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Pese a que el término inmadurez puede resultar ofensivo o peyorativo para ciertas personas, su verdadera acepción nada tiene que ver con retardo o estupidez. La inmadurez emocional implica una perspectiva ingenua e intolerante ante ciertas situaciones de la vida, generalmente incómodas o aversivas. Una persona que no haya desarrollado la madurez o inteligencia emocional adecuada tendrá dificultades ante el sufrimiento, la frustración y la incertidumbre. Fragilidad, inocencia, bisoñada, inexperiencia o novatada, podrían ser utilizadas como sinónimos, pero técnicamente hablando, el término “inmadurez” se acopla mejor al escaso autocontrol y/o autodisciplina que suelen mostrar los individuos que no toleran las emociones mencionadas. Dicho de otra manera, algunas personas estancan su crecimiento emocional en ciertas áreas, aunque en otras funcionan maravillosamente bien.

Señalaré las tres manifestaciones más importantes de la inmadurez emocional relacionadas con el apego afectivo en particular y con las adicciones en general:

(a) bajos umbrales para el sufrimiento
(b) baja tolerancia a la frustración
(c) la ilusión de permanencia.

Pese a que en la práctica estos tres esquemas suelen entremezclarse, los separé para que puedan apreciarse mejor. Veamos cada uno en detalle.

Bajos umbrales para el sufrimiento o la ley del mínimo esfuerzo:

La incapacidad para soportar lo desagradable varía según de un sujeto a otro. No todos tenemos los mismos umbrales o tolerancia al dolor. Hay personas que son capaces de aguantar una cirugía sin anestesia, o de desvincularse fácilmente de la persona que ama porque no les conviene, mientras que a otras hay que obligarlas, sedarlas o empujarlas, porque son de una susceptibilidad que raya en el merengue. Estas diferencias individuales parecen estar determinadas no sólo por la genética, sino también por la educación. Una persona que haya sido contemplada, sobreprotegida y amparada de todo mal en sus primeros años de vida, probablemente no alcance a desarrollar la fortaleza (coraje, decisión, aguante) para enfrentar la adversidad. Le faltará el “callo” que distingue a los
que perseveran hasta el final. Su vida se regirá por el principio del placer y la evitación inmediata de todo aversivo, por insignificante que éste sea. Repito: esto no implica hacer una apología del masoquismo y el autocastigo, y fomentar el suplicio como forma de vida, sino reconocer que cualquier cambio requiere de una inversión de esfuerzo, un costo que los cómodos no están dispuestos a pagar. El sacrificio los enferma y la molestia los deprime. La consecuencia es terrible: miedo a lo desconocido y apego al pasado. Dicho de otra manera, si una persona no soporta una mínima mortificación, se siente incapaz de afrontar lo desagradable y busca desesperadamente el placer, el riesgo de adicción es alto. No será capaz de renunciar a nada que le guste, pese a lo dañino de las consecuencias y no sabrá sacrificar el goce inmediato por el bienestar a mediano o largo plazo; es decir, carecerá de autocontrol.

El pensamiento central de la persona apegada afectivamente y con baja tolerancia al sufrimiento, se expresa así:

“No soy capaz de renunciar al placer/bienestar/seguridad que me brinda la persona que amo y soportar su ausencia. No tengo tolerancia al dolor. No importa qué tan dañina o poco recomendable sea la relación, no quiero sufrir su pérdida. Definitivamente, soy débil. No estoy preparado para el dolor”.

 

El Apego es Adicción:

Depender de la persona que se ama es una manera de enterrarse en vida, un acto de automutilacion psicológica donde el amor propio, el autorrespeto y la esencia de uno mismo son ofrendados y regalados irracionalmente. Cuando el apego esta presente, entregarse, mas, que un acto de cariño desinteresado y generoso, es una forma , de capitulación, una rendición guiada por el miedo con el fin de preservar lo bueno que ofrece la relación. Bajo el disfraz de amor romántico, la persona apegada comienza a sufrir una despersonalizacion lenta e implacable hasta convertirse en una anexo de la persona “amada”, un simple apéndice.
De manera contradictoria, la tradición ha pretendido inculcarnos un paradigma distorsionado y pesimista:el autentico amor, irremediablemente, debe estar infectado de adicción. Un absoluto disparate. No importa como se quiera plantear, la obediencia debida, la adherencia y la subordinación que caracterizan el estilo dependiente no son lo mas recomendable.

El Desapego no es indiferencia

Amor y Apego no siempre deben ir de la mano. Lo hemos entremezclado hasta tal punto, que ya confundimos el uno con el otro. Equivocadamente, entendemos el desapego como dureza de corazon, indiferencia o insensibilidad, y eso es incorrecto. El desapego no es desamor, sino una manera sana de relacionarse, cuyas premisas son: independencia, no posesividad y no adiccion.. La persona no apegada (emancipada) es capaz de controlar sus temores al abandono, no considera que deba destruir la propia identidad en nombre del amor, pero tampoco promocionar el egoismo y la deshonestidad.
Desapegarse no significa salir corriendo a buscar un sustituto afectivo, volverse un ser carente de toda etica o instigar la promiscuidad. La palabra libertad nos asusta y por eso la censuramos. Declararse afectivamente libre es promover afecto sin opresion, es distanciarse en lo perjudicial y hacer contacto en la tenura. El individuo que decide romper con la adiccion a su pareja entiende que desligarse psicologicamente no es fomentar la frialdad afectiva, porque la relacion interpersonal nos hace humanos (los sujetos “apegados al desapego” no son libres, sino esquizoides). No podemos vivir sin amor, pero si podemos amar sin esclavizarnos. “Una cosa es defender el lazo afectivo y otra muy distinta ahocarse con el”. El desapego no es mas que una eleccion que dice a gritos: “EL AMOR ES AUSENCIA DE MIEDO”.

El Apego desgasta y enferma

Otra de las caracteristicas del apego es el deterioro energetico. El sobregasto de un amor dependiente tiene doble faz. Por un lado, el sujeto apegado hace un despliegue impresionante de recursos para retener su fuente de gratificacion. Los activo-dependientes pueden volverse celsos e hipervigilantes, tener ataques de ira, desarrollar patrones obsesivos de comportamiento, agredir fisica o llamar la atencion de manera inadecuada, incluso mediante atentados contra su propia vida. Los pasivo-dependientes tienden a ser sumisos, dociles y extremadamente obedientes para intentar ser agradables y evitar el abandono. El repertorio de estrategias retentivas, de acuerdo con el grado de desesperacion e inventiva del apegado, puede ser diverso, inesperado y especialmente peligroso

La segunda forma de despilfarro energético no es por exceso, sino por defecto. El sujeto apegado concentra toda la capacidad placentera en la persona “amada”, a expensas del resto de la humanidad. Con el tiempo, esta exclusividad se va convirtiendo en fanatismo y devoción: “Mi pareja lo es todo”. El goce de la vida se reduce a una mínima expresión: la del otro.

El apego enferma, castra, incapacita,elimina criterios, degrada y somete, deprime, genera estrés, asusta, cansa, desgasta y, finalmente, acaba con todo el residuo de humanidad posible.

 

¿El Apego puede prevenirse?

Bajo determinadas circunstancias, podemos crear inmunidad a las adicciones afectivas y relacionarnos de una manera más tranquila y descomplicada. Siempre podemos estar afectivamente mejor. Si tu pareja está bien constituida, aún puedes fortalecerla más; y si tiene deficiencias no muy graves, puedes mejorarla. El mejoramiento afectivo es un proceso continuo que no puede descuidarse.

Los tres (3) principios que se presentan a continuación permiten desarrollar una actitud anti-apego, es decir un estilo de vida orientado a fomentar la independencia psicológica sin dejar de amar. Por desgracia, nuestra cultura no los enseña de una manera programada y coherente porque, paradójicamente, la libertad es uno de los valores más restringidos.

El primer principio es el de la Exploración, o el arte de no poner todos los huevos en la misma canasta; el segundo es el de la autonomía, o el arte de ser autosuficiente sin ser narcisista, y el tercero, es el principio del sentido de vida, o el arte de alejarse de lo mundano. La aplicación de cada uno de ellos hará tambalear los esquemas responsables de la adicción afectiva, pero si la aplicación es conjunta, el impacto psicológico será óptimo. Una persona audaz, libre y realizada es un ser que le ha ganado la batalla a los apegos.

La inmunidad a la adicción afectiva sólo puede alcanzarse cuando todos nuestros papeles estén debidamente equilibrados. Somos mucho más que esposo/ esposa o novio/ novia. Si vivo exclusivamente para mi pareja, si reduzco todas mis opciones de alegría y felicidad a la relación, destruyo mis posibilidades en otras áreas, las cuales también son importantes para mi crecimiento interior. Cuando se logra la madurez afectiva, el acto de amar no. es tan cautivante como para anularnos, ni tan distante como para enfriarnos. Se obtiene un punto medio, el lugar equidistante, donde el amor existe y deja vivir.

EL PRINCIPIO DE LA EXPLORACIÓN Y EL RIESGO RESPONSABLE

La persona apegada, debido a su inmadurez emocional, no suele arriesgarse porque el riesgo incomoda. Jamás pondría en peligro su fuente de placer y seguridad. Prefiere funcionar con la vieja premisa de los que temen los cambios: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Enfrentarse a lo nuevo, siempre asusta. El anclaje al pasado es la piedra angular de todo apego. Aferrarse a la tradición genera la sensación de estar asegurado. Todo es predecible, estable y sabemos para dónde vamos. No hay innovaciones ni sorpresas molestas. Rescatar las raíces y entender de dónde venimos es fundamental para cualquier ser humano, pero hacer de la costumbre una virtud es inaceptable. Muchas parejas entran en una especie de canibalismo mutuo, donde cada uno devora al otro hasta desaparecer. Se absorben como dos esponjas interconectadas.

¿Quién dijo que para establecer una relación afectiva uno debe encarcelarse? ¿De dónde surge esa ridícula idea de que el amor implica estancamiento? ¿Por qué algunas personas al enamorarse pierden sus intereses vitales? ¿El amor debe ser castrante? ¿realmente el vínculo afectivo requiere de estos sacrificios?. Los preceptos sociales han hecho desastres.

Amar no es anularse, sino crecer de a dos. Un crecimiento donde las individualidades, lejos de opacarse, se destacan. Querer a alguien no significa perder sensibilidad y volverse una marmota sin más intereses que lo mundano.

El principio de la exploración responsable, (por “responsable” entiendo hacer lo que nos venga en gana, siempre y cuando no sea dañino ni para uno ni para otros), sostiene que los humanos tenemos la tendencia innata a indagar y explorar el medio. Somos descubridores natos, indiscretos por naturaleza. Cuando exploramos el mundo con la curiosidad del gato, todos nuestros sentidos se activan y entrelazan para configurara un esquema vivencial. Es entonces cuando descubrimos que el placer no está localizado en un solo punto, sino disperso y accesible. Y no estoy insinuando que haya que reemplazar a la pareja o engañarla. La persona que amo es una parte importante de mi vida, pero no la única. Si pierdo la capacidad de escudriñar, husmear y sorprenderme por otras cosas, quedaré atrapado en la rutina. Nadie tiene el monopolio del bienestar. Krishnamurti decía: “Cuando se adora a un solo río, se niegan todos los demás ríos; cuando usted adora a un solo árbol o a un solo dios, entonces niega todos los árboles, todos los dioses”.

Puedes amar profunda y respetuosamente a tu pareja y al mismo tiempo disfrutar de una tarde de sol, comer helados, salir a pasear, ir a un cine, investigar sobre tu tema preferido, asistir a conferencias y viajar; en fin, puedes seguir siendo un ser humano completo y normal. Vincularse afectivamente no es enterrarse en vida, ni reducir tu hedonismo a una o dos horas al día. No hablo de excluir egoístamente al otro, sino de complementarlo. Me refiero a dispersar el placer, sin dejar de amar a la persona que amas y sin perderte a ti mismo. Hermann Hesse afirmaba: “Él había amado y se había encontrado a sí mismo. La mayoría, en cambio, aman para perderse”.

¿Por qué este principio genera inmunidad al apego afectivo?

Porque la exploración produce esquemas anti-apego y promueve maneras más sanas de relacionarse afectivamente, al menos en cuantas áreas básicas:

a. Las personas atrevidas y arriesgadas generan más tolerancia al dolor ya la frustración; es decir, se ataca el esquema de inmadurez emocional.
b. Una actitud orientada a la audacia y al experimentalismo responsable asegura el descubrimiento de nuevas fuentes de distracción, disfrute, interés y diversión. El placer se dispersa, se riega y desaparece la tendencia a concentrar todo en un solo punto (por ejemplo, la pareja). El ambiente motivacional crece, y se amplía considerablemente.
c. Explorar hace que la mente se abra, se flexibilice y disminuya la resistencia al cambio. El miedo a lo desconocido se va reemplazando por la ansiedad simpática de la sorpresa, la novedad y el asombro. Un susto agradable que no impide tomar decisiones.
d. Se pierde el culto a la autoridad, lo cual no implica anarquismo. Simplemente, al curiosear en la naturaleza, las ciencias, la religión, la filosofía y en la vida misma, se aprende que nadie tiene la última palabra. Ya no se traga entero, y someterse no es tan fácil. Aparece un escepticismo sano y la interesante costumbre de preguntarse por qué.

Algunas sugerencias prácticas.

1. Juego y espontaneidad. Los adultos perdemos la magia del juego y nos enconchamos.
Racionalizamos tanto que nos constipamos. D´Annunzio, el gran escritor italiano, decía: “¿Quién ha dicho que la vida es un sueño? La vida es un juego”.
– Empieza por alguna travesura que no sea peligrosa.
– Recurre al método del absurdo.
– Despreocúpate del qué dirán y de la adecuación social.
2. Bucear en lo intelectual
3. Incursionar en el arte.
4. Viajes y geografía.
5. Conocer gente.

EL PRINCIPIO DE LA AUTONOMÍA O HACERSE CARGO DE UNO MISMO:

Tal como lo han afirmado psicólogos, filósofos y pensadores a través de todas las épocas, la libertad y el miedo van de la mano. Salustio decía: “Son pocos los que quieren la libertad, la mayoría sólo quiere tener un amo justo”. Pero cuando las personas deciden hacerse dueñas de su vida y de sus decisiones, el crecimiento personal no tiene límites. La búsqueda de autonomía es una tendencia natural en sujetos sanos. Más aún, cuando la libertad se restringe los humanos normales nunca nos damos por vencidos. Desde Espartaco hasta Mandela, la historia de la humanidad podría resumirse como una lucha constante y persistente para obtener la independencia añorada, cualquiera que ella sea. En psicología ha quedado demostrado que las personas autónomas que se hacen cargo de sí mismas, desarrollan un sistema inmunológico altamente resistente a todo tipo de enfermedades.

Los maestros espirituales de distintas partes del mundo coinciden en decir que cuánto menos necesidades creadas tenga una persona, más libre será. Cuentan que en cierta ocasión, Sócrates entró en una tienda de misceláneas. Luego de demorarse un largo rato observando en detalle cada artículo, salió del lugar claramente asombrado. Cuando le preguntaron el motivo de su sorpresa, respondió: “Estoy fascinado, ¡cuántas cosas no necesito!”.

Por desgracia, las personas que sufren de apego afectivo son las que más bloquean la autonomía, porque sus necesidades son demasiado fuertes. La adicción a otro ser humano es la más difícil de erradicar, y más aún cuando la motivación de fondo es la necesidad de seguridad/protección: (“Más vale mal acompañado que solo”).

Mientras el principio de la exploración facilita la obtención de reforzadores y la pérdida del miedo a lo desconocido, el principio de la autonomía permite adquirir confianza en uno mismo y perder el miedo a la soledad. Un estilo de vida orientado a la libertad personal genera, al menos, tres atributos psicoafectivos importantes: la defensa de la territorialidad, una mejor utilización de la soledad y un incremento en la autosuficiencia.

Veamos cada uno en detalle.

La defensa de la territorialidad y la soberanía afectiva

La territorialidad es el espacio de reserva personal; si alguien lo traspasa, me siento mal, incómodo o amenazado. Es la soberanía psicológica individual: mi espacio, mis cosas, mis amigos, mis salidas, mis pensamientos, mi vocación, mis sueños, en fin, todo lo que sea “mi”, que no necesariamente excluye el “tu”. Tus rosas, mis rosas y nuestras rosas. Una territorialidad exagerada, lleva a la paranoia y si es minúscula, a la inasertividad. El equilibrio adecuado es aquel donde las demandas de la pareja y las propias necesidades se acoplan respetuosamente. Es importante recalcar que sin territorialidad no puede haber una buena relación. Las parejas superpuestas en un ciento por ciento, además de disfuncionales, son planas y tediosas. Se conocen tanto y se comunican tantas cosas, que se les acaba el repertorio. Se pierde el encanto de lo inesperado. Una cosa es entregar el corazón y otra el cerebro.

Nuestra educación ha exaltado el valor de un matrimonio encerrado y sin secretos, como decía E.E. Cummings: “Uno no es la mitad de dos; dos son las mitades de uno”. Siameses, hasta que la muerte los separe. A muchos les disgusta que su pareja no lo exprese todo, porque lo consideran falta de lealtad (obviamente no estoy defendiendo el mutismo electivo). Pero la transparencia total no existe. Más aún, a veces es mejor no preguntar, y otras, no contar. La idea no es andar jugando a las escondidas, fomentar el libertinaje y eliminar todo rastro de honradez, sino establecer los límites de la propia privacidad. Algo así como la reserva del sumario. Y esto no es desamor, sino inteligencia afectiva. La independencia (territorialidad) sigue siendo la mejor opción para que una pareja perdure y no se consuma. Aunque a la gente apegada le aterra el libre albedrío y le encanta ceder espacios: sin autonomía no hay amor, sólo adicción complaciente.

Al rescate de la soledad

Frente a la soledad siempre ha habido posiciones enfrentadas. Los filósofos y los maestros espirituales la han defendido a capa y espada, como una oportunidad para fomentar el autoconocimiento. Por ejemplo, Cicerón decía: “Nunca he estado menos solo que cuando estoy solo”. Por su parte, los poetas y enamorados han hecho una apología de la adhesión afectiva, y han señalado que no hay nada mejor que estar encadenado a un corazón.En palabras de Machado: “Poned atención: Un corazón solitario No es un corazón”. El gran poeta español posiblemente no hubiera pasado un test de dependencia, ni hubiera recomendado este libro.
Para la psicología clínica, la soledad tiene una faceta buena y una mala. Cuando es producto de la elección voluntaria, es saludable y ayuda a limpiar la mente. Pero si es obligada, puede aniquilar todo vestigio de humanidad rescatable. La soledad impuesta es desolación, la elegida es liberación. No es lo mismo estar socialmente aislado que estar afectivamente aislado. De las dos, la segunda, es decir, la carencia afectiva, es la que más duele. Ésa es la que abre huecos en el alma y la que nos despoja de toda motivación. Aunque ambas formas de aislamiento generan depresión, la soledad del desamor es la madre de todo apego.

El principio de la autonomía lleva, irremediablemente, al tema de la soledad. De alguna manera, estar libre es estar solo. La persona que se hace cargo de sí misma no requiere de nodrizas ni guardianes porque no le teme a la soledad, la busca. En cambio, para un adicto afectivo el peor castigo es el alejamiento. Como un monstruo de mil cabezas, el destierro físico, psicológico o afectivo se va acoplando al déficit de la víctima. Por ejemplo, para los que sufren de vulnerabilidad al daño, la soledad es desamparo; para los que necesitan estabilidad, es abandono; para los que carecen de autoestima, es desamor.

Sin llegar a ser ermitaño, la soledad trae varias ventajas.

Desde el punto de vista psicológico-cognitivo (mental), favorece la autoobservación y es una oportunidad para conocerse a uno mismo. Es en el silencio cuando hacemos contacto con lo que verdaderamente somos.
Desde el punto de vista Psicológico-emocional, posibilita que los métodos de relajación y meditación aumenten su eficacia. Cuando no hay moros en la costa, el organismo se siente más seguro y concentrado: no hay necesidad de aprobación, ni competencia, ni críticas a la vista.
Desde el punto de vista psicológico- comportamental, nos induce a soltar los bastones, a enfrentar los imponderables y a lanzarnos al mundo. No es imprescindible tener compañía afectiva para desempeñarse socialmente.

Abrazar la soledad no significa que debas incomunicarte y aislarte de tu pareja. Las soledades de cada uno pueden interconectarse. Entre dos personas que se aman, el silencio habla hasta por los codos. Tu pareja puede estar leyendo, mientras tú arreglas el jardín, o viceversa. Cada uno en lo suyo. Aparentemente no se están comunicando, no se hablan, no se miran, no se huelen, no se tocan. Pero no es así. Hay un intercambio vivo, una presencia compartida donde ambas soledades se juntan y se envuelven la una en la otra. Rilke lo expresaba bellamente: El amor consiste en esto: Que dos soledades se protegen Se tocan mutuamente Y se saludan. De eso se trata el respeto a la intimidad. Amar en puntas de pie para que no haya sobresaltos y encontrarse en los pasillos. Respirar el mismo aire sin contaminarlo, y compartir el amor sin hacerlo necesariamente explícito. Splager resume muy bien la idea central de amar en soledad y aún así seguir amando: “No todos saben estar solos con otros, compartir la soledad. Tenemos que ayudarnos mutuamente a comprender cómo ser en nuestra soledad, para poder relacionarnos sin aferrarnos el uno al otro. Podemos ser interdependientes sin ser dependientes. La nostalgia del solitario es la dependencia rechazada. La soledad es la interdependencia compartida”.

La autosuficiencia y la autoeficacia

Muchas de las personas dependientes con el tiempo van configurando un cuadro de inutilidad crónica. Una mezcolanza entre desidia y miedo a equivocarse. De tanto pedir ayuda, pierden autoeficiencia. El devastador “No soy capaz” se va apoderando del adicto, hasta volverlo cada vez más incapaz de sobrellevar la vida sin supervisión. Actividades tan sencillas como llevar el automóvil al taller, llamar a un electricista, reservar pasajes, buscar un taxi, se convierten en el peor de los problemas. Estrés, dolor de cabeza y malestar. La tolerancia a las dificultades se hace cada vez más baja. Como dice el refrán: “La pereza es la madre de todos los vicios”. Así, lenta e incisivamente, la inseguridad frente al propio desempeño va calando y echando raíces. Como una bola de nieve, la incapacidad arrasa con todo. La tautología es destructora; la dependencia me vuelve inútil, la inutilidad me hace perder confianza en mí mismo. Entonces busco depender más, lo que incrementa aún más mi sentimiento de inutilidad, y así sucesivamente.

Si eres de aquellas personas que necesitan el visto bueno de la pareja hasta para respirar, deja a un lado el pulmón artificial y libérate. Despréndete de esa fastidiosa incompetencia. Permite que el principio de la autonomía limpie la basura que tienes acumulada por culpa del apego. La independencia es el único camino para recuperar tu autoeficacia. Sentirse incapaz es una de las sensaciones más destructivas, pero no hacer nada y resignarse a vivir como un inválido es peor. Aunque no te agrade el esfuerzo, hacerte cargo de ti mismo hará que tu dignidad no se venga a pique.

¿Por qué el principio de autonomía genera inmunidad al apego afectivo?

Porque la autonomía produce esquemas anti-apego y promueve maneras más sanas de relacionarse afectivamente, al menos en tres áreas básicas:

a. Las personas que se vuelven más autónomas mejoran ostensiblemente su autoeficacia, adquieren más confianza en sí mismas y se vuelven más autosuficientes. Se previene y/o se vence el miedo a no ser capaz.
b. La libertad educa y levanta los umbrales al dolor y al sufrimiento. Al tener que vérselas con el mundo y luchar por la propia supervivencia, elimina de cuajo la mala costumbre de evitar la incomodidad. En otras palabras, ayuda a la maduración emocional. Se previene y/o se vence el miedo a sufrir.
c. La autonomía conlleva a un mejor manejo de la soledad. Los sujetos que adoptan la autonomía como una forma de vida adquieren mejores niveles de autoobservación y una mayor autoconciencia. Considerando que la soledad está en la base de todo apego, se previene y/o se vence el miedo a la soledad.

EL PRINCIPIO DEL SENTIDO DE VIDA

Cada vez que toco este tema de la espiritualidad, algunos de mis colegas ultra científicos se miran de reojo con desconfianza, levantan la ceja y se ajustan el cuello de la camisa. Este asunto del sentido de la vida produce escozor a más de un académico. No lo pueden aceptar fácilmente, porque se aleja de los patrones tradicionales de investigación. Tampoco lo pueden rechazar del todo, porque los que logran tener ese sentido especial de trascendencia muestran una serie de ventajas para la supervivencia que otras personas no tienen: viven más tiempo, mejoran sustancialmente su calidad de vida, se enferman menos, afrontan las enfermedades terminales con más entereza, crean inmunidad a muchas enfermedades mentales, pierden el miedo a la muerte y, lo que es más importante, son supremamente resistentes a crear apegos de todo tipo.

Las personas que han encontrado el camino de su autorrealización o que poseen fortaleza espiritual, son duras de matar. Se mueven más fluidamente y no suelen quedarse estancadas en idioteces. No andan buscando algo a que aferrarse para sentirse protegidas. Han incorporado la seguridad a su disco duro. Amar a una persona así es maravillosos, pero asustador, porque puede dar la impresión de ser “demasiado” independiente. Una pareja sin temores asusta a los inseguros. “te amo, pero puedo prescindir de ti”, puede provocar infarto instantáneo a más de un enamorado. Los condicionamientos sociales han instituido una falsa premisa: amor sin miedo no es amor. Cuando un individuo ha encontrado su autorrealización vocacional o trascendental, ama con una paz especial. No es perfección, sino tranquilidad interior. Y aunque puede parecer sospechoso de desamor, no es así. Simplemente ha dejado que los apegos se caigan por su peso: hay deseo, pero no adicción.

Para comprender mejor qué es el motivo de vida, lo dividiremos en dos dimensiones básicas: autorrealización y trascendencia.

La Autorrealización

Este principio se refiere a la capacidad de reconocer los talentos naturales que poseemos. Aquellas habilidades singulares que surgen espontáneamente de nosotros, sin tanto alarde ni especializaciones. Simplemente estuvieron ahí todo el tiempo y todavía persisten. Vivimos con nuestras facultades a cuestas, y ni siquiera nos damos cuenta.

La pregunta clave es: ¿Cómo saber si estamos desarrollando esos talentos? Si las respuestas a las siguientes tres preguntas son positivas, estás bien encaminado; de no ser así, tienes algo que revisar

a. ¿Pagarías por hacer lo que estás haciendo?
b. Aquellas cosas que haces bien y disfrutas al hacerlas, ¿han surgido de ti más naturalmente que por aprendizaje?
c. Cuando estás ejecutando lo que te apasiona, ¿la gente se acerca a ti en vez de alejarse?

Ése es el talento natural: una capacidad guiada por la pasión, que estalla desde adentro y reúne a los demás cuando aparece. Todos la poseemos, todos podemos alcanzarla, todos estamos diseñados para desarrollar nuestra capacidad creativa, si nos dejan y tenemos el coraje para hacerlo.

Una persona que ha encontrado su vocación y siente pasión por lo que hace, se vuelve inmune a la adicción afectiva porque su energía vital se abre a otras experiencias. Y esto no significa incompatibilidad, sino amor a cuatro manos. Desarrollar los talentos naturales es abrirse a otros placeres, sin desatender el vínculo afectivo. No se abandona a la pareja, sino que se la integra, se la ama a plenitud. Si la vocación se lleva a feliz término, la mente se tranquiliza y las inseguridades desaparecen. Las personas autorrealizadas no son posesivas: son independientes y fomentan la honestidad interpersonal. No necesitan tanto el apego, porque la pérdida y la terrible soledad ya no las asustan.

La Trascendencia

Creer que se está participando en un proyecto universal y aceptar la importancia de ello nos coloca, automáticamente, en el plano espiritual. La vida evoluciona en un sentido de complejidad creciente, donde posiblemente seamos la punta de lanza de una transformación que no percibimos aún. Trascender significa tomar conciencia (darse cuenta) de que soy; posiblemente, mucho más de lo que creo ser.

Sentir que se está participando en un proyecto universal nos hace fuertes, nos aleja de lo mundano y cuestiona nuestra presencia en el planeta. Los animales no saben que van a morir, nosotros sí. Muchas personas que recurren a ayuda psicológica o psiquiátrica buscan aliviar su frustración existencial, porque se sienten vacíos y manifiestan que no encuentran un motivo de vida. Tener un vector orientador que nos empuje hacia un fin cósmico, a una compenetración con Dios, el universo o como queramos llamarlo, nos da un sentido vital. No cabe duda: los ideales, cualquiera que sea su origen, nos hacen crecer. Y no me refiero a los fanatismos religiosos y a su consecuente ignorancia, sino a la posición seria y honesta de creer en algo más. Voltaire decía: “Si Dios no existiera, habría que inventarlo”.

El “más allá” no es incompatible con el “más acá”. Dios no exige tanto. Crecer espiritualmente no es discrepante con el amor terreno, pícaro y cariñosamente contagioso que sentimos por la pareja. Exaltar la vida interior ayuda a desprenderse de los lastres del apego, pero nada tiene que ver con desamor.

¿Por qué el principio del sentido de vida genera inmunidad al apego afectivo?

Porque el sentido de vida produce esquemas antiapego y promueve maneras más sanas de relacionarse afectivamente, al menos en cuatro áreas básicas:

a. Las personas que adquieren un sentido de vida logran distanciarse de las cosas mundanas, y adquieren una visión más completa y profunda de su vida. En general, no se apegan tanto a las cosas terrenales, incluido el afecto. No es que no les interese lo material, sino que logran ubicarlo en el sitio que se merece.
b. De manera similar a lo que ocurre con el principio de exploración, el desarrollo de los talentos naturales permite una expansión de la conciencia afectiva. Al haber otras fuentes de satisfacción, la preferencia motivacional deja de existir. Se debilita el esquema de exclusividad placentera por la pareja y se promueve la independencia psicoafectiva. El gusto por la vida también empieza a incluir la propia autorrealización.
c. La trascendencia permite redimensionar la experiencia del sufrimiento. No es que se soporte más el dolor, sino que se diluye, se reubica en otro contexto y se le otorga un nuevo significado. Las personas con una vida espiritual intensa son más fuertes ante la adversidad, y emocionalmente más maduras. Aprenden a renunciar y a darse por vencidas cuando deben hacerlo.
d. Participar en la idea de un proyecto universal me otorga un sentido de pertenencia especial. Un punto de referencia interior con la esencia misma de la vida, que elimina la necesidad de protección y disminuye la vulnerabilidad al daño. La idea de una misión personal nos exonera de inmediato de cualquier apego.

Algunas sugerencias prácticas:

1. No matar la vocación. En la vida nunca hay que resignarse a vivir infeliz. La autorrealización es un derecho que tienes por el solo hecho de haber nacido. Si tienes la convicción de no estar trabajando en lo que verdaderamente te gusta, o te sientes subutilizado, enfréntalo. No importa cuántas obligaciones tengas, abre el abanico de posibilidades. No estoy diciendo que seas irresponsable, lo que te sugiero es no darte por vencido. Manda hojas de vida a Raimundo y todo el mundo, lee los clasificados, habla con los amigos y cuéntale al mundo para qué sirves. Diles cuáles son tus talentos y pelea contra tu mala ubicación en la vida.
Escarba en tu pasado para rescatar aquella vieja vocación de adolescente. Si no puedes trabajar en ella, conviértela en tu pasión alterna. Retómala. Saca tiempo para esa habilidad que te encanta y no te cansa. No pienses si lo haces bien o mal. Eso no importa, sino que te agrade, que te diviertas y que goces intensamente. Si tu marido te dice que las clases X no te generan dividendos, recuérdale que la gente vale por lo que es y no por lo que tiene. Agrégale en tono enfático que las mejores ganancias de la vida suelen carecer de signo pesos. Si tu esposa te regaña cada vez que te decides ir a practicar tu pasatiempo, ignórala. La pasión no es negociable. Pon a rodar tu talento. Es tuyo. Te pertenece como los ojos, la nariz o el pelo. No pidas permiso, no te justifiques ni trates de convencer a nadie. Si te gusta “jardinear”, llénate de tierra hasta la coronilla, al que le incomode, que se tape los ojos. Inscríbete en un curso de jardinería IV, cómprate el libro del “jardinero feliz” (con seguridad hay uno) y comienza a coquetearle a cuanta planta encuentres. Es más, haz el amor con ellas. Si te gusta la carpintería, no necesitas herramientas profesionales. Clavos, martillo y madera: por algo se empieza. Si te gusta la música, enciérrate a escucharla. Cómete el disco compacto y deja que el peroné, la tibia y la rótula se compaginen en algún compás alucinante. Si te gusta cantar, canta. En la ducha, en la calle, colgado de un autobús, en la misa, en las reuniones encopetadas, los domingos al amanecer, en la desventura y en la alegría. Cántale cara a cara a tu vecino insoportable o a tu mejor amante. Pero canta. Si no te mantienen en forma revolcando tus talentos desde adentro, se oxidarán. Haz las paces con la imaginación.
Naciste para algo especial. Como a la gran mayoría, es posible que aquel pequeño esbozo de genialidad infantil te haya sido cercenado por tus padres, en nombre del futuro y “Por tu bien”. Pero no es así. Si estás desarrollando tus talentos, lo que es, la vida se encargará de los detalles. La mayoría de las personas deambulan de un lugar a otro tratando de sobrevivir por sobrevivir. Ése no es el camino. Busca en tu interior y saca a relucir tu singularidad. Ábrele un espacio a tu vocación. Si la reprimes, estarás perdiendo mucho más que una oportunidad. Estamos hablando de tu vida. No importa qué tan exitoso o exitosa seas. Importa un bledo cuánto vendió tu empresa o si pudiste cumplir con los objetivos. Si tuvieras un cáncer o fueras víctima de un secuestro, los indicadores de venta serían un dato de mal gusto. Si no eres tú en persona, la verdadera, la única, la irreproducible, sólo serás una incipiente imitación. Una sombra platónica. Empieza hoy. Vuelve a tu infancia y rescata la más antigua y recalcitrante capacidad. Tráela al presente, pónla a funcionar a toda máquina y disfrútala sin reparos, con el embeleso del que tiene un juguete por primera vez.
Si haces lo anterior y comienzas a fortalecer tu realización personal, el apego afectivo empezará a perder funcionalidad. Ya no será tan necesario. E incluso puede llegar a ser un estorbo, porque el desarrollo de tus potencialidades habrá ocupado el primer lugar.
2. Expandir la conciencia. Si no eres una persona plástica o un compulsivo acaparador de objetos materiales, te habrás hecho las tres preguntas existenciales típicas: “¿Quién soy?”, “¿Qué hago aquí?” y “¿Para dónde voy?”. Y no significa desorientación, sino duda metódica. Existencialismo cotidiano y preguntas de transeúnte. Eres producto de millones de años de evolución. Una evolución que posee el atributo de ir hacia arriba en lo complejo. El animal hace contacto con la naturaleza, pero tú además haces contacto con tu interior. Posees autoconciencia, la capacidad de pensar sobre lo que piensas. Eres materia transformándose en espíritu. Tienes la increíble misión personal de conocerte a ti mismo. Cuando te autoobservas y te descubres, es el universo entero el que se observa a sí mismo. Eres un momento, un instante fugaz en la inmensidad del cosmos, pero formas parte de un proceso en expansión universal, infinitamente mayor, que te contiene. Todos estamos de paso y vamos de regreso a casa. Viniste a contemplar la creación, a mirarla, a disfrutarla y a cuidarla. Somos obreros del universo. Polvo de estrellas, como dicen. En nosotros se reproduce la historia de toda la humanidad, y tú puedes tener acceso a ella. El poeta colombiano Rafael Maya lo decía a su manera: Estuve toda la noche enumerando astros. Me sobró fantasía. Pero me faltó espacio. Entonces, dentro del alma, Seguí los astros contando.

Haz un ejercicio sencillo:

Cierra los ojos y trata de pensar que estás conectado con los objetos y personas de tu mundo inmediato. Trata de romper el aislamiento mental. Imagínate que la realidad material tuviera infinidad de capas y lograras descender por ellas hasta encontrar que en la profundidad subatómica somos exactamente la misma energía. Como si todos fuéramos puntas de iceberg aparentemente desconectadas, pero unidas por un continente sub-terráneo. No estás solo. El aislamiento es una ilusión. Todo afecta a todo. Aunque no se note inmediatamente, lo que ocurre en otras latitudes tarde o temprano influye sobre ti. Eso implica que lo que hagas con tu vida afectará a otros. Tú eres el mundo. Eres la conciencia de la humanidad, y si lo asumes así entenderás que tu responsabilidad es tremenda y apasionante.

Puedes comenzar a leer sobre religión. ¿Por qué no? ¿No te parece interesante investigar las religiones comparadas? El budismo, el hinduismo, el cristianismo, el taoísmo, el judaísmo y el islamismo. ¿No estaremos hablando de lo mismo en diferentes idiomas? Aunque el conocimiento no necesariamente genera el fenómeno de la fe, puede enriquecerla y evitar que caigas en el pensamiento mágico, la credulidad extrema o la ignorancia.

Einstein decía: “Sostengo que el sentimiento religioso cósmico es el motivo más fuerte y más noble que anima la investigación científica”. La ciencia te pone los pies en la tierra para que puedas saltar más lejos. Intenta leer teología. Indaga en las creencias, asiste a algunos cultos, conversa con los creyentes y los ateos. Investiga. No para elegir, sino para conocer. La posición existencial que asumas irá apareciendo sola. Se irá gestando en ti sin mucha alharaca y sin tanta pompa. Dios casi no habla, pero cuando lo hace, su lenguaje es casi inconfundible. El escritor griego Nikos Kazantzakis lo expresaba así: “Dije al almendro: Háblame de Dios y el almendro floreció”.

Intenta husmear en tu interior. Bucea. Estudia tus estados internos. Puedes utilizar la meditación, el yoga, la oración o cualquier otro método, pero saca un rato para evaluar tu existencia. Instala una línea directa con Dios para hablar con él cada vez que te plazca, y si está ocupado, insiste. Recuerda que cuando hablamos de trascender estamos diciendo que te salgas de la inmediatez y vayas más allá de los límites de la apariencia. No tienen que ser sor Teresa de Calcuta, San Francisco de Asís o la versión latina del “Pequeño Saltamontes”. A tu estilo y a tu medida, cuando hayas abierto la puerta de la trascendencia, harás conexión con algo especial. Y no tendrás que hacer un peregrinaje a tierra Santa, La Meca o el Tibet. Bastará con dejar salir lo que tenías encerrado en tu interior contigo.

El principio del sentido de vida te enseña a desligarte de muchas de tus ataduras. Te permite tener una visión más holística del universo y de ti mismo. Te ayuda a desprenderte de lo superfluo y de lo inútil. Te otorga mayor riqueza interior e independencia psicológica. Tus intereses serán cada vez más vitales, y más madura tu manera de amar. Sentirás que ya no habrá tanto miedo a la pérdida y tu necesidad de posesión será reemplazada por la dicha de tener un propósito de vida. Todos los individuos de este planeta, queramos admitirlo o no, tenemos la tendencia a buscar más allá de lo evidente. Víctor Frankl decía: “En todo momento el ser humano apunta, por encima de sí mismo, hacia algo que no es él mismo, hacia algo o hacia un sentido que hay que cumplir, o hacia otro ser humano a cuyo encuentro vamos con amor”.

 

Examinemos las características de la Codependencia, compiladas de mi propia bibliografía y de mi experiencia profesional y personal.

Solicitud

Los codependientes pueden:
.. Pensarse y sentirse responsables de otras personas, de los sentimientos, pensamientos, acciones,
elecciones, deseos, necesidades, bienestar, malestar y destino final de otras personas.
.. Sentir ansiedad, lástima y culpa cuando otras personas tienen algún problema.
.. Sentirse obligados –casi forzados– a ayudar a esa persona a solucionar el problema, por ejemplo, al
ofrecer un consejo no pedido, con una ráfaga de sugerencias o remendando sentimientos.
.. Sentirse molestos cuando la ayuda que brindan no es eficaz.
.. Anticipar las necesidades de otras personas.
.. Preguntarse por qué los demás no hacen lo mismo por ellos.
.. Descubrirse diciendo sí cuando en realidad querían decir no, haciendo cosas que no querían hacer,
trabajando más de lo que en justicia les corresponde, y haciendo cosas que los demás son muy
capaces de hacer por sí mismos.
.. No saber qué quieren o qué necesitan y, si lo saben, decirse a sí mismos que lo que quieren y
necesitan no es importante.
.. Tratar de complacer a otros en vez de a sí mismos.
.. Serles más fácil sentir y expresar ira acerca de las injusticias cometidas contra otros que por las
injusticias cometidas contra ellos mismos.
.. Sentirse más seguros al dar.
.. Sentirse inseguros y culpables cuando alguien les da a ellos.
.. Sentirse tristes porque pasaron sus vidas enteras dando a los demás y nadie les dio a ellos.
.. Sentirse atraídos por gente necesitada.
.. Descubrir que atraen a gente necesitada.
.. Sentirse aburridos, vacíos y sin valor si no tienen una crisis en su vida, un problema que resolver o
alguien a quién ayudar.
.. Abandonar su rutina para responder o para hacer algo por alguien.
.. Comprometerse en exceso.
.. Sentirse asolados y presionados.
.. Creer muy dentro de sí que de alguna manera otras personas son responsables de ellos.
.. Echarle la culpa a otros por el estado en que se encuentran.
.. Decir que otras personas hacen que los codependientes se sientan como se sienten.
.. Creer que otras personas los quieren volver locos.
.. Sentirse enojados, victimados, menospreciados y usados.
.. Descubrir que otras personas se impacientan o se enojan con ellos por tener las características
anteriores.

Baja autoestima

Los codependientes tienden a:
.. Provenir de familias atribuladas, represoras o disfuncionales.
.. Negar que su familia haya sido atribulada, represora o disfuncional.
.. Culparse a sí mismos por todo.
.. Criticarse a sí mismos por todo, aun por su manera de pensar, de sentir, de verse, de actuar y de
comportarse.
.. Indignarse y ponerse a la defensiva cuando otros culpan y critican a los codependientes, algo que ellos
hacen siempre.
.. Rechazar cumplidos o halagos.
.. Deprimirse por falta de cumplidos y de halagos (privación de caricias).
.. Sentirse diferentes que el resto del mundo.
.. Sentir que no son lo suficientemente buenos.
.. Sentirse culpables por gastar dinero en sí mismos o por hacer cosas innecesarias o divertidas para sí
mismos.
.. Temer al rechazo.
.. Tomar las cosas personalmente.
.. Haber sido víctimas de abuso sexual, emocional o físico, de negligencia, abandono o alcoholismo.
.. Sentirse víctimas.
.. Decirse a sí mismos que no pueden hacer nada bien.
.. Tener miedo de cometer errores.
.. Preguntarse por qué les cuesta tanto trabajo tomar decisiones.
.. Esperar de sí mismos hacer todo perfectamente.
.. Preguntarse por qué no pueden hacer nada a su entera satisfacción.
.. Tener una gran cantidad de “yo debería”.
.. Sentir gran cantidad de culpa.
.. Sentirse avergonzados de lo que son.
.. Sentir que sus vidas no valen la pena.
.. Y por ello, tratar de ayudar a otra gente a vivir su vida.
.. Obtener sentimientos artificiales de autoestima ayudando a los demás.
.. Tener fuertes sentimientos de baja autoestima –de vergüenza, fracaso, etcétera– por los fracasos y
problemas de los demás.
.. Desear que les sucedieran a ellos cosas buenas.
.. Creer que nunca les pasarán cosas buenas.
.. Creer que no merecen cosas buenas ni felicidad.
.. Desear que otras personas los estimaran y los amaran.
.. Creer que no es posible que los demás los estimen y los amen.
.. Tratar de probar que son lo bastante buenos para gustarle a los demás.
.. Conformarse con sentir que los necesitan.

Represión

Muchos codependientes:
.. Empujan sus pensamientos y sentimientos fuera de su conciencia a causa del miedo y la culpa.
.. Se atemorizan de permitirse ser como son.
.. Parecen rígidos y controlados.

Obsesión

Los codependientes tienden a:
.. Sentirse terriblemente ansiosos por los problemas y por la gente.
.. Preocuparse por las cosas más absurdas.
.. Pensar y hablar mucho acerca de otras personas.
.. Perder el sueño por los problemas o la conducta de otros.
.. Preocuparse.
.. Nunca encontrar respuestas.
.. Vigilar a la gente.
.. Tratar de sorprender a la gente en malas acciones.
.. Sentirse incapaz de dejar de hablar, de pensar y de preocuparse acerca de otras personas o de
problemas.
.. Abandonar su rutina por estar tan afectados por alguien o por algo.
.. Enfocar toda su energía en otras personas y problemas.
.. Preguntarse por qué nunca tienen energía.
.. Preguntarse por qué no pueden hacer las cosas.

Control

Muchos codependientes:
.. Han vivido situaciones y con personas que estaban fuera de control, causando a los codependientes
penas y desengaños.
.. Tienen miedo de permitir que los demás sean como son y de dejar que las cosas sucedan de manera
natural.
.. No pueden ver o manejar el miedo que sienten a la pérdida de control.
.. Piensan que ellos saben cómo deben ser las cosas y cómo debe comportarse la gente.
.. Tratan de controlar los sucesos y a la gente por medio de su desamparo, de sentimientos de culpa, de
coerción, amenazas, manipulación, dominio o de su afán de dar consejos.
.. Eventualmente fracasan en sus intentos o provocan la ira de los demás.
.. Se sienten frustrados y enojados.
.. Se sienten controlados por los eventos y la gente.

Negación

Los codependientes tienden a:
.. Ignorar los problemas o pretender que no los tienen.
.. Pretender que las circunstancias no son tan malas como son en realidad.
.. Decirse a sí mismos que las cosas mejorarán mañana.
.. Mantenerse ocupados para no tener que pensar en sus cosas.
.. Confundirse.
.. Deprimirse o enfermarse.
.. Acudir con doctores o tomar tranquilizantes.
.. Volverse fanáticos del trabajo.
.. Gastar dinero en forma compulsiva.
.. Comer en exceso.
.. Pretender que esas cosas tampoco están sucediendo.
.. Ver cómo los problemas se empeoran.
.. Creer en mentiras.
.. Mentirse a sí mismos.
.. Preguntarse por qué sienten que se están volviendo locos.

Dependencia

Muchos codependientes:
.. No se sienten felices, contentos ni en paz consigo mismos.
.. Buscan la felicidad fuera de sí mismos.
.. Se pegan como lapas a cualquier cosa o persona que ellos piensen que les pueden dar felicidad.
.. Se sienten terriblemente amenazados por la pérdida de cualquier cosa o persona que según ellos les
proporciona felicidad.
.. No sintieron amor ni aprobación por parte de sus padres.
.. No se aman a sí mismos.
.. Creen que otras personas no pueden amarlos y no los aman.
.. Buscan desesperadamente amor y aprobación.
.. A menudo buscan amor de gente que es incapaz de amar.
.. Creen que los demás nunca están ahí cuando ellos los necesitan.
.. Relacionan el amor con el dolor.
.. Más que quererla sienten que necesitan a la gente.
.. Tratan de probar que son dignos de ser amados.
.. No se toman el tiempo para ver si los demás les convienen.
.. Se preocupan por si los demás los aman o si les caen bien.
.. No se toman tiempo para averiguar si ellos aman a otras personas o si estas les caen bien.
.. Centran sus vidas alrededor de otras personas.
.. Buscan derivar todos sus sentimientos de bienestar de sus relaciones con los demás.
.. Pierden interés en sus propias vidas cuando aman.
.. Se preocupan de que los demás los dejen.
.. NO creen que ellos pueden cuidar de sí mismos.
.. Se quedan varados dentro de relaciones que no funcionan.
.. Toleran el abuso para sentir que la gente los sigue amando.
.. Se sienten atrapados en las relaciones.
.. Dejan malas relaciones y forman otras nuevas que tampoco funcionan.
.. Se preguntan si alguna vez encontrarán el amor.

Comunicación débil

Los codependientes a menudo:
.. Culpan.
.. Amenazan.
.. Ejercen coerción.
.. Suplican.
.. Sobornan.
.. Aconsejan.
.. No dicen lo que sienten.
.. No sienten lo que dicen.
.. No saben lo que sienten.
.. No se toman en serio a sí mismos.
.. Piensan que los demás no toman en serio a los codependientes.
.. Piden lo que desean y necesitan de manera indirecta, suspirando, por ejemplo.
.. Encuentran difícil darle al clavo.
.. No están seguros de cuál es el clavo.
.. Miden cuidadosamente sus palabras para lograr el efecto deseado.
.. Tratan de decir lo que creen que complacerá a la gente.
.. Tratan de decir lo que creen que provocará a la gente.
.. Tratan de decir aquello que logrará que la gente haga lo que ellos quieren que haga.
.. Eliminan la palabra no de su vocabulario.
.. Hablan demasiado.
.. Hablan acerca de otras personas.
.. Evitan hablar sobre sí mismos, de sus problemas, sentimientos y pensamientos.
.. Dicen que tienen la culpa de todo.
.. Dicen que no tienen la culpa de nada.
.. Creen que sus opiniones no importan.
.. Esperan a expresar sus opiniones hasta que conocen las de los demás.
.. Mienten para proteger y tapar a la gente que aman.
.. Mienten para protegerse a sí mismos.
.. Encuentran difícil reguardar sus derechos.
.. Se les dificulta expresar sus emociones de una manera honesta, abierta y apropiada.
.. Creen que la mayor parte de lo que tienen que decir es irrelevante.
.. Comienzan a hablar con cinismo, de manera autodegradante u hostil.
.. Se disculpan por molestar a los demás.

Límites débiles

Los codependientes a menudo:
.. Dicen que no tolerarán ciertas conductas en los demás.
.. Poco a poco incrementan su tolerancia hasta que pueden tolerar y hacer cosas que habían dicho que
nunca harían.
.. Permiten que otros los lastimen.
.. Se preguntan por qué se sienten tan lastimados.
.. Se quejan, culpan y tratan de controlar al tiempo que siguen actuando igual.
.. Finalmente se enojan.
.. Se vuelven completamente intolerantes.

Falta de confianza

Los codependientes:
.. No tienen confianza en sí mismos.
.. No confían en sus sentimientos.
.. No confían en sus decisiones.
.. No confían en los demás.
.. Tratan de confiar en gente poco digna de confianza.
.. Piensan que Dios los ha abandonado.
.. Pierden la fe y la confianza en Dios.

Ira

Muchos codependientes:
.. Se sienten muy asustados, heridos y enojados.
.. Viven con gente atemorizada, herida y llena de ira.
.. Tienen miedo de su propia ira.
.. Tienen miedo de la ira de otras personas.
.. Piensan que la gente se alejará si la ira entra en escena.
.. Piensan que otras personas los hacen sentirse enojados.
.. Tienen miedo de despertar la ira en los demás.
.. Se sienten controlados por el enojo de otras personas.
.. Reprimen sus sentimientos de enojo.
.. Lloran mucho, se deprimen, comen en exceso, se enferman, hacen cosas malvadas y sucias para
vengarse, actúan de manera hostil, o tienen estallidos temperamentales violentos.
.. Castigan a los demás por hacer enojar a los codependientes.
.. Se avergüenzan por haberse sentido enojados.
.. Se sienten avergonzados y culpables por sentir ira.
.. Sienten cantidades crecientes de ira, resentimiento y amargura.
.. Se sienten más seguros con su ira que con sus sentimientos heridos.
.. Se preguntan si alguna vez no se sentirán enojados.

Problemas sexuales

Algunos codependientes:
.. Son niñeras en el dormitorio.
.. Tienen relaciones sexuales cuando no tienen ganas.
.. Tienen relaciones sexuales cuando preferirían que los abrazaran, los protegieran y los hicieran sentirse
amados.
.. Practican relaciones sexuales cuando están enojados o heridos.
.. Se rehúsan a disfrutar del sexo porque están muy enojados con la pareja.
.. Tienen miedo de perder el control.
.. Les es difícil pedir lo que necesitan en la cama.
.. Se alejan emocionalmente de la pareja.
.. Sienten repugnancia sexual hacia la pareja.
.. No hablan de ello.
.. De todas maneras, se esfuerzan en tener relaciones sexuales.
.. Reducen el sexo a un acto técnico.
.. Se preguntan por qué no disfrutan su vida sexual.
.. Pierden interés por el sexo.
.. Inventan razones para abstenerse de él.
.. Desean que su pareja sexual muriera, se fuera o sintiera los sentimientos del codependiente.
.. Tienen fuertes fantasías sexuales acerca de otras personas.
.. Consideran tener o tienen un affaire extraconyugal.

Miscelánea

Los codependientes tienden a:
.. Ser extremadamente responsables.
.. Ser extremadamente irresponsables.
.. Volverse mártires, sacrificando su felicidad y la de los demás por causas que no requieren sacrificio.
.. Encuentran difícil sentirse cercanos a la gente.
.. Se les dificulta divertirse y ser espontáneos. Tienen una respuesta completamente pasiva a la
codependencia: lloran, se sienten lastimados, se sienten desamparados.
.. Tienen una respuesta completamente pasiva a la codependencia: lloran, se sienten lastimados, se
sienten desamparados.
.. Tienen una respuesta completamente agresiva a la codependencia: se muestran violentos, iracundos,
son dominantes.
.. Combinan respuestas pasivas y agresivas.
.. Son vacilantes en sus decisiones y emociones.
.. Lloran cuado sienten ganas de llorar.
.. Siguen fieles a sus compulsiones y a la gente, auque les hiera.
.. Se sienten avergonzados de sus problemas familiares, personales o de sus relaciones.
.. Se sienten confundidos por la naturaleza del problema
.. Encubren, mienten, y protegen el problema.
.. No buscan ayuda por que se dicen a sí mismos que el problema no es tan grave en realidad, o que
ellos no son suficientemente importantes.
.. Se preguntan por qué el problema no se esfuma.

Progresiva

En las etapas tardías de la codependencia, los codependientes pueden:
.. Sentirse aletargados.
.. Sentirse deprimidos.
.. Retirarse y aislarse.
.. Experimentar una pérdida total de la rutina diaria y de la estructura.
.. Abusar de sus hijos o ser negligentes hacia ellos y hacia otras responsabilidades.
.. Sentirse desesperanzados.
.. Empezar a planear cómo escapar de una relación que sienten como una trampa para ellos.
.. Pensar en el suicidio.
.. Volverse violentos.
.. Sufrir una enfermedad emocional, mental o física de gravedad.
.. Experimentar trastornos en la alimentación (comer en exceso o demasiado poco).
.. Volverse adictos al alcohol y otras drogas.

La lista precedente es larga, pero no comprende todas las conductas o reacciones. Al igual que el resto de la gente, los codependientes hacen, sienten y piensan muchas cosas. No hay un cierto número de rasgos que garanticen si una persona es codependiente o no lo es. Cada persona es diferente; cada quien tiene su manera de hacer las cosas. Tan sólo estoy tratando de dibujar un panorama. La interpretación o la decisión les corresponden a ustedes. Lo más importante es que ustedes primero identifiquen las conductas o las áreas que les provocan problemas y luego decidan qué quieren hacer.

Pero nuestros verdaderos problemas como codependientes son nuestras propias características: nuestras conductas codependientes.

¿Quién es codependiente? “Yo lo soy”.

Se estima que 80 millones de personas en Estados Unidos son dependientes químicos o tienen una relación con alguien que lo es. Probablemente son codependientes.
Las personas que aman, que se preocupan o que trabajan con personas trastornadas pueden ser codependientes.
Las personas que se preocupan por las personas que tienen trastornos de la alimentación probablemente son codependientes. En su libro La obesidad es un problema familiar, Judi Hollins afirma que una persona con trastornos de la alimentación puede mantener ocupados de quince a veinte codependientes.
Muchas personas con trastornos de la alimentación son codependientes también. “En una encuesta informal,
descubrí que por lo menos el 40 por ciento de las esposas de los alcohólicos eran obesas”, escribió Hollins.

Quizá estés leyendo este libro para ti mismo; puedes ser codependiente. O puedes estarlo leyendo para ayudar a alguien más. Si es así, probablemente eres codependiente. Si la preocupación se ha vuelto obsesión; si la compasión te ha convertido en una niñera; si estás cuidando de otras personas y te estás descuidando a ti mismo, puedes estar metido en problemas de codependencia. Cada persona debe decidir por sí misma si la codependencia es un problema. Cada persona debe decidir por sí misma lo que necesita
cambiar y cuándo deben darse tales cambios.

La codependencia es muchas cosas. Es una dependencia de los demás: de sus estados de ánimo, de su conducta, de su enfermedad o bienestar y de su amor. Es una dependencia paradójica. Parece que los demás dependen de los codependientes, pero en realidad ellos son los dependientes. Parecen fuertes pero se sienten desamparados. Parecen controladores pero en realidad son controlados ellos mismos, a veces por una enfermedad tal como el alcoholismo.

Estos son los hechos que dictaminan la recuperación. Solucionar estos problemas hace divertida la recuperación. Muchas recuperaciones de problemas que involucran la mente, las emociones y el espíritu de una persona son largas y engorrosas. No es así en el caso de la codependencia. Exceptuando emociones humanas normales que estaríamos sintiendo de cualquier manera, y de piquetes de incomodidad que tenemos cuando empezamos a comportarnos de manera diferente, la recuperación de la codependencia es emocionante. Es liberadora. Nos permite ser lo que somos. Permite a los demás ser como son.

Nos ayuda a ejercitar el poder que Dios nos ha dado para pensar, sentir y actuar. Se siente uno bien. Nos brinda paz.
Nos permite amarnos a nosotros mismos y a los demás. Nos permite recibir amor, esa maravilla que todos
buscamos.
Brinda un ambiente óptimo para que la gente a nuestro alrededor se cure y permanezca sana. Y la recuperación detiene el insoportable dolor con el que hemos vivido muchos de nosotros.

La recuperación no sólo es divertida, también es sencilla. No siempre es fácil, pero es sencilla. Se basa en la premisa de que muchos de nosotros hemos olvidado o que nunca hemos aprendido: cada persona es responsable de sí misma. Implica aprender una nueva conducta a la que nos dedicaremos: cuidar de uno mismo.

 

Adicciones y Conductas Obsesivo-compulsivas…

Es nuestra experiencia que todas las adicciones son casi siempre de control.En otras palabras, son esfuerzos por satisfacer nuestras necesidades o sensaciones internas mediante la manipulación de hechos externos, persona o cosas. Y la gran paradoja es que ese excesivo control nos pone peligrosamente fuera de control.

Segun definimos adicción, es importante notar que se compone de dos elementos. El primero es la obsesion, o sea, preocupación o ansia mental. El segundo elemento, es la compulsion, que es la conducta que lleva a la practica esa obsesión mental.

El Ciclo interminable..

La persona dependiente halla que entregarse a la adicción causa mas dolor, y que debe correr y correr mas y mas en el intento por detenerlo con mas bienes materiales, mas conquistas sexuales, mas alcohol, o mas de lo que sea. El dolor emocional lleva al adicto a la adicción, pero la práctica de la dependencia genera nuevo dolor. Y así, la necesidad de “seguridad” o “anestesia” que produce la adicción crece cada vez mas.

Pronto el adicto queda atrapado en la terrible paradoja de no ser capaz de aferrarse, pero tampoco es capaz de dejarla. Todos los que estamos atrapados en el ciclo de la adicción podemos decir: No podemos vivir con nuestras adicciones, por cuanto nos están destruyendo, pero al parecer no podemos vivir sin ellas. ¡¡¡ Estamos atrapados !!!

Si usted lucha con la pregunta: ¿Soy un adicto?, el punto importante para recordar es que no se trata solamente de una cuestión de cuanto usted gasta, cuan duro trabaja, cuan a menudo ingiere licor. La pregunta clave es :¿Por que hace usted estas cosas?. Una adicción es cualquier cosa que se hace para cambiar la realidad. Es un esfuerzo por alterar sentimientos y sensaciones interiores mediante la manipulación o incorporación de sustancias, gente o hechos externos. El problema no es la comida, los bienes materiales o as relaciones sexuales, el problema es hambre espiritual y emocional que yace debajo de la superficie, que le impulsa a echar mano a un agente adictivo.

¿Esta sufriendo de algunos de los síntomas del hambre espiritual o emocional? ¿Esta su vida tan plagada de caos, dolor y falta de realización, que con frecuencia la acompaña de codependencia y de conducta obsesivo compulsiva?
Marque las declaraciones que se apliquen en su caso:

_ Mi vida parece ser una serie muy larga de frustraciones y sueños irrealizados. De alguna manera mis objetivos y deseos mas importantes parecen estar siempre fuera de mi alcance.
_ Me levanto todos los días con un nudo en la boca del estomago. Cada día es una confrontación con el temor indefinido que me persigue como una nube obscura.
_ Me siento como una clavija cuadrada en un agujero redondo en el juego de la vida. Me parece que nunca logro ubicarme o encajar en ninguna parte.
_ A veces pienso que la vida es una conspiración y que soy el objeto contra quien se dirige.
_ Me siento como si mi vida fuera una mascarada. Me pongo una mascara en lo exterior de modo que parezca mas o menos bien, pero me temo que si se pudiera ver por debajo de ella, a lo que esta dentro de mi, usted quedaría atónito.
_ A veces me pregunto quien controla mi vida. Parece como si no tuviera suficiente control sobre las personas y las cosas que me rodean y, sin embargo, otros me dicen que soy demasiado controlador. ¿Quien manda aquí?.
_ Me parece que estoy rodeado de gente que se preocupa por mi. Mis hijos, mi cónyuge, mis amigos, mi jefe, todo el mundo esta molesto por la dirección en que mi vida se encamina.
_ Estoy hastiado y cansado de sentirme hastiado y cansado.

Si usted marco varias de estas declaraciones, tal vez este sufriendo de síntomas de adicción a personas, lugares o cosas. Le pedimos se ponga en contacto con nosotros, dejando su comentario.

 

Papel social de la pareja:

Toma de decisiones. La toma de decisiones en la pareja se establece en la relaciones de poder que dan estabilidad y que se acomodan, la mayoría de las veces, a las capacidades de cada miembro de la pareja. No existe una forma ideal de tomar las decisiones, sino que se tiene que realizar de forma aceptable para ambos miembros de la pareja.
Separación de la familia de origen. La pareja es una unidad social, por eso es fundamental separarse emocionalmente de la familia de origen. No para romper relaciones, sino para tener una identidad diferenciada de padres y hermanos y poder construir la propia familia.

Actuación en el amor

La teoría triangular del amor incluye la pasión, la intimidad y el compromiso. Para potenciar y conseguir una relación de pareja plena hay que actuar en las tres vertientes.

Incrementar  la pasión. Para lo que es preciso:

  • Conservar las imágenes románticas, idealizadas iniciales que se han tenido del otro, y que hicieron que te enamoraras de él, ayuda a enfrentar las realidades y cambios que imprime el tiempo tanto en el cuerpo con los achaques normales de la edad, como con las manías y costumbres que se van desarrollando o perdiendo con la rutina de la convivencia .
  • Mantener la admiración por la pareja.
  • Establecer una relación sexual rica y placentera y protegerse de las interferencias que pueden surgir debidas a las obligaciones laborales y familiares. La rutina es el peor de los enemigos del deseo y el disfrute sexual. Es preciso innovar y para ello la imaginación, la fantasía y el humor son medios extraordinarios.

Preservar e incrementar la intimidad:

  • Construir un fuerte compañerismo basado en la intimidad y la identidad, que permita al mismo tiempo poner límites al otro para proteger la autonomía de los dos.
  • Usar el humor y la risa para poner las cosas en perspectiva y evitar el aburrimiento y el aislamiento.
  • Las tareas propias del cuidado de los niños son muy absorbentes. Hay que tener en cuenta como se incrementan debido a las crecientes exigencias laborales, que llevan cada día más tiempo. El peligro reside en perder relación entre los dos, pasando a tenerla siempre mediada por los hijos. En esas circunstancias, es preciso dedicar un tiempo y un espacio a la relación. Es necesario proteger la intimidad propia, la del otro y por supuesto como pareja.

Mantener y ampliar el compromiso en la pareja.

  • Mantener el vínculo de la pareja en la adversidad. La pareja tiene que ser un paraíso en el que los componentes son capaces de expresar sus diferencias, enfados y conflictos. De forma que cuando las cosas van mal fuera, uno pueda llegar a casa y tener un oasis de tranquilidad, de apoyo y comprensión. Por supuesto, no exentas de discrepancia. Establecer medios de comunicación segura, que permitan manifestar la propia opinión, sin que el otro se sienta ofendido o rechazado es un elemento importante para incrementar la aceptación mutua.
  • Cuidarse y confortarse mutuamente, satisfaciendo las necesidades de dependencia de cada uno y ofreciendo  apoyo y ánimo constante. Como se ha dicho, es importante en la adversidad, pero se trata de hacerlo de forma cotidiana.
  • Atención a las inevitables crisis vitales que pasamos en la vida. Se ha mencionado el nacimiento de los hijos, o las adversidades; pero las crisis nos acompañan en nuestro desarrollo personal con el transcurso del tiempo. El nacimiento del los hijos, o la falta de hijos, los ascensos en el trabajo, los cambios hormonales como la menopausia, el abandono del hogar por los hijos, la jubilación, etc. Son crisis que ponen en cuestión y modifican la relación en la pareja, que se debe ajustar a las nuevas circunstancias. Saber y comprender que se está en una de esas crisis ayuda. Potenciar la comunicación y el apoyo mutuo asegura la superación de estos cambios.

La costumbre nos hace ver las cosas de forma distorsionada. Cuando tenemos algo y estamos acostumbrados a ello, percibimos principalmente los defectos y lo que le falta, pero cuando lo perdemos, minimizamos los problemas y echamos de menos todo lo que realmente nos aportaba. Por eso, un buen ejercicio para fortalecer la pareja es imaginarse de vez en cuando lo que perderíamos si no estuviese con nosotros.

Algunos consejos para ayudar a resolver los problemas de pareja

Los problemas de pareja se presenta generalmente en la forma de que un los miembros hace una conducta que no le gusta a la otra. Otras veces la queja es mutua.

En esta página se presenta un método que consiste en una interacción estructurada entre dos personas diseñada para resolver una disputa concreta entre ellos.

No todos los problemas son solucionables. Por ejemplo, aquellos que están fuera del control del responsable. Otros consisten en una elección entre dos valores de las personas que pueden no ser negociables, por ejemplo, tener o no tener un hijo.

Los problemas más idóneos para las técnicas que aquí se explican son problemas que están sujetos a negociación, a buscar soluciones creativas y a valorar la relación coste beneficio.

Preliminares en el método de resolución de problemas

  • Hay que dedicar un tiempo y un espacio concreto y establecido a la resolución de problemas.
  • La actitud que hay que tener es de mejorar la relación y que es un problema mutuo que afecta a las dos partes y en el que las dos partes tienen algo que decir. Si se va con la idea de que el otro tiene que hacer un cambio y uno solamente presionar para que se haga, el fracaso es muy probable.
  • La colaboración es la esencia de la resolución de problemas.
  • La disposición a cambiar para hacer al otro más feliz es fundamental para tener éxito.

La definición del problema

En la definición del problema se trata de identificar el objetivo de cada miembro de la pareja. Se excluyen objetivos que enfrentan tales como ganar, vengarse, o hacer daño.

Hay que separar de forma nítida dos fases: la fase de definición y la de solución y realizarlas sucesivamente sin mezclarlas. Cuando se define no se intenta dar solución ni viceversa. Hay que tener muy en cuenta que no se trata de volver al pasado o de quejarse sino de definir el problema.

Definir el problema de forma adecuada incluye los siguientes elementos:

  1. Una frase positiva indicando que hay facetas o momentos en los que la relación funciona y el problema no tiene importancia.
  2. Una descripción de la conducta indeseable. Hay que ser específico y llegar a conductas concretas evitando en todo momento la descalificación de la persona, sino centrarse en la evaluación de la conducta. Se trata también de evitar palabras como “siempre” o “todo” que son falsas y descalifican a quien las usa.
  3. Una especificación de las situaciones en las que ocurre la conducta problema que se ha definido.
  4. Las consecuencias que esa conducta tiene para el componente que la sufre, incluyendo los sentimientos que el provocan. Es importante que los sentimientos se refieran exclusivamente a la conducta y sus consecuencias y no lleve a descalificaciones o menosprecios del otro.
  5. Es necesario ser breve. Por ejemplo, hay que evitar poner demasiados ejemplos, preguntarse por las causas y emplear los “¿por qués?” que siempre implican un reproche y no llevan a resolver el problema.
  6. Ambos miembros de la pareja tienen que estar de acuerdo en que se ha definido el problema y para ello AMBOS han de reconocer la parte de su responsabilidad en la generación o mantenimiento del problema. Si no se llega al acuerdo básico de quien ha de cambiar para que se dé la solución, se puede hacer una definición bilateral del conflicto. En la que se incluyen las conductas de ambos miembros, dentro de la regla de tratar un solo problema a la vez.

Reglas generales en la fase de definición del problema

  1. No discutir más de un problema a la vez.
  2. Practicar ambos la escucha activa resumiendo lo que el otro dice antes de intervenir.
  3. No hacer inferencias, hablar solamente de lo que se observa. Esto incluye no hacer juicios de intenciones suponiendo que el otro intenta conseguir algo que no es observable.
  4. Evitar el conflicto siendo neutral y evitando la negatividad o la lucha por el poder.

Fase de solución

Una vez que se está de acuerdo en la definición del problema, se pasa a la fase de solución. En esta fase hay que:

  1. Centrarse en la solución y no volver al planteamiento una y otra vez. La mejor forma de mantenerse en la solución es emplear las reglas del brainstorming o tormenta de ideas.
  2. Las soluciones han de centrarse en definir cambios en las conductas de ambos y no solamente en la del que causa el problema. Hay una máxima que dice: “si quieres que alguien cambie, empieza cambiando tú”. El cambio de uno ha de conllevar consecuencias positivas para él, lo que implica un cambio en el otro. Un entrenamiento en asertividad puede ser una buena forma de consensuar la solución.
  3. Sobre la lista de soluciones alternativas que se ha generado se realiza un análisis de los pros y los contras de cada una de ellas. De esa evaluación ha de derivarse un consenso en la solución del problema. Es conveniente que el acuerdo se haga por escrito, porque obliga a una concreción mayor.
  4. A veces, si el cambio que se plantea es complicado, es conveniente planificarlo.
  5. Es preciso hacer un seguimiento de lo pactado para evaluar si se ha logrado la solución adecuada o es preciso hacer algún ajuste.

Cuando perdonar

Si el daño que se ha recibido trasciende el hecho emocional de sentirse injustamente tratado y lo único que se va a conseguir del otro es una compensación emocional, el perdón está plenamente indicado. También, cuando la búsqueda de la reparación se ha convertido en el centro de la vida del ofendido o interfiere con el seguimiento de otros valores, el perdón le permitirá poner distancia emocional para tener en cuenta todos los valores que está dejando de atender.
Hay que tener en cuenta que no se trata de ponerse en riesgo de que el daño se pueda volver a repetir.

Primera etapa: análisis y reconocimiento del daño sufrido

El proceso comienza en la fase de análisis de lo ocurrido, incluyendo en ella el reconocimiento del daño que se ha recibido. Es preciso reconocer que se ha recibido un daño que duele, y aceptar ese dolor. Se hace de forma lo más objetiva posible, lo que va a permitir un distanciamiento emocional y los primeros pasos para entender las motivaciones del ofensor; lo que constituye un comienzo para construir una cierta empatía hacia el otro que está en la base del perdón. También han de analizarse con detalle las circunstancias que han influido para llevarle a hacernos daño, porque una atribución externa, inestable y específica del daño contribuye al perdón (Hall y Fincham, 2006) frente a la atribución interna, estable y global que lo dificulta.

Segunda etapa: elegir la opción de perdonar

El perdón para la víctima es una buena opción en cualquier caso. La metáfora del anzuelo que sugiere Steven Hayes, indica de forma clara cómo el no perdonar a alguien nos coloca en una situación permanente de sufrimiento y puede ayudar en este proceso:

Quien nos ha hecho daño nos ha clavado en un anzuelo que nos atraviesa las entrañas haciéndonos sentir un gran dolor. Queremos darle lo que se merece, tenemos ganas de hacerle sentir lo mismo y meterle a él en el mismo anzuelo, en un acto de justicia, que sufra lo mismo que nosotros. Si nos esforzamos en clavarle a él en el anzuelo, lo haremos teniendo muy presente el daño que nos ha hecho y cómo duele estar en el anzuelo donde él nos ha metido. Mientras lo metemos, o lo intentamos, nos quedaremos dentro del anzuelo. Si consiguiéramos meterle en el anzuelo, lo tendríamos entre nosotros y la punta, por lo que para salir nosotros tendremos que sacarle a él antes.

Si salimos del anzuelo, tendremos cuidado de no estar muy cerca de él porque nos puede volver a meter en el anzuelo y si alguna vez nos juntamos, tiene que ser con la confianza de que no nos va a volver a hacer daño.

Pero no es la opción de no sufrir lo que justifica una elección, sino una opción basada en los valores de la persona (Hayes y otros, 1999). Hay que tener en cuenta que se trata de valores como los define la terapia de aceptación y compromiso, es decir, como consecuencias deseadas a muy largo plazo, y no solamente como valores morales o éticos. Cuando hemos dejado a un lado esos valores para centrarnos en la venganza y se le hemos dedicado tiempo y recursos, pueden estar afectadas otras áreas de nuestra vida. Es en los valores afectados por la concentración en vengarnos en los que tenemos que encontrar los motivos para elegir perdonar.

Tercera etapa: aceptación del sufrimiento y de la rabia

El perdón no supone que se rechacen y esté mal tener sentimientos de rabia, de ira o deseos de venganza, aunque a algunos pueda parecerles que el perdón lo implica (Wade y otros, 2008). El problema no está en tener esos sentimientos o pensamientos, sino en actuar dejándose llevar por ellos en contra de los valores e intereses más importantes en ese momento (Hayes y otros, 1999). La propuesta de la terapia de aceptación y compromiso consiste en abrirse a sentir el sufrimiento, la rabia, la depresión y cualquier pensamiento, sentimiento, sensación o emoción que surja asociado al daño recibido, sin ninguna defensa; mientras nuestra acción sigue el compromiso con los valores que en ese momento sean más relevantes (Hayes y otros, 2004).

Si se ha elegido la opción del perdón, para llevarlo a cabo es preciso aceptar, en el sentido expuesto, los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. La aceptación es un proceso que finalmente lleva al cambio; pero hay que tener en cuenta que su objetivo no es la extinción del sufrimiento, sino el compromiso con los valores y el fortalecimiento de la acción comprometida con ellos (véase por ejemplo, García Higuera, 2007).

Cuarta etapa: establecer estrategias para autoprotegerse

El perdón no implica la aceptación incondicional del peligro de que ocurra de nuevo el ataque. En el análisis de lo ocurrido hay que incluir también la consideración de cómo los comportamientos de la víctima que han podido permitir o favorecer la ofensa (Case, 2005). Analizando lo que ha ocurrido, la víctima se puede dar cuenta de cuales eran los indicios que indicaban el peligro, lo que le dará más posibilidades de evitarlo en el futuro.

Quinta etapa: una expresión explícita de perdón

La expresión explícita del perdón es un paso importante aunque algunos pacientes puedan pensar que es solamente simbólico y vacío de contenido. Se pueden articular muchos ritos o maneras hacerlo. Esta acción explícita no es el final del proceso de perdón, sino la oficialización del inicio. Hay que tener en cuenta que es preciso volver a repetir el proceso siempre que sea necesario, ya que el ofendido no está libre de que le aparezcan de nuevo los, pensamientos, emociones, sensaciones y sentimientos asociados a la ofensa. Cada vez que surjan de nuevo los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones asociados a la ofensa, se tienen que repetir los pasos que sean necesarios

Cuando nos hacen daño la reacción inmediata y lógica es ir contra quien nos lo hizo; pero esta reacción lógica y natural tiene sus problemas. A corto plazo, tratas de impedir que el daño continúes; pero si la acción sigue por mucho tiempo, te puedes ver reflejado en la siguiente metáfora:

Cuando alguien te hace daño es como si te mordiera una serpiente. Las hay que tienen la boca grande y hacen heridas inmensas. Una vez que te ha dejado de morder, curar una mordedura así puede ser largo y difícil; pero cualquier herida se cierra finalmente. Pero el problema es mucho peor si la serpiente es venenosa y, que aunque se ha ido, te deja un veneno dentro que impide que la herida se cierre. Los venenos más comunes son el de la venganza, el del ojo por ojo y el de buscar justicia y reparación por encima de todo. El veneno puede estar actuando durante muchos años y, por eso, la herida no se cierra, el dolor no cesa durante todo ese tiempo y tu vida pierde alegría, fuerza y energía.

Cada vez que piensas en la venganza, o la injusticia que te han hecho, la herida se abre y duele, porque recuerdas el daño que te han hecho y el recuerdo del sufrimiento te lleva a sentirlo de nuevo.
Sacar el veneno de tu cuerpo implica dejar de querer vengarse, en resumen, dejar de hacer conductas destructivas hacia quien te mordió. Como te decía, solamente pensando en la venganza el veneno se pone en marcha. Por eso, si quieres que la herida se cure, has de dejar los pensamientos voluntarios de venganza hacia quien te hizo daño.
Indudablemente tendrás que procurar que la serpiente no te vuelva a morder; pero para eso no tendrás que matarla, basta con evitarla o aprender a defenderte de ella o asegurarte de que lo que ha ocurrido ha sido una acción excepcional que no se volverá a repetir.

El proceso de perdón no implica el abandono de la búsqueda de la justicia ni de dejar de defender tus derechos, solamente se trata de no buscar en ello un desahogo emocional, que implique que la búsqueda de la justicia se convierta en el centro de tus acciones y que dificulte tu avance en otros de tus intereses, objetivos y valores.
Es una forma de presentar que el perdón es terapéutico, resaltando los procesos psicológicos que subyacen y los beneficios personales que tiene ejercerlo. De esta forma, se ven los efectos que tiene perdonar, dejando a un lado las connotaciones religiosas sociales, etc. que tiene la palabra perdón y que pueden hacer difícil entender que puede ser un proceso terapéutico.

Perdonar es un elemento relativamente nuevo en la terapia, comienza a introducirse tímidamente en los años 70; pero no es hasta los 90 cuando se empieza a considerar una herramienta terapéutica a tener en cuenta (Wade y otros, 2008), aunque sus efectos positivos en la persona son importantes.

Qué es el perdón

Hay consenso en considerar que perdonar consiste en un cambio de conductas destructivas voluntarias dirigidas contra el que ha hecho el daño, por otras constructivas. (McCullough, Worthington, y Rachal, 1997).

Algunos consideran que perdonar no solamente incluye que cesen las conductas dirigidas contra el ofensor, sino que incluye la realización de conductas positivas (Wade y otros, 2008). Como indica la metáfora anterior, es preciso dejar de pensar en las conductas destructivas; pero dejar de pensar en algo voluntaria y conscientemente lo único que consigue es incrementar su frecuencia (Wegner, 1994). En consecuencia, para perdonar, es preciso comprometerse, por el propio interés, con el pensamiento de querer lo mejor para esa persona, aunque sea solamente que recapacite y no vuelva a hacer daño a nadie o deseando que le vaya bien en la vida, etc.

Si el proceso de perdón se hace adecuadamente, se modificarán en consecuencia, los sentimientos hacia el ofensor. Aunque algunos autores consideran que son los sentimientos los que originan las conductas, desde la terapia de aceptación y compromiso se parte de que los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones no condicionan obligatoriamente la conducta y que lo importante es la modificación de la conducta, que finalmente llevará a un cambio en los pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. Por eso, perdonar no es contingente con la reducción o cese total de los pensamientos o sentimientos “negativos”; no es un estado afectivo o una condición emocional ni una colección de pensamientos y sentimientos; perdonar es una conducta libremente elegida de compromiso y determinación (Zettle y Gird, 2008).

El perdón no es un acto único que se hace en un momento dado, es un proceso continuo que se puede ir profundizando y completando a lo largo del tiempo. Por eso se dan varios niveles de perdón (Case, 2005) que se pueden considerar como una serie de tareas que van completando e incrementando el proceso hasta llegar al grado más completo de perdón. El primer paso consiste en dejar de hacer conductas destructivas abiertas y explícitas (como cesar de buscar venganza o justicia, quejarse a todo el mundo, etc.) o encubiertas e implícitas (como desear conscientemente mal al agresor, rezar para que le pase algo malo, rumiar el daño que se ha recibido, etc.). El segundo nivel es hacer conductas positivas hacia él. Completando el perdón, si hay respuestas positivas por el perdonado, se puede llegar a restaurar la confianza en el agresor.

El considerar que hay distintos niveles de perdón, implica que para entender realmente en qué consiste el perdón terapéutico y hasta donde está dispuesto a llegar el paciente, sea necesario explicar con detalle el proceso que se va a seguir para perdonar.

Qué no es el perdón

Debido a que perdón es una palabra muy cargada ideológicamente, proponer los pacientes que realicen un proceso de perdón puede llevar a malos entendidos y por ello es necesario discutir con ellos qué es y qué no es el perdón que se propone. Algunos de los puntos que puede ser necesario aclarar son los siguientes:

El perdón no incluye obligatoriamente la reconciliación. Perdonar o pedir perdón son opciones personales que no necesitan de la colaboración de la otra persona. Sin embargo, la reconciliación es un proceso de dos. Por ejemplo, el perdón no supondrá nunca restaurar la relación con alguien que con mucha probabilidad pueda volver a hacer daño.

El perdón no implica olvidar lo que ha pasado. El olvido es un proceso involuntario que se irá dando, o no, en el tiempo. Solamente implica el cambio de conductas destructivas a positivas hacia el ofensor, tal y como se ha indicado. Hay ideas erróneas asociadas con el perdón como que si se perdona no se debe acordar o sentirse enfadado por lo ocurrido. Recordar algo es un proceso automático que responde a estímulos que se pueden encontrar en cualquier parte y los sentimientos que se tienen no se pueden modificar voluntariamente, las respuestas que damos cuando tenemos  esos sentimientos si pueden llegar a ser voluntarias. El perdón no supone justificar la ofensa que se ha recibido ni minimizarla. La valoración del hecho será siempre negativa e injustificable, aunque no se busque justicia o se desee venganza.

El perdón del que se trata tampoco supone obligatoriamente levantar la pena al ofensor y que no sufra las consecuencias de sus actos. Para que se dé la reconciliación es preciso que el ofensor realice una restitución del daño que ha causado, si es posible, o cumpla la pena que la sociedad le imponga. El perdón consiste en que el que perdona deja de buscar activamente que se haga justicia y es parco en las consecuencias que busca y, sobre todo, no intenta obtener una descarga emocional junto con la justicia.

Perdonar no es síntoma de debilidad, porque no se trata de dar permiso al otro para que vuelva a hacer daño, sino que se puede perdonar cuidando de que no nos hagan daño de nuevo.

Las ofensas provenientes de nuestros seres queridos suelen doler más porque al daño recibido se le suma el sentimiento de haber sido de alguna manera traicionados en nuestra confianza, nuestros afectos o nuestras expectativas.

Por eso los errores entre esposos tienden a convertirse no sólo en “problemas por resolver” sino en “dolores del corazón” que amenazan la relación misma y que hacen hasta dudar del amor. Muchas parejas empiezan así por preguntarse: “¿Cómo pudo hacerme esto?”, “¿Cómo a mí que tanto lo(a) quiero”, “¿Por qué si yo tanto he hecho o dado por él(ella)?

Lo primero es por tanto entender que toda persona se equivoca pues está siempre en proceso de aprender y desarrollarse. Y tu cónyuge no es la excepción. Además, muchos de las limitaciones de los adultos para expresar el amor, como se debiera, provienen de las heridas emocionales que esa persona recibió en su infancia. Por eso, lo más probable es que detrás de los errores de tu pareja hay un niño o una niña herida que todavía debe crecer.

Ahora bien, si has logrado entender esos dos datos (que tu pareja no es perfecta y que posiblemente detrás de sus errores hay un niño o una niña herida que todavía debe crecer), estás entonces listo(a) para cambiar tu odio y frustración y empezar a sanar tu corazón, y tu relación con el poder del perdón. Pero para que entiendas mejor de lo que se trata, es preciso entender bien qué es perdonar:

¿Qué es perdonar?

Muchas personas temen que al perdonar le van a dar a la otra persona el poder de seguirlas ofendiendo, o que se van a rebajar o humillar. Sin embargo, es importante saber que:

  • Perdonar no es aceptar lo inaceptable ni justificar males como maltratos, abusos, faltas de solidaridad o infidelidades. Tampoco es hacer de cuanta que no ha pasado nada. Eso sería forzarnos o ignorar la realidad y a acumular resentimientos. Igualmente, perdonar no es tratar de olvidar lo que me han hecho, pues siempre es bueno aprender de lo vivido.
  • Perdonar es sobre todo liberarse de  los sentimientos negativos y destructivos, tales como el rencor, la rabia, la indignación, que un mal padecido nos despertó y optar por entender que está en mis manos agregarle sufrimiento al daño recibido o poner el problema donde está: en la limitación que tuvo mi cónyuge de amar mejor, en una determinada circunstancia.
  • En síntesis, perdonar es: Otra manera, distinta de la rabia y el rencor, de ver a las personas y circunstancias  que creemos nos han causado dolor y problemas. Es, poder mirar a mi cónyuge y sus acciones negativas, con el realismo y la misericordia propias de Dios que, sin desconocer nuestras faltas, no nos identifica con el pecado y nos da la ocasión de ser mejores.

¿Por qué perdonar?

  • Porque mientras con el odio y el rencor quedamos atados al mal que nos han hecho y estancamos la relación matrimonial concentrándonos sólo en el error y el dolor que una determinada acción nos causó, el perdón nos da la oportunidad de ver la falta como un error real pero sin la carga emocional que nos daña. Entonces, además de recuperar la paz, recobramos la lucidez para evaluar el daño en su dimensión real y tomar las medidas necesarias frente a la relación.
  • Porque soy yo mismo(a) quien es responsable de producir la rabia o el odio y de aferrarme a ellos. La rabia, es una forma de satisfacer mi ego igualmente herido.
  • Porque mi cónyuge, es mucho más que su error. Sin querer justificar su falta, es claro que detrás de su acción hay un “niño o niña herido (a)” por los condicionamientos de su pasado, pidiéndonos, a través de su rabia, violencia o agresión, que lo auxiliemos, lo amemos, lo respetemos”.
  • Es claro igualmente que si mi cónyuge me entregó un día su vida en matrimonio es porque me ama y que por tanto, lo más seguro es que su equivocación no fue deliberada sino el fruto de sus limitaciones como ser humano en proceso.
  • Porque amar al cónyuge supone aceptar que es limitado y renunciar a mis expectativas a cambio de su realidad y buena voluntad de hacer lo mejor posible.

Diferencia entre perdón y reconciliación

Mientras el perdón es una decisión de cada persona, al interior de su propio corazón, la reconciliación supone la recuperación de la relación entre los dos. Lo ideal es por tanto que, una vez me libere de la rabia y renuncie a identificar a mi cónyuge con el error que cometió, nos dispongamos juntos a analizar el daño y buscar, en la medida de lo posible, una reparación.
Dicha reparación supone que el ofensor reconozca su error, valore el efecto de lo que causó y pida perdón. El ofendido debe entonces igualmente aceptar las disculpas y ofrecer su perdón como la base para iniciar de nuevo una relación, sin rabia ni rencores, pero sabiendo que hay algo por mejorar.

Mientras exista por tanto la voluntad de cambiar y la sensibilidad para aceptar las propias limitaciones y lo que ellas pueden causar, el perdón y la reconciliación serán casi siempre posibles. Así el matrimonio se convierte en la escuela de amor donde cada persona debe encontrar un espacio donde es amada y aceptada, aún en esas realidades que no fueron amadas y aceptadas en la propia familia. Y mientras es retada a cambiar puede, por amor, liberarse poco a poco de sus limitaciones de carácter y sentir que puede crecer en su capacidad de dar y recibir amor.

Esta oferta de perdón y reconciliación, no debe sin embargo ser forzada con manipulaciones como “si me amas realmente debes…”; tampoco con presiones como: “yo he hecho mucho por ti, por lo tanto tu…”. No. La oferta del perdón debe ser gratis, y la reconciliación un acto que los dos ofrecen y se comprometen de manera igualmente gratuita a realizar, por que nace del deseo de seguir amando y del dolor de haber herido al otro, sin pretenderlo o sin saberlo.

Hay sin embargo realidades que, si bien podemos perdonar, rompieron totalmente la confianza o demostraron que definitivamente la otra persona no está en condiciones de vivir en pareja. En tales circunstancias la reconciliación no es aconsejable. Tal es el caso de personas con vicios, depravaciones o deformaciones serias de su personalidad o conducta que pueden seguir dañando a la pareja y los hijos, y frente a los cuales el cónyuge está en el derecho de protegerse mediante la separación.


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MIGUEL PLA PSICOTERAPUETA © DERECHOS RESERVADOS 2014