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Miguel Ángel Pla

Psicoterapeuta – Coach Personal y Ejecutivo

direccion@miguelpla.com

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Si todas nuestras relaciones están basadas únicamente en nuestro impulso natural de devolver amistad por amistad, vamos a tener problemas. Los gustos son un estado condicional, cambia. Hacer del “tú me escogiste” el fundamento de una relación la destina al cambio, y seguramente al colapso, en el minuto en el que el gusto de la persona cambie de blanco.

Una relación sana y duradera solo se puede construir entre dos personas que se escogen entre sí y toman plena responsabilidad de esa elección. Esta decisión debe basarse en quién son, qué quieren y qué se comprometen a hacer como individuos.

Las personas poderosas se responsabilizan de sus propias vidas y decisiones. Las personas poderosas escogen con quién quieren estar, qué van a perseguir en la vida y cómo van a hacerlo.

La fuerza que define e impulsa a una persona sin poder es la ansiedad. La vida asusta cuando no tienes poder, cuando vives en un mundo en el que crees que la mayoría de las cosas y personas son más poderosas que tú.

Las personas sin poder tienen una profunda necesidad de reprimir y aliviar su permanente temor, temor a la pérdida, al dolor, a la muerte, al abandono y a mucho más. Necesitan a otras personas para que compartan su poder con ellos, porque no tienen ningún poder propio. Necesitan protección de parte de los demás y se responsabilicen de sus vidas.

Mientras que, las personas poderosa no intentan controlar a los demás. Saben que no funciona y que no es su tarea. Su tarea es controlarse a sí mismos…

La decisión de una persona poderosa permanecerá sin importar lo que la otra persona haga o diga.

Para poder arrepentirse de una mentira de falta de poder, tendrás que identificar las mentiras que crees y la influencia que esas mentiras tienen en tu vida. Una vez que identificas esas mentiras, renuncias a ellas y rompes el acuerdo creado con ellas.

No permitas que la falta de poder y la mentalidad de víctima te roben más. Eres una persona poderosa que puede tomar decisiones poderosas. Escoger amar es la decisión más poderosa que puedes hacer y tiene una recompensa mucho mayor de lo que puedes imaginar.

Miguel Ángel Pla

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La esencia de las fronteras y los límites es saber qué poseemos y qué no poseemos. Esto lleva a la responsabilidad y al amor. Sin embargo, ¿qué sucede cuando no poseemos las cosas que deberíamos de poseer? Cuando no nos poseemos a nosotros mismos como personas separadas de quienes nos vinculamos, desarrollamos fronteras borrosas, y permitirnos que las personas las crucen cuando deberíamos decir que no.

Algunas personas aprenden que está mal admitir el dolor. Se les enseñó que debían aguantar cuando sintieran dolor. Como resultado de ello, perdieron contacto con la capacidad de sentir su cuerpo. En consecuencia, tanto el placer como el dolor tienen poco significado para ellos.

Nuestros sentimientos, sean buenos o malos, son de nuestra propiedad. Están dentro de nuestras fronteras. Nuestros sentimientos son nuestra responsabilidad; los sentimientos de los demás son responsabilidad de ellos. Si otras personas se sienten tristes, es su tristeza. Esto no significa que no necesiten a otra persona que los acompañe en su tristeza y que se identifique con ellos. Significa que la persona que se está sintiendo triste debe hacerse responsable de ese sentimiento.

Si nos sentimos responsables de los sentimientos de otras personas, ya no podemos tomar decisiones acerca de qué es lo correcto; toaremos decisiones basados en cómo se sienten los demás acerca de nuestras opciones.

Muchas personas controladoras están atascadas en la etapa del desarrollo donde piensan que pueden controlar a los demás enojándose o entristeciéndose. Esta táctica con frecuencia funciona con personas que no tienen límites, y refuerza la inmadurez de la persona controladora.

Cuando nos hacemos responsables de NUESTRAS PROPIAS desilusiones, estamos fijando límites claros. Cuando nos hacemos responsables por los sentimientos de los demás estamos cruzando sus fronteras.

 

Miguel Ángel Pla

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Desde que somos niños, la sociedad nos dice mediante películas , novelas o revistas que existe en la tierra algo semejante al paraíso esa tierra prometida se llama matrimonio.

Las parejas de jóvenes enamorados están tan compenetradas y embelesadas que las horas que pasan juntos les parecen fugaces como un suspiro y realizan la siguiente ecuación psicológica: “Si el hecho de estar reunidos sólo unas cuantas horas lo experimentamos como un éxtasis, imagínate lo que será cuando estemos juntos el resto de nuestras vidas y ya no tengamos que separarnos”

El problema es que esa ecuación es errónea porque la realizan bajo un estado alterado de consciencia referido.

El matrimonio es un espacio sagrado en el que no recibimos a cualquiera. Tiene que ser una persona muy especial y significativa para invitarla a compartir ese recinto.

Inexorablemente cada uno de ellos aportará o depositará, ya sea en forma consciente o inconsciente, de manera voluntaria o involuntaria, todo lo que es como individuo.

En la esfera de nuestra relación de pareja expresamos lo mejor y lo peor de nosotros.

La relación de pareja es un escenario ideal para la proyección, porque en él se encuentran dos personas que tendrán que resolver sus diferencias y discrepancias cotidianas, con la gran desventaja de que dadas sus inseguridades y su escasa o nula capacidad de autocrítica, se resistirán a admitir la responsabilidad de sus carencias e intentarán adjudicarlas al otro como dé lugar.

“Cuando madures, búscame, estaré en los columpios” El contenido de estas palabras significa que le atribuimos al otro lo que es nuestro para exigirle que cambie lo que nosotros no nos atrevemos a hacer”.

Puedes acusar al otro de ser alcohólico, macho etc. y asegurar que tú no tienes esos problemas, pero ¿cuáles si tienes? Si indagas tal vez descubras que eres co-dependiente, histérica, limosnera emocional. Le criticas que no sea un príncipe sin darte cuenta que estás lejos de ser una princesa.

Esto es el resultado de la intervención de la ley de la atracción que dice que lo semejante atrae a lo semejante. También actúa la ley de correspondencia: tienes a la pareja que te corresponde. Ni más ni menos. Tu cónyuge es una proyección, un reflejo de lo que tú eres.

 

Miguel Ángel Pla

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Uno de los factores que contribuyen a la complejidad y erosión de las relaciones de la pareja consiste en que cuando sus integrantes se van a vivir juntos, empieza a diluirse el enamoramiento hasta que, poco tiempo después, se desvanece por completo, de tal manera que a partir de ese momento, ya no les es posible mantener la sobre idealización del compañero, pues al aflorar sus respectivas carencias empiezan a caer en el victimismo.

Para tener más elementos que nos permitan analizar esta interacción conyugal, te comparto un proverbio chino que pone el dedo en la llaga de esta problemática, dice así: “corrige al sabio y lo harás más sabio, corrige al necio y lo harás tu enemigo”.

Como ya vimos, para poder evolucionar es necesario corregir nuestras carencias a lo largo de la vida. Corregir significa enmendar lo errado. Por lo tanto, ayudar a nuestro compañero a corregir significa indicarla en dónde están sus áreas de oportunidad que no puede ver por sí mismo para que pueda continuar con su desarrollo.

A todos nos agradaría un compañero que tuviera una actitud abierta para que nos sintiéramos en libertad de expresarle aquello que nos está afectando de su comportamiento y en lo que nos parece que se está equivocando, y nos disgustaría tener al lado un necio que vive de manera permanente a la defensiva apertrechado en su búnker psicológico.

Aquí es en donde nos topamos de frente con el gran problema de que la inmensa mayoría de los integrantes de las parejas no son sabios, sino necios.

La perspectiva de la función de la pareja nos posibilita concebir la retroalimentación que nuestro compañero nos brinda, como una enseñanza o regalo valioso y no como una declaración de guerra. Por eso dicen: “Si no fuera por el matrimonio, el ser humano pasaría su vida pensando que no tiene defectos”.

La solución a las crisis de la pareja se encuentra en el ámbito de la unidad, de la integración, mientras que el conflicto está ubicado en el de la separación y la dicotomía, en el terreno de “soy esto pero no esto”; mientras que la solución me conduce a la integración de “soy esto y también esto”.

¿Aprendimos algo? Esta actitud de negación anula cualquier posibilidad de éxito en una pareja y sólo los puede conducir al resentimiento, a la desilusión y a la destrucción de su proyecto en la pareja.

Miguel Ángel Pla

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“Tal vez no se quedó conmigo porque le daba miedo darse cuenta que yo lo quería como él no sabe quererse”.

Veamos con esta frase que tan fácil es auto engañarnos. La protagonista de esta frase nos comenta que su pareja no se quedó con ella porque dado que él no se quiere a sí mismo tampoco puede querer a otra persona que sí lo quiere. Nos da entender que el problema está en él, es decir fuera de ella. Que la relación puede prosperar y consolidarse por las creencias y la falta de compromiso que él padece.

¿Tú elegirías como pareja a alguien que no puede comprometerse afectivamente?, ¿quién y para qué busca entablar un proyecto de pareja con alguien que no tiene los atributos para construir una pareja longeva y nutritiva?

Dos personas que se consideran víctimas de las carencias del otro, dos seres parecientes del daño que dicen que el consorte les ha infligido y, al mismo tiempo, dos inconscientes del daño que le han hecho al otro, o en el mejor de los casos con la pobre conciencia de que si han hecho cierto daño, según ellos, sólo ha sido una respuesta a las previas agresiones de las que han sido objeto por parte del cónyuge.

Nos lleva a concluir que para poder aspirar a un matrimonio exitoso, es imprescindible el crecimiento personal por medio del desarrollo de nuestro sabio, somos en realidad, para desarrollar nuestra capacidad de autocrítica apoyados en nuestro guerrero y así extraer de él el valor para enfrentar la dolorosa realidad de nuestra parte obscura.

Es muy probable que las dos personas en alguna medida tengan razón al detectar partes obscuras de los otros, sin embargo eso no tiene ningún mérito, ya que el arte ruin de detectar las carencias de otros, y el rastrero deporte de criticar, cualquier retrasado emocional tiene las facultades para llevarlo a cabo.

Resulta increíble cómo nos engañamos; a nuestra inmadurez afectiva, a nuestra incompetencia conyugal, a nuestras dificultades para amar, a nuestra falta de compromiso para trabajar con nuestra sombra y por el proyecto conyugal, le denominamos eufemísticamente “incompatibilidad de caracteres”.

“Lo importante para el crecimiento emocional no está en el terreno de la crítica, sino en el de la auto-crítica.”

Miguel Ángel Pla

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“Nada tiene sentido si tú no estás”.

Tantas veces hemos escuchado frases como esta que ya apenas nos damos cuenta de su verdadero significado y el peligro que encierran.

La persona codependiente piensa que no puede vivir sin su pareja, se funde con ella hasta el punto de llegar a perder su propia identidad y vive para ella en vez de vivir su propia vida.

Piensa que lo que siente es un amor inmenso, una pasión maravillosa y sin fronteras, pero no es amor eso, sino dependencia y adicción. Se enamora de repente, como en un estallido, un flechazo y, confundiendo el deseo con el amor, piensa que tiene delante a la persona ideal. No son conscientes de que darlo todo por la otra persona supone una negación de uno mismo y de los propios deseos y necesidades.

El codependiente se deja a sí mismo completamente de lado para anteponer siempre a su pareja. Y de lado ha de quedar también todo sentimiento negativo. La rabia, el dolor, el sufrimiento…; todo esto lo percibe como una amenaza terrible porque podría llevarle a perder lo que más ama, lo que es toda su vida y todo su mundo: su gran amor. Hace todo lo posible por mantener la paz y niega el conflicto y la confrontación, sin darse cuenta de que negar el conflicto supone negar la intimidad. No podemos tener una relación íntima con alguien con quien no podemos discutir un problema o algo que nos hace enfadar.

No hay manera de resolver un conflicto si una de las partes prefiere ignorarlo y la relación sólo puede darse a un nivel superficial.

El miedo al abandono es su mayor miedo

Pero no el único. También tiene miedo de su propia dependencia, de perder por completo su identidad cada vez que renuncia a sus propios valores, principios o aficiones, para adoptar los de su pareja, que son los únicos que importan.

Niega sus sentimientos del mismo modo que se niega a sí mismo, le cuesta identificar en sí mismo los sentimientos negativos. Y esta represión de sentimientos se transforma en una necesidad de sentir a través de su pareja.

Pero no puede tener nunca suficiente, pide más: más amor, más dedicación; “quiéreme como yo te quiero a ti”, le exige. Trata de controlarla, manipularla, porque ahora la vida de su pareja le pertenece a él o ella: es su propia vida, y trata de convertir a esta persona en su amor perfecto, aquél que satisfaga todas sus necesidades y llene el pozo sin fondo de un amor insaciable.

Trata de evitar que se aleje, no quiere que cambie, que crezca como persona por miedo a que despliegue sus alas y eche a volar. Tiende a crear dependencias hacia él o ella en los demás.

 

¡Mereces vivir un amor con alegría, sin miedos!

Miguel Ángel Pla

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La mayoría de nosotros hemos cortado el césped alguna vez en un sábado por la mañana. Y aprendimos que de nada sirve arrancarle la cabeza a los dientes de león o a las malezas.

Esto solamente parece asegurar que pronto volverán a crecer y con más fuerza.

Cuando se trata de ciertos síntomas físicos a menudo solamente les cortamos la cabeza. Hacemos lo que  podemos para librarnos del dolor o malestar.

El problema vuelve… tomamos nuevamente píldoras y el problema vuelve otra vez… y volvemos a medicarnos y así seguimos, semana a semana, mes tras mes, año tras año.

Si no tratamos el estrés inicial o cualquier otro síntoma, de raíz, estos pueden volverse crónicos. Y pueden aparecer síntomas nuevos y más profundos: insomnio, pérdida o aumento de peso, dolor muscular especialmente en la espalda y las piernas, letargo generalizado o sensación de agotamiento, lentitud para pensar, falta de ambición y energía.

Todo el tiempo, agregamos una capa más de factores estresantes a la mezcla existente.

Si seguimos ignorando el estrés que está en la raíz, los síntomas pueden convertirse en una enfermedad declarada, del tipo que requiere cirugía, quimioterapia y radioterapia, medicación muy fuerte y otros protocolos de tratamiento muy serios.

Es sano y vital distinguir, averiguar el por qué está pasando o porque estamos sintiendo para de esa manera poder modificar hábitos y pensamientos específicos que ayuden a cambiar la estructura de la vida.

Miguel Ángel Pla

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Cuando nuestra atención se enfoca en dar y unirse con los demás, el temor desaparece y aceptamos la curación de nosotros mismos.

Aunque hacemos intentos por ser pacientes y amables, después retiramos nuestro amor cuando los esfuerzos no nos son reconocidos como quisiéramos. El verdadero dar no requiere un sacrificio, pero un enfoque conflictivo de dar debe verse honestamente si queremos saber lo que es la felicidad constante.

Todos nos enfrascamos en nuestros problemas, sin importar si son físicos, emocionales o financieros y de repente nos llaman para ayudar a alguien en una situación crítica. Hasta que pasa la crisis nos damos cuenta de que nuestros problemas habían desaparecido de nuestra conciencia durante el tiempo en el que nos concentramos en ayudar a los demás.

La verdadera curación no es una manipulación del interior. Es un cambio de percepción, no un cambio de circunstancias aunque puede estar acompañada de ellas.

Cuando nos concentramos en dar también recibimos, porque las ansiedades personales comienzan a disiparse de nuestros pensamientos. Cuando reconocemos que dar es lo mejor, nos beneficiamos por completo, pues obtenemos tranquilidad interna.

La mente simplemente no puede centrarse en nuestra desdicha cuando es inundada por el deseo de curar y dar felicidad, incluso si no desaparece lo que causa daño.

La práctica del amor es idéntica a la práctica de la paz, sería destructivo convertir el control de la mente en una batalla más. La tierra fértil de la que sale el amor espontáneamente es la auto liberación del conflicto. Es mucho mejor estar en paz que aumentar la tensión de los procesos mentales en nombre del amor. Una buena regla para la conducta mental es: piensa en lo que te haga realmente feliz.

Es importante recordar que el propósito de bendecirnos en silencio no es tratar de cambiar alguna enfermedad física, sino recordarnos que el amor es el vínculo de conexión entre todos nosotros. La transmisión de amor de nosotros a otra persona tiene un efecto invisible y realmente profundo.

¿Entonces? ¿Estamos claros? El regalo que damos a los demás se mantiene en el contenido silencioso de nuestra mente y no sólo en nuestras palabras o hechos. Da sin esperar algo a cambio, lo demás vendrá por añadidura.

Miguel Ángel Pla
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Hemos sido diseñados para vivir con confianza. De hecho, los psicólogos dicen que la confianza es la primera tarea de desarrollo que cada persona tiene que conseguir en la infancia para poder desarrollar una percepción sana de su persona y formas relaciones saludables.

En el ciclo de la confianza solo se puede completar mediante una conexión relacional, ya que solo una relación puede suplir toda la variedad de necesidades.

Desde el momento en el que entramos en el mundo, nuestra necesidad más profunda es amar y ser amados por otros seres humanos y formar parte activa de los vínculos relacionales duraderos. Nuestra capacidad de salir esta necesidad se desarrolla a medida que completamos de manera constante los círculos de confianza en nuestras interacciones con otras personas.

Un círculo de confianza se completa cuando:

  1. Tienes una necesidad
    2. Esa necesidad se expresa
    3. Hay una respuesta ante dicha necesidad
    4. La necesidad se suple

El problema es el siguiente, este ciclo de confianza se puede descomponer en cualquier momento. La confianza se daña si la gente no llega a identificar y expresar sus necesidades, si la otra persona no responde a la necesidad o si responde de forma negativa, o si la necesidad no llega a suplirse nunca.

Las experiencias dolorosas dan lugar a heridas que se infectan cuando nos ponemos de acuerdo con mentiras como:

  • Nadie me ama
  • Hay algo que no anda bien conmigo y por eso no soy digno de amor
  • Esa persona no me amaría jamás si de verdad me conociera
  • No me merezco que mis necesidades sean suplidas.

Estar de acuerdo con estas mentiras crea una expectación de que las necesidades no se suplan. Esa expectación nos lleva a más experiencias dolorosas que nos desilusionan y evita que esa herida se sane jamás.

Los supervivientes aprenden a manipular su entorno y a la gente para que algunas de sus necesidades se vean suplidas. No esperan ser amados porque después de años de abandono, negligencia y abuso, creen que no son dignos de amor.

Por supuesto, no tienen recursos emocionales con los que intentan suplir las necesidades de ningún otro, así que se quedan con lo que pueden. Y ¿Qué crees que termina pasando? Los supervivientes terminan creando una realidad en la que no son amados, las relaciones no duran y el dolor de las necesidades sin suplir sigue destruyendo sus vidas. De ahora en adelante vas a aprender a cómo volver a confiar. Vas a ser capaz de construir relaciones contigo y con los demás, relaciones en las que tu corazón estará satisfecho.


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