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Miguel Ángel Pla

Psicoterapeuta – Coach personal y ejecutivo

direccion@miguelpla.com

Teléfono: (81) 43 00 25

 

El temperamento influencia todo lo que haces. Desde los hábitos de dormir a la manera de comer y la forma en que tratas a otras personas. Humanamente hablado, no hay en tu vida una influencia más poderosa que la de tu temperamento o combinación de temperamentos. Esta es la razón de que sean tan esencial que conozcas tu temperamento y que puedas analizar el temperamento de otras personas, no para condenarlas, sino para poder optimizar tu potencial y capacitarlos a ellos a optimizar el suyo.

 

El sanguíneo habla acerca del tiempo, de los amigos, y de un centenar de cosas antes de afrontar el verdadero problema.

El colérico va directo al grano. El (o ella) quiere que tú corrijas a su cónyuge a fin de poder tener una plácida vida hogareña.

La melacólica suspira profundamente al sentarse con su depresión, autocompasión e infelicidad grabados en su rostro.

La flemática pocas veces llega a concretar una cita, y cuando lo hace necesita la mayor parte de su primera media hora para cebar su bomba de conversación.

Estas personas no tienen el temperamento que tienen debido a que actúen así. Al contrario, actúan de la forma en que lo hacen debido a sus temperamentos. Algunos de nuestros actos son sutiles, como gustos o preferencias, en tanto que otros involucran perspectivas y actitudes, e incluso maneras de pensar. Apenas si hay una función en la vida que no esté influenciada por el temperamento. Así, será mejor que determines tu temperamento y que lo dirijas coherentemente hacia el mejor estilo de vida para ti y tu familia. De otra manera, tu temperamento te dirigirá a tí de una manera subconsciente.

Miguel Ángel Pla

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Nuestros egos trabajan tiempo extra creando todo tipo de miedos por los cuales preocuparnos. Mi impresión es que uno de los mayores miedos, seamos o no conscientes de él, es el miedo a la muerte. Estoy convencido de que enterrado debajo de este miedo, está nuestro miedo a Dios.

Todos tenemos nuestras formas individuales de evitar este asunto de la muerte y morir. Algunos nos volvemos adictos al trabajo y llenamos nuestros días y noches de interminables actividades que nos mantienen alejados del miedo, al menos por un tiempo. Aunque tal vez tengamos la apariencia de una persona exitosa y completa, también podemos estar ciegos antes nuestras emociones y sentimientos.

Con frecuencia, tratamos de controlar nuestro miedo a al muerte al controlar los eventos y las personas en nuestras vidas, como si la capacidad de manejar cada situación, mágicamente nos permitieron controlar nuestro destino.

¿Qué es la muerte?

La muerte es un proceso terminal que consiste en la extinción del estado homeostático, o el equilibrio interno del cuerpo, para mantener la salud. Dicho en otras palabras, la condición interna estable se mantiene estable en el tiempo, pero concluye con el fin de la vida. Otra manera de definir a la muerte es como el  resultado de la incapacidad orgánica para sostener la homeostasis.

¿Por qué produce tanto miedo?

La muerte es una realidad angustiante, ya que la gente  es consciente de que existe y de que llegará pero, la mayoría de las veces, se vive con la incertidumbre de cuándo será el día en que realmente pase.  Es precisamente por esa razón que a lo largo de la vida, la muerte es percibida con una sensación muy angustiante.

Otro factor de miedo es que no se sabe qué es lo que sigue después de la muerte; además del temor que causa pensar en dejar a todos nuestros seres queridos, de nunca volverlos a ver.  Sin embargo, es normal la angustia que este proceso de vida provoca, siempre y cuando esté dentro de los parámetros habituales, es decir, cuando no interfiere con el transcurso del día a día, y que se pueda seguir viviendo de manera cotidiana sin estar pensando solamente en la muerte.

Nadie quiere llegar a ese momento

Generalmente la angustia ante la muerte tiene diferentes variantes, una de ellas se da porque en la época en la que nos encontramos y en nuestra cultura, la muerte significa un suceso del cual se habla poco, seguramente debido a que nadie quiere llegar a ese  momento, ya que no se sabe si hay una vida después de esta, o simplemente te mueres y  todo se termina.

Esta incertidumbre ha motivado a la humanidad a estudiar a la muerte a  lo largo de la historia; médicamente se investiga cuál es el umbral que provoca la muerte y de igual forma, se ha tratado de obtener una respuesta acerca de lo que pasa cuando  uno se muere. Ante la duda se habla de que hay otra vida después de esta, de que hay  una reencarnación en otra persona o, popularmente, se dice que la gente que se muere  está en el cielo y desde ahí nos observa.

Sin embargo, este suceso se da en todas las culturas y en cualquier época. La muerte ha sido un proceso angustiante por todos los cambios que conlleva, por todo lo que se deja  cuando llega a ella, principalmente el dejar a todos nuestros seres queridos.  Aunque en diferentes épocas y culturas la muerte tiene significados diferentes.

Diferencias culturales al enfrentarse a la muerte

La muerte, además, tiene un peso cultural importante ya que en algunas culturas se vive como un proceso sagrado que se ofrece a los dioses.  En otras, las personas se  preparan para esperar a la muerte y se vive como un proceso natural de vida, mientras que en otras más todavía sigue siendo un tema tabú.

Ciertamente el peso que se le da culturalmente a la muerte es lo que define en el mayor de los casos la manera en que cada persona la percibe, pero no se descarta que este proceso deje de ser angustiante por más preparación que se haga, sin embargo la manera en que se vive esta etapa depende del contexto y de la influencia cultural con la que cuente la persona, incluso en la época en la que se dé la muerte.

México y el “festejo” a la muerte

En especial en nuestra cultura se hace un gran festejo en el famoso “Día de Muertos”, fecha en la que se recuerda a los difuntos y se les rinden ofrendas que contienen todo  lo que al difunto le gustaba; además de hacer una gran fiesta para que ese día nuestro  ser querido, ya fallecido, pueda acompañarnos.

Culturalmente se tiene la idea de que ese día se debe brindar un gran banquete y no sólo de la comida que le gustaba a nuestro difunto, sino toda una serie de objetos apreciados por él y que nos hagan recordar los buenos momentos. A través de esto poder sentir que nuestro ser querido sigue con nosotros.

¿Cómo evitar el miedo a la muerte?

Algunas personas se preguntarán: ¿Cómo evitar la muerte sea angustiante? Cito esta pregunta, ya que usualmente se busca una respuesta ante algo que es seguro que pasará, sin embargo es difícil entenderlo como un proceso natural de la vida por el cual todos los seres vivos pasamos o algún día tendremos que pasar.

En especial  nosotros, como seres humanos, tenemos conciencia de que la muerte llega para todos, sin embargo, lo que se recomienda es no basar nuestra vida en pensar solamente en la muerte haciendo que esto interfiera en vivir el día a día, simplemente debemos entender que la muerte es un proceso de vida y que algún día llegará, pero mientras llega, debemos aprovechar cada momento.

Muchos viven día a día angustiados por  la idea de la muerte, pero existen soluciones para que esta preocupación no se convierta en una obsesión o un pensamiento recurrente, en estos casos se puede recurrir a un especialista para ayudar a entender por qué este pensamiento se hace manifiesto todo el  tiempo.

¿Tú tienes miedo a la muerte? ¿Cómo te gustaría terminar tus días en la tierra o cómo te gustaría ser recordado?

 

El paso del tiempo es inevitable, los años avanzan de una forma irremediable. Sin embargo, la edad no es paralela en relación con el grado de madurez en todos los casos. Existen personas de veinte años que son muy maduras para su edad y en cambio, existen personas de cuarenta años que pueden tener comportamientos infantiles que son poco habituales para su edad. Este tipo de actitud madura pero con actitudes de niño se define como infantilismo. El infantilismo remite a la conducta del sujeto, una conducta que no encaja en lo previsiblemente esperado de forma acorde a la edad de esa persona.

Más allá del síndrome de Peter Pan
El infantilismo no solo puede remitir al eterno síndrome de Peter Pan propio de la edad adulta que muestra el deseo de libertad absoluto y de evitar las obligaciones y los compromisos. Sin embargo, conviene puntualizar que el infantilismo también remite a los comportamientos que tienen los niños y que no son propios para su etapa vital.

Por ejemplo, existen niños que cuando tienen un hermano pequeño y sienten lo que se conoce como el Síndrome del Príncipe Destronado, es decir, cuando se sienten desplazados en su lugar, pueden tener comportamientos infantiles que ya habían superado, como una llamada de atención para recibir cariño.

Analizar el entorno de la persona
En ocasiones, la causa del infantilismo también puede estar potenciada por el entorno más cercano. Por ejemplo, en el caso de aquellos padres que cometen el error de sobreproteger a sus hijos, no le dan la oportunidad de que éste desarrolle sus propios recursos para crecer de forma autónoma.

Es importante no sobreproteger a los niños en sus primeras etapas de la vida, por ello, los padres pueden implicar a los niños en la realización de tareas que sean acordes a su edad. Los comportamientos infantiles se definen por la irresponsabilidad de aquel que no se hace cargo de las consecuencias de sus actos o que no cumple con un deber concreto.
El lado bueno del infantilismo

Conviene puntualizar que el infantilismo no solo puede ser negativo en función del contexto. También puede ser positivo. Por ejemplo, existen cualidades de los niños que los adultos tienen en menor grado y que, sin embargo, son muy positivas. Por ejemplo, la ingenuidad y la inocencia. Un adulto con un alto grado de ingenuidad transmite una bondad especial en su corazón. De forma frecuente, los adultos suelen ser más desconfiados que los niños. Por eso, los adultos también tienen muchos que aprender de los niños a nivel de inteligencia emocional.

 

Se trata del rol del hombre niño que se niega a crecer y sigue pegado a ese rol de protección que le aportan sus padres. El síndrome de Peter Pan también puede afectar de un modo negativo al contexto de la relación de pareja puesto que en este tipo de relaciones, la persona se niega a asumir un compromiso serio y tiene comportamientos típicos de un soltero.

Personas enamoradizas

De hecho, las personas son síndrome de Peter Pan son enamoradizas, sin embargo, conforme la relación avanza, empiezan a distanciarse porque se asustan ante la implicación propia de una relación seria. Por esta razón, son personas que tienen un extenso currículum sentimental definido por noviazgos breves.

Personas inmaduras que en ocasiones tienen dificultades para tener empatía con los demás. La edad cronológica y la edad emocional que muestra la persona no reflejan un equilibrio. Desde el punto de vista del carácter, son personas divertidas que con frecuencia son el centro de atención en las fiestas y eventos sociales por su carácter alegre y divertido. Son personas risueñas desde el punto de vista de su lenguaje corporal.

Asumir el paso del tiempo

Las personas que asimilan con dificultad el paso del tiempo y se aferran a comportamientos infantiles y adolescentes tienen miedo de aquello que puedan perder como consecuencia de la edad. En este sentido, para aprender a crecer, es indispensable recordar que el paso del tiempo implica dejar atrás ciertas cosas pero también, dar la bienvenida a otras nuevas.

Por otra parte, produce todavía más dolor vivir ajeno a la ley del paso del tiempo que aceptar que la vida es una experiencia maravillosa y cada etapa tiene su riqueza vital. Aprender a crecer es tomar las riendas de tu propia vida sin renunciar por ello, a alimentar a tu niño interior con pensamientos positivos.

Si contesta si a 3 o más de las siguientes preguntas, usted puede estar padeciendo Infantilismo conductual 

  1. Tengo bajos umbrales para el dolor. La incomodidad, sin importar de donde provenga, me resulta insoportable y se constituye en un detonante para convertir la situación en sufrimiento y pesadilla. Evito afrontar ignoro, a toda costa las situaciones de dolor.

SI______                        NO_____


  1. Busco exageradamente sensaciones. Asumo la actitud de un ‘devorador de emociones’. Nada me es suficiente y me comporto como un adicto a la novedad y a la estimulación.

SI______                        NO_____

 

  1. Tengo Baja tolerancia a la frustración. Si las cosas no son como idealmente me gustaría que fueran, desencadeno ira y hago berrinches, sofisticadas o disimuladas, pero pataletas al fin.

SI______                        NO_____

 

  1. Ante los problemas, la preocupación la dirijo más en aliviar el malestar que en resolver la cuestión en sí

SI______                        NO_____

 

  1. Hago poca introspección. Me es difícil observarme y evaluarme a mi mismo

SI______                        NO_____

 

  1. Mantengo y defiendo la creencia de que el mundo es estático y poco cambiante. Mi mente no estará preparada para la pérdida, de ningún tipo.

SI______                        NO_____


  1. Soy muy Impulsivo. Tengo poco autocontrol. Los estímulos tienen un gran poder sobre mi conducta. Hago poco reflexión sobre mi mismo. Normalmente primero actúo y luego pienso.

 

SI______                        NO_____

 

Miguel Ángel Pla

Psicoterapeuta – Coach personal y ejecutivo

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Los egos nos enseñan que el pasado predecirá el futuro. Debido a ello creemos que siempre estamos en peligro de perder todo lo que significa algo para nosotros. Pensamos que en todo momento podemos ser atacados, heridos traicionados, abandonados y lastimados.

Son siempre nuestros pensamientos sobre el mundo los que nos causan molestia.

Podemos tener paz interior sin importar lo que sucede en el exterior. A pesar del caos, podemos elegir estar en paz, sabiendo que estamos conectados y sostenidos por nuestra pacífica y amorosa fuente.

Nuestras experiencias pasadas nos hacen pensar con frecuencia que estamos solos y desamparados. El mundo se ve peligroso y nos sentimos frágiles y pequeños seres con poco o casi nada de control sobre nuestras vidas o las que los que amamos. ¿Es sorprendente que experimentemos miedo y confusión cuando contemplamos el futuro? Nuestros egos nos dicen que esa forma de ver es “honesta” e “innegable” y nos aconsejan ver por nosotros mismos e ignorar a los demás.

Hay otra forma de ver

Quiero que consideres la posibilidad de que el mundo que vemos está de cabeza y que lo que pensamos que es causa y efecto puede ser en realidad lo contrario. El sistema de creencias con el que estamos acostumbrados a vivir, enseña que la causa de nuestra molestia viene del exterior. Así, siempre. somos una víctima potencial de lo que no podemos controlar.

Por ejemplo, si queremos jugar tenis y llueve, el clima ha arruinado nuestros planes y es “razonable” que nos enojemos. Si estamos enfermos y perdimos nuestra paz interna, nuestro ego nos dirá que perdimos la paz debido a la enfermedad. Por lo tanto, estamos desamparados ante las fuerzas del mundo.

La culpa es el juego del ego

Cuando las cosas salen mal en nuestras vidas, ya sea en las relaciones, los negocios o la salud, nuestra tendencia “natural” es encontrar a alguien a quien culpar. Pero, ¿qué sucede cuando jugamos el destructivo juego del ego y encontramos a quien culpar? ¿Eso arregla algo en nuestras vidas? ¿Nos sentimos más amados, más conectados? ¿Nuestra mente está íntegra? Todos hemos cometido este error y todos hemos visto sus consecuencias. La proyección y la culpa destruyen nuestra paz, felicidad y nuestro sentido de integridad, y no arreglan los problemas.

Nuestros pensamientos crean nuestras experiencias

Tal vez el mayor regalo que nos ha dado el universo es la libertad de elegir los pensamientos de nuestras mentes. Esto significa que cada segundo de cada día podemos elegir la paz en lugar del conflicto, sin importar el caos que nos rodee. Para las mentes acostumbradas a una sola forma de ver y una reacción, puede parecer una tarea imposible. Pero la hermosa verdad es que la única elección que estamos haciendo es entre la felicidad y la miseria. Una vez que lo entendamos, nuestro deseo de elegir constantemente La Paz se vuelve instintivo. 

Activación conductual para combatir la depresión sin medicamentos

Por Marta Méndez

El objetivo de este tipo de terapia es romper el ciclo de la depresión incrementando la participación en actividades y, por tanto, aumentando las posibilidades de experimentar placer y éxito. Durante décadas, la activación conductual se empleaba como el componente conductual dentro de la terapia cognitivo-conductual, pero un famoso estudio demostró que la activación conductual era tan efectiva como la terapia cognitivo-conductual con sus componentes: el conductual y el cognitivo. Modificar nuestras conductas puede ser suficiente para mejorar los síntomas depresivos.

La activación conductual consiste en los siguientes pasos:

  1. Monitorización de la actividad y del estado de ánimo

La depresión dificulta que la persona note fluctuaciones en el estado de ánimo, todo se percibe “negro” en todo momento, pero el estado de ánimo fluctúa, al menos en cierto grado. El primer paso de la activación conductual es familiarizarse con estas fluctuaciones.

Para ello, se registrarán en un papel las actividades que se realizan, así como el nivel de depresión (del 1 al 10) todos los días durante 2 semanas hasta alcanzar el paso 2.

  1. Percibe la relación entre determinadas actividades y tu estado de ánimo

Al final de la semana cuando revisas las actividades que has realizado y tu estado de ánimo durante todos los días, plantea dos preguntas: ¿qué actividades están asociadas con un mejor estado de ánimo? Y, ¿cuáles lo están con un bajo estado de ánimo? Haz una lista de actividades con mejor estado de ánimo y otra con actividades de peor estado de ánimo.A lo largo de las semanas debes ir rellenado esas listas con las actividades correspondientes.

Cuando estás deprimido, es más probable que encuentres más actividades con bajo estado de ánimo que bueno. Esto es completamente normal al principio de la terapia, pero la idea es que con el tiempo eso se vaya equilibrando para finalmente cambiar.

  1. Organiza más actividades relacionadas con un buen estado de ánimo

Suena simple, pero es importante hacerlo. Es esencial organizar actividades que antes te resultaban placenteras, incluso aunque no sean satisfactorias al principio.

Ten en cuenta los días que puedes llevar a cabo esas actividades sin ningún tipo de problema para así evitar excusas u obstáculos. Planifica algunas actividades con familiares o amigos que constituyan una buena red de apoyo.

  1. Equilibra actividades que te produzcan placer y éxito

Deberías hacer actividades que te proporcionen solo placer (bailar, leer un libro…) y también otras actividades que aunque no resulten placenteras, te proporcionen un sentimiento de logro (limpiar la casa, ir al trabajo…).

Es importante mantener un equilibrio entre ambos tipos de actividades. Demasiadas actividades placenteras pueden ser dañinas, ya que podemos descuidar nuestras obligaciones y acabaremos muy agobiados. Por otra parte, muchas actividades basadas en el logro pueden hacernos sentir que estamos trabajando todo el día sin descanso. Encontrar actividades que nos proporcionen de forma simultánea logro y placer sería lo ideal.

  1. Hacer para sentirnos bien y no esperar a estar bien para hacer

Este paso es crítico. Si una actividad está en el horario y la realizamos, céntrate en la satisfacción que supone haberla hecho.

Un estado de ánimo depresivo nos desanima a hacer cambios en nuestras vidas. La activación conductual se basa en que si nos comportamos como si estuviéramos deprimidos, continuaremos sintiéndonos deprimidos. Nuestras conductas (lo que hacemos) deben de cambiar antes que nuestras emociones y motivaciones mejoren.

Si en un día, las actividades organizadas son demasiadas, haz algo más suave, pero continúa moviéndote. De esa forma, aunque vayas más lento continúas en esa dirección.

Para mantener la motivación, ten en cuenta los beneficios a largo plazo que supone romper el ciclo y salir de la depresión.

  1. Refuérzate a ti mismo

Cuando hayas cumplido los objetivos diarios, felicítate. Piensa en refuerzos naturales que te ayuden a mantener la motivación para continuar alcanzando objetivos. Estos refuerzos ayudarán a mejorar tu estado de ánimo, incluso en momentos difíciles. El camino es duro y aunque sea el camino de la recuperación habrá momentos buenos y malos.

Otras opciones para superar la depresión sin medicamentos

Algunas opciones para superar la depresión sin medicación son:

Terapia cognitivo-conductual

La TCC es una terapia cuyo objetivo es entrenar la forma de pensar de la persona para evitar entrar en espirales de pensamiento negativo que conducen a depresión, ansiedad y preocupaciones. Puede hacerse de forma individual o grupal. Hacer esta terapia en grupo puede ser beneficioso para la persona, ya que favorece la interacción social con otras personas que presentan las mismas preocupaciones, sintiendo compresión y apoyo.

Mindfulness

El mindfulness puede ser muy beneficioso para la salud mental. Consiste en centrar la atención en el momento presente. El pasado con el que la gente con depresión tiende a obsesionarse, no se contempla. Tampoco se piensa en el futuro con el que se obsesionan las personas ansiosas. El mindfulness incluye meditación y ejercicios de respiración que favorecen que la persona se centre en el “aquí y ahora”, focalizando su atención en sus sentidos para alcanzar una experiencia plena.

Realizar el mindfulness de forma adecuada requiere mucha práctica y compromiso.

Ejercicio físico

Es ya un tópico, pero realmente la práctica de ejercicio físico es un buen antidepresivo natural. Mejora el estado de ánimo, la confianza en uno mismo y la calidad del sueño.

Una buena opción que combina ejercicio y mindfulness es el yoga.

Buena comunicación y apoyo social

Personas con ansiedad, depresión o trastornos de la alimentación pueden sentirse solas. Establecer una buena comunicación con familiares y amigos puede ayudar a aliviar el estrés.

Miguel Ángel Pla

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Perdonar no significa que reprimamos nuestro enojo y que actuemos como si todo fuera aceptable cuando claramente estamos sintiendo que no lo es. Por supuesto, tampoco significa que actuemos con base en nuestro enojo. Y, sobre todo, no significa que asumamos una posición de superioridad y perdonemos pecados que creemos reales.

Perdonar no significa que debamos volver a casarnos con nuestra ex pareja, liberar a los prisioneros, regresar a nuestro antiguo trabajo o cualquier otra cosa semejante. El ego cree que si perdona a quien lo ha dañado debe traducir este perdón en algún tipo de comportamiento. Pero el verdadero perdón no requiere acciones corporales, aunque tal vez algunos gestos puedan acompañarlo. El perdón es una corrección interna que aligera nuestro corazón y nos libera para vivir en el presente. Nos sirve principalmente para tener paz mental. Ya estando en paz podemos extenderla a otros, y éste es el regalo más duradero y valioso que podemos dar.

La raíz del verbo perdonar es “dejar ir”. El perdón es abandonar una inútil secuela de pensamientos; es regresar al ego que conocemos como indeseable. El perdón es una sutil negación a defendernos contra el amor. Ve que todas las cosas son perdonables. Es una voluntad de percibir a todos, incluyéndonos, como seres que expresan amor o sienten la necesidad de tenerlo. Cualquier forma de ataque es un grito de ayuda y la respuesta es la bondad.

El perdón, como toda cualidad espiritual, paz, amor, igualdad, inocencia, valentía, tranquilidad, alegría, no es un tipo de comportamiento.

Practicar el perdón no implica que debamos decirle a la gente que la perdonamos.

El verdadero perdón se basa en la realidad. Pasa por alto la evidencia recopilada a partir del punto de vista de un solo cuerpo y toma en cuenta la verdad universal de nuestra realidad: que todos somos inocentes y completamente amados por Dios. No es que no hayamos cometido innumerables errores y que tal vez continuemos cometiéndolos por algún tiempo. Pero el verdadero perdón distingue entre las profundas urgencias del corazón y los más superficiales deseos del ego. Todos los errores vienen del ego y son parte del procesos de aprendizaje por el que todos debemos pasar. El perdón es una bondadosa visión que observa la madurez, la bondad de corazón y la integridad de carácter que con el tiempo serán parte de cada persona, y reconoce lo inapropiado que es condenar para este proceso de crecimiento.

Miguel Ángel Pla

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La depresión supone perder la alegría de vivir. Si la persona no puede experimentar placer en ningún ámbito vital, si todos los aspectos de su vida se resienten, si ha perdido el interés y la capacidad de goce de forma absoluta en cada actividad que emprende, podemos hablar de depresión.

La depresión implica una gran comorbilidad; es decir es la puerta de entrada a otras enfermedades, tanto de salud mental como físicas. Las personas con depresión tienen más riesgo de muerte; entre otros factores porque hay una probabilidad de suicidio del 8% en personas con depresión.

La depresión no es sentirse triste; no es estar con el ánimo decaído. Quedarse sin empleo, la pérdida de un ser querido, un fracaso amoroso o cualquier otra circunstancia vital adversa pueden provocar reacciones emocionales negativas, como tristeza, abatimiento o preocupación, pero no se trata de una depresión.

La depresión no depende de la debilidad personal, la fragilidad de carácter o la falta de voluntad. Es una enfermedad equiparable a otras patologías crónicas, como la diabetes, en la que no interviene la fortaleza personal.

La depresión no aparece por desencadenantes externos como la crisis, el desempleo o dificultades personales, ni es propia del estilo de vida actual, donde prima el estrés y la ansiedad. Hay veces en que estos acontecimientos pueden influir en que aparezca, pero en muchos otros casos no hay ningún desencadenante claro.

La depresión está relacionada directamente con disfunciones químicas. Hay una causa orgánica de origen. Así, los trastornos en la regulación de la 5-HT (serotonina ) y la NA (noradrenalina) en el cerebro se asocian muy estrechamente a la depresión. Se trata de neurotransmisores que están alterados y que provocan el estado depresivo. A pesar de ello, la depresión sigue estando estigmatizada, a diferencia de otras enfermedades graves.

La genética tiene cierto peso en la depresión, pero no es determinante. Así, es cierto que el riesgo de padecer una depresión aumenta si uno de los padres ha sufrido una depresión, y se incrementa mucho más si ambos padres, los abuelos o un hermano la ha tenido. No obstante, para que la depresión acabe presentándose no basta con este factor genético, sino que es necesario haber pasado por una serie de acontecimientos vitales estresantes que son los que marcarían la evolución de esos genes.

Miguel Ángel Pla

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De la misma manera que se reconoce el CI (cociente intelectual), se puede reconocer la Inteligencia Emocional. Se trata de conectar las emociones con uno mismo; saber qué es lo que siento, poder verme a mi y ver a los demás de forma positiva y objetiva. La Inteligencia Emocional es la capacidad de interactuar con el mundo de forma receptiva y adecuada.

Características básicas y propias de la persona emocionalmente inteligente:

  • Poseer suficiente grado de autoestima.
  • Ser personas positivas
  • Saber dar y recibir
  • Empatía (entender los sentimientos de los otros)
  • Reconocer los propios sentimientos
  • Ser capaz de expresar los sentimientos positivos como los negativos
  • Ser capaz también de controlar estos sentimientos
  • Motivación, ilusión, interés
  • Tener valores alternativos
  • Superación de las dificultades y de las frustraciones
  • Encontrar equilibrio entre exigencia y tolerancia.

Daniel Goleman explica que la Inteligencia Emocional es el conjunto de habilidades que sirven para expresar y controlar los sentimientos de la manera más adecuada en el terreno personal y social. Incluye, por tanto, un buen manejo de los sentimientos, motivación, perseverancia, empatía o agilidad mental. Justo las cualidades que configuran un carácter con una buena adaptación social.

El psicólogo W. Mischel hizo un experimento con niños de 4 años: les daba un caramelo y les decía que tenía que irse un momento, pero que debían esperar a que él volviera antes de comérselo, si lo hacían así él les daría otro caramelo como premio. El tiempo que permanecía fuera era tan sólo de 3 minutos. Habían niños que no esperaban y se comían el caramelo. Posteriormente hizo un seguimiento de los niños y observó que los que no se habían comido el caramelo, eran más resistentes a la presión, más autónomos, más responsables, más queridos por sus compañeros y mejor adaptados en el medio escolar que los otros.

Todas las personas nacemos con unas características especiales y diferentes, pero muchas veces la manera que tenemos de comportarnos o de enfrentarnos a los retos de la vida son aprendidos. Desde pequeños podemos ver como para un niño no está tan bien visto llorar y expresar sus emociones como en una niña, además a los varones se les exige ser más valientes, seguros de sí mismos. También podemos observar como, según las culturas, las mujeres son menos valoradas, tanto en el ámbito personal como en el laboral, lo cual es el origen de opresiones y malos tratos. Todo esto lo adquirimos sin darnos cuenta ya desde el momento en que venimos al mundo: nos comportamos como nos han “enseñado” a comportarnos. Quererse a uno mismo, ser más generoso con los demás, aceptar los fracasos, no todo depende de lo que hemos heredado, por lo que hemos de ser capaces de seguir aprendiendo y mejorando nuestras actitudes día a día, aprender a ser más inteligentes emocionalmente, en definitiva a ser más felices.

Miguel Ángel Pla

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Hasta que no entre en la frecuencia de conciencia de la presencia, todas las relaciones y particularmente las relaciones íntimas serán profundamente defectuosas y en últimas disfuncionales. Pueden parecer perfectas por un tiempo, como cuando está “enamorado”, pero invariablemente esta perfección aparente se interrumpe cuando las discusiones, los conflictos, la insatisfacción y la violencia emocional o incluso física ocurren cada vez con mayor frecuencia. Parece ser que la mayoría de las “relaciones amorosas” se convierten en relaciones de amor/odio muy pronto. El amor puede convertirse entonces en un ataque salvaje, en sentimientos de hostilidad o en el abandono completo del afecto en un abrir y cerrar de ojos. Esto se considera normal. La relación entonces oscila por un tiempo, unos meses o unos años, entre las polaridades del “amor” y el odio, y le proporciona tanto placer como dolor. No es poco común que las parejas se vuelvan adictas a esos ciclos. Su drama los hace sentir vivos. Cuando se pierde el equilibrio entre las polaridades positiva y negativa y los ciclos negativos, destructivos, ocurren con frecuencia e intensidad crecientes, lo que tiende a ocurrir tarde o temprano, no pasará mucho tiempo antes de que la relación finalmente fracase.

Puede parecer que si ustedes simplemente pudiera eliminar ciclos negativos o destructivos, todo iría bien y la relación florecería hermosamente, pero esto no es posible. Las polaridades son mutuamente interdependientes. Usted no puede tener una sin la otra. Lo positivo ya contiene en sí mismo, aunque todavía sin manifestar, lo negativo. Los dos son de hecho aspectos diferentes de la misma disfunción. Estoy hablando aquí de lo que se llama comúnmente relaciones románticas, no del verdadero amor, que no tiene contrario porque surge de un lugar más allá de la mente. El amor como un estado continuo es todavía bastante raro, tan raro como los seres humanos conscientes. Sin embargo son posibles breves y elusivos atisbos de amor, siempre que hay una ruptura en la corriente de la mente.

El lado negativo de la relación es, por supuesto, más fácilmente reconocible como disfuncional que el positivo. Y también es más fácil de reconocer la fuente de la negatividad de su pareja que en usted mismo. Puede manifestarse en muchas formas: posesividad, celos, control, retraimiento y resentimiento no manifestado, la necesidad de tener la razón, insensibilidad y enfrascamiento, reclamos emocionales y manipulación, la necesidad de discutir, criticar, juzgar, culpar o atacar, ira, revancha inconsciente por el dolor pasado infligido por un padre, rabia y violencia física. En el lado contrario, usted está “enamorado” de su pareja. Este es el principio de un estado profundamente satisfactorio. Usted se siente intensamente vivo. Su existencia se ha vuelto repentinamente significativa porque alguien lo necesita, lo desea y lo hace sentir especial, y usted siente lo mismo por él o ella. Cuando están juntos, se sienten completos. El sentimiento puede volverse tan intenso que el resto del mundo se desvanece en la insignificancia.

 

Sin embargo, puede que usted se haya dado cuenta también de que hay un cualidad de carencia y de apego en esa intensidad. Usted se vuelve adicto a la otra persona. Él o ella actúan sobre usted como una droga. Usted está en el punto alto cuando la droga está disponible, pero incluso la posibilidad o el pensamiento de que pueda no estar ahí para usted puede llevarlo a los celos la posesividad, los intentos de manipulación por medio de chantaje emocional, la inculpación y las acusaciones, el miedo a la pérdida. Si la otra persona lo deja, esto puede hacer surgir la más intenta hostilidad o la tristeza y la desesperación más profundas. En un instante, la ternura amorosa puede convertirse en un ataque salvaje o en una tristeza espantosa. ¿Dónde está el amor ahora? ¿Puede el amor cambiar en un instante a su contrario? ¿Era amor desde un comienzo o solamente un apego adictivo?

 


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