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¿Necesito tener siempre una preocupación? Es frecuente que me hagan esta pregunta en consulta. Muchas personas que se dan cuenta de que tienden a estar preocupadas, se cuestionan esta posibilidad. ¿Me gusta tener problemas? ¿disfruto estando mal?

Parece poco probable que alguien encuentre algún placer en el malestar, pero si lo que uno desea es sentirse mejor y hace todo lo posible por dar poca importancia a los problemas y aun así no consigue estar bien, es fácil pensar que en el fondo gusta estar mal. Es lógico pensar que tiene algún beneficio estar agobiado o preocupado, de hecho en ocasiones es así.

Existen beneficios claros derivados de preocuparse
Existen beneficios claros derivados de la preocupación: ayuda a adelantarse a hipotéticos peligros o a consecuencias de las cosas poco apetecibles, ayuda a valorar los pros y los contras de manera exhaustiva, e incluso favorece resolver los problemas a tiempo y conseguir que no se conviertan en un mal mayor.

El problema se desata cuando la persona se vuelve demasiado buena detectando y resolviendo. Cada vez aparecen más situaciones potencialmente dañinas siendo literalmente imposible resolverlas todas y alcanzar un estado de calma ideal. Las personas con esta tendencia tienen la “fantasía” de que su bienestar será duradero una vez acabe con las preocupaciones que le acechan. La realidad es que si no se aprende a convivir con cierto malestar y descontrol a la larga es muy complicado llegar a sentirse verdaderamente tranquilo. Así pues, ciertas características de personalidad potenciarán estados de malestar con tendencia a la cronificación si no se realizan cambios para evitarlo.

¿Necesito tener siempre una preocupación? Desde pequeños nos enseñan a ser constantes, a esforzarnos para resolver las adversidades. De hecho, éstas junto con algunas otras actitudes favorecen claramente el éxito profesional y personal. Pero casi todo cuando se plantea de manera extrema tiene sus efectos secundarios.

Las personas tendemos a buscar el orden en las cosas, buscamos patrones que nos hagan predecibles los acontecimientos, los retos. Dependiendo de la necesidad individual de control de cada uno, la búsqueda de ese control, del orden, y por tanto de previsibilidad, será más intensa. De esta manera, nuestra calidad de vida será la peor parada.

¿Estoy dispuesto a convivir con más incertidumbres buscando tener menor control sobre las consecuencias de cada acontecimiento de mi entorno?
¿Necesito tener siempre una preocupación? Si se ha identificado con estas preguntas del principio y ha dudado en algunos momentos de su vida si realmente siente un perverso placer por estar mal, o por necesitar tener siempre una preocupación que resolver, quizás sea el momento de cuestionarse algo bastante más útil: ¿Estoy dispuesto a convivir con más incertidumbres buscando tener menor control sobre las consecuencias de cada acontecimiento de mi entorno? ¿Estoy dispuesto a dejar que se caiga el avión en el que viajaré en mis próximas vacaciones?, o ¿Estoy dispuesto a dejar que me echen del trabajo si desean hacerlo para afrontar entonces las opciones que tendré?… Son muchas las situaciones que pueden llegar a resolverse de este modo si uno prioriza el bienestar a largo plazo en detrimento de los alivios momentáneos. Cuidado con hacer por resolver miedos incluso cuando no dependen de uno mismo, al final pasan su factura.

Existen una serie de creencias adquiridas en la sociedad desde que somos bien pequeños que favorecen que las relaciones de pareja que generamos en la vida adulta no sean sanas, y fomentan que se pueda iniciar y/o mantener relaciones tóxicas o de malos tratos.

Esas creencias de las que hablo se han denominado “mitos del amor romántico”. Voy a enumerar algunos de ellos, que muchas veces están relacionados y que son los que me encuentro frecuentemente en la consulta, y como afectan para construir relaciones más sanas.

El primero es: “la felicidad únicamente nos la dará la vida en pareja”,
basado en la idea de “la media naranja”.
Nos han hecho creer que si no estamos en pareja estamos incompletos, que nos faltaría algo para ser felices y que para estar bien necesitamos estar emparejados. Si no, se estaría en soledad. Cierto puede ser que tener pareja es un factor más que puede contribuir a nuestra felicidad. La idea no es negar que nos guste compartir, proporcionar y recibir afecto de una pareja. La idea es saber que, si se basa en este mito, caerá en un error y que le llevará a tener un malestar importante cada vez que no tenga pareja. Si nuestra condición de la felicidad únicamente pasa por estar emparejado corremos el riesgo de depender de otra persona, de generar relaciones adictivas e insanas. Es muy posible que se genere una obsesión tal, que lejos de hacernos feliz, nos lleve a buscar una pareja de una manera exagerada e insistente provocando o estando en relaciones nefastas para nuestra salud psíquica ya que acabará mermando nuestra autoestima y tendrá un efecto de círculo vicioso.

Si nuestra condición de la felicidad únicamente pasa por estar emparejado corremos el riesgo de depender de otra persona
Esto se asemeja a la idea de buscar agua en el desierto teniendo mucha sed, en cualquier parte usted verá ese agua desvirtuando la realidad aunque no exista en ese lugar. Eso es lo que le puede ocurrir, fruto de su desesperación, verá a cualquier persona potencial para ser su pareja, aunque no le satisfaga ni se sienta cómodo/a.

Puede ocurrir que generar una alta expectativa en la persona que le atraiga, le lleve a incurrir en errores y hacerse una idea preconcebida y deformada. Como ocurre en el ejemplo del desierto cuando se ve agua donde no la hay. En esa ilusión quizá quiera acelerar el proceso de conocer a alguien y atribuya características personales que no sean reales, basándose en lo que le proporcionaría estando en pareja. La felicidad no es una condición, es un estado y es imposible ser siempre feliz, tendremos momentos de todo tipo con o sin pareja.

La felicidad no es una condición, es un estado y es imposible ser siempre feliz
Obsesionarse en esta idea hace que se olvide de fomentar la ilusión en otras áreas de su vida, dando prioridad a la pareja en todo momento. De esta manera, si rompe la relación nos dará la sensación de pasar de una total alegría a una gran amargura y decepción, con la idea de quedarse rota toda su vida, corroborando este mito. Y lo que ha ocurrido es que ha depositado toda su energía únicamente en esta área de su vida, olvidándose de alimentar otras áreas que también contribuyen a estar bien.

Este mito generalmente ha tenido más fuerza en las mujeres cuyo personajes en el amor han solido estar representadas por personas tristes y amargadas hasta que llega la pareja, “que además suele representar de alguna forma una salvación”.

“El amor puede con todo”, “el amor hará que se resuelva este problema”. Aquí podemos incluir también “mi amor hará que cambie”.
No basta con querer, también hay otros factores que ayudan a resolver o no los problemas que surgen en la pareja. Es importante el contexto de cada uno, los diferentes objetivos y creencias acerca de uno/a mismo/a, los valores de ambos miembros de la pareja, las habilidades de resolución de problemas que se tengan y capacidad para comunicar. Es frecuente encontrarnos en consulta parejas que se quieren pero que no tiene la misma idea de la vida y sus objetivos son distintos, este hecho les frena en poder avanzar como pareja. Un ejemplo sería que un miembro quiere tener hijos y el otro no; que uno crea en “las relaciones abiertas” y el otro no, que uno quiera vivir por ejemplo en España y el otro en Francia etc. Podemos ceder en algunos aspectos y a través de la comunicación llegar a acuerdos. No siempre es posible llegar a consensos en temas que son fundamentales para uno o ambos miembros y sobre todo no podemos cambiar al otro/a. El amor no moldea al otro a mi medida, es como es, y puedo o no aceptarlo. Mi comportamiento puede influir en mi pareja pero nunca podrá cambiarlo.

Mi comportamiento puede influir en mi pareja pero nunca podrá cambiarlo.
Este mito nos lleva a hacer cosas de manera forzada para “salvar la pareja”, y lo único que hace es empeorar más la relación. Por ejemplo, si no nos sabemos comunicar, no hay una base buena de confianza y hay problemas, lo mejor para salvar nuestro amor es “vamos a tener un hijo” o “vamos a casarnos”. Tomar decisiones en pareja de esta manera generará a la larga más tensión y frustración, puesto que lejos de cumplirse las expectativas puestas en las decisiones, el problema de pareja se agravará más.

Esta idea del amor nos lleva a mantenernos en relaciones tóxicas por el mantenimiento de la perspectiva de que el amor triunfará por encima de todo, como le quiero algo se podrá hacer y nos olvidamos que una relación es de dos personas y que cada una tiene unos miedos, necesidades y motivaciones diferentes.

Otro mito muy generalizado e interiorizado es la idea de “sin ti no soy nada” o “no puedo vivir sin ti”.
Relacionado también con los dos mitos anteriores. Este mito nos lleva tener un miedo excesivo por perder a la persona amada, facilita que haya conductas controladoras y muestras de celos, o también perdonar y /o justificar todo en el nombre del amor. Genera una fuerte dependencia con la otra persona, buscando la aprobación continúa de la pareja por el temor a que nos dejen. Quizá no sea consciente de tener esta creencia, se puede apreciar de formas más sutiles en comportamientos como no decir lo que pensamos. Si su comportamiento frecuentemente son para complacer a su pareja incluso a costa de usted, haciendo favores continuos que nos suponen un gran esfuerzo sin que el otro lo pida, etc. le conducirá a una baja autoestima y declive de la relación. Perderá la conciencia de lo que quiere y de quien es, olvidándose de sus propios deseos, valores y dignidad.

Creer que el enamoramiento y el amor son lo mismo, o el mito de la pasión eterna.
El amor evoluciona a lo largo de una relación, esto tampoco significa que evolucione en indiferencia, si esto ocurre ya no es amor aunque antes si lo haya sido.

Las sensaciones del principio no son las mismas en una relación de amor. Digamos que el enamoramiento es una etapa dentro del amor, que es natural y normal tener. El fuerte deseo que tenemos de estar con esa persona hará que se fomente la unión y que nos fijemos más en las semejanzas que en las diferencias. Esto no es insano si se concibe como una etapa, pero si pretendemos que el amor sea así y nunca haya problemas nos llevaremos una decepción importante, que puede que nos conduzca al desamor.

Existen personas “adictas a esta etapa del enamoramiento”
Se habla de que existen personas “adictas a esta etapa del enamoramiento”, todas las sustancias que se liberan a nivel cerebral sería como la droga, con lo cual son personas que se cansan pronto de la relaciones porque no buscan conocer a la persona sino vivir en un estado emocional continuo que no es posible. El amarse en las diferencias es lo que hará a una relación más fuerte, saber lidiar con ellas y aceptarlas, afrontar los conflictos y aprender a comunicarse sin perder la identidad. El amor madura con el paso de los años, al igual que nos ocurren con otras relaciones como las amistades. La pasión disminuye y aumenta el por aprecio y cariño, los nervios del principio y el miedo al rechazo se cambian por mayor tranquilidad. En este proceso salen dificultades, diferencias, intereses divididos y se afirma la autonomía dentro de la pareja. En el fondo estas etapas forman parte de un proceso de maduración de la pareja que por hacer un símil, es semejante a la que tenemos desde la niñez, pasando por la adolescencia a la vida adulta. Al principio no se ven las dificultades ni las diferencias, se van viendo con el tiempo, en un proceso sano de maduración y se necesitan ir integrando en la relación sin renunciar a lo que somos como persona. Estar en otras etapas del amor no tiene por qué ser peor, simplemente es distinto. Frecuentemente hay personas que dicen “al principio es así (refiriéndose al enamoramiento) pero luego cuando te casas, cuando pasan años etc. todos los hombres son iguales, o todas las mujeres son iguales, ya no es lo mismo”. Se decepcionan con el amor y evitan tener relaciones para no sufrir, pero en el fondo de este comportamiento está este mito también. Piense que si todo fuera como al principio, también se acabaría aburriendo. Nuestra mente necesita nuevos retos, nuevos conocimientos… La idea es construir y al igual que nos realizamos como personas, ir realizando la pareja, y eso supone pasar por etapas difíciles para poder evolucionar.

No obstante, no se olvide que el deseo en una relación es como la idea de sacar al niño/niña cuando estamos en la etapa adulta, hay que alimentarlo. Buscar en ocasiones desinhibirnos y hacer algo diferente para la pareja es una inyección de vitalidad y de energía en la relación. No hace falta hacer grandes cosas, pero si aprender a disfrutar más los momentos y vivir ese presente.

Los celos demuestran amor. Cuánto daño hace este mito en las relaciones y sus integrantes.
Los celos representan el miedo a perder algo y hay una subcreencia debajo de este mito que tiene que ver con la idea de posesión, que nuestra pareja nos pertenece y que podemos hacer lo que deseamos y necesitamos con ella. Si es su caso, no olvide que lo que la otra persona quiere y necesita cuenta, mi pareja está conmigo porque quiere, es decir de forma libre. Los celos no son muestra de amor y si se manifiestan queriendo controlar a la otra persona estamos muy lejos de la idea de un amor sano. No sólo es querer hay que saber querer bien. Los celos patológicos representan miedo e inseguridades. En consulta o incluso con alguna amistad me encuentro que alguien me diga creo que “X” me pone los cuernos, y puede ser que sea real o no, no puedo asegurar nada y no puedo aliviar esta creencia. Frecuentemente hago esta pregunta ¿realmente lo que te importa es la posible tercera persona o cómo se está comportando su pareja últimamente? ¿o lo que siente usted con esa relación? Quizá sea más importante mirarse a sí mismo y ser consciente de como uno está en la relación que buscar una tercera persona como fuente del problema. Y en base a eso, comunicarse, observar que relación se tiene y tomar decisiones al respecto.

En definitiva, estas ideas propician que fomentemos amores desequilibrados y elijamos parejas tóxicas que restan en vez de sumarnos.

Todo empieza como un coqueteo, una ilusión, un sentirse absorbido, estar encantado, dudar, tener celos, desear físicamente, percibir las dificultades de entendimiento, decepcionarse, volverse a entusiasmar: Enamorarse, encontrarse con la persona con la que uno quiere compartir la vida.

Y una vez que hemos encontrado a esa persona tan especial, ¿podemos perderla?. Estamos tan felices, que nos parece imposible ya, vivir sin ella. Nuestra inseguridad puede hacernos pensar que no merecemos alguien tan especial a nuestro lado, o que algo tan bueno no puede ser verdad, que lo tenemos que perder de un momento a otro. Quizá experiencias pasadas, donde ese príncipe o princesa no fue tan ideal como parecía en un principio, o no nos quería tanto como decía, nos hacen pensar que esta vez tampoco funcionará.

Nuestra pareja sigue siendo tan encantadora como siempre, pero nosotros inmersos en mil pensamientos neuróticos somos incapaces de verlo. Nos olvidamos entonces, de disfrutar el presente que tenemos y de cuidar nuestra relación con pequeños detalles diarios.

Estamos seguros de nuestros sentimientos y de los suyos, pero empezamos a percibir amenazas en el entorno que ponen en peligro nuestra confianza. Otra persona más atractiva, más inteligente, más… es igual, la inseguridad la ponemos nosotros, y sabemos buscar aquello que nos hará dudar más, aquello que nos hará más daño. No queremos perder esa persona que tan felices nos hace, pero empezamos a comportarnos de manera diferente, precavidos, artificiales…. La comunicación sincera se dificulta, y somos nosotros quienes podemos llegar a producir un distanciamiento real de la persona con la que queremos vivir.

¿Qué cosas nos hacen sentir celosos? Aquello que más nos duele, inseguridades y complejos hay para todos los gustos. Y como todo es una cuestión subjetiva, al final sabremos dar la vuelta a lo que haga falta para justificar nuestra preocupación, llegando incluso a perseguir y espiar a nuestra pareja.

Hay algunos tipos de personalidad que suelen ser más celosos, como los, desconfiados, inseguros, narcisistas, necesitados de estimación o histéricos. Pero en cualquier caso, los celos, producen un gran deterioro en la relación y pueden acabar con ella.

¿Qué hacer?
Pedir apoyo psicológico profesional, Vigilar nuestra autoestima, nuestra independencia, cuidar nuestra relación sin suponer finales trágicos, permitiéndonos disfrutar el presente y mirando con ilusión el futuro.

Cuando hablamos de salud nos referimos a un concepto que engloba tanto nuestra área física como nuestros pensamientos y bienestar psicológico. Acudir a un terapeuta es una poderosa herramienta para salir adelante cuando observamos que necesitamos mejores fortalezas mentales.

¿Cómo saber si necesito ayuda psicológica? ¿A quién debo acudir cuando necesito ayuda? ¿Qué terapias psicológicas necesito? Por desgracia, la salud mental sigue siendo un tema poco hablado y la mayoría de la población tiene muchas preguntas sin resolver.

Un psicólogo o psicóloga es una persona que se ha formado específicamente en el ámbito de la salud mental y/o el bienestar psicológico. Su tarea es orientarte y ofrecerte herramientas de superación y crecimiento personal. Por otra parte, también están formados para derivarte a un médico psiquiatra si estás pasando por una situación crítica.

¿Cómo saber si necesitas ir al psicólogo? A continuación, te ofrecemos 5 criterios o señales de alarma por las que debes recibir ayuda psicológica.

1. No puedes llevar una vida normal
Según el manual DSM-V, uno de los criterios diagnósticos para definir un trastorno mental es la incapacidad para llevar una vida normal. Definiendo la normalidad como la capacidad de mantener cierta estabilidad emocional evitando conflictos con los demás y contigo mismo. Si tus días transcurren de una manera caótica y problemática, es importante que acudas a un psicólogo.

2. Tiene dificultades para resolver un conflicto
Un signo de buena salud mental es poder resolver un problema con herramientas asertivas y basadas en la inteligencia emocional. Si consideras que te cuesta mantener la calma y gestionar los problemas adecuadamente, ir a un psicólogo puede ser una buena opción.

3. Una persona o un acontecimiento te producen malestar
Es normal tener diferencias y malentendidos con otras personas, sin embargo, si tienes un conflicto que perdura en el tiempo y te genera malestar mental (ya sea con un familiar, amigo, pareja…) es una señal de que debes ir al psicólogo.

4. Tu salud física también está en peligro
En ocasiones los trastornos mentales pueden relacionarse con enfermedades médicas. Si presentas alucinaciones, problemas en comprender los estímulos externos o percibes que tu salud psicológica puede poner en peligro a tu integridad física (ataques de ansiedad, ideación suicida, autolesiones…) es indispensable que acudas a un profesional.

5. Necesitas apoyo externo y consejo profesional
No tienes por qué presentar ningún trastorno o malestar grave para ir al psicólogo. De hecho, es importante saber que puedes acudir a un terapeuta para orientarte mejor en tus pasos hacia el bienestar emocional. Un buen psicólogo o psicóloga puede ayudarte en tu camino de crecimiento personal desde la psicología positiva.

Cómo saber si necesito ayuda psicológica – Cómo saber si necesito ir al psicólogo: 5 señales de alarma

Maneras de buscar ayuda psicológica
Existen muchos tipos de terapeutas, cada uno especializado en un ámbito diferente, por lo consiguiente también puedes encontrar distintas maneras de buscar ayuda psicológica. En este articulo vamos a centrarnos en las dos vías principales:

La sanidad pública nos ofrece terapias y asistencia psicológica. Para poder acudir a un terapeuta en el ámbito público, tu médico de cabecera debe derivarte a él. En el caso de que se trate de una emergencia, será la unidad de urgencias psiquiátricas quienes se encarguen de la situación.
Si lo que deseas es acudir a un psicólogo privado, puedes encontrar un amplio directorio en nuestra sección de profesionales. Por otro lado, para elegir al psicólogo o psicóloga que mejor se adapte a tus necesidades es importante que analices correctamente cuál es tu situación. En este caso, puedes encontrar profesionales especializados en tratar con adolescentes, niños, psicólogos de pareja, psicólogos clínicos…
En definitiva, lo importante es que tengas claro que necesitas ayuda y que debes buscar apoyo en un terapeuta profesional.

Necesito ayuda psicológica pero no tengo dinero
Si es este tu caso, debes acudir a los servicios públicos que te hemos mencionado anteriormente. Para ello, encuentra tu centro sanitario más próximo y consulta a tu médico de cabecera para pedirle que te proporcione un especialista.

Cómo saber si necesito ayuda psicológica – Maneras de buscar ayuda psicológica

¿Ir al psicólogo sirve?
Una vez nos preguntamos ¿Cómo saber si necesito ayuda psicológica? es posible que nos aparezca la siguiente duda: ¿ir al psicólogo sirve?

Por desgracia, los tabúes sociales que rodean la disciplina psicológica han influenciado negativamente a las terapias. Ir al psicólogo sirve y es una gran ayuda siempre y cuando estés dispuesto a colaborar y estés motivado a mejorar.

Los psicólogos y psicólogas somos seres humanos, por lo que podemos errar en alguna ocasión, nuestro objetivo es ayudar y proporcionar las mejores herramientas. No obstante, es el paciente quien debe dar uso de dichas herramientas. Resulta muy sencillo afirmar que ir al psicólogo no sirve porque tu salud mental no ha mejorado. Sin embargo, es importante que te preguntes si te has esforzado y si has seguido sus consejos.

Es posible que la primera terapia que recibas no sea aquella que mejor se adapte a tus problemas. Es normal puesto que cada persona es un mundo y es posible que debas cambiar de psicólogo hasta encontrar aquél que mejor te pueda ayudar.

Como consejo final en este artículo sobre cómo saber si necesitas ayuda psicológica, queremos comentarte que el camino hacia el bienestar mental no es corto ni sencillo, pero con paciencia y esfuerzo valdrá la pena acudir a un psicólogo.

Desafortunadamente, en la actualidad y debido a distintos factores (entre ellos el hecho de encontrarnos en una época difícil en donde cada vez es más difícil encontrar un trabajo estable), ha aumentado el número de casos de personas con depresión y ansiedad. Por lo consiguiente, también ha aumentado el consumo de los llamados antidepresivos (fármacos utilizados para combatir la depresión) los cuales hacen la función de aumentar los niveles de serotonina en el cerebro. Cuando se aumentan estos niveles, aumenta también considerablemente el bienestar emocional de la persona ya que mejora su estado de ánimo.

Sin embargo, los efectos positivos no se notan hasta pasados unos días e incluso semanas después de una toma diaria y regulada. En este artículo de Psicología-Online, vamos a analizar con detalle cual es la razón del por qué los antidepresivos tardan en hacer efecto.

Cuando iniciamos un tratamiento farmacológico para combatir la depresión es necesario seguirlo al pie de la letra y contar en todo momento con el asesoramiento de un profesional ya que si no está bien administrado no va a hacer el efecto deseado y por el contrario puede revertir los resultados. Generalmente cuando se comienza con este tratamiento farmacológico, tardan varios días incluso semanas en hacer efecto y esto muchas veces es motivo de frustración y desesperación para algunas personas.

Los medicamentos que se utilizan para combatir la depresión son los (ISRS) que quiere decir los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina. Pero, ¿de qué manera actúan en nuestro cerebro?

Efectos de los antidepresivos en el sistema nervioso
Para explicar de manera sencilla y resumida como actúan los antidepresivos en nuestro cerebro, empezaremos por mencionar que una de las tantas funciones de las neuronas es captar serotonina de un espacio al que se le denomina sináptico.

Lo que ocurre con los fármacos para la depresión es que impiden que la neurona recoja otra vez la serotonina que se encuentra en el espacio sináptico con la finalidad de aumentar la cantidad de serotonina entre las propias neuronas. Por lo tanto provocan que de un momento a otro se eleve la cantidad de serotonina de manera exagerada. Aparte de que la serotonina se encarga de aumentar el estado de ánimo, también se encarga de regular el ciclo del sueño, el deseo sexual, el apetito, el vómito, entre otras cosas.

Por lo tanto, es normal que al inicio del tratamiento, cuando los niveles de serotonina en nuestros cerebro se alteran bruscamente puedan llegar a aparecer algunos efectos secundarios molestos como las alteraciones en el sueño, en el apetito, disminución del deseo sexual, vómitos, mareos, etc. Una vez que nuestros niveles de serotonina finalmente se regulan podemos llegar a experimentar los beneficios del consumo de estos fármacos. Esto explica porque pueden llegar a tardar en hacer efecto los antidepresivos en nuestro cerebro ya que a pesar de que nuestro cuerpo tiene mucha capacidad para adaptarse a los cambios, no lo hace de inmediato y necesita de cierto tiempo para lograrlo. Generalmente el tiempo que se requiere para que los antidepresivos hagan efecto en nuestro cuerpo es más o menos de 2 a 3 semanas.

Por qué los antidepresivos tardan en hacer efecto – Por qué tardan tanto tiempo en hacer efecto los antidepresivos

Efectos de los antidepresivos los primeros días
Antes que nada es necesario mencionar que no todas las personas reaccionan igual a los antidepresivos debido a que cada cuerpo es diferente y cuenta con distintos niveles de adaptación. Es por ello también que existen distintos tipos de antidepresivos, los cuales deben de ser únicamente diagnosticados por un profesional para que te recete el que más se adapte a tus necesidades. A pesar de ello, en ocasiones tienes que ir probando distintos tipos para saber cual es el que te provoca el efecto deseado y las menores molestias posibles al principio. Algunos de los efectos secundarios que pueden causarte los antidepresivos los primeros días de consumo son los siguientes:

Disminución del apetito sexual (anorexia sexual)
Estreñimiento
Mareos y en raras ocasiones pueden ir acompañados de vómito
Somnolencia
Resequedad bucal
Dolor de cabeza (leve)
Cierto grado de ansiedad e inquietud
Es necesario mencionar que todos estos síntomas pueden ser normales hasta cierto punto ya que si se presentan de manera exagerada y se mantienen por mucho tiempo hay que consultarlo con el médico ya que probablemente, como lo mencioné antes, se debe de probar con otro tipo de antidepresivo.

Por qué los antidepresivos tardan en hacer efecto – Efectos de los antidepresivos los primeros días

¿Qué hacer si los antidepresivos no funcionan?
Si después de haber probado con distintos tipos de antidepresivos descubres que ninguno te funciona o después de haber pasado por un largo tratamiento en donde te funcionaba cierto tipo de antidepresivo y ahora no lo hace, debes de saber lo siguiente:

Los antidepresivos no funcionan siempre. No te desesperes ni te sientas mal contigo mismo(a) si hasta ahora ningún tipo de antidepresivo te ha funcionado, debes de saber que esto puede ocurrirles a algunas personas. Aún se desconoce la causa exacta del porqué los antidepresivos no le funcionan a algunas personas o exactamente porque dejan de funcionar, sin embargo esto no es el fin ya que existen otro tipo de tratamientos como la psicoterapia que son sumamente eficaces para aliviarla.
Probablemente no tengas depresión. El diagnosticar de depresión a una persona puede ser realmente algo muy subjetivo sino se evalúa de manera exhaustiva. Así que otra posible razón por la que no te estén haciendo efecto los antidepresivos es que realmente lo que padeces no se trate de una depresión sino de otro tipo de trastorno por lo que requieras de otro fármaco distinto.
Taquifilaxia antidepresiva. La taquifilaxia antidepresiva se refiere a un padecimiento en el que el nuestro cuerpo se adapta a los antidepresivos que se están recibiendo y finalmente estos dejan de hacer efecto aunque anteriormente si se hayan obtenido los resultados deseados.
Terapia psicológica. Existe cada vez más evidencia de que la terapia psicológica, especialmente la cognitivo-conductual, es una tratamiento sumamente efectivo para la superar la depresión. Sin embargo, muchas personas prefieren enfocarse más en el tratamiento farmacológico ya que no les supone tanto esfuerzo. Es importante que sepas que vale la pena llevar a cabo un tratamiento psicológico aunque éste sea más tardado y lleve un proceso largo ya que el hacerlo finalmente te ayudará a eliminar tu problema de raíz.

Uno de los órganos más fascinantes de nuestro cuerpo es, sin lugar a dudas, el cerebro. Se trata, además, de un órgano que, a día de hoy, sigue siendo muy desconocido y que, a cada descubrimiento que realizamos, nos resulta más perfecto y sorprendente. Gracias al cerebro podemos realizar todas nuestras actividades diarias, comprender el mundo y relacionarnos en él. Pero, no solo nos permite disfrutar de la vida con los ojos abiertos sino que, también, cuando los cerramos continúa trabajando y recreando otras situaciones y escenas que bien podrían darse en la vida real.

En este artículo vamos a descubrir mejor el funcionamiento del cerebro indicándote por qué soñamos cuando dormimos. Una de las grandes incógnitas de nuestro cuerpo humano y que ha causado grandes debates entre filósofos como fue el conocido caso de Sigmund Freud.

Si quieres saber por qué soñamos cuando dormimos es importante que conozcamos qué ocurre en nuestra mente cuando dormimos. A diferencia de lo que pensamos normalmente, dormir no significa estar inactivos sino que es una actividad más de nuestro sistema nervioso. Durante las horas de sueño, nuestro cuerpo equilibra el organismo, las células se regeneran y nuestros músculos y huesos reposan. Es decir, la parte “material” del cuerpo requiere de este descanso pero el cerebro sigue trabajando, de forma diferente, eso sí.

Durante toda la noche podemos tener diferentes tipos de sueños pero, también, pueden haber momentos en los que no soñemos. El mero hecho de dormir no implica soñar sino que, dependiendo de la fase del sueño en la que nos encontremos, podemos recrear este tipo de pensamientos o no.

Además, no siempre somos capaces de recordar los sueños que hemos tenido durante la noche. Por lo general, tan solo recordamos aquellos que acabamos de tener (justo antes del despertar) o aquellos que nos han podido alterar (por ejemplo, las pesadillas, los sueños angustiosos, etcétera).

¿Qué pasa en nuestro cerebro cuando dormimos?
Durante las horas de sueño, nuestro cerebro se activa casi de forma completa. Es decir, está más activo durante las horas de descanso que durante el día y, por ello, necesitamos que el flujo de sangre sea el doble del que usamos cuando estamos despiertos.

Pero es cierto que hay una parte del cerebro que no funciona cuando dormimos: el centro de la lógica. Y es precisamente por eso por lo que los pensamientos que acuden a nuestra mente, nuestros sueños, suelen formar parte de un mundo más onírico y que no tiene por qué guardar relación con la realidad.

Además, tienes que saber que nuestro cerebro también envía mensajes a nuestro cuerpo para que, durante el sueño, no se active ni reciba esos mensajes como reales. Para ello, el cerebro envía una serie de señales a la médula espinal que tienen como objetivo paralizar nuestro cuerpo. Este es el motivo por el que podemos estar viviendo una gran cantidad de aventuras con los ojos cerrados pero, nuestro cuerpo, permanece completamente inmóvil. La única parte de nuestro cuerpo que se mueve durante el sueño son los ojos que se activan cuando entramos en la fase que se conoce con el nombre de REM.

Por qué soñamos cuando dormimos – El porqué de los sueños

La función de los sueños
Ahora que ya sabes que nuestro cerebro está mucho más activo de noche, vamos a continuar este artículo sobre por qué soñamos cuando dormimos hablando de la función que tiene el hecho de soñar. Durante este momento del día, nuestro cerebro hace una tarea muy importante para nuestra memoria: desechar y seleccionar recuerdos. Esta tarea de “almacenar” la información es de la que se ocupa nuestro órgano cuando nosotros estamos con los ojos cerrados.

Además, durante el momento del sueño, nuestro cerebro se encarga de intentar solventar los problemas o complicaciones que nos hayamos encontrado durante el día. Por ello, es importante dormir bien y descansar por las noches para que, así, al día siguiente toda la información pueda haber sido procesada, seleccionada y resuelta. En este otro artículo te contamos cómo afecta la falta de sueño a nuestro cerebro para que entiendas lo importante que es descansar bien.

Los sueños y nuestro subconsciente
Muchos estudiosos han estudiado la relación existente entre nuestros sueños y nuestro subconsciente. Uno de los padres de esta teoría fue Sigmund Freud quién, incluso, elaboró un diccionario con la interpretación de los sueños. Está claro que, en muchas ocasiones, los sueños o pesadillas que recrea nuestra mente son un reflejo de alguna preocupación o situación de nuestra vida cotidiana. Y, al no tener activada la parte “lógica”, la forma de representación de este problema se sale de los límites de la realidad y se nos presenta de una forma metafórica y surrealista.

Soñar que se te cae un diente o soñar que te persiguen son sueños muy comunes y a los que se les ha dado infinitas interpretaciones. Es cierto que analizar los sueños puede ayudar a psicoanalizarte pero tampoco debemos tomarnos esto al pie de la letra. Hay algunos sueños que no tienen por qué interpretarse de forma psicológica, simplemente son evocaciones mentales.

¿Siempre soñamos cuando dormimos? NO
Ahora que ya sabes por qué soñamos cuando dormimos, tenemos que resolver otra duda muy común. Y es que, a diferencia de lo que muchas personas creen, no siempre que dormimos estamos soñando. Existen diferentes fases del sueño que se dividen en:

Fase NREM (o NO REM): es la primera fase que transcurre durante los 30 o 60 minutos primeros. Durante este momento nos encontramos en la transición entre el sueño y la vigilia y, además de en este primer momento del sueño, también se repite a lo largo de la noche. Durante esta fase, nuestros músculos se relajan y el metabolismo se ralentiza.
Fase REM (“rapid eye movement”): la fase REM tiene una duración media de 30 a 90 minutos, después, volvemos a tener una fase NREM y continuamos con los ciclos del sueño. De forma cíclica se van repitiendo estas fases durante la noche, por tanto, podemos tener hasta 5 sueños distintos en la noche si dormimos 8 horas.
Como vemos, la diferenciación de ambas fases se ha establecido con el hecho de que nuestros ojos estén en movimiento o no. Tal y como hemos indicado más arriba, todo nuestro cuerpo permanece estático durante las horas de sueño. Todo excepto los ojos. Ellos son los indicadores de la actividad cerebral. Y es que durante la fase REM nuestro cerebro está mucho más activo y, por tanto, nuestros ojos reciben esta actividad con el movimiento. El cuerpo sigue relajado pero nuestra mente está más activa que nunca.

Por tanto, no siempre que dormimos soñamos porque si dormimos y no llegamos a entrar en la fase REM nuestro cuerpo no estará tan activo como para recrear sueños. Además, las personas que padecen insomnio y se van despertando durante la noche puede que estén constantemente en la fase NREM y, por tanto, no terminen de soñar.

Por qué soñamos cuando dormimos – ¿Siempre soñamos cuando dormimos? NO

¿Por qué soñamos cosas malas o tenemos pesadillas?
Durante el sueño podemos padecer lo que técnicamente se conoce como “sueño disfuncional” y coloquialmente conocemos como “pesadillas”. Se trata de una alteración que tiene lugar en nuestro subconsciente y que puede ser un reflejo de que hay algo en nuestra vida que nos esté perturbando. Pero no siempre tiene por qué ser así.

Como ya hemos dicho, sí que puede haber una relación directa entre los sueños y nuestras emociones o nuestra vida, es lo que defiende el psicoanálisis de Freud. Pero también puede ser que las pesadillas aparezcan sin que exista alguna correspondencia con nuestro estado anímico. De hecho, puede ser que un sueño agobiante o de miedo tan solo ocurra porque acabemos de ver una película que nos ha alterado y nuestro cerebro solo repite lo que acabamos de ver.

De hecho, además de las explicaciones del psicoanálisis sobre los sueños, también hay algunos factores externos o físicos que pueden producirnos pesadillas, por ejemplo:

Ver una película de miedo o angustia antes de dormir
Estar enfermo y padecer subidas de fiebre por la noche
Vivir en un estado de estrés y ansiedad
Estar con depresión

Los alimentos para combatir la depresión
Por Rosario Linares
ESCUCHAR POST SOBRE PREVENIR Y COMBATIR LA DEPRESIÓN

Durante muchos años se pensó que la depresión era un problema meramente psicológico. Ahora sabemos que no es así. De hecho, nuestra dieta cotidiana puede agravar los síntomas o, al contrario, atenuarlos. Aunque un control de la alimentación no es suficiente para combatir la depresión, una alimentación balanceada puede ayudar como coadyuvante en el tratamiento de la depresión. ¿Sabes cuales son los alimentos más indicados para combatir la depresión? Te lo explicamos.

depresion alimentacion

¿Por qué el consumo de azúcar influye en la depresión?
Nuestro cerebro depende del suministro de glucosa para funcionar, por lo que no es extraño que la cantidad de azúcar que consumimos guarde relación con las conductas agresivas, la ansiedad y la depresión. De hecho, se ha descubierto que las personas que sufren depresión son particularmente vulnerables a las oscilaciones del nivel de glucosa en sangre.

Cuando comemos alimentos que contienen demasiada azúcar o carbohidratos simples se produce casi inmediatamente un pico de glucosa. Para equilibrar esa cantidad excesiva de glucosa, nuestro cuerpo desata una respuesta hormonal dirigida a disminuir los niveles de glucosa en sangre. Como resultado, cuando baja el pico de glucosa podemos experimentar síntomas como la fatiga, irritabilidad, confusión mental, problemas de concentración y de memoria, tristeza y desaliento.

En segundo lugar, el consumo excesivo de azúcar genera una serie de reacciones químicas en nuestro cuerpo que promueven los procesos inflamatorios. A largo plazo, la inflamación crónica termina afectando el funcionamiento del cerebro e incluso puede generar enfermedades neurodegenerativas. Un estudio realizado en la Universidad de Toronto analizó los cerebros de 20 personas diagnosticadas con depresión mayor y 20 personas sanas. Los resultados no solo mostraron que la inflamación cerebral en las personas con depresión era un 30% mayor, sino que también se apreció que la inflamación era más grande cuanto más severo era el cuadro depresivo.

Estos estudios nos demuestran cuán importante es balancear el nivel de glucosa en sangre, sobre todo si ya padeces depresión. No obstante, solo podemos lograrlo si seguimos una dieta equilibrada, en la que algunos alimentos están prácticamente prohibidos.

¿Cuáles son los alimentos que pueden causar o empeorar la depresión?
Varios estudios han desvelado que los alimentos ricos en azúcar refinada y carbohidratos simples, como la bollería industrial, la pasta, el arroz blanco y las sodas, aumentan el riesgo de sufrir depresión. En este sentido, una investigación realizada en la Escuela de Medicina de Harvard le dio seguimiento a más de 43.000 mujeres durante un periodo de 12 años. Al cabo de ese tiempo los investigadores concluyeron que quienes mantenían una dieta rica en carne roja y alimentos confeccionados con granos refinados, tenían más probabilidades de ser diagnosticadas con una depresión mayor. De hecho, el riesgo podía aumentar hasta un 41% más.

depresion y comida

Sin embargo, para prevenir y superar la depresión no solo debemos evitar los alimentos con azúcar refinada y carbohidratos simples. En los últimos años también se está mirando con lupa el gluten, que se suele encontrar en el trigo, el centeno, la cebada y la avena. Se debe aclarar que los resultados aún no son concluyentes, pero un pequeño estudio realizado por investigadores de la Monash University, en 22 personas a lo largo de 3 días, desveló que el 90% de quienes habían mantenido una dieta rica en gluten reportaban un aumento de los síntomas depresivos. ¿Por qué?

Una hipótesis explicativa apunta al hecho de que el exceso de gluten hace que disminuyan los niveles de serotonina, lo cual puede conducir a la depresión. Otra hipótesis indica que el gluten puede afectar la microbiota intestinal, causando cambios en el estado de ánimo que pueden provocar la depresión.

También se conoce que algunos aditivos alimentarios actúan sobre nuestro estado de ánimo y podrían contribuir a la aparición de problemas como la depresión. Uno de los aditivos más controvertidos es el aspartamo, un edulcorante no calórico que se usa en muchas bebidas, sobre todo en las versiones ‘light’.

En este sentido, un estudio realizado recientemente en la Universidad de Dakota del Norte desveló que el consumo de aspartamo puede generar síntomas neurobiológicos. Estos investigadores hicieron que algunas personas mantuvieran durante 8 días una dieta rica en productos con aspartamo, mientras que otros consumieron alimentos similares pero sin este aditivo. Así pudieron apreciar que quienes habían consumido aspartamo reportaron la aparición de síntomas depresivos y dolor de cabeza.

Los alimentos que ayudan a combatir la depresión
Alimentos ricos en triptófano. El triptófano es un aminoácido que influye sobre el estado de ánimo ya que estimula la producción de serotonina, un neurotransmisor que genera una sensación placentera de tranquilidad, relajación y bienestar. Además, también disminuye la sensación de hambre, un aspecto muy importante, ya que las personas con tendencia a la depresión suelen experimentar una imperiosa necesidad de comer alimentos dulces. El pavo, el pollo, la leche, el queso y los huevos son algunos de los alimentos que contienen mayor cantidad de triptófano. Por otra parte, las frutas con más triptófano son: el plátano, la piña, el aguacate y la ciruela.
Alimentos ricos en ácido fólico. Numerosos estudios realizados desde la década de 1940, cuando se descubrió esta vitamina, indican una relación entre el ácido fólico y la depresión. De hecho, se ha apreciado que las personas deprimidas tienen una deficiencia de esta vitamina. Por eso, se recomienda incluir en la dieta alimentos como el hígado de pollo o de ternera, los cacahuetes, las verduras de hoja verde como las espinacas y la acelga, así como los cereales integrales.
Alimentos ricos en magnesio. La falta de magnesio provoca problemas de atención, dificultades de memoria y fatiga. De hecho, se trata de un mineral esencial para nuestro sistema nervioso y se ha demostrado que su deficiencia genera un estado de hipersensibilidad ante el estrés. Además, se conoce que en muchos casos los síntomas de la depresión pueden aliviarse con suplementos de magnesio. No obstante, también puedes encontrar este mineral en alimentos como el chocolate negro, los moluscos, los productos lácteos, los cereales integrales, las semillas de girasol, las almendras, la soja, el tofú, las bananas, la verdolaga y la acelga.
combatir depresion

Alimentos ricos en omega-3. No es un ácido graso milagroso, pero se estima que los suplementos de omega-3 pueden reducir los síntomas de la depresión al menos en un 10%. También se conoce que este ácido graso es muy beneficioso para el cerebro y contribuye a aliviar los procesos inflamatorios. De hecho, no podemos olvidar que el cerebro es uno de los órganos que más lípidos contiene, y se estima que un tercio de los ácidos grasos que componen la materia gris pertenecen a la familia del omega-3. El pescado azul, los mariscos, la yema del huevo, las almendras, las nueces y el aceite de linaza son alimentos ricos en omega-3 que deberías incluir en tu dieta.

¿Alguna vez has rechazado hacer algo solo porque no estabas seguro de los resultados que obtendrías?

¿Prefieres evitar situaciones en las que tienes que probar algo nuevo delante de la gente?

¿Has abandonado proyectos que pueden mejorar tu vida sin razón aparente?

superar el miedo al fracaso

No hay dudas de que el fracaso es una píldora amarga y difícil de tragar pero si lo negamos o intentamos esconderlo, no aprenderemos de la experiencia y viviremos permanentemente con miedo a volver a fracasar. Así, nos mantendremos anclados a lo conocido, dentro de una zona de confort que nos impide enfrentar nuevos retos y crecer como personas.

Por eso, aunque no podemos evitar sentir ese miedo, podemos aprender a manejarlo e impedir que nos arrebate buenas oportunidades.

Cinco pasos para lidiar con el miedo al fracaso
Siente el miedo. A la mayoría de las personas no les gusta sentir miedo, por lo que suelen esconder o negar esta emoción. Sin embargo, reprimir el miedo no hará que se disipe, al contrario, continuará agazapado en nuestro interior.
Descubre el origen. Detrás del miedo al fracaso se suelen esconder otros temores, como el miedo a que nos critiquen, a no estar a la altura de las circunstancias, a decepcionar a alguien o a perder el status quo que hemos alcanzado.
miedo a fracasarºA su vez, detrás de esos temores generalmente se oculta una historia más profunda. El miedo a equivocarse suele provenir de experiencias en las cuales hemos fallado, que se han anclado en nuestra mente y se reactivan cada vez que debemos enfrentar un reto. Por eso, el miedo al fracaso es más común en las personas que han recibido una educación sobreprotectora, que han tenido padres o maestros muy estrictos o que tienen rasgos perfeccionistas.

La buena noticia es que el simple hecho de descubrir esas experiencias negativas que nos han marcado o las creencias erróneas que sustentan el miedo al fracaso, ya nos permite lidiar mejor con esta sensación.

Si ademas, re-elaboras estas experiencias con técnicas como EMDR o la hipnosis con la ayuda de un psicólogo, “reprogramarás” tu cerebro para que esas vivencias no te sigan condicionando en el momento presente.

Visualiza el proceso. Curiosamente, un estudio realizado en la Universidad de Nueva York desveló que fantasear de manera positiva con los resultados que deseamos alcanzar se traduce en menos energía y un desempeño más pobre. Esto significa que el pensamiento positivo por sí solo no es suficiente.
Sin embargo, otro experimento realizado en la Universidad de California comprobó que cuando visualizamos el proceso que debemos seguir para alcanzar una meta, alcanzamos mejores resultados y nos estresamos menos en el camino.

Por eso, para vencer el miedo al fracaso, es conveniente que visualices los obstáculos que se pueden presentar y te veas venciéndolos. Ese simple ejercicio te dará la dosis de confianza que necesitas.

Reformula el fracaso. El fracaso es una palabra muy vaga. De hecho, podemos elegir ver el fracaso como “el fin del mundo”, como una prueba de que no servimos para nada, o podemos verlo como una experiencia que nos permite crecer y nos brinda aún más energía, porque significa que estamos un paso más cerca de nuestra meta.
En nuestra cultura el fracaso tiene una acepción negativa, pero no tiene por qué seguir siendo así. Si comienzas a pensar en el fracaso en términos de aprendizaje, cada vez tendrás menos miedo a afrontar nuevos retos porque sabrás que, aunque te equivoques, habrás aprendido.

Un excelente ejercicio consiste en bucear en el pasado: busca tus “fracasos” y míralos desde una nueva perspectiva. Pregúntate: ¿Qué aprendí? ¿Cómo crecí a raíz de esa experiencia? ¿Cuáles fueron las cosas positivas de esa situación?

Crea un plan B. En muchas ocasiones el fracaso nos asusta porque lo comprendemos como una situación permanente, una especie de estigma que llevaremos a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, parafraseando a William D. Brown, el fracaso es tan solo un evento, no una persona. El fracaso no te define como persona y mucho menos es permanente, siempre existe la posibilidad de volver a intentarlo o cambiar el rumbo.
De hecho, tener un plan B suele ser reconfortante y nos ayuda a vencer el miedo al fracaso. Así podremos sentirnos más seguros porque sabremos exactamente qué hacer en caso de que el plan original no dé los frutos esperados.

superación del miedo al fracaso

No obstante, recuerda que, al fin y al cabo, la vida consiste en ir tomando decisiones. En la mayoría de los casos esas decisiones no son malas ni buenas sino que simplemente te llevan por caminos diferentes, donde siempre te están aguardando nuevas oportunidades.

El chantaje emocional es una forma de control que implica un acto de violencia psicológica. El chantajista suele ser una persona cercana afectivamente, que intenta controlar nuestro comportamiento sin darnos la posibilidad de elegir. Para lograrlo puede recurrir a la intimidación y las amenazas, o a formas de manipulación más sutiles que terminan socavando nuestra autoestima.

chantajista emocional

De hecho, el chantaje emocional puede esconderse detrás de frases aparentemente inocuas como “si me quisieras, no lo harías” o “tú decides, pero atente a las consecuencias”. Estas frases tienen el objetivo de despertar la sensación de culpa o el miedo, para lograr que la persona ceda a la voluntad del manipulador.

¿Cómo detectar a un chantajista emocional?
Todos los chantajes no son iguales ni tienen el mismo objetivo. En algunos casos la manipulación es casi inofensiva pero en otros casos puede provocar daños profundos a nivel psicológico. De hecho, cuando la manipulación se extiende a lo largo del tiempo causa profundas heridas emocionales en la persona que la sufre. Por eso, es importante detectar a tiempo al chantajista.

Su exigencia es desmesurada. Los chantajistas siempre tienen una exigencia, que generalmente va en contra de nuestras necesidades y deseos. De hecho, no importa cuántas veces hayamos cedido a sus demandas, no se darán por satisfechos y ni siquiera recordarán lo que hemos sacrificado por ellos en el pasado, siempre querrán más.
Oponen una gran resistencia. El chantajista casi nunca da su brazo a torcer, se mantiene firme y da batalla si pensamos de manera diferente. Si no acatamos sus deseos mostrará su enojo o decepción de la peor manera, haciendo que nos sintamos mal. Puede llorar, discutir, reclamar o gritar, cualquier estrategia es buena para “convencer”. El manipulador simplemente no acepta las cosas si no le agradan.
Tergiversan las palabras. El manipulador es un especialista tergiversando las palabras porque no está dispuesto a asumir su responsabilidad. Si intentamos reclamar nuestros derechos, inmediatamente asumirá el rol de víctima o nos recordará todo lo que ha hecho por nosotros. Así, lo que era un simple reclamo de un derecho fundamental se convierte en una “evidencia” de lo mala persona que somos.
Amenazan continuamente. No siempre se trata de amenazas directas, en muchos casos son amenazas disfrazadas. Por ejemplo, un manipulador puede exagerar las consecuencias de una decisión equivocada, puede amenazar con el dolor y el sufrimiento que sentirá por esa decisión o incluso decir que es mejor romper la relación, aunque realmente no pretende hacerlo.
Subestiman los problemas de los demás. Al manipulador no le interesan los problemas de su víctima, podemos llevar sobre nuestros hombros un peso enorme pero el chantajista hará caso omiso e intentará desviar la atención hacia sus supuestos problemas. En este tipo de relación, la víctima está obligada a soportar los problemas de ambos, y si no lo hace es tachada de egoísta e insensible.
Conocen los puntos débiles y no dudan en tocarlos. El chantajista es un hábil lector emocional, conoce perfectamente los puntos débiles de su víctima y no duda en tocarlos cada vez que sea necesario. De hecho, esta persona no se caracteriza precisamente por su empatía, si sabe que su víctima tiene un gran sentido del deber o que se siente desprotegida, recurrirá a estas “debilidades” para manipularla.
Actúan con prepotencia y rigidez. La mayoría de los manipuladores quieren dominar la conversación, siempre quieren tener razón y se molestan cuando les aconsejan o les llevan la contraria porque consideran que se trata de un insulto a su inteligencia. Su objetivo es anular la opinión del otro, para que la suya prevalezca.
Cambian de humor con extrema facilidad. Los manipuladores cambian de humor con gran rapidez. Un momento pueden mostrarse felices y satisfechos pero al momento siguiente, si la víctima se resiste, pueden transformarse y comenzar a llorar, enfadarse o gritar.
Los tipos de manipulación emocional
Existen diferentes tipos de manipulación emocional, aunque lo más usual es que el chantajista adopte varias técnicas para lograr sus objetivos, en dependencia de la persona y del contexto.

En este caso, el manipulador ejerce una presión sobre la persona para limitar su libertad de decisión. En práctica, le hace saber que su comportamiento tendrá consecuencias negativas que sería mejor evitar, “por su propio bien”. En este tipo de manipulación se recurre al miedo, de hecho, en las relaciones de pareja suelen ser comunes frases como “si vuelves a hacer eso, te abandono”. Se trata de una postura radical que no admite discusión ya que si la persona no acata la orden, será castigada.
manipulador emocional

Uno de los tipos de manipulación emocional más comunes consiste en sembrar la semilla de la culpa. El chantajista logra que la persona crea que es “mala” si no le obedece. En este caso, la persona cede al chantaje para no convertirse en “el malo de la película”. Frases como “con todo lo que he hecho por ti y así me pagas” o “me has defraudado, creía que eras una buena persona” forman parte del guión de este tipo de chantaje en el que el manipulador se convierte en una “pobre víctima”.
Se trata de un tipo de manipulación emocional en el que el chantajista asume el control fingiendo que depende de la otra persona. En este caso, no solo despierta sentimientos de culpabilidad sino que también alude al sentido de la responsabilidad. Por ejemplo, una pareja o una madre puede recurrir a frases como “si me abandonas, no podré soportarlo”. De esta forma se colocan una máscara de debilidad e impotencia, con el objetivo de manejar la relación y lograr que la persona ceda a sus deseos.
Una de las técnicas de manipulación emocional más utilizadas consiste en confundir y criticar a la víctima. El chantajista conoce sus puntos débiles y sabe hacer palanca en ellos, para lograr que esa persona le vea como su “salvador”. En este caso, el manipulador se adueña de la razón y se convierte en una especie de mentor ya que su objetivo es crear una dependencia, de manera que la persona siempre le pida consejo. Generalmente usan frases dirigidas a minar su autoestima y autoconfianza, como: “no sirves para nada”, “no tienes idea de cómo solucionar el problema” o “te ayudaré porque no sabes hacerlo”.
En un primer momento puede parecer una negociación pero en realidad se trata de un chantaje en toda regla. En este caso, el manipulador promete premiar a la persona si esta accede a sus deseos. Se trata de un chantaje muy común entre padres e hijos, como cuando estos le ofrecen al niño un premio a cambio de que apruebe los exámenes. También se aprecia en las parejas, en cuyo caso uno de los miembros intenta someter la voluntad del otro a través de regalos o incluso concediendo su atención o recordándole constantemente todo lo que le ha dado.
El chantaje emocional en la pareja
En una relación de pareja, los sentimientos que se generan no siempre son positivos. A veces las personas olvidan que están juntas por amor, para apoyarse mutuamente, y emprenden una lucha de poder para ganar el control sobre la relación.

Así surgen los celos, las humillaciones y el chantaje emocional. En este caso, una de las personas domina a la otra, la cual va perdiendo paulatinamente su independencia y autoestima. Desgraciadamente, no siempre es fácil detectar la manipulación emocional en una pareja ya que a veces ninguno de los dos es plenamente consciente de esa forma de relacionarse.

Sin embargo, debe quedar claro que la manipulación emocional no es amor y, cuando se mantiene a lo largo del tiempo, puede llegar a anular casi por completo a una persona. El chantaje emocional es una forma de maltrato psicológico de la que es necesario desprenderse cuanto antes.

¿Cómo protegernos del chantaje emocional?
Ante todo, debemos tener en cuenta que al chantajista emocional normalmente lo guía el miedo a perder al otro o a ser rechazado. En la base, la manipulación emocional suele esconder un temor al abandono, que puede provenir de la infancia. En otros casos puede ser una expresión de inseguridad personal, falta de autoconfianza y baja autoestima.

Sin embargo, independientemente de sus causas, la manipulación emocional puede ser muy dañina, llegando a provocar un desequilibrio emocional en la persona que la padece, hasta el punto que puede afectar profundamente su autoconfianza y autoestima. Por eso, es mejor ponerle coto cuanto antes.

persona chantajista emocional

El primer paso consiste en reconocer que estamos siendo manipulados. Luego, es necesario establecer límites para que esa situación no se repita.

Evita culparte. La culpa es una de las armas principales del manipulador, que usa para explotar tus debilidades. De hecho, es comprensible que puedas sentirte culpable si no satisfaces los deseos de esa persona. En ese caso, pregúntate si no están vulnerando tus derechos: ¿Estás siendo tratado/a con respeto? ¿Sus demandas son razonables? ¿Eres tú el único/a que da y se compromete con la relación?
Centra la atención en el manipulador. Cuando intenten chantajearte, escucha la solicitud pero desplaza el foco de atención. Si se trata de una persona que te quiere y que es medianamente razonable, estas preguntas le harán reflexionar y retirar su demanda: ¿Te parece razonable lo que me pides? ¿Lo que me estás pidiendo es justo?
Usa el tiempo a tu favor. Cuando se trata de peticiones no razonables, el chantajista demandará un compromiso inmediato porque sabe que si reflexionas sobre ello, con la mente fría, probablemente no cederás a su petición. Por eso, una buena estrategia consiste en decirle que lo pensarás. Tómate el tiempo que necesites para evaluar los pros y los contras.
Aprende a decir “no”. Uno de tus derechos fundamentales es a establecer tus propias prioridades sin sentirte culpable. Por eso, cuando no estés dispuesto/a a hacer algo, di no con amabilidad y firmeza. No des demasiadas excusas que el chantajista puede usar en tu contra y demuestran indecisión.
Resalta las consecuencias. Una de las habilidades más importantes para lidiar con un manipulador es la de esclarecer las consecuencias y la responsabilidad. Ante una demanda injusta y excesiva, hazle notar las consecuencias que ello tendría para ti. Explícale cómo te hace sentir y por qué no vas a ceder a su petición. A la vez, hazle ver que no eres responsable por sus actos ni te sientes culpable por lo que pueda decidir o hacer.

“el que dice una mentira no se da cuenta del trabajo que emprende, pues tiene que inventar otras mil para sostener la primera”.

Sin embargo, hay personas que caen en la tela de araña de la mitomanía y hacen de la mentira su forma de vida, se convierten en mentirosos compulsivos.
¿En qué se diferencian las mentiras esporádicas de la mitomanía?
La mentira no nos resulta ajena, recurrimos a ella desde la infancia e incluso siendo adultos. Un estudio realizado en la Universidad de Massachusetts reveló que el 60% de las personas mienten al menos una vez durante una conversación de diez minutos, caen en lo que se conoce como “mentiras esporádicas”.
Sin embargo, detrás de la costumbre de mentir compulsivamente no siempre se esconde el deseo de obtener algo o evitar un castigo, el mitómano suele mentir sin tener un motivo válido, por compulsión. Esa tendencia a mentir compulsivamente puede colocarle en situaciones ridículas o llevarle a inventar historias insostenibles. De hecho, aunque el mitómano sepa que lo han descubierto, puede seguir mintiendo y complicar aún más su narración.
Para el mitómano, mentir se convierte en un hábito, es su forma de relacionarse. Esta persona no solo siente la necesidad de mentir en las situaciones que están en su contra para evitar las consecuencias sino también en los pequeños detalles, aunque no gane nada con ello. Quien padece mitomanía puede sentirse raro diciendo la verdad pero se siente cómodo mintiendo.
El problema es que cuando faltar a la verdad se convierte en un hábito y se cae en la mentira patológica, el mitómano tendrá que enfrentarse a diferentes dificultades debido a que pierde la confianza de los demás. Un mentiroso patológico puede llegar a perder su trabajo, tener problemas familiares, romper con su pareja y sufrir aislamiento social.

Las raices de la mentira patológica se remontan a la infancia
La personalidad del mentiroso compulsivo se manifiesta en la juventud o la adultez, pero la tendencia a mentir comienza a apreciarse desde la infancia. Antes de los tres años no se puede hablar de mentiras en el sentido más estricto del término, ya que los niños no son capaces de distinguir claramente la realidad de la fantasía, pero más adelante, su pródiga imaginación les insta a falsear la realidad.
La tendencia a mentir compulsivamente puede afianzarse como resultado de los castigos recibidos en la infancia. Por eso, una manera para evitar que las mentiras evolutivas den paso a la mitomanía consiste en no castigar a los niños cuando dicen pequeñas mentiras que nacen de su imaginación y/o forman parte de su estadio evolutivo. En vez de reforzar un comportamiento negativo, es mejor explicarle las diferencias entre realidad y fantasía y promover valores como la honestidad y la responsabilidad.
En otros casos, la mentira patológica es el resultado de la tendencia a eludir las responsabilidades. Si los padres permiten que el niño falte a la verdad para evitar las consecuencias de sus acciones y le eche siempre la culpa a un amigo imaginario o al hermano más pequeño, por ejemplo, las mentiras pueden terminar convirtiéndose en un hábito.

¿Qué sucede en el cerebro mitómano?
Las mentiras pueden brindar cierto grado de placer al mitómano. Saber que cada mentira implica un nivel de riesgo genera una descarga de adrenalina que actúa a nivel cerebral como recompensa y fortalece la respuesta mitómana, cerrando así un círculo vicioso.
Otra teoría apunta a que los mitómanos podrían tener una amígdala menos reactiva ante los comportamientos deshonestos. Investigadores del University College de Londres descubrieron que cuando mentimos por primera vez para ganar algo, se produce una gran activación de la amígdala, la cual se encarga de producir sentimientos negativos que nos hacen sentir mal y limitan el alcance de la mentira. Sin embargo, a medida que seguimos mintiendo, esa activación va decreciendo.
Recientemente neurocientíficos de la Universidad de California del Sur también hallaron que el cerebro de los mentirosos compulsivos es ligeramente diferente de quienes suelen decir la verdad: tiene hasta un 26% más de sustancia blanca en la corteza prefrontal.
La sustancia blanca interviene en la transmisión de información, por lo que estos investigadores consideran que un mayor volumen implicaría una mayor capacidad cognitiva para procesar las mentiras y manipular. De hecho, en algunos casos las historias que cuentan los mitómanos están muy bien hilvanadas y resultan creíbles ya que contienen un gran nivel de detalles, lo que denota que la persona ha estado procesando cuidadosamente esa información.

¿Por qué mentimos?
La mentira suele ser una estrategia para eludir la realidad y, por consiguiente, la responsabilidad de afrontar las consecuencias de determinados actos o situaciones.
Diferentes trastornos psicológicos están vinculados con la mentira, ya que se trata de una forma de evitación, sobre todo en el caso de las adicciones, cuando la persona no desea reconocer su problema o pierde el control y recurre a la mentira para mantener su patrón adictivo. De hecho, se estima que el 92% de los pacientes mienten sobre el consumo de sustancias, el 25% sobre su consumo de alcohol y el 58% sobre su adicción al juego.
con la vida que llevan y acaban inventándose una diferente que les hace sentir mejor. Lo usual es que el mitómano construya un nuevo recuerdo para cubrir una realidad desagradable, que reemplaza con una historia mejor.
La verdad también se suele falsear para obtener alguna ventaja, aunque no siempre se trata de un beneficio material, sino más bien a nivel emocional. Con sus mentiras el mitómano consigue la aprobación, el respeto y/o el afecto que necesita. Por eso, en muchos casos las mentiras patológicas esconden un deseo de llamar la atención, que se logra creando un personaje falso que la persona va enriqueciendo con mentiras.

El tratamiento de la mitomanía
En la base de la mentira patológica se esconde una baja autoestima, la persona cree que si se muestra tal cual es, no será aceptada. Los mitómanos suelen tener una personalidad insegura, por lo que a menudo sus mentiras no son más que una imitación o un plagio de las ideas, pensamientos o experiencias de los demás, generalmente de personas que admiran. Los mentirosos patológicos también suelen carecer de habilidades sociales, por lo que intentan suplirlas recurriendo a las mentiras, para parecer más interesantes y competentes ante quienes les rodean.

Por eso, el tratamiento de la mitomanía pasa por fortalecer la autoestima, mejorar las habilidades sociales y de resolución de conflictos y lograr que la persona se sienta satisfecha con su realidad y consigo misma, para que no experimente continuamente la necesidad de utilizar la mentira patológica para disfrazar su mundo.


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MIGUEL PLA PSICOTERAPUETA © DERECHOS RESERVADOS 2014