resolver los conflictos es mantener la calma, escuchar al otro y buscar una solución.
  5. Controlar o comportamiento abusivo
    En cualquier matrimonio, además de ser un “nosotros”, es necesario que haya un “yo” y un “tú”. Los matrimonios funcionan mejor cuando dos personas separadas con diferentes intereses se unen y encuentran puntos en común. El amor no es igual control sobre el cónyuge. Por ejemplo, a muchas mujeres les gusta estar rodeadas de familiares y amigos, y le será difícil si se sienten que están siendo aisladas. Y, por supuesto, está demás decir que el abuso físico o emocional nunca, nunca es aceptable.

Recuerda el refrán, “esposa feliz, vida feliz.” La forma más sencilla para mantener a una esposa feliz es hacer de tu matrimonio un refugio seguro. Habla con ella, conoce lo que le gusta y lo que la apasiona. Conéctate con ella emocionalmente, y te puede sorprender lo rápido que mejorará tu vida amorosa.

 

¿Y ahora qué?

En algunas personas el diagnóstico de trastorno bipolar es bien acogido porque les sirve de explicación para cómo se han estado sintiendo. Para otras es un duro golpe.

Otras muchas pueden tener sentimientos mezclados.

Independientemente de lo que sienta, es probable que tenga una serie de inquietudes y preguntas sobre su diagnóstico y lo que implicará para su vida.

 

¿Cómo afectará el trastorno bipolar a mi vida?

Es probable que su vida cambie a partir del momento en que se le diagnostique la enfermedad. Desde un punto de vista positivo, a partir de ese momento usted se encuentra en una posición mucho mejor para recibir el tratamiento más adecuado para su trastorno, y que le ayudará a reducir y aliviar sus síntomas. No hay duda de que esto mejorará su vida extraordinariamente.

Por otro lado, tendrá que aceptar el hecho de que padece una enfermedad mental crónica, lo cual es sin duda todo un reto. Pero, con la ayuda y orientación correctas, es un reto que se puede superar.

 

¿Mejoraré?

La mayoría de las personas con trastorno bipolar piensan que su trastorno mejora significativamente una vez que comienzan a recibir el tratamiento adecuado. No hay “cura” para el trastorno bipolar, aunque un tratamiento eficaz le permitirá controlar la enfermedad.

 

Con el tiempo aprenderá a monitorizar su enfermedad, a reconocer los síntomas y factores desencadenantes y a trabajar con su equipo médico para adaptar su tratamiento adecuadamente. Asimismo, aprenderá a ajustar su estilo de vida para minimizar el impacto de su enfermedad, lo cual le permitirá llevar una vida plena y activa.

 

¿Cómo progresará la enfermedad?

Con un buen tratamiento, la mayoría de las personas con trastorno bipolar tendrán períodos de su vida en los que no tengan ningún síntoma. Sin embargo, es probable que los “episodios” maníacos y/o depresivos recurran de vez en cuando. La frecuencia con la que esto suceda y el tiempo que transcurra entre las recurrencias depende de la persona, de cómo funcione el tratamiento y de otros aspectos, tales como si padece o no otra enfermedad. Si no se trata, el trastorno bipolar tiende a empeorar con el tiempo, motivo por el cual es tan importante que se diagnostique pronto y se empiece con el tratamiento adecuado.

¿Tendré que ingresar en un hospital?

Muchas personas recién diagnosticadas sienten el temor comprensible a ser hospitalizadas. Esto no suele ser necesario una vez diagnosticada la enfermedad y tratada adecuadamente. Sin embargo, el trastorno bipolar no tratado o mal tratado puede desembocar en episodios maníacos o depresivos en los que usted podría poner en riesgo su bienestar o el de otros. En estas circunstancias, es posible que necesite hospitalización para controlar su enfermedad.

 

¿Tengo yo la culpa?

En algunas ocasiones, el diagnóstico de trastorno bipolar puede hacer que el paciente o sus familiares se pregunten si algo que hayan hecho puede haber provocado la enfermedad. La verdad es que el trastorno bipolar no es culpa de nadie. Se debe a una serie de factores, muchos de los cuales son poco conocidos.

Si tiene trastorno bipolar, es muy improbable que haya algo que usted o su familia pudieran haber hecho razonablemente para evitarlo.

 

 

 

Si le preocupa que usted o algún familiar o alguien cercano a usted pueda tener trastorno bipolar, es el momento de buscar ayuda. Y ahora ¿dónde debería usted buscar esa ayuda? La respuesta puede variar en función de sus circunstancias personales y de la opinión que le merezcan los servicios de salud a los que tenga acceso. En la mayoría de los casos, el primer punto de contacto debe ser su médico de familia.

Este podrá hacer una evaluación inicial y decidirá si debe derivarle a un especialista.

En algunos casos, podrá buscar usted mismo la atención especializada a través de un centro ambulatorio que cuente con un servicio de salud mental.

Si tiene problemas en consultar directamente con el personal médico, quizás prefiera hablar con un trabajador social o alguien cercano que le pueda ayudar inicialmente.

Dichas personas podrán indicarle y posiblemente acompañarle al mejor lugar para recibir atención médica.

Los grupos creados por personas que padecen trastorno bipolar o por familiares y cuidadores son también una valiosa fuente de información y orientación durante las etapas iniciales (y posteriores) del trastorno bipolar.

El mensaje más importante, independientemente de con quien decida hablar sobre lo que le preocupa, es que debe DECÍRSELO A ALGUIEN.

No sufra en silencio, solo empeorará las cosas. La clave de un diagnóstico exacto y un tratamiento óptimo es mantener el diálogo con el equipo médico que le atiende. La comunicación puede ser la clave de un tratamiento eficaz.

 

Qué decir

Una vez que ha decidido buscar ayuda, su siguiente tarea es decidir qué información hay que transmitir. Una de las razones por las que el trastorno bipolar se diagnostica mal con tanta frecuencia es que al médico solo se le cuenta la mitad de la historia. Las personas con trastorno bipolar pueden no sentirse enfermos durante períodos de excitación o euforia, de modo que solo consultarán al médico cuando estén deprimidos.

El médico solo ve una de las fases de la enfermedad y puede que haga un diagnóstico incorrecto, lo cual puede retrasar el establecimiento del tratamiento adecuado. Para asegurarse de que su médico tenga toda la información que necesita para ofrecer un diagnóstico completo, deberá:

  • Decir siempre la verdad. Ocultar información sobre su enfermedad, aunque sea insignificante, puede entorpecer el diagnóstico y retrasar el tratamiento adecuado.
  • Considerar la posibilidad de llevar a un miembro de la familia con usted. Ellos podrán ofrecer una perspectiva distinta sobre su comportamiento y estado de ánimo.
  • Ofrecer al médico una descripción completa de todos sus síntomas, tanto maníacos como depresivos. Si es posible, haga una descripción de los síntomas, cuándo los experimenta y durante cuánto tiempo.
  • Mencionar cualquier antecedente familiar de trastorno bipolar o cualquier otro problema de salud mental.
  • Mencionar cualquier cambio observado en su patrón de sueño – dormir más de lo habitual, menos de lo habitual, despertarse temprano por la mañana, etc.
  • Aportar información sobre cualquier otra enfermedad que padezca.
  • Informar al médico de todos los fármacos que toma, tanto los que adquiere con receta como los de venta sin receta. Aquí se incluyen los medicamentos que tome por enfermedades físicas o mentales.
  • Hablar sobre su estilo de vida, incluido el estrés en el trabajo y cualquier acontecimiento reciente desagradable y también los “muy buenos” (casarse, recibir una suma de dinero considerable que no esperaba, cambiarse a una casa mejor etc).
  • Ser sincero sobre la cantidad de alcohol que bebe y/o de las drogas que toma.

 

Qué puede esperar de su médico

La mayoría de los médicos querrán evaluar su salud mental y física antes de decidir cómo proseguir. Las técnicas que pueden usar son:

 

  • Formular preguntas – la recogida de la información mencionada más arriba le ayudará a responder a las preguntas del médico
  • Exploración física – peso, presión arterial, etc.
  • Análisis de sangre – para descartar una enfermedad tiroidea y comprobar su estado de salud física.
  • Cuestionarios que rellenará usted mismo – algunos médicos utilizan cuestionarios estándar para evaluar las funciones mentales del paciente.
  • Basándose en los resultados de estas pruebas, el médico psiquiatra podrá decidir sobre el diagnóstico, o si se trata del médico de familia podrá decidir la derivación al psiquiatra. O bien, le puede pedir que observe su estado de ánimo y capacidad para funcionar durante un período de tiempo.

 

El diagnóstico

Si su psiquiatra diagnostica que los síntomas que padece son debidos al trastorno bipolar, su médico deberá explicarle qué sucederá a continuación en términos de tratamiento y de control continuado de la enfermedad. Este puede ser un momento de gran estrés y confusión. Lo más probable es que tenga tantas preguntas que hacer al médico que lo mejor sería que las pensase con antelación para obtener la máxima información posible. Aquí le hacemos algunas sugerencias:

  • ¿Por qué cree que tengo trastorno bipolar?
  • ¿Qué va a pasar ahora? ¿Me tienen que hacer más pruebas?
  • ¿Me puede recomendar algún grupo de ayuda local o páginas web donde pueda obtener información?
  • ¿Qué tratamiento recomendaría? ¿Y por qué?
  • ¿Cómo me ayudará este tratamiento?
  • ¿Tiene este tratamiento algún efecto secundario?
  • ¿Qué pasará si el tratamiento no funciona?
  • ¿Necesito psicoterapia?
  • ¿Con quién debería contactar en caso de urgencia?

 

Reticencia a buscar ayuda

Si es usted un cuidador o un familiar, habrá momentos en los que piense que su ser querido debería buscar ayuda médica y, sin embargo, este será reticente a consultar con un médico. Puede ser una situación extremadamente difícil, que requiere delicadeza. Usted es quien mejor conoce a su ser querido, por lo que sólo usted podrá decidir la mejor manera de actuar. Algunas técnicas que pueden resultar útiles son:

  • Discutir la situación con antelación, mientras su ser querido se encuentre todavía bien. Pida consejo sobre cómo debe proseguir si se plantea esa situación.
  • Pedir consejo a otros cuidadores o a un grupo de apoyo familiar.
  • Presentar a su ser querido a alguien al que ya se le haya diagnosticado trastorno bipolar. Simplemente hablar con alguien que haya pasado por este proceso puede ayudar a disipar muchos miedos. Si todo esto falla, existe un procedimiento legal que puede conducir al ingreso y tratamiento involuntario. Evidentemente, se trata de una medida que genera una gran angustia y nunca ha de tomarse a la ligera. Puede conseguir más información sobre el ingreso y tratamiento obligatorios de su grupo de ayuda local, de los servicios sociales o de los servicios de salud mental.

 

El trastorno bipolar es una enfermedad mental grave que afecta al estado de ánimo y al comportamiento.

A veces se da por supuesto que los síntomas de enfermedades mentales como el trastorno bipolar se deben a algún tipo de debilidad o defecto de carácter. No es verdad. Las personas con trastorno bipolar no eligen su enfermedad, como tampoco lo hacen las que padecen diabetes o artritis. El trastorno bipolar aparece cuando algo no funciona bien en el cerebro. Nadie debe sentirse culpable porque no es culpa de nadie.

De hecho el trastorno bipolar es una de las enfermedades mentales más frecuentes. Incide entre el tres y el cinco por ciento de la población adulta mundial y afecta tanto a hombres como a mujeres, así como a niños.

En la mayoría de los casos, el trastorno persiste muchos años. Puede durar toda la vida, desapareciendo en algunas ocasiones y volviendo a aparecer meses o incluso años después.

Vivir con el trastorno bipolar es duro. Lo es también para los familiares, cuidadores y amigos.

El trastorno bipolar es una enfermedad que origina cambios importantes del estado de ánimo, desde una infelicidad profunda a un estado de euforia intensa, o a estados mixtos en los que la excitación se mezcla con sentimientos de profunda tristeza.

Los psiquiatras utilizan las palabras “depresión” o “episodio depresivo” para describir la infelicidad observada en el trastorno bipolar, y “manía” o “episodio maníaco” para describir la euforia. También existe una forma más leve de manía denominada “hipomanía”.

Son estados de ánimo que pueden durar varias semanas o meses y van mucho más allá de los típicos cambios de humor considerados “normales”.

Las consecuencias suelen ser un comportamiento difícil, relaciones personales dañadas y serias limitaciones en el rendimiento escolar y laboral. Por desgracia, el trastorno acarrea también la estigmatización, que lleva a la discriminación y al aislamiento. Todo ello reduce la calidad de vida de manera significativa.

La buena noticia es que, una vez diagnosticado el trastorno bipolar, todas estas consecuencias negativas se pueden subsanar. Con un tratamiento eficaz se consigue mantener bajo control los severos cambios de estado de ánimo, lo que a su vez permite a los pacientes y a los que les rodean empezar a rehacer sus vidas.

Es cierto que reconstruir la propia vida puede ser un desafío tanto como lo es tratar la propia enfermedad. Tal vez sea necesario aprender nuevas habilidades y cambiar de estilo de vida. La lucha contra los prejuicios requiere coraje y perseverancia.

Pero si el trastorno bipolar le afecta ya sea como paciente o como cuidador debería sentirse aliviado al saber que hay miles de personas como usted que están llevando una vida plena y productiva. No siempre es fácil, pero vivir con el trastorno bipolar no significa tener que abandonar las ambiciones y metas personales. Nadie que padezca trastorno bipolar debería definirse por su enfermedad.

Con el asesoramiento correcto y gestionando las situaciones con habilidad, vivir con el trastorno bipolar puede llegar a ser como vivir con absoluta normalidad.

 

 

 

Uno de los aspectos más desafortunados del trastorno bipolar es que muchas personas viven durante muchos años con el diagnóstico equivocado o sin tan siquiera haber sido diagnosticadas. Esto significa que, o bien el tratamiento es inadecuado, o inexistente. El estado mental de la persona se deteriora, su salud física también puede verse afectada, y es posible que se produzcan daños incalculables en su vida y en la de quienes le rodean.

 

El diagnóstico precoz es, por consiguiente, extremadamente importante, pero no trate nunca de diagnosticarse usted mismo. Para llegar a un diagnóstico correcto deberá consultar a un médico.

 

Los libros de ayuda como este, enumeran síntomas y factores de riesgo. En Internet hay páginas web que aseguran que usted puede evaluarse el riesgo de padecer trastorno bipolar. Pero esto sólo le dará una idea muy general. No sustituyen una evaluación médica adecuada.

 

En efecto, existen una serie de enfermedades que tienen síntomas similares a los del trastorno bipolar, por tanto, si le preocupa su salud mental, es importante que consulte a su médico sin demora.

 

Posibles explicaciones para síntomas similares a los del trastorno bipolar

  • Problemas de la glándula tiroidea
  • Efectos secundarios de algunos medicamentos (como la cortisona)
  • Consumo de drogas (cocaína, marihuana, éxtasis)
  • Otras formas de depresión
  • Otros trastornos del estado de ánimo o del comportamiento (tales como el trastorno de hiperactividad con déficit de atención)
  • Otras enfermedades

 

Una de las barreras para diagnosticar a tiempo el trastorno bipolar es el desconocimiento generalizado sobre la enfermedad, lo cual ha generado muchos mitos e ideas falsas o infundadas. Aquí abordamos algunas de las creencias más generalizadas sobre el trastorno bipolar:

 

  • El trastorno bipolar es raro – Falso. El trastorno bipolar afecta entre al tres y al cinco por ciento de los adultos en alguna etapa de sus vidas.
  • El trastorno bipolar es un término para describir fluctuaciones del estado del ánimo – El trastorno bipolar es una enfermedad grave que presenta diversos síntomas graves. Existen otras enfermedades que también pueden provocar cambios en el estado de ánimo.
  • Las fases maníacas hacen que uno se sienta fantástico – A veces en algunas personas. Sin embargo, muchas otras sufren una ansiedad e irritabilidad considerables durante sus episodios maníacos. En estado de manía pueden producirse también incidentes desagradables, como son discusiones con familiares.
  • Siempre estarás en la fase maníaca o depresiva, nunca te encontrarás en un estado “intermedio” o normal – En la mayoría de los casos, la enfermedad pasa por períodos de “normalidad”. Una vez que se inicia el tratamiento sentirse normal es… bueno, lo normal.
  • Es normal que se tarde en diagnosticar. – Hasta cierto punto. Usted tiene derecho a un diagnóstico temprano, y si la espera le resulta inaceptable, exprese su opinión
  • El tratamiento del trastorno bipolar me va a costar mucho dinero – La Seguridad Social o su seguro privado pueden cubrir el tratamiento. Es probable que las consecuencias del trastorno bipolar sin tratar sea bastante más caras.
  • Los antidepresivos no son útiles para el trastorno bipolar – Depende de la persona. Es cierto que los antidepresivos tienen algunos riesgos en el trastorno bipolar. Pero pueden ser útiles en algunos pacientes.
  • Los efectos secundarios de los fármacos son inevitables – Frecuentes, sí. Pero inevitables, no. Y el cambio de medicamento o de dosificación suele reducir el problema de manera considerable.
  • Los medicamentos te dejan como un zombi – Aunque algunos medicamentos pueden producir somnolencia y/o tienen un efecto sobre la cognición (pensamiento), la mayoría de los síntomas cognitivos en el trastorno bipolar son debidos al propio trastorno más que al tratamiento.
  • Nunca podrás llevar una vida “normal” – ¿Qué es lo “normal” al fin y al cabo? Es cierto que tendrás que hacer cambios importantes en tu vida. Pero esos cambios no tienen por qué ser negativos.

 

Hace un tiempo tuve la oportunidad de discutir con un gran amigo la importancia de expresar las emociones. Él, como muchos de los que están leyendo estas palabras, era un gran creyente de que lo correcto es no expresar las emociones y sobretodo un convencido de la veracidad de la famosa frase “los niños no lloran” y menos en público.

La discusión se presentó porque en aquel café donde conversábamos, hablábamos sobre una mujer que notablemente se apreciaba triste mientras lloraba, sin embargo cuando alguien se le acercó y le preguntó sobre cómo se encontraba o si necesitaba ayuda en algo, la mujer fue muy contundente y clara al responder con seguridad “muchas gracias, pero solo estoy triste, y así lo debo estar, lo necesito, ya me pasará”.

Precisamente de lo que hablaba aquella mujer en ese café me hizo inmediatamente pensar que era muy asertiva al describir esa situación como algo pasajero y que lo debía enfrentar y vivir. Reflexionamos sobre su valentía y precisión al describir la situación que estaba enfrentando, entonces llegamos a la conclusión de que esta mujer era una persona con una gran inteligencia emocional.

Inteligencia emocional ¿has oído hablar sobre estas dos palabras? ¿qué piensas sobre esta definición, sobre esta descripción? Inteligencia emocional: son dos palabras que abarcan un concepto demasiado amplio, así que hablaremos del autoreconocimiento emocional, ya que en la mayoría de los casos ni siquiera nos detenemos a pensar en este tema, puede ser por mitos, por creencias, por influencia social, o por estilos de crianza que en vez de desarrollar nuestra inteligencia emocional, tendemos a reprimirla, y en el momento que debemos hacer uso de ésta no tenemos las herramientas necesarias.

De esta manera, lo primero que necesitamos es aprender a reconocer las emociones, Paul Ekman psicólogo influyente en la investigación de las emociones, establece seis emociones básicas universales:

  1. Rabia
  2. Repugnancia
  3. Miedo
  4. Alegría
  5. Tristeza
  6. Sorpresa.

Es importante aprender a familiarizarse con estas emociones y entender en qué consisten o qué implican cada una de ellas.

Una vez tenemos identificadas las emociones universales debemos aprender a reconocer cuáles de estas emociones son las que más experimentamos en el día a día, cuales de esas emociones son esquivas para mí y cuáles por el contrario son comunes en mi vida.

Finalmente, debemos relacionar acciones o situaciones de nuestra vida cotidiana con esas emociones, así podremos empezar a tener control sobre qué quiero o qué no quiero experimentar y poder empezar a construir nuestra inteligencia emocional (Evitar aquello que me hace experimentar emociones negativas, priorizar aquellas acciones que se relacionen con emociones positivas). En estas letras quiero proponer un ejercicio práctico, para esto sólo necesitas algo para escribir y una hoja, y lo más importante, concentración:

  1. Cierra los ojos y piensa en el momento más feliz de tu vida; recuerda cada uno de los sentimientos que acompañaban ese instante, cuando los tengas identificados escríbelos en un hoja.
  2. En esa misma hoja escribe los sentimientos que más has experimentado en las últimas dos semanas.
  3. Haz una comparación entre lo que experimentaste en las últimas dos semanas y lo que experimentaste en aquel día tan feliz que recordaste.

Seguramente al finalizar el ejercicio te hiciste consciente de muchas aspectos, eso es precisamente la inteligencia emocional, ser consciente de lo que siento y por qué lo siento. Reconocer nuestras emociones no sólo nos ayuda a entender y comprender quienes somos, sino que también nos impulsa y motiva siempre a estar mejor, en otras palabras saber es poder, así que ya tienes una herramienta más para empoderarte de tus sentimientos y así mismo de tu vida.

La inteligencia emocional es algo que se construye con tiempo y dedicación, así que no esperes más y embárcate en un viaje de reconocimiento emocional, dedícate tiempo, regálate 15 minutos todos los días para pensar en ti, ten en cuenta que siempre le dedicas tiempo a tu trabajo, a tus seres queridos, a tus amigos, a tus clientes, pero, piensa la última vez que te regalaste 5 minutos para pensar en ti mismo.

Espero que este pequeño regalo que hoy dejo plasmado en este texto tenga el mayor impacto positivo en tu vida.

 

Considerando que la multiplicidad de los factores de riesgo y de protección ante el suicidio varían tanto de una persona a otra, se hace imposible generar una guía que sirva para prevenir el suicidio de todos los humanos; ni siquiera una estrategia general que nos permita realizar intervenciones efectivas en todos los casos donde se haya detectado el riesgo, a lo más que podemos llegar es a la modificación de esos factores de riesgo y protección que afectan a muchas personas, donde no es lo mismo decir muchas que todas.

Según mi entender, eso nos obliga a manejar dos consideraciones para disminuir la ocurrencia de tan grave situación:

  1.  Evaluar cada caso de manera particular para poder atender las necesidades propias de esa persona.
  2.  Tomar en serio cualquier indicio o amenaza de suicidio, poniendo en marcha la red de atención.

Ahora bien, frente a la segunda consideración debemos asegurarnos que la persona del gesto o amenaza suicida, no obtenga beneficios secundarios consecuentes del gesto o amenaza. Por ejemplo lo sería providenciar un trato especial o atención ya sea por parte de la familia o por parte de los amigos, que la persona no obtenía antes de decir que se iba a suicidar o hacer el gesto suicida, ya que esto aumentará la probabilidad de que estos gestos o amenazas se repitan en el futuro.

Entiendo que las dos consideraciones analizadas hacen parte ineludible del apoyo y cuidado mutuo que debemos tener entre los miembros de las familias, grupos de amigos y sociedad en general, sin realizarlo negligentemente, especialmente si se tiene la vida como el máximo valor.

Si usted ha considerado el suicidio como una opción o conoce a alguien que lo está haciendo, es sumamente aconsejable que busque apoyo profesional.

 


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MIGUEL PLA PSICOTERAPUETA © DERECHOS RESERVADOS 2014