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Miguel Ángel Pla

Psicoterapeuta – Coach personal y ejecutivo

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Cuando examinamos nuestras fronteras, descubrimos nuestros límites. Así como nuestro jardín tiene fronteras físicas, nuestra vida (emocional, sicológica y espiritual) también tiene límites.

Todos poseemos una cantidad finita de capacidad, tiempo, dinero, energía y demás. No obstante, las cantidades no son estáticas. Podemos obtener más o menos a medida que transcurre el tiempo, pero sigue siendo cierto que, en un momento dado, tenemos cantidades fijas. Los límites del nivel de energía acerca de cuáles proyectos podemos comprender.

Miguel Ángel Pla

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“Haría cualquier cosa por ti, si me lo pidieras”. ¿Quién no ha dicho esta frase alguna vez en su vida, bajo el efecto hipnótico del enamoramiento? ¿Y cuántos no se han arrepentido luego?

Amor sin límites, sin condicionamientos, libre de pecado y más allá del bien y del mal. Existir para el otro.

Y si eres mujer… la cosa es peor: “Estás hecha para amar”, afirmaban sin pudor pensadores de la talla de Rousseau. “Amar hasta reventar…

Quienes están dispuestos a entregarse hasta la médula y sin recato, no importan las consecuencias.

“Sacrificio y amor van de la mano” dice la sabiduría popular, porque así fue concebido por la civilización desde los comienzos. ¿Qué ya está pasado de moda, que el posmodernismo ha erradicado totalmente tal concepción? Lo dudo.

La exigencia de un amor irrevocable y sometido al otro sigue tan vigente como antes, aunque más solapado y maquillado por las reivindicaciones y conquistas sociales.

Las mitologías del amor, además de ser altamente nocivas para la salud mental, todavía están presentes en el imaginario de infinidad de mujeres.

Obviamente no se trata de vivir sin amor y negar el hecho de que en algunas relaciones “arder” es mejor que “durar”. Nadie desdeña la experiencia amorosa en sí misma, sino las terribles secuelas de su idealización sin fronteras.

No se trata de destruir el amor, sino de reubicarlo, ponerlo en su sitio, acomodarlo a una digna, más pragmática e inteligente. Un amor justo y placentero que no implique la autodestrucción de la propia esencia, ni que excluya de raíz nuestros proyectos de vida.

¿Por qué sigue ahí, si sabe que él la engaña con otra mujer? La respuesta patética es: “No puedo, lo amo”.

Si el amor; en cualquiera de sus formas, se nos presenta como la máxima aspiración de vida, no podremos vivir sin él y haremos cualquier cosa para obtenerlo y retenerlo, independientemente de los traumas que pueda ocasionar.

Cuando alguien agobiado por la presión del otro y limitado en sus libertades básicas dice sinceramente: “Me cansé”, hay que prepararse porque ha empezado la transformación, un nuevo ser está en marcha.

Pensar que las mujeres son “El pilar de la familia” y que, por tanto, deben estar dispuestas a hacer cualquier tipo de sacrificio para defender la unidad y felicidad del grupo familiar es similar a la del soldado que muere por una causa o el hombre que lo hace por honor. Valores que son antivalores: el deber de la despersonalización que se sustenta en la sacralización de un amor desmedido.

Toda forma de independencia es sospechosa de egoísmo, mientras que el desprendimiento y el altruismo relamido son considerados un acercamiento al cielo y un pasaporte a la salvación. No sólo hay que vivir para el prójimo, sino también, legal y moralmente, para la persona que supuestamente amamos, sin excepciones.

Si suponemos que el amor de pareja no tiene límites, si hacemos de la abnegación una forma de vida, es apenas natural que no sepamos cómo reaccionar ante cualquier situación afectiva que nos hiera o degrade. Una vez que pasamos el límite de los principios, regresarse no es tan fácil.

¿Qué se supone que deberíamos hacer cuando la persona que amamos viola nuestros derechos? Si el costo de amar a nuestra pareja es renunciar a los proyectos de vida en los cuales estamos implicados. ¿Habrá que seguir amando? Y si no podemos dejar de amar, ¿Habrá que seguir alimentando el vínculo?

Es apenas obvio que para estar en pareja hay que negociar muchas cosas, sin embargo, el problema surge cuando la supuesta negociación excede los límites, de lo razonable, es decir, cuando afecta directamente la valía personal o cuando los “pactos de convivencia” fomentan la destrucción de alguno de los miembros.

Acercarse al otro sin perder la propia esencia, amar sin dejar de quererse a sí mismo, requiere una revolución personal.

¿Amar con reservas? Sí, con la firme convicción de que amarte no implica negociar mis principios.

El amor de pareja es una comunidad de dos, donde nos asociamos para vivir de acuerdo con unos fines e intereses compartidos.

Miguel Ángel Pla

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La exagerada admiración e identificación que despierta en las personas da la impresión que no tuvieron vida propia y quisieran vivir la de otros, a tal grado que cuando los equipos ganan o pierden pareciera que los que ganan o pierden son ellos o que los que están jugando, ganando el dinero son ellos y no tanto los jugadores.

Una cosa es que nos guste e identificarnos con un equipo y sus jugadores y otra desintegrarnos y fundirnos en ellos porque no encontramos otro ámbito en el cual trascender y realizarnos.

En algo tan poco trascendente, se aprecia la necesidad de que haya rivales para demostrar la superioridad sobre ellos.

Por supuesto que las variables explican este fenómeno son multifactoriales, como por ejemplo los resentimientos sociales producto de la distribución económica desigual e injusta o la falta de educación que va ligada a este problema. Sin embargo, considero que el mecanismo de la proyección es un agente al que tenemos que tomar en cuenta cuando analizamos el comportamiento humano irracional, en virtud de que juega un papel central en él.

¿Te sigue pareciendo que las consecuencias de los mecanismos de la proyección son inofensivas y que es mucho el costo o el desgaste personal, comparado con el beneficio que este esfuerzo redituará para tu evolución?

Podemos concluir que las personas poco evolucionadas necesitan de manera imperiosa que existan personas o grupos a los cuales considerar como malos o indeseables para usarlos como chivos expiatorios, es decir, como pantallas para depositar en ellos su obscuridad porque no pueden con ella.

Miguel Ángel Pla

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Uno de los factores que contribuyen a la complejidad y erosión de las relaciones de la pareja consiste en que cuando sus integrantes se van a vivir juntos, empieza a diluirse el enamoramiento hasta que, poco tiempo después, se desvanece por completo, de tal manera que a partir de ese momento, ya no les es posible mantener la sobre idealización del compañero, pues al aflorar sus respectivas carencias empiezan a caer en el victimismo.

Para tener más elementos que nos permitan analizar esta interacción conyugal, te comparto un proverbio chino que pone el dedo en la llaga de esta problemática, dice así: “corrige al sabio y lo harás más sabio, corrige al necio y lo harás tu enemigo”.

Como ya vimos, para poder evolucionar es necesario corregir nuestras carencias a lo largo de la vida. Corregir significa enmendar lo errado. Por lo tanto, ayudar a nuestro compañero a corregir significa indicarla en dónde están sus áreas de oportunidad que no puede ver por sí mismo para que pueda continuar con su desarrollo.

A todos nos agradaría un compañero que tuviera una actitud abierta para que nos sintiéramos en libertad de expresarle aquello que nos está afectando de su comportamiento y en lo que nos parece que se está equivocando, y nos disgustaría tener al lado un necio que vive de manera permanente a la defensiva apertrechado en su búnker psicológico.

Aquí es en donde nos topamos de frente con el gran problema de que la inmensa mayoría de los integrantes de las parejas no son sabios, sino necios.

La perspectiva de la función de la pareja nos posibilita concebir la retroalimentación que nuestro compañero nos brinda, como una enseñanza o regalo valioso y no como una declaración de guerra. Por eso dicen: “Si no fuera por el matrimonio, el ser humano pasaría su vida pensando que no tiene defectos”.

La solución a las crisis de la pareja se encuentra en el ámbito de la unidad, de la integración, mientras que el conflicto está ubicado en el de la separación y la dicotomía, en el terreno de “soy esto pero no esto”; mientras que la solución me conduce a la integración de “soy esto y también esto”.

¿Aprendimos algo? Esta actitud de negación anula cualquier posibilidad de éxito en una pareja y sólo los puede conducir al resentimiento, a la desilusión y a la destrucción de su proyecto en la pareja.

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Desde que somos niños, la sociedad nos dice mediante películas , novelas o revistas que existe en la tierra algo semejante al paraíso esa tierra prometida se llama matrimonio.

Las parejas de jóvenes enamorados están tan compenetradas y embelesadas que las horas que pasan juntos les parecen fugaces como un suspiro y realizan la siguiente ecuación psicológica: “Si el hecho de estar reunidos sólo unas cuantas horas lo experimentamos como un éxtasis, imagínate lo que será cuando estemos juntos el resto de nuestras vidas y ya no tengamos que separarnos”

El problema es que esa ecuación es errónea porque la realizan bajo un estado alterado de consciencia referido.

El matrimonio es un espacio sagrado en el que no recibimos a cualquiera. Tiene que ser una persona muy especial y significativa para invitarla a compartir ese recinto.

Inexorablemente cada uno de ellos aportará o depositará, ya sea en forma consciente o inconsciente, de manera voluntaria o involuntaria, todo lo que es como individuo.

En la esfera de nuestra relación de pareja expresamos lo mejor y lo peor de nosotros.

La relación de pareja es un escenario ideal para la proyección, porque en él se encuentran dos personas que tendrán que resolver sus diferencias y discrepancias cotidianas, con la gran desventaja de que dadas sus inseguridades y su escasa o nula capacidad de autocrítica, se resistirán a admitir la responsabilidad de sus carencias e intentarán adjudicarlas al otro como dé lugar.

“Cuando madures, búscame, estaré en los columpios” El contenido de estas palabras significa que le atribuimos al otro lo que es nuestro para exigirle que cambie lo que nosotros no nos atrevemos a hacer”.

Puedes acusar al otro de ser alcohólico, macho etc. y asegurar que tú no tienes esos problemas, pero ¿cuáles si tienes? Si indagas tal vez descubras que eres co-dependiente, histérica, limosnera emocional. Le criticas que no sea un príncipe sin darte cuenta que estás lejos de ser una princesa.

Esto es el resultado de la intervención de la ley de la atracción que dice que lo semejante atrae a lo semejante. También actúa la ley de correspondencia: tienes a la pareja que te corresponde. Ni más ni menos. Tu cónyuge es una proyección, un reflejo de lo que tú eres.

Miguel Ángel Pla

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Es imprescindible contar con un marco de referencia amplio y profundo. Consiste en tener presente que de acuerdo con los grandes maestros de todos los tiempos, venimos a este mundo a cumplir una misión: evolucionar, lo cual, en la medida en que la realizamos, nos hace sentir plenos y dichosos.

Si quiero mirar mi cuerpo, me voy a encontrar con que sólo puedo apreciar una parte de él advirtiendo que hay ciertas partes que no me gustan e incluso me avergüenzan a tal grado que rehúso mirarlas.

¿Comprendiste? Así como el cuerpo físico, exactamente sucede con mi cuerpo psicológico: hay áreas de él que no soy capaz, no me conviene o no me interesa conocer por inseguridad o dolor.

Lo que esto implica es muy grave, pues me está diciendo que hay vastos sectores de mi persona que no puedo o no quiero reconocer. La buena nueva, si así lo deseamos, es que justamente la pareja es quien puede convertirse en ese cristalino espejo en el que se refleja todo aquello que por nosotros mismos difícilmente podemos apreciar.

Las parejas convencionales con individuos distanciados de sí mismos sólo pueden engendrar relaciones distantes. Quienes no trabajan para buscar integrarse a sí mismos, crean parejas desintegradas. Las personas a las que no les interese el crecimiento personal, negarán sus carencias y las proyectarán en el compañero, caerán en la tentación de sentirse víctimas.

Solamente con la autocrítica, el autoconocimiento y la integración suficientes podemos lograr ese estado de casa-dos, 2 personas que pueden formar un hogar.

El proceso de integración de uno mismo es gracias a la mirada conocedora de nuestro compañero, de lo que tenemos que revisar y trabajar en nosotros, podría ser fluida y tersa; sin embargo tenemos la mala costumbre de hacerlo inverso, suele convertirse en una dinámica turbulenta y tempestuosa.

“Cuando uno está muerto, uno no sabe que lo está; sin embargo los demás si y son los que sufren… lo mismo sucede cuando uno es bruto”

¡Trabajemos más empleando la auto-crítica de manera constructiva y disfrutemos del proceso!

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No es tarea fácil dejar de criticar a los demás, para lograrlo tendríamos que alcanzar un desarrollo psicológico, significativo, lo cual implica hacer un enorme esfuerzo, toda vez que nos enfrentamos a una adicción.

Es querer atar la lengua a los criticones, lo mismo que poner puertas al campo.

De acuerdo con nuestro comportamiento compulsivo de criticar a los demás, tal pareciera que es la finalidad a la que vinimos a este mundo.

Cuando prendemos a nuestro sabio observador para monitorear nuestros pensamientos y advertimos la cantidad de comentarios negativos que fabricamos constantemente, te sorprenderás de la enorme polución que hospedamos en la mente y por ende en el corazón, del basurero de pensamientos y emociones negativas en el que los convertimos.

Una vez que te das cuenta de que al criticar a los demás te la pasas chapoteando en el fango de la sombra del destructor, encontrarás la motivación para actuar y poder salir de este espacio de obscuridad.

El objetivo consiste en que reconozcas la naturaleza y la terquedad de tus pensamientos y sus consecuencias, no que los cambies o elimines. Sólo obsérvalos, conócelos durante algunas semanas, no te pelees con ellos, déjalos que fluyan.

Continúa observándote, cada vez que hagas una crítica a alguna persona, regresa a ti para reconocer las cosas que no haces bien o no has resuelto, y desde esa perspectiva mires las carencias del otro.

Puedes tomar lo que te disgusta del exterior, como un gran maestro que te muestre aquello en lo que tienes que trabajar para superarlo. Lo que no me gusta de ti, lo corrijo en mí.

Es una gran oportunidad para tu evolución emplear la obscuridad del exterior para descubrir la tuya, para dejarte de auto engañar y actualizar tu mejor versión.

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Podemos definir a la proyección como el mecanismo psicológico a través del cual la persona, de manera inconsciente, atribuye a otros individuos o situaciones sus propias emociones, pensamientos o impulsos que le resultan inaceptables o amenazantes, para poder manejar así su angustia.

Nosotros proyectamos al exterior tanto aspectos positivos como negativos. En este caso hablaremos sobre las partes obscuras, en virtud de que son las que nos crean serios problemas e impiden nuestra evolución.

Tenemos estímulos neutros en los que la persona le encuentra algún significado, que no sería otra cosa que el reflejo de lo que habita en su mundo interior. De manera más informal, en la vida cotidiana hacemos algo parecido; ¿quién no se ha acostado en el césped a mirar las nubes para encontrar figuras que sólo uno distingue?

Con esto, podríamos decir que los demás se convierten en manchas, formaciones o nubes que nos sirven de pantalla para proyectas aspectos de nuestro mundo interior, pero de manera especial en aquello que rechazamos de nosotros mismos.

En el sentido más amplio del mecanismo de proyección podríamos señalar que las personas percibimos el exterior a partir de nuestro mundo interior. Los seres humanos captamos al mundo a partir de nuestros modelos personales, de nuestros condicionamientos sociales, de la información que recibimos a lo largo de nuestra vida y de cómo la procesamos.

“En este mundo nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”

Miguel Ángel Pla

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La negación consiste en sacar de nuestra conciencia aquello que consideramos amenzante y reprobable. Es la invalidación de aspaectos con los que nos costaría trabajo lidiar. Rechazamos o ignoramos hechos incuestionables, que demuestran que lo negado existe. Otra de sus modalidades consiste en minimizar la importancia de lo que está sucediendo.

Los ejemplos más reveladores es el “alcoholismo” todo mundo se da cuenta de dicha problemática excepto esa persona.

Se resisten de manera rabiosa a aceptar su condición hasta que “tocan fondo”. Tienen que perder a sus familias, su patrimonio, sus trabajos, o que su salud llegue a estar tan deteriorada, que si toman un poco más inexorablemente morirían.

“Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”

Con esta espectacular frase queremos que te des cuenta de manera espléndida que cuando incurrimos en la negación, se cierran las puertas del crecimiento personal, en cambio cuando aceptas tu realidad, se abren de par en par.

Aunque con frecuencia ésta nos resulta muy útil para nuestros propósitos de evasión, dado que en nuestro mundo interno, intuimos que están alojados nuestros dragones o bichos, la mayor parte de las veces tenemos que recurrir a la proyección, para tratar de convencernos de que habitan fuera de nosotros, ya sea en otras personas o en ciertas situaciones.


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