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Llega la navidad y las ciudades se iluminan con luces navideñas, música o villancicos que se escuchan en cada rincón y se respira un ambiente de felicidad. Además, miles de personas llenan las calles cargados con bolsas de comida y regalos para las fechas.

Todo esto se da ya que se suele relacionar la Navidad con la alegría, las compras, salir a la calle, comidas de navidad entre amigos, pasar tiempo en familia… Pero mucha gente (más de la que pensamos) se siente obligada a sentir esta felicidad, provocando malestar, presión, obligación o incremento del estrés y depresión en Navidad.

En muchas situaciones, hay gente que empieza a sufrir el estrés en Navidad, el llamado estrés navideño. Este es provocado por el agobio y la presión de realizar y organizar comidas familiares o con amigos, la compra de regalos, las colas interminables en tiendas y supermercados, el aumento de precios,…

RECHAZO A LA FIESTA DE NAVIDAD
fobia social

Muchas son las personas que no disfrutan de estas fiestas, a otras les parece indiferente o incluso se dan personas que odian fechas como la navidad. Esto puede darse por diversos motivos: mal recuerdo, la falta de un familiar, pasar por una mala racha como una ruptura, enfermedad propia o de un familiar, estar en situación de paro…

Es por ello que las personas que sufren estrés, en Navidad pueden verse perjudicados y aumentar el estrés pudiendo llegar a ansiedad. Al igual pasa con las depresiones o fobias de varios tipos.

Muchas veces hablamos de Fobias a la Navidad, pero realmente no existe como tal. Podemos referirnos a diferentes fobias como las sociales u otro tipos de fobias, que se ven incrementadas en épocas como puede ser la navidad.

Podemos encontrarnos en situación de estrés o depresión por diversos motivos como puede ser por la situación laboral, familiar, económica… y con la llegada de fechas concretas como la Navidad, los niveles del estrés o la depresión pueden aumentar debido a los factores externos.

CAMBIA EL PLANTEAMIENTO DE LA NAVIDAD
Nadie te debe obligar a celebrar nada, ni presionarte a hacer nada. Puedes vivir las fiestas al ritmo que tu quieras y adaptandote a lo que desees. En definitiva, no te adaptes a la fiesta ni a la manera de vivirla, adapta la fiesta a tus sentimientos.

Es importante, que dependiendo del motivo por el que no se deseé celebrar o formar parte de la Navidad, os aconsejamos diferentes maneras de afrontarla y como combatir o superar el estrés:

Si sientes la falta de alguien, de un familiar, amigo querido, aprovecha estas fechas para recordarlo de la mejor manera y hazlo a modo homenaje.
No te gustan las reuniones familiares acude a las que puedas o a las que creas que debes ir y aprovecha el tiempo restante para hacer lo que te apetezca como salir con los amigos…
Si estás pasando por una mala época, aprovecha para sincerarte y apoyarte en alguna persona o familiar cercano. Quizás pueda ayudarte más de lo que piensas.

NAVIDAD CON ESTRÉS O DEPRESIÓN
A lo largo de este post hemos hablado del incremento del nivel de estrés y depresión en Navidad de muchas de las personas que lo sufren. Hay personas que directamente las fiestas de la navidad les da añoranza, pena, no les gusta… lo que puede provocar este incremento que hemos comentado.

Estrés en Navidad niños

Otra situación es la de los más jóvenes o niños. Hay casos en los que falta un familiar cercano o los padres están separados. Estas situaciones suelen afectar a los más pequeños cada día. El estrés por estas situaciones puede verse incrementado en la fecha de navidad, llegando a provocar ansiedad o ver síntomas de ansiedad. Para ello hay que hablar con ellos y hacerles sentir lo mejor posible para que no se vea incrementado su estrés, malestar o cualquier otro trastorno.

Todo esto son casos reales, hay gente que se ve obligada a ser feliz a pesar de no querer, otros simplemente no les gusta esta festividad, otros están pasando por un mal momento, también puede ser por motivo de soledad o falta de alguna persona querida… Todo esto y mucho más hace que no todo el mundo viva igual la Navidad.

Para terminar, destacar que no existe como tal una Fobia a la Navidad dentro de la psicología. Sería más adecuado hablar de depresión o estrés incrementado por la Navidad o un rechazo a los encuentros sociales u otro tipo de fobia incrementada por las fechas.

Consigue la ayuda que necesitas para afrontar el estrés y depresión en Navidad .

La sociedad en la que vivimos nos muestra una concepción del amor que no es real y favorecen una serie de creencias que no ayudan a que una relación sea saludable. Hablo de ciertas canciones, de películas infantiles conocidas, novelas románticas…

Ha llegado el momento de que te olvides un poco del amor ideal y empieces a construir una relación de pareja más sincera, ¡menos idílica y más sana! Sigue leyendo el artículo y conocerás los pilares fundamentales para tener una buena relación de pareja como también algunos hábitos y consejos que pueden ayudarte a saber cómo ser mejor pareja.

1. Respeto
No pretendas ni quieras cambiar a tu pareja. ¡Eso es la clave de una relación! Acepta a tu pareja tal como es con todas sus particularidades. La aceptación incondicional te ayudará a tener una relación más sana.

Es natural que en una pareja surjan conflictos, no se trata de no enfadarse, o de no decir lo que nos molesta. Se trata de hablar siempre con respeto hacia la otra persona. Es importante saber gestionar nuestras emociones para que la rabia no nos domine. ¿Cómo? Puede funcionarte tomarte un tiempo antes de responder o posponer la discusión a otro momento para no decir cosas que luego puedas arrepentirte.

2. Afecto y ternura
A todos nos gusta que sean amables y cariñosos con nosotros. Tenemos que favorecer la cercanía emocional con nuestra pareja. Un mensaje bonito, algún piropo sincero de vez en cuando, muestras de ternura, un detalle… nunca dejes de sorprender a tu pareja.

3. Confianza y seguridad
Cultiva la confianza mutua, gestiona los conflictos para mantener viva y sana la relación. Si algo te incomoda, exprésalo y háblalo con tu pareja. Y sobre todo: ante la duda, pregunta y no invadas su área privada (mirar el whatsapp, correo electrónico, espiar conversaciones…) No alimentes la desconfianza y los celos.

4. Buena comunicación
Es importante manifestar de forma asertiva lo que nos gusta y lo que no, expresar nuestra opiniones, poder hablar de nuestras inquietudes y sentimientos… una comunicación adecuada puede hacer que la discusiones se conviertan en algo constructivo y así fomentar la unión en la pareja. No des por sentado que tu pareja sabe lo que sientes y piensas. ¡Exprésalo! Si lo vas acumulando dentro de tí, a largo plazo puede explotar todo de una forma más intensa.

5. Intimidad en la pareja
Disfruta de los espacios íntimos. ¡Haz de tu relación una dinámica divertida! Es necesario que compartáis momentos íntimos; caricias, besos, abrazos, en definitiva, relaciones eróticas dentro de la pareja.

Empatía y cooperación para ser feliz en pareja
Esfuérzate por ponerte en su lugar y entender su punto de vista aunque no lo compartas. Sois un equipo, estáis del mismo lado. Crea el hábito de tomar decisiones en pareja para fortalecer vuestra unión.

Cómo ser feliz en la pareja
Es importante establecer objetivos comunes, resolver juntos los problemas y llegar a acuerdos respetando la opinión de cada uno. Esto no quiere decir que pierdas tu individualidad como persona ¡Tú tienes tu esencia! Cuando detectes que tenéis puntos de vista diferentes, en vez de seguir discutiendo por llevar razón, plantea soluciones en las que se incluyan ambas opiniones. Si te pones en el lugar de tu pareja, será más fácil resolver vuestras diferencias.

Finalmente, para aprender a ser mejor pareja y ser feliz en tu relación, puedes seguir estos pasos:

Cultiva aficiones comunes. Es necesario encontrar algo que hacer juntos y pasarlo bien, compartir buenas experiencias.
Gestiona las tareas del hogar de manera equitativa y justa para no caer en discusiones evitables.
Procura ir a la cama al mismo tiempo que tu pareja. Puede ser un buen momento de una charla íntima o para iniciar una relación sexual.
¡No te quejes, haz sugerencias! Cuando nos quejamos solemos exagerar y centramos la atención en aquello que no funciona y no en lo que sí funciona. Transmite detalladamente lo que necesitas y no una idea general. Evita el “siempre” y el “nunca”. Y intenta decir lo que quieres no lo que no quieres, desarrollando así, la comunicación asertiva en la pareja (ejemplo: “Me gustaría que me llamaras Isabel” en vez de “Deja de llamarme Isa”). Quejarse es la mejor manera de arruinar una relación.
Respeta los espacios propios de tu pareja. Es importante tener tiempo de calidad fuera de la relación de pareja. Estos momentos agradables nos llenan de energía y nos hacen sentir más completos. A parte de tener intereses comunes, también hay que tener intereses propios.
Respeta a las personas que son importantes para tu pareja.
No te encierres en la relación de pareja. Vela por las amistades y compartir experiencias todos juntos.
No arrastres tu pasado. Aprende y acepta el pasado, no te obsesiones con él. Cada persona y cada relación es distinta.
Ten presente que para ser feliz con tu pareja primero tienes que ser feliz contigo mismo. La felicidad es un estado interior, que al final solo depende de uno mismo y de la que nos hemos de responsabilizar cada uno de nosotros.
En el buen amor uno más uno suman más que dos. Se nutren mutuamente, se enriquecen y se multiplican. Saben expresarse el reconocimiento mútuo”

Si sentís que no podéis solucionar solos vuestros problemas, no dudéis en acudir a un profesional. Os guiará y os dará herramientas y dinámicas de terapia de pareja para crear una relación más sana y sanar una relación tóxica si se da el caso.

¿Necesito tener siempre una preocupación? Es frecuente que me hagan esta pregunta en consulta. Muchas personas que se dan cuenta de que tienden a estar preocupadas, se cuestionan esta posibilidad. ¿Me gusta tener problemas? ¿disfruto estando mal?

Parece poco probable que alguien encuentre algún placer en el malestar, pero si lo que uno desea es sentirse mejor y hace todo lo posible por dar poca importancia a los problemas y aun así no consigue estar bien, es fácil pensar que en el fondo gusta estar mal. Es lógico pensar que tiene algún beneficio estar agobiado o preocupado, de hecho en ocasiones es así.

Existen beneficios claros derivados de preocuparse
Existen beneficios claros derivados de la preocupación: ayuda a adelantarse a hipotéticos peligros o a consecuencias de las cosas poco apetecibles, ayuda a valorar los pros y los contras de manera exhaustiva, e incluso favorece resolver los problemas a tiempo y conseguir que no se conviertan en un mal mayor.

El problema se desata cuando la persona se vuelve demasiado buena detectando y resolviendo. Cada vez aparecen más situaciones potencialmente dañinas siendo literalmente imposible resolverlas todas y alcanzar un estado de calma ideal. Las personas con esta tendencia tienen la “fantasía” de que su bienestar será duradero una vez acabe con las preocupaciones que le acechan. La realidad es que si no se aprende a convivir con cierto malestar y descontrol a la larga es muy complicado llegar a sentirse verdaderamente tranquilo. Así pues, ciertas características de personalidad potenciarán estados de malestar con tendencia a la cronificación si no se realizan cambios para evitarlo.

¿Necesito tener siempre una preocupación? Desde pequeños nos enseñan a ser constantes, a esforzarnos para resolver las adversidades. De hecho, éstas junto con algunas otras actitudes favorecen claramente el éxito profesional y personal. Pero casi todo cuando se plantea de manera extrema tiene sus efectos secundarios.

Las personas tendemos a buscar el orden en las cosas, buscamos patrones que nos hagan predecibles los acontecimientos, los retos. Dependiendo de la necesidad individual de control de cada uno, la búsqueda de ese control, del orden, y por tanto de previsibilidad, será más intensa. De esta manera, nuestra calidad de vida será la peor parada.

¿Estoy dispuesto a convivir con más incertidumbres buscando tener menor control sobre las consecuencias de cada acontecimiento de mi entorno?
¿Necesito tener siempre una preocupación? Si se ha identificado con estas preguntas del principio y ha dudado en algunos momentos de su vida si realmente siente un perverso placer por estar mal, o por necesitar tener siempre una preocupación que resolver, quizás sea el momento de cuestionarse algo bastante más útil: ¿Estoy dispuesto a convivir con más incertidumbres buscando tener menor control sobre las consecuencias de cada acontecimiento de mi entorno? ¿Estoy dispuesto a dejar que se caiga el avión en el que viajaré en mis próximas vacaciones?, o ¿Estoy dispuesto a dejar que me echen del trabajo si desean hacerlo para afrontar entonces las opciones que tendré?… Son muchas las situaciones que pueden llegar a resolverse de este modo si uno prioriza el bienestar a largo plazo en detrimento de los alivios momentáneos. Cuidado con hacer por resolver miedos incluso cuando no dependen de uno mismo, al final pasan su factura.

Existen una serie de creencias adquiridas en la sociedad desde que somos bien pequeños que favorecen que las relaciones de pareja que generamos en la vida adulta no sean sanas, y fomentan que se pueda iniciar y/o mantener relaciones tóxicas o de malos tratos.

Esas creencias de las que hablo se han denominado “mitos del amor romántico”. Voy a enumerar algunos de ellos, que muchas veces están relacionados y que son los que me encuentro frecuentemente en la consulta, y como afectan para construir relaciones más sanas.

El primero es: “la felicidad únicamente nos la dará la vida en pareja”,
basado en la idea de “la media naranja”.
Nos han hecho creer que si no estamos en pareja estamos incompletos, que nos faltaría algo para ser felices y que para estar bien necesitamos estar emparejados. Si no, se estaría en soledad. Cierto puede ser que tener pareja es un factor más que puede contribuir a nuestra felicidad. La idea no es negar que nos guste compartir, proporcionar y recibir afecto de una pareja. La idea es saber que, si se basa en este mito, caerá en un error y que le llevará a tener un malestar importante cada vez que no tenga pareja. Si nuestra condición de la felicidad únicamente pasa por estar emparejado corremos el riesgo de depender de otra persona, de generar relaciones adictivas e insanas. Es muy posible que se genere una obsesión tal, que lejos de hacernos feliz, nos lleve a buscar una pareja de una manera exagerada e insistente provocando o estando en relaciones nefastas para nuestra salud psíquica ya que acabará mermando nuestra autoestima y tendrá un efecto de círculo vicioso.

Si nuestra condición de la felicidad únicamente pasa por estar emparejado corremos el riesgo de depender de otra persona
Esto se asemeja a la idea de buscar agua en el desierto teniendo mucha sed, en cualquier parte usted verá ese agua desvirtuando la realidad aunque no exista en ese lugar. Eso es lo que le puede ocurrir, fruto de su desesperación, verá a cualquier persona potencial para ser su pareja, aunque no le satisfaga ni se sienta cómodo/a.

Puede ocurrir que generar una alta expectativa en la persona que le atraiga, le lleve a incurrir en errores y hacerse una idea preconcebida y deformada. Como ocurre en el ejemplo del desierto cuando se ve agua donde no la hay. En esa ilusión quizá quiera acelerar el proceso de conocer a alguien y atribuya características personales que no sean reales, basándose en lo que le proporcionaría estando en pareja. La felicidad no es una condición, es un estado y es imposible ser siempre feliz, tendremos momentos de todo tipo con o sin pareja.

La felicidad no es una condición, es un estado y es imposible ser siempre feliz
Obsesionarse en esta idea hace que se olvide de fomentar la ilusión en otras áreas de su vida, dando prioridad a la pareja en todo momento. De esta manera, si rompe la relación nos dará la sensación de pasar de una total alegría a una gran amargura y decepción, con la idea de quedarse rota toda su vida, corroborando este mito. Y lo que ha ocurrido es que ha depositado toda su energía únicamente en esta área de su vida, olvidándose de alimentar otras áreas que también contribuyen a estar bien.

Este mito generalmente ha tenido más fuerza en las mujeres cuyo personajes en el amor han solido estar representadas por personas tristes y amargadas hasta que llega la pareja, “que además suele representar de alguna forma una salvación”.

“El amor puede con todo”, “el amor hará que se resuelva este problema”. Aquí podemos incluir también “mi amor hará que cambie”.
No basta con querer, también hay otros factores que ayudan a resolver o no los problemas que surgen en la pareja. Es importante el contexto de cada uno, los diferentes objetivos y creencias acerca de uno/a mismo/a, los valores de ambos miembros de la pareja, las habilidades de resolución de problemas que se tengan y capacidad para comunicar. Es frecuente encontrarnos en consulta parejas que se quieren pero que no tiene la misma idea de la vida y sus objetivos son distintos, este hecho les frena en poder avanzar como pareja. Un ejemplo sería que un miembro quiere tener hijos y el otro no; que uno crea en “las relaciones abiertas” y el otro no, que uno quiera vivir por ejemplo en España y el otro en Francia etc. Podemos ceder en algunos aspectos y a través de la comunicación llegar a acuerdos. No siempre es posible llegar a consensos en temas que son fundamentales para uno o ambos miembros y sobre todo no podemos cambiar al otro/a. El amor no moldea al otro a mi medida, es como es, y puedo o no aceptarlo. Mi comportamiento puede influir en mi pareja pero nunca podrá cambiarlo.

Mi comportamiento puede influir en mi pareja pero nunca podrá cambiarlo.
Este mito nos lleva a hacer cosas de manera forzada para “salvar la pareja”, y lo único que hace es empeorar más la relación. Por ejemplo, si no nos sabemos comunicar, no hay una base buena de confianza y hay problemas, lo mejor para salvar nuestro amor es “vamos a tener un hijo” o “vamos a casarnos”. Tomar decisiones en pareja de esta manera generará a la larga más tensión y frustración, puesto que lejos de cumplirse las expectativas puestas en las decisiones, el problema de pareja se agravará más.

Esta idea del amor nos lleva a mantenernos en relaciones tóxicas por el mantenimiento de la perspectiva de que el amor triunfará por encima de todo, como le quiero algo se podrá hacer y nos olvidamos que una relación es de dos personas y que cada una tiene unos miedos, necesidades y motivaciones diferentes.

Otro mito muy generalizado e interiorizado es la idea de “sin ti no soy nada” o “no puedo vivir sin ti”.
Relacionado también con los dos mitos anteriores. Este mito nos lleva tener un miedo excesivo por perder a la persona amada, facilita que haya conductas controladoras y muestras de celos, o también perdonar y /o justificar todo en el nombre del amor. Genera una fuerte dependencia con la otra persona, buscando la aprobación continúa de la pareja por el temor a que nos dejen. Quizá no sea consciente de tener esta creencia, se puede apreciar de formas más sutiles en comportamientos como no decir lo que pensamos. Si su comportamiento frecuentemente son para complacer a su pareja incluso a costa de usted, haciendo favores continuos que nos suponen un gran esfuerzo sin que el otro lo pida, etc. le conducirá a una baja autoestima y declive de la relación. Perderá la conciencia de lo que quiere y de quien es, olvidándose de sus propios deseos, valores y dignidad.

Creer que el enamoramiento y el amor son lo mismo, o el mito de la pasión eterna.
El amor evoluciona a lo largo de una relación, esto tampoco significa que evolucione en indiferencia, si esto ocurre ya no es amor aunque antes si lo haya sido.

Las sensaciones del principio no son las mismas en una relación de amor. Digamos que el enamoramiento es una etapa dentro del amor, que es natural y normal tener. El fuerte deseo que tenemos de estar con esa persona hará que se fomente la unión y que nos fijemos más en las semejanzas que en las diferencias. Esto no es insano si se concibe como una etapa, pero si pretendemos que el amor sea así y nunca haya problemas nos llevaremos una decepción importante, que puede que nos conduzca al desamor.

Existen personas “adictas a esta etapa del enamoramiento”
Se habla de que existen personas “adictas a esta etapa del enamoramiento”, todas las sustancias que se liberan a nivel cerebral sería como la droga, con lo cual son personas que se cansan pronto de la relaciones porque no buscan conocer a la persona sino vivir en un estado emocional continuo que no es posible. El amarse en las diferencias es lo que hará a una relación más fuerte, saber lidiar con ellas y aceptarlas, afrontar los conflictos y aprender a comunicarse sin perder la identidad. El amor madura con el paso de los años, al igual que nos ocurren con otras relaciones como las amistades. La pasión disminuye y aumenta el por aprecio y cariño, los nervios del principio y el miedo al rechazo se cambian por mayor tranquilidad. En este proceso salen dificultades, diferencias, intereses divididos y se afirma la autonomía dentro de la pareja. En el fondo estas etapas forman parte de un proceso de maduración de la pareja que por hacer un símil, es semejante a la que tenemos desde la niñez, pasando por la adolescencia a la vida adulta. Al principio no se ven las dificultades ni las diferencias, se van viendo con el tiempo, en un proceso sano de maduración y se necesitan ir integrando en la relación sin renunciar a lo que somos como persona. Estar en otras etapas del amor no tiene por qué ser peor, simplemente es distinto. Frecuentemente hay personas que dicen “al principio es así (refiriéndose al enamoramiento) pero luego cuando te casas, cuando pasan años etc. todos los hombres son iguales, o todas las mujeres son iguales, ya no es lo mismo”. Se decepcionan con el amor y evitan tener relaciones para no sufrir, pero en el fondo de este comportamiento está este mito también. Piense que si todo fuera como al principio, también se acabaría aburriendo. Nuestra mente necesita nuevos retos, nuevos conocimientos… La idea es construir y al igual que nos realizamos como personas, ir realizando la pareja, y eso supone pasar por etapas difíciles para poder evolucionar.

No obstante, no se olvide que el deseo en una relación es como la idea de sacar al niño/niña cuando estamos en la etapa adulta, hay que alimentarlo. Buscar en ocasiones desinhibirnos y hacer algo diferente para la pareja es una inyección de vitalidad y de energía en la relación. No hace falta hacer grandes cosas, pero si aprender a disfrutar más los momentos y vivir ese presente.

Los celos demuestran amor. Cuánto daño hace este mito en las relaciones y sus integrantes.
Los celos representan el miedo a perder algo y hay una subcreencia debajo de este mito que tiene que ver con la idea de posesión, que nuestra pareja nos pertenece y que podemos hacer lo que deseamos y necesitamos con ella. Si es su caso, no olvide que lo que la otra persona quiere y necesita cuenta, mi pareja está conmigo porque quiere, es decir de forma libre. Los celos no son muestra de amor y si se manifiestan queriendo controlar a la otra persona estamos muy lejos de la idea de un amor sano. No sólo es querer hay que saber querer bien. Los celos patológicos representan miedo e inseguridades. En consulta o incluso con alguna amistad me encuentro que alguien me diga creo que “X” me pone los cuernos, y puede ser que sea real o no, no puedo asegurar nada y no puedo aliviar esta creencia. Frecuentemente hago esta pregunta ¿realmente lo que te importa es la posible tercera persona o cómo se está comportando su pareja últimamente? ¿o lo que siente usted con esa relación? Quizá sea más importante mirarse a sí mismo y ser consciente de como uno está en la relación que buscar una tercera persona como fuente del problema. Y en base a eso, comunicarse, observar que relación se tiene y tomar decisiones al respecto.

En definitiva, estas ideas propician que fomentemos amores desequilibrados y elijamos parejas tóxicas que restan en vez de sumarnos.

Todo empieza como un coqueteo, una ilusión, un sentirse absorbido, estar encantado, dudar, tener celos, desear físicamente, percibir las dificultades de entendimiento, decepcionarse, volverse a entusiasmar: Enamorarse, encontrarse con la persona con la que uno quiere compartir la vida.

Y una vez que hemos encontrado a esa persona tan especial, ¿podemos perderla?. Estamos tan felices, que nos parece imposible ya, vivir sin ella. Nuestra inseguridad puede hacernos pensar que no merecemos alguien tan especial a nuestro lado, o que algo tan bueno no puede ser verdad, que lo tenemos que perder de un momento a otro. Quizá experiencias pasadas, donde ese príncipe o princesa no fue tan ideal como parecía en un principio, o no nos quería tanto como decía, nos hacen pensar que esta vez tampoco funcionará.

Nuestra pareja sigue siendo tan encantadora como siempre, pero nosotros inmersos en mil pensamientos neuróticos somos incapaces de verlo. Nos olvidamos entonces, de disfrutar el presente que tenemos y de cuidar nuestra relación con pequeños detalles diarios.

Estamos seguros de nuestros sentimientos y de los suyos, pero empezamos a percibir amenazas en el entorno que ponen en peligro nuestra confianza. Otra persona más atractiva, más inteligente, más… es igual, la inseguridad la ponemos nosotros, y sabemos buscar aquello que nos hará dudar más, aquello que nos hará más daño. No queremos perder esa persona que tan felices nos hace, pero empezamos a comportarnos de manera diferente, precavidos, artificiales…. La comunicación sincera se dificulta, y somos nosotros quienes podemos llegar a producir un distanciamiento real de la persona con la que queremos vivir.

¿Qué cosas nos hacen sentir celosos? Aquello que más nos duele, inseguridades y complejos hay para todos los gustos. Y como todo es una cuestión subjetiva, al final sabremos dar la vuelta a lo que haga falta para justificar nuestra preocupación, llegando incluso a perseguir y espiar a nuestra pareja.

Hay algunos tipos de personalidad que suelen ser más celosos, como los, desconfiados, inseguros, narcisistas, necesitados de estimación o histéricos. Pero en cualquier caso, los celos, producen un gran deterioro en la relación y pueden acabar con ella.

¿Qué hacer?
Pedir apoyo psicológico profesional, Vigilar nuestra autoestima, nuestra independencia, cuidar nuestra relación sin suponer finales trágicos, permitiéndonos disfrutar el presente y mirando con ilusión el futuro.