Nuestro Blog

Mucha gente, respecto a  algunos de mis escritos, me dice en tono de queja: “¡Es que no es tan fácil!”. Y es verdad: no es tan fácil como parece dejar a quien te golpea, no es fácil tener inteligencia emocional, no es fácil desprenderse del pasado y del futuro que te arrastra como si fueras su esclavo. Incluso alguien manifestaba envuelto en sus cadenas : “¡No es fácil dejar de tener un amo!”

Me pregunto: ¿Qué les pasa a estas personas? ¿Prefieren el dolor conocido y lacerante que el esfuerzo de salir de ello? ¿Acaso criar un hijo es fácil? ¿O hacer una carrera universitaria? ¿O sobrevivir luchando el día a día? ¿Es cómodo y sencillo dejar a quien amas porque no te ama? Obviamente NO ES FÁCIL, es duro, pero es NECESARIO, al menos si quieres tener una vida saludable y de crecimiento y potenciar el desarrollo humano.

¿O acaso pretendes alcanzar una transformación radical de tu ser con anestesia y sin exigirte, ni esforzarte? Pues lo siento: la vida misma es voluntad en acción, es insistencia y perseverancia. No hay crecimiento psicológico, sin tenacidad, y si alguien aspira a la tan anhelada “iluminación”, la noticia es que el camino es más transpiración que intuición instantánea y confortable.

¿Y si fueras un guerrero y no lo sabes? porque estás dormido o dormida. ¿Y si detrás de la apariencia de fragilidad que muestras se escondiera un valiente que no ha decidido aún tirarse la ruedo y coger las armas? El cambio duele: grábatelo a fuego en alguna parte del cerebro y no ¡no vengas con niñerías! El cambio es lucha serena, pero lucha al fin, implica una enorme cantidad de inversión de energía, requiere de seriedad y compromiso. Un discípulo le comentó una vez a su maestro zen: “¿Por qué no logro la iluminación?” Sin mediar palabra el maestro hundió la cabeza de su discípulo  en un enorme cubo de agua. El joven pataleó, trató de librarse, sentía que se ahogaba, hasta que finalmente pudo salir y respirar. “Pero ¿qué haces?, ¿te has vuelto loco?”, exclamó indignado. Y el maestro le dijo: ” Cuando quieras  la transformación con la misma fuerza con la que querías sacar la cabeza del agua y sobrevivir, alcanzarás la iluminación”.

Estimados amigos: el siglo XXI es “facilista” por excelencia. No queremos profundizar, pensamos que las cosas son asequibles con solo darle un clic en alguna parte del cosmos. Y si crees en Dios, recuerda que él te da el papel y la tinta, pero tu eres quien escribe tu existencia. Sin embargo, les digo sinceramente, partiendo de mi experiencia de tantos años como terapeuta: cuando hasta la mínima célula de tu organismo esté comprometida con el cambio, cuando no haya vuelta atrás porque la decisión está tomada de verdad, hasta la última gota de sudor estará a tu servicio. No habrá pereza, solo ganas a la enésima y en estado puro, no habrá tiempo de replicar un desgastado e infantil: “¡Es duro cambiar!”. El que habrá decidido es tu ADN. No habrá pregunta, solo una afirmación sentida y radical: “Ya empecé”.

1) Niégate a todo tipo de agresión. No conviertas tu relación en un campo de batalla. Puedes crear inmunidad a la violencia en cualquiera de sus formas. Sólo necesitas usar tres NO, negarte a tres cosas pase lo que pase. Puedes escribirlo y firmar con tu pareja el compromiso. Me comprometo a:

  • NO subestimar el dolor de mi pareja (ten compasión, métete en sus zapatos, camina con sus zapatos).
  • NO agredir a mi pareja de ninguna manera, ni aprovecharme de sus debilidades (tener dulzura, delicadeza, etc.).
  • NO fomentar la indiferencia afectiva, la frialdad, la falta de contacto físico o la ausencia de caricias (expresión de afecto positivo).

2) El descuido es desamor, no importa la excusa que des. Nada disculpa el abandono afectivo de la persona que amas.Y si crees que eso te convertirá en dependiente, despreocúpate, hay una forma de cuidado que no es co-dependencia, que va más allá del apego: es el gusto de dar, de hacer el bien a quien amamos. No hablo de sobreprotección, sino de atención amorosa, de vigilancia afectiva y efectiva, para buscar el bienestar del otro. Tampoco digo que tengas que desvelarte como lo hacen los padres aprenhensivos. Más bien se trata de estar dispuesto y disponible para cuando te necesite la persona que amas. Tu pareja no es tu hijo ni tu hija, es verdad, pero al amor agápico (el que da sin esperar recibir) no discrimina tan fino, cuando hay que dar se da.

3) Si sientes que los problemas de la vida diaria te alejan de tu pareja, tu relación está en peligro. En las malas épocas, las buenas relaciones se fortalecen y las disfuncionales (adictivas, peligrosas, dependientes, insanas, violentas, etc.) se acaban. El dolor compartido puede unirte, más que separarte. Si tienen problemas económicos, luchen juntos. Si los echan del lugar donde viven, busquen otro lugar, duerman en la calle, pero juntos. El sufrimiento es menor si se divide en dos. Y si hay una enfermedad en la familia, que sea motivo de unión, de trabajo en equipo. Cada vez que las dificultades afecten a tu pareja, recuérdale que no está solo o sola, que no eres un desertor o desertora y que puede contar contigo. Un amor completo no se agota en el placer del sexo, ni en la alegría de que el otro exista, necesita estar listo para el sufrimiento compartido. El amor agápico se reafirma en el dolor que la vida obliga.

Según Walter Riso, básicamente en tres situaciones:

1) Cuando tu dignidad se ve afectada. Cuando los derechos humanos se ven violados en el nombre del amor. Cuando ya no te ama y sigues ahí testarudamente esperando la resurrección, el milagro de que tu pareja te ame. En el amor hay que aprender a perder y retirarse a tiempo aunque duela. La esperanza te mantiene muchas veces pero eso también se rompe.

2) Cuando tu auto-realización no la puedes llevar a cabo. Cuando tus talentos naturales, tu vocación esencial, tus sueños, no los puedes desarrollar, ya sea porque el otro te pide una prueba de amor, por “vocación” de entrega incondicional o por hacer del sacrificio un culto y entonces decides que ese es el precio que debes pagar por amar.

3) Cuando empiezas a negociar con principios que no quieres negociar. Tus principios pueden ser ideológicos, valores, creencias fundamentales…cuando violan tus principios o negocias con ellos,  pasaste los límites del amor.

Si ocurre cualquiera de las cosas mencionadas anteriormente, y tú sigues junto a quien no te respeta ni te valora, en el “nombre del amor”… ¡¡CUIDADO!! entraste al lado irracional y enfermizo del amor; renunciaste a tu “yo”, para dar paso al “tú”, donde el otro se convierte en el “todo” más importante que uno mismo. Actuar así equivale a ser irracional.  Es una forma negativa y destructiva de entender el significado de amar.

Y lo curioso es que cuando haces cualquiera de esas estupideces, la sociedad  aplaude y los amigos dicen “¡cuánto amas!”.

Debemos saber que la autonomía es el factor determinante, la libertad de poder decidir sobre nuestra vida, nuestra manera de pensar y nuestra manera de ser.

  1. Aprenda a perder. – Actualmente todos trabajan con las tres ’p’ metidas en la cabeza: prestigio, poder y posición, pero una de las claves es aprender a perder. Nos preparan para ser los mejores, pero nadie nos enseña a tener metas reales, normales.

 

  1. Defienda sus derechos día a día. – Para manejar el estrés cotidiano es imprescindible marcar límites, saber decir no. Hay que defender su dignidad personal.

 

  1. Dé para recibir. – El amor es recíproco: la gente que es fiel espera fidelidad, la gente que da sexo, espera sexo, la que es tierna espera ternura.

 

  1. No solo se ama con el corazón. – También con el cerebro. Hay una parte afectiva, pero también racional. El amor no viene listo de fábrica, por eso la gente confunde el amor con el enamoramiento.

 

  1. Amor propio. – Una filosofía sana, orientada al autoamor, es cuidarse por sobre todas las cosas y no producirse daños. Quererse a sí mismo es contemplarse, cuidarse y expresarse amor de manera responsable, buscando su crecimiento personal y no su ruina.

 

  1. La autoestima. – La necesidad desesperada de aprobación siempre esconde una muy baja autoestima, la cual se intenta compensar mostrando claves de atractibilidad.

 

  1. Con el ego. – Si no posee metas o son demasiado diminutas, su ego será raquítico y frágil.

 

  1. Tiempo para sí mismo. – Es un acto de irresponsabilidad no dedicarse tiempo a sí mismo. Si hacemos de la postergación del placer una manera de vivir, nos convertimos en zombis.

 

  1. El perdón. Para solicitar perdón, solamente se llega por un camino: la humildad. Pero una humildad decorosa.

 

  1. Los ex. – Si el ex no está procesado puede aparecer como una opción para la memoria por siempre.

 

  1. No más cargas. – Haga una lista de las luchas que no considera suyas, de las que está cansado de insistir. Asuma con pasión lo que verdaderamente quiera llevar adelante y deseche esos viejos encartes.

Hay amores que son como un huevo sin sal: desabridos. Puede que el sentimiento exista, pero no se ve ni se siente. Se intuye, se presiente, pero no se evidencia.

No aparece. Solo recorre, discreto y fantasmal, la periferia de alguna piel deseosa de experimentar la bendición de las caricias. Un amor aséptico no necesita una cama, sino un quirófano. Es una flor cerrada que se ahoga en su perfume. Un capullo de clima caliente en clima frío. El amor requiere aire despejado, largas primaveras y buena temperatura ambiente. De no ser así, se arruga, se repliega sobre sí mismo y envejece.

El impulso afectivo debe moverse con libertad para no morir. Y no me refiero al sentir desbocado que lastima y enloquece, sino a la candela que necesita el amor para mantenerse vivo.

Un afecto timorato, amansado y moldeado por el hipercontrol, se parece más a un ordenador que a un ser humano. No debería extrañarnos que el primitivoarrow 10x10 AMORES INSÍPIDOS y encantador lenguaje afectivo llegue a ser reemplazado por uno mucho más aburrido y reflexivo. Por ejemplo: “Caramba… Caramba…Creo que mi activación interna y las manifestaciones de mi musculatura estriada me indican que estoy llegando al clímax…”. El beso espontáneo, apasionado y devorador que ha caracterizado a los Rodolfo Valentino de este siglo, podría ser sustituido por una higiénica invitación al roce bucal: “Discúlpame… no quiero ofenderte ni pasar por atrevido… pero te invito a que intercambiemos nuestros respectivos alientos…”. La racionalidad es la peor enemiga de la pasión.

Las personas que han hecho de la mesura sentimental una especie de virtud constipada, no solamente frustran a su compañero o compañera, sino que se autoproclaman en directores espirituales del buen comportamiento. Una cosa es el pudor natural que acompaña la experiencia amorosa, y otra muy distinta, la fobia a sentir. Es verdad que la ética del amor requiere una buena dosis de responsabilidad, pero también es cierto que el bloqueo indiscriminado del afecto destruye cualquier vínculo.

“Para qué decirle que la quiero, si ella ya lo sabe”, decía un señor aterrado ante la posibilidad de contemplar a su deprivada mujer. Pero el cariño nunca sobra. El acto de amar no conoce redundancias. Un “te recontraquiero” es mucho más seductor y placentero que un “te quiero” a secas. El escueto y tradicional “buen día” se magnifica cuando lo acompañamos de un abrazo y un pico mañanero. Un pellizcón al atardecer puede ser el preludio de las mil y una noches. Sacar espinillas, peinar canas, jugar con los dedos del otro, susurrar, murmurar, suspirar cara a cara y sobar, son notificaciones y recordatorios de que la relación está viva. Es preferible un amor barroco, con mayúsculas y letras góticas, a un afecto postmoderno, mezquino y de letra menuda.

Una buena relación no permite la duda afectiva. Cuando el sentimiento vale la pena, es tangible, incuestionable y casi axiomático. No pasa desapercibido porque las miradas casi siempre nos delatan.  Es muy claro: si la persona que dice amarme vive “confundida”  y me acaricia cada muerte de obispo, la cosa está grave. Puede que me aprecie bastante, pero no creo que me ame.

¿Cuándo fue la última vez que te desmadejaste en los brazos de la persona amada? ¿Hace cuánto que no amaneces encalambrado, retorcido, anudado con las piernas del otro, sin almohadas y con tortícolis? El bienestar afectivo no es otra cosa que cariño al por mayor. Ese es el secreto: dejar salir el amor por los cuatro costados (en realidad son seis) hasta inundar la persona que amas. Lo demás viene por añadidura.

El ímpetu amoroso no puede silenciarse. Cuando se dispara, el organismo no cabe en su pellejo, lo implícito se hace explícito y el cuerpo, incontenible, se desborda en imprudencias. Y es precisamente ahí, entre el cataclismo hormonal y la comunión de dos, que el amor comienza a saborearse.

Puede sonar como un cliché cuando dicen “Debes enamorar a tu mujer todos los días“, como si se tratara de la película 50 primeras citas, con Adam Sandler y Drew Barrymore. Pero lo cierto es que no existe ni una sola mujer que ponga esto en duda, y sin embargo la mayoría de los hombres nos quedamos a medio camino (o simplemente lo olvidamos).

Sería más fácil que tuviésemos una guía para saber que hacer, ¿verdad? Aquí tienes 10 estrategias infalibles, en orden de importancia. Aplícalas todos los días para que ella siempre esté enamorada de ti:

#10. ¿Para qué tienes su teléfono si no la llamas?

Llámala un par de veces al día sólo para saber cómo le va; de esa manera sabrás qué expectativas tener cuando la veas al final de la jornada y cómo puede estar su humor. Por ejemplo, si ha tenido una mala experiencia en su trabajo, es poco probable que demuestre plena alegría por un logro que tú hayas alcanzado. ¡Esto se llama inteligencia emocional!

#9. Di “Te amo” y “que tengas un lindo día” cada mañana

Ésta es la mejor manera de transmitirle buena vibra a tu pareja para que afronte el estrés diario, los embotellamientos, las impresoras atacadas y los compañeros de trabajo fastidiosos.

#8. Enorgullécete de que los vean juntos

A las parejas felices les gusta que las vean juntas y con frecuencia manifiestan afecto mediante el contacto físico; es muy común ver una mano en el brazo, en la rodilla o en el cuello.
No se trata de exhibirse para que todo el mundo los note (como Tom Cruise en su época con Katie Holmes), es más como una muestra de que se pertenecen mutuamente. Esta sensación viene de adentro; la exteriorizas caminando como el hombre más afortunado del mundo pues la mujer más hermosa del planeta está contigo.

Y ya que andan juntos…

#7. Camina al lado de ella, preferiblemente tomándola de la mano

En vez de caminar unos pasos delante de ella, asegúrate de mantenerte a su lado y tomar su mano mientras caminan. Recuerda que es más importante con quién te encuentras en ese momento que el marcar la caminata por donde van.

#6. Ve a la cama al mismo tiempo que ella

¿Recuerdas que cuando la conociste, prácticamente no podías esperar para ir a la cama y hacerle el amor? Aún cuando tengas que trabajar hasta tarde o debas levantarte a mitad de la noche, mantén la costumbre de irte a la cama con ella. Aún cuando estén muy cansados para tener sexo, el contacto piel con piel es un excelente puente emocional entre ambos y es ideal que lo practiques todas las noches.

#5. Abrázala apenas la ves al regresar del trabajo

Nuestra piel tiene memoria para tres tipos de contacto: el amoroso (a través de los cariños), el hiriente (a través de los maltratos) y el ausente (a través de la indiferencia). Si abrazas a tu chica todos los días, le recordarás ese contacto cariñoso que tanto le hace falta, y se mantendrá impregnada de ti.

#4. Dí “Buenas noches” todas las noches, independientemente de cómo te sientas

Esto le dice a tu chica que independientemente de qué tan alterado estés con ella, valoras la relación por encima de todo; que lo que tienen es mucho más grande que cualquier discusión o incidente que pudieran tener. ¿De qué te sirve el orgullo si lo único que hace es alejarte de quien amas?

Y hablando de acercarte cada vez más a ella…

#3. Cultiva intereses comunes

Cuando la pasión empieza a decaer, es común que te des cuenta de que tienes menos cosas en común con tu pareja de lo que creías; no le restes importancia a este hecho y trata de buscar experiencias nuevas que ambos puedan compartir cada semana. Por supuesto, no dejes de cultivar tus propios intereses, puesto que el equilibrio entre la pareja y el individuo es la clave para una relación sana.

#2. Desarrolla la confianza y el perdón

Si quieres que tu chica confíe en ti, comienza tú por desarrollar la confianza de ella y dejar ir las discusiones que sabes que no llevarán la relación a ningún lado. ¿Por qué no puedes ver hoy la comedia romántica que ella te ha pedido? De seguro ella hará lo mismo con tu partido de fútbol, ¿Verdad?

De la misma manera, si tú confías en ella, no habrá ninguna razón para que ella no haga lo mismo contigo. Éste es un acuerdo recíproco que los hará felices por muchos años.

#1. Piensa más en lo que tu pareja hace bien, que en lo que hace mal

Si siempre estás buscando los errores de tu chica, no dudo que te será fácil conseguir uno cada cinco minutos; sobre todo cuando se te ha pasado la primera fase de enamoramiento y comienzas a conocerla verdaderamente. Pero ¿Realmente te has dedicado a pensar y sentir todo lo que ella hace por ti, y hace bien? Todo depende de lo que quieras acentuar en tu pareja. ¿Prefieres acentuar lo negativo o lo positivo?

Ponte a prueba y haz tu mejor esfuerzo por hacer de estas 10 estrategias un hábito. ¡Trata de hacerlas durante un mes completo! te aseguro que tu relación con la mujer que amas será mucho más armónica, placentera y duradera.

Un estudio reveló los motivos científicos por los que se termina el amor entre las parejas.

En la vida existen decenas de miles de preguntas sin respuesta: ¿De dónde venimos? ¿A qué venimos al mundo? ¿Hay vida después de la muerte? ¿Puede existir algo tan sabroso que no seamos capaces de comerlo? Bueno, esa última es mi aportación; sin embargo, hay un cuestionamiento al que poetas, dramaturgos, cineastas y gente a pie —como este servidor— sin duda se han hecho:

¿Por qué se acaba el amor entre las parejas?

Las respuestas pueden ser muchas y más aún de acuerdo al contexto en que se formule la pregunta.

Los estudiados y siempre oportunos científicos de la Universidad de Western, en Ontario, Canadá, salieron al quite y presentaron una investigación al respecto. Los mencionados científicos se dieron a la tarea de juntar a 6.500 personas para hacer su estudio. Evidentemente hicieron el análisis a hombres y mujeres, realizaron preguntas, sesiones de grupo, colocaron sus tesis a prueba y platicaron varias horas con los objetos de estudio.

Después de que los investigadores se convirtieran casi en psicólogos, que escucharan diversos puntos de vista que se transformaban por momentos en quejas, el estudio determinó que hay tres causas principales por las que el amor entre parejas termina. Los errores por parte de los hombres son:

  1. La falta de higiene
  2. Que sea perezoso
  3. Que no tenga estabilidad económica.
  4. Relee: La importancia de enseñar a nuestros hijos pulcritud e higiene.

Específicamente hablando de las relaciones fugaces, las cuales fijaron a una duración menor a un año y medio, los científicos de Ontario encontraron que el mal olor y una higiene descuidada son los principales motivos para decir “ahí nos vemos”. En resumidas cuentas, no toleran que un príncipe se haya convertido en sapo.

Para esas relaciones de más de un año y medio y que pueden durar, vamos no la eternidad pero sí el cambiar varios calendarios, las causas principales por las que las parejas terminan el vínculo son, en las mujeres:

  1. La falta de sentido del humor en la relación
  2. Que no haya confianza
  3. Una mala relación íntima

En cuanto a las relaciones largas, éstas terminan por la falta de libido en ambos sexos. Como verán, el tema es muy amplio y también relativo, ya que hasta donde sabemos, todavía no nace el científico capaz de explicar lo que es una “mala” relación íntima. Claro puede haber situaciones en común, pero cada pareja tiene sus formas para tratarse dentro de las sábanas.

Lo que sí es importante destacar, es el cuidado personal. Es muy común que, tanto hombres como mujeres, al sentirse “seguros” con alguien, ya no tengan el esmero y la atención hacia su persona. No se trata de ser superficiales y basar todo en la imagen; pero sí en tratar de que cada día el gusto crezca y no decaiga.

Por lo demás, aquí tienes un espacio para decir “el amor termina por…” que seguramente cada quien tiene una historia, solo que por favor, no metan al fútbol americano en esto.

Que el enamoramiento funciona como una droga intrínseca es cada día más aceptado, en tanto que crea dependencia (cuando nos impacta, tenemos la sensación de que no somos capaces de vivir sin él), tolerancia (nos sentimos insatisfechos y queremos siempre más) y abstinencia (si se acaba, el organismo se desorganiza y sufre a mares). Pero la biología es muy inteligente y no deja que nos aficionemos demasiado, ya que después de cierto tiempo el cerebro se dañaría por la elevada estimulación. Así que el enamoramiento tiene un tiempo limitado (aunque reconozco que, en ciertos casos, parece haber excepciones en algunos individuos). Las investigaciones realizadas en diversas culturas coinciden: su fase activa dura de dieciocho a treinta meses. No es que pasemos del éxtasis a la depresión, sino que la locura se modera y se acomoda a una realidad menos vertiginosa: la montaña rusa se endereza y baja de velocidad. Este descenso en el ímpetu emocional no siempre es aceptado por los usuarios del amor y a muchos les produce una profunda decepción detectar que la «droga» ya no está presente. Es entonces cuando salen a buscar nuevas dosis. A estos sujetos se los conoce como los «enamorados del amor», o mejor sería llamarlos «adictos al amor», a la pasión, a las sensaciones que genera el romance fogoso. En estos casos, las distintas conquistas sólo son una excusa, un medio para producir los compuestos químicos requeridos por el organismo.

Una mujer se lamentaba: «No quiero que se acabe lo que siento, ¡yo era feliz con aquella sensación de ahogo!». Traté de hacerle ver que el amor por su pareja no había desaparecido, sino que había sufrido un cambio en la modalidad: lo amaba de otra manera, más tranquila y serena. Pero ella quería el sudor en las manos y el corazón latiendo a mil kilómetros por segundo. Confundía enamoramiento con amor, pero no le quedaba más remedio que aceptar el bajón, ya que no podemos generar enamoramiento a voluntad.

En las lides del enamoramiento, el organismo hace lo que le da la gana, o sería mejor decir: la naturaleza obra de acuerdo con su mejor parecer y conveniencia para la supervivencia de la especie. Como si dijera: «Usted ya tuvo su dosis, señora. Lo que ahora debe hacer es construir una relación afectiva utilizando también la cabeza, si no ¿para qué cree que he trabajado millones de años en desarrollar la mente humana? ¡Úsela!». Mi paciente no quería usarla. Le desagradaba en extremo un amor pensado y menos efusivo. Lo que quería era una lluvia de emociones, mariposas en el estómago y babear por el otro como si sufriera de alguna lesión cerebral. Vivía como una adicta saltando de relación en relación, hasta que el enamoramiento se extinguiera en cada vínculo. Solía decirme: «Tengo problemas con el amor, no doy con la persona indicada». Y era verdad que no lo entendía: había idealizado un «estado bioquímico» transitorio y de manera infantil esperaba que ese estado febril de enamoramiento se convirtiera en eterno junto a un alma gemela inexistente.

 

La forma en que nos sentimos con nosotros mismos afecta las decisiones que tomamos en nuestra vida y en todos los ámbitos. Cuando tenemos una autoestima alta nos sentimos plenamente confiados para afrontar todo tipo de situaciones, es decir que de la capacidad de confianza que tengas en ti, depende el nivel de autoestima en el que estás.

  1. ¿Cómo te sientes con tu cuerpo?

a). Mal, no me siento a gusto.
b). Más o menos, a veces siento que me veo bien, otras veces siento que hay cosas que no me
gustan.
c). Bien, me gusta mi cuerpo y me acepto como soy.

  1. ¿Consideras que tu opinión es igual de importante a la de los demás?

a). Nunca.
b). Algunas veces.
c). Siempre, pues creo que todos los puntos de vista son igual de importantes.

  1. Cuando te van a tomar una foto ¿Cuál es tu reacción?

a). Darle la espalda a la cámara y/o salir corriendo
b). Dependiendo de cómo estés arreglada/o en ese momento posas o huyes.
c). Siempre sonríes, te encantan las fotos y nunca huyes de la cámara.

  1. ¿Te expresas fácil en grupo?

a). Nunca
b). A veces
c). Si

  1. ¿Intentas parecerte a las/los  modelos que ves en las revistas?

a). Siempre, me gustaría ser igual a ellas/ellos, son un ícono de belleza
b). A veces.
c). Nunca, pues soy consciente que la belleza no son las curvas, creo que debo aceptarme como soy.

  1. ¿Sabes aceptarte con tus cualidades y defectos?

a). No
b). A veces.
c). Si lo hago, y estoy seguro que cada persona tiene muchas cualidades y también defectos por eso me acepto como soy.

  1. ¿Es fácil para ti recibir una crítica constructiva de otra persona?

a). No, me siento atacada cuando eso ocurre
b). A veces.
c). Si, pues siempre será un aporte para mi crecimiento como persona

  1. ¿Crees que puedes alcanzar tus metas?

a). No, me siento poco segura de mis capacidades para construir y lograr objetivos
b). A veces siento que puedo lograrlas.
c). Sí, creo que confiando en mis capacidades y trabajando en objetivos claros puedo conseguir llegar a las metas propuestas.

Resultados del test de autoestima

  1. Si tus respuestas son en su mayoría A, indica que tu nivel de autoestima está por debajo de lo conveniente, se te dificulta tomar decisiones y debes vencer obstáculos para lograr aumentar autoestima.
  2. Si tienes mayoría B, tu autoestima está en proceso de construcción, estas empezando a autoafirmarte, vas por buen camino es un buen comienzo para desarrollar más confianza.
  3. Si respondiste la mayoría C, tienes un nivel de autoestima adecuado, te aceptas tal como eres y respetas a los demás para recibir el respeto de los otros.

 

¿Será de un momento para otro? ¿Será un proceso desgastante? ¿Cómo advertir si se terminó el amor?

Separarse siempre es un proceso doloroso y difícil de transitar

Cuando dos personas se casan “hasta que la muerte los separe” la frustración o la culpa por no poder seguir adelante con ese proyecto puede llevarlos a pasar de amar a soportar. Asimismo quienes no pasaron por el registro civil o el altar pero deciden formar una familia raramente se imaginan que tendrá fecha de vencimiento y pueden “estirar” la agonía de esa relación hasta un punto que jamás habrían pensado. Con todo el desgaste que eso ocasiona.

Es que eso de que cada pareja es un mundo aplica a todo. Y en cuestiones de cómo ponerle fin a un vínculo nadie tiene la fórmula perfecta.

¿Cuántas veces oímos a alguien decir que le “cayó la ficha” o que “se terminó el amor”? ¿Es tan fácil diferenciar una crisis pasajera del final de una relación? ¿Y si esa persona era el amor de su vida? En cuestionamientos de este tipo suelen empantanarse quienes sienten que algo ya no es como era, pero no se animan a dar el portazo e insisten en tolerar hasta lo intolerable.

“Las señales para darnos cuenta que una pareja no va más, pueden ser muchas y tener diversas características pero la principal es la subjetividad: alguien se podrá dar cuenta porque ya no es como antes y otra persona sentirá que ya no aguanta más”.

Más allá de la subjetividad, hay otros motivos a tener en cuenta, según el especialista. Y enumeró tres señales claras.

  1. Pensar en separarse sin estar enojado: muchas veces durante una pelea o inmediatamente después de ella, se piensa en terminar la relación y ese pensamiento está dominado por la emoción. Habitualmente, cuando la persona está tranquila esa idea desaparece. Ahora, si alguien piensa en separarse aun cuando está tranquilo y fuera de la situación “pelea”, este puede ser un indicador importante.
  2. Maltratos: las diferentes formas de maltrato son un indicador inmediato para pensar seriamente en alejarse. Maltrato físico, psicológico, falta de respeto y agresión verbal, entran dentro de estas causas.
  3. Desenganche emocional: cuando lo que le pasa al otro (lo bueno o lo malo) ya no interesa es un indicador muy fuerte, ya que cuando esto se da, los lazos afectivos están rotos y si se llega a este punto puede ser poco lo que queda por hacer.

“¿Aguanto un poco más o lo echamos a suerte?”

Así dice la canción más famosa del grupo español Ella baila sola y en ella se pregunta precisamente qué hacer frente a la situación de notar que el vínculo cambió y ya no es lo que era.

Cuando parece que todo da lo mismo es señal de que, al menos para uno de los integrantes, la pareja está llegando a su fin.

En el caso de la canción, a la protagonista le cuesta enfrentar el momento del corte y eso la llevaría a “estirar” la situación. “Lo sano es poder asumir el problema que está atravesando el vínculo y poder hacer algo con eso”, recomendó Girona, quien agregó que “para separarse hay tiempo, es decir que intentar casi siempre es una opción. Habrá que ver cuántos intentos y sobre todo los indicadores de cambio que se dan y que hacen ver que esas tentativas van generando algo”.

¿Por qué? ¿Cómo? y ¿Para qué? son tres preguntas que cualquier persona que quiera seguir intentando en una relación, se debería realizar. Estas tres preguntas -explicó el especialista- tienen que ver con la dimensión del tiempo. El por qué está en el pasado, el cómo está en el presente y el para qué en el futuro. ¿Por qué seguir intentando? Porque hay una historia en común, por todo lo que se construyó, etc. ¿Cómo hacerlo? O sea, de qué manera se puede seguir intentando, qué habría que cambiar (porque algún cambio debería haber con respecto a lo que venía pasando). ¿Y para qué cambiar? Se encuentra en el futuro porque todavía no se sabe si ese intento va a servir para bien o para mal.

“Un párrafo aparte lo merecen todas aquellas personas que dicen no separarse por sus hijos, porque son muy chicos y quieren esperar a que crezcan. Es difícil estar bien con alguien con quien se está mal, aunque sea por otros, y aunque esos otros sean los hijos. Y si lo logran, ¿hasta cuándo lo podrán sostener?”, analizó Girona, para quien “es preferible una separación en paz que una pareja en guerra”.

Las consecuencias para los integrantes de una pareja que se lleva mal y extiende la relación son muchas, entre ellas estrés físico y emocional, riesgo de enfermarse y mayores riesgos de depresión y ansiedad. Y los hijos de estas parejas no están a salvo y también pueden sufrir estrés, rechazo de los compañeros, riesgo de depresión, problemas de comportamiento y eventualmente fracaso escolar.

Más allá de las consecuencias, es importante que una persona adulta se haga cargo de sus decisiones y pueda pensar “yo me quedo porque así lo elijo, porque creo que es lo mejor para mis hijos”, destacó.

El rol de la mujer

Todavía suena conocido, aunque por suerte cada vez menos, la idea de que la mujer debe soportar todo. “Tolerante eterna sería la figura para describir esta posición psicológica dentro de una pareja”, mencionó el especialista, quien consideró que “detrás de esto aparece una mujer inferior al hombre, que debido a su inferioridad y a su correspondiente dependencia debe ‘aguantar todo’ de él, aunque se trate de maltrato, infidelidades, desprecio, desamor, etc”.

Empoderarse es una palabra que últimamente suena mucho y siempre aparece relacionada con la mujer. El motivo de esto es que en los últimos años la mujer logró reposicionarse en la sociedad y comenzar a ocupar un lugar diferente y por ende, un lugar menos dependiente. Aunque todavía falta, la mujer está logrando dejar ese lugar y así acortar la asimetría y las diferencias dentro de la pareja.

Enfrentar el final

 

“Si la persona considera que ya probó lo suficiente y de distintas formas, entonces puede ser el momento de enfrentar el final. Las separaciones y los divorcios se multiplicaron y se convirtieron en moneda corriente”, señaló Girona.

Y si bien hace unos años divorciarse era mal visto por la sociedad, hoy en día se organizan festejos de divorcio, los abogados ofrecen ofertas del tipo “divórciese en una semana” y últimamente hasta se puso de moda la ¡foto de los recién divorciados! (por supuesto si el divorcio se hace en buenos términos), eso no quita que sea un proceso doloroso y en general, muy difícil de transitar.

Aquí es donde entra en juego la capacidad que cada persona tenga para atravesar mejor el proceso. A continuación 3 consejos del especialista:

  1. Desarrollar la capacidad de aceptación: aceptar siempre implica un duelo, en este caso sería un duelo por la pareja que no fue. Esto es un proceso y, como todo buen proceso, implica tiempo y cambios. Además, aceptar es una tarea dura que no está exenta de recaídas.
  2. Dimensionar las consecuencias: es importante tomar conciencia de los riesgos que puede generar en la pareja y en los demás integrantes de la familia, especialmente en los niños. Los padres tienen la obligación de protegerlos y respaldarlos.
  3. Terapia de pareja: puede funcionar como un recurso para salvar el vínculo y también puede servir para una separación civilizada

 


Contacto

Ayuda 100% confidencial, profesional y con calidez humana.
Lic. Miguel Ángel Pla
Correo: direccion@miguelpla.com
Teléfonos:
Consultorio (81) 8143-0123
Celular 811-165-9270
Esquina Ave Sertoma y Ave la Clínica Hospital San Lucas
Segundo Piso Consultorio 202
Entrada por Ave Sertoma, frente al estacionamiento del Hospital San José

Para su mayor comodidad tenemos dos opciónes de consulta:
Consulta Presencial y Consulta Telefónica

Nombre
Correo
Teléfono
Mensaje

Su mensaje fue enviado exitosamente.
Error! Por favor revise los campos.
MIGUEL PLA PSICOTERAPUETA © DERECHOS RESERVADOS 2014