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El chantaje emocional es una forma de control que implica un acto de violencia psicológica. El chantajista suele ser una persona cercana afectivamente, que intenta controlar nuestro comportamiento sin darnos la posibilidad de elegir. Para lograrlo puede recurrir a la intimidación y las amenazas, o a formas de manipulación más sutiles que terminan socavando nuestra autoestima.

chantajista emocional

De hecho, el chantaje emocional puede esconderse detrás de frases aparentemente inocuas como “si me quisieras, no lo harías” o “tú decides, pero atente a las consecuencias”. Estas frases tienen el objetivo de despertar la sensación de culpa o el miedo, para lograr que la persona ceda a la voluntad del manipulador.

¿Cómo detectar a un chantajista emocional?
Todos los chantajes no son iguales ni tienen el mismo objetivo. En algunos casos la manipulación es casi inofensiva pero en otros casos puede provocar daños profundos a nivel psicológico. De hecho, cuando la manipulación se extiende a lo largo del tiempo causa profundas heridas emocionales en la persona que la sufre. Por eso, es importante detectar a tiempo al chantajista.

Su exigencia es desmesurada. Los chantajistas siempre tienen una exigencia, que generalmente va en contra de nuestras necesidades y deseos. De hecho, no importa cuántas veces hayamos cedido a sus demandas, no se darán por satisfechos y ni siquiera recordarán lo que hemos sacrificado por ellos en el pasado, siempre querrán más.
Oponen una gran resistencia. El chantajista casi nunca da su brazo a torcer, se mantiene firme y da batalla si pensamos de manera diferente. Si no acatamos sus deseos mostrará su enojo o decepción de la peor manera, haciendo que nos sintamos mal. Puede llorar, discutir, reclamar o gritar, cualquier estrategia es buena para “convencer”. El manipulador simplemente no acepta las cosas si no le agradan.
Tergiversan las palabras. El manipulador es un especialista tergiversando las palabras porque no está dispuesto a asumir su responsabilidad. Si intentamos reclamar nuestros derechos, inmediatamente asumirá el rol de víctima o nos recordará todo lo que ha hecho por nosotros. Así, lo que era un simple reclamo de un derecho fundamental se convierte en una “evidencia” de lo mala persona que somos.
Amenazan continuamente. No siempre se trata de amenazas directas, en muchos casos son amenazas disfrazadas. Por ejemplo, un manipulador puede exagerar las consecuencias de una decisión equivocada, puede amenazar con el dolor y el sufrimiento que sentirá por esa decisión o incluso decir que es mejor romper la relación, aunque realmente no pretende hacerlo.
Subestiman los problemas de los demás. Al manipulador no le interesan los problemas de su víctima, podemos llevar sobre nuestros hombros un peso enorme pero el chantajista hará caso omiso e intentará desviar la atención hacia sus supuestos problemas. En este tipo de relación, la víctima está obligada a soportar los problemas de ambos, y si no lo hace es tachada de egoísta e insensible.
Conocen los puntos débiles y no dudan en tocarlos. El chantajista es un hábil lector emocional, conoce perfectamente los puntos débiles de su víctima y no duda en tocarlos cada vez que sea necesario. De hecho, esta persona no se caracteriza precisamente por su empatía, si sabe que su víctima tiene un gran sentido del deber o que se siente desprotegida, recurrirá a estas “debilidades” para manipularla.
Actúan con prepotencia y rigidez. La mayoría de los manipuladores quieren dominar la conversación, siempre quieren tener razón y se molestan cuando les aconsejan o les llevan la contraria porque consideran que se trata de un insulto a su inteligencia. Su objetivo es anular la opinión del otro, para que la suya prevalezca.
Cambian de humor con extrema facilidad. Los manipuladores cambian de humor con gran rapidez. Un momento pueden mostrarse felices y satisfechos pero al momento siguiente, si la víctima se resiste, pueden transformarse y comenzar a llorar, enfadarse o gritar.
Los tipos de manipulación emocional
Existen diferentes tipos de manipulación emocional, aunque lo más usual es que el chantajista adopte varias técnicas para lograr sus objetivos, en dependencia de la persona y del contexto.

En este caso, el manipulador ejerce una presión sobre la persona para limitar su libertad de decisión. En práctica, le hace saber que su comportamiento tendrá consecuencias negativas que sería mejor evitar, “por su propio bien”. En este tipo de manipulación se recurre al miedo, de hecho, en las relaciones de pareja suelen ser comunes frases como “si vuelves a hacer eso, te abandono”. Se trata de una postura radical que no admite discusión ya que si la persona no acata la orden, será castigada.
manipulador emocional

Uno de los tipos de manipulación emocional más comunes consiste en sembrar la semilla de la culpa. El chantajista logra que la persona crea que es “mala” si no le obedece. En este caso, la persona cede al chantaje para no convertirse en “el malo de la película”. Frases como “con todo lo que he hecho por ti y así me pagas” o “me has defraudado, creía que eras una buena persona” forman parte del guión de este tipo de chantaje en el que el manipulador se convierte en una “pobre víctima”.
Se trata de un tipo de manipulación emocional en el que el chantajista asume el control fingiendo que depende de la otra persona. En este caso, no solo despierta sentimientos de culpabilidad sino que también alude al sentido de la responsabilidad. Por ejemplo, una pareja o una madre puede recurrir a frases como “si me abandonas, no podré soportarlo”. De esta forma se colocan una máscara de debilidad e impotencia, con el objetivo de manejar la relación y lograr que la persona ceda a sus deseos.
Una de las técnicas de manipulación emocional más utilizadas consiste en confundir y criticar a la víctima. El chantajista conoce sus puntos débiles y sabe hacer palanca en ellos, para lograr que esa persona le vea como su “salvador”. En este caso, el manipulador se adueña de la razón y se convierte en una especie de mentor ya que su objetivo es crear una dependencia, de manera que la persona siempre le pida consejo. Generalmente usan frases dirigidas a minar su autoestima y autoconfianza, como: “no sirves para nada”, “no tienes idea de cómo solucionar el problema” o “te ayudaré porque no sabes hacerlo”.
En un primer momento puede parecer una negociación pero en realidad se trata de un chantaje en toda regla. En este caso, el manipulador promete premiar a la persona si esta accede a sus deseos. Se trata de un chantaje muy común entre padres e hijos, como cuando estos le ofrecen al niño un premio a cambio de que apruebe los exámenes. También se aprecia en las parejas, en cuyo caso uno de los miembros intenta someter la voluntad del otro a través de regalos o incluso concediendo su atención o recordándole constantemente todo lo que le ha dado.
El chantaje emocional en la pareja
En una relación de pareja, los sentimientos que se generan no siempre son positivos. A veces las personas olvidan que están juntas por amor, para apoyarse mutuamente, y emprenden una lucha de poder para ganar el control sobre la relación.

Así surgen los celos, las humillaciones y el chantaje emocional. En este caso, una de las personas domina a la otra, la cual va perdiendo paulatinamente su independencia y autoestima. Desgraciadamente, no siempre es fácil detectar la manipulación emocional en una pareja ya que a veces ninguno de los dos es plenamente consciente de esa forma de relacionarse.

Sin embargo, debe quedar claro que la manipulación emocional no es amor y, cuando se mantiene a lo largo del tiempo, puede llegar a anular casi por completo a una persona. El chantaje emocional es una forma de maltrato psicológico de la que es necesario desprenderse cuanto antes.

¿Cómo protegernos del chantaje emocional?
Ante todo, debemos tener en cuenta que al chantajista emocional normalmente lo guía el miedo a perder al otro o a ser rechazado. En la base, la manipulación emocional suele esconder un temor al abandono, que puede provenir de la infancia. En otros casos puede ser una expresión de inseguridad personal, falta de autoconfianza y baja autoestima.

Sin embargo, independientemente de sus causas, la manipulación emocional puede ser muy dañina, llegando a provocar un desequilibrio emocional en la persona que la padece, hasta el punto que puede afectar profundamente su autoconfianza y autoestima. Por eso, es mejor ponerle coto cuanto antes.

persona chantajista emocional

El primer paso consiste en reconocer que estamos siendo manipulados. Luego, es necesario establecer límites para que esa situación no se repita.

Evita culparte. La culpa es una de las armas principales del manipulador, que usa para explotar tus debilidades. De hecho, es comprensible que puedas sentirte culpable si no satisfaces los deseos de esa persona. En ese caso, pregúntate si no están vulnerando tus derechos: ¿Estás siendo tratado/a con respeto? ¿Sus demandas son razonables? ¿Eres tú el único/a que da y se compromete con la relación?
Centra la atención en el manipulador. Cuando intenten chantajearte, escucha la solicitud pero desplaza el foco de atención. Si se trata de una persona que te quiere y que es medianamente razonable, estas preguntas le harán reflexionar y retirar su demanda: ¿Te parece razonable lo que me pides? ¿Lo que me estás pidiendo es justo?
Usa el tiempo a tu favor. Cuando se trata de peticiones no razonables, el chantajista demandará un compromiso inmediato porque sabe que si reflexionas sobre ello, con la mente fría, probablemente no cederás a su petición. Por eso, una buena estrategia consiste en decirle que lo pensarás. Tómate el tiempo que necesites para evaluar los pros y los contras.
Aprende a decir “no”. Uno de tus derechos fundamentales es a establecer tus propias prioridades sin sentirte culpable. Por eso, cuando no estés dispuesto/a a hacer algo, di no con amabilidad y firmeza. No des demasiadas excusas que el chantajista puede usar en tu contra y demuestran indecisión.
Resalta las consecuencias. Una de las habilidades más importantes para lidiar con un manipulador es la de esclarecer las consecuencias y la responsabilidad. Ante una demanda injusta y excesiva, hazle notar las consecuencias que ello tendría para ti. Explícale cómo te hace sentir y por qué no vas a ceder a su petición. A la vez, hazle ver que no eres responsable por sus actos ni te sientes culpable por lo que pueda decidir o hacer.

“el que dice una mentira no se da cuenta del trabajo que emprende, pues tiene que inventar otras mil para sostener la primera”.

Sin embargo, hay personas que caen en la tela de araña de la mitomanía y hacen de la mentira su forma de vida, se convierten en mentirosos compulsivos.
¿En qué se diferencian las mentiras esporádicas de la mitomanía?
La mentira no nos resulta ajena, recurrimos a ella desde la infancia e incluso siendo adultos. Un estudio realizado en la Universidad de Massachusetts reveló que el 60% de las personas mienten al menos una vez durante una conversación de diez minutos, caen en lo que se conoce como “mentiras esporádicas”.
Sin embargo, detrás de la costumbre de mentir compulsivamente no siempre se esconde el deseo de obtener algo o evitar un castigo, el mitómano suele mentir sin tener un motivo válido, por compulsión. Esa tendencia a mentir compulsivamente puede colocarle en situaciones ridículas o llevarle a inventar historias insostenibles. De hecho, aunque el mitómano sepa que lo han descubierto, puede seguir mintiendo y complicar aún más su narración.
Para el mitómano, mentir se convierte en un hábito, es su forma de relacionarse. Esta persona no solo siente la necesidad de mentir en las situaciones que están en su contra para evitar las consecuencias sino también en los pequeños detalles, aunque no gane nada con ello. Quien padece mitomanía puede sentirse raro diciendo la verdad pero se siente cómodo mintiendo.
El problema es que cuando faltar a la verdad se convierte en un hábito y se cae en la mentira patológica, el mitómano tendrá que enfrentarse a diferentes dificultades debido a que pierde la confianza de los demás. Un mentiroso patológico puede llegar a perder su trabajo, tener problemas familiares, romper con su pareja y sufrir aislamiento social.

Las raices de la mentira patológica se remontan a la infancia
La personalidad del mentiroso compulsivo se manifiesta en la juventud o la adultez, pero la tendencia a mentir comienza a apreciarse desde la infancia. Antes de los tres años no se puede hablar de mentiras en el sentido más estricto del término, ya que los niños no son capaces de distinguir claramente la realidad de la fantasía, pero más adelante, su pródiga imaginación les insta a falsear la realidad.
La tendencia a mentir compulsivamente puede afianzarse como resultado de los castigos recibidos en la infancia. Por eso, una manera para evitar que las mentiras evolutivas den paso a la mitomanía consiste en no castigar a los niños cuando dicen pequeñas mentiras que nacen de su imaginación y/o forman parte de su estadio evolutivo. En vez de reforzar un comportamiento negativo, es mejor explicarle las diferencias entre realidad y fantasía y promover valores como la honestidad y la responsabilidad.
En otros casos, la mentira patológica es el resultado de la tendencia a eludir las responsabilidades. Si los padres permiten que el niño falte a la verdad para evitar las consecuencias de sus acciones y le eche siempre la culpa a un amigo imaginario o al hermano más pequeño, por ejemplo, las mentiras pueden terminar convirtiéndose en un hábito.

¿Qué sucede en el cerebro mitómano?
Las mentiras pueden brindar cierto grado de placer al mitómano. Saber que cada mentira implica un nivel de riesgo genera una descarga de adrenalina que actúa a nivel cerebral como recompensa y fortalece la respuesta mitómana, cerrando así un círculo vicioso.
Otra teoría apunta a que los mitómanos podrían tener una amígdala menos reactiva ante los comportamientos deshonestos. Investigadores del University College de Londres descubrieron que cuando mentimos por primera vez para ganar algo, se produce una gran activación de la amígdala, la cual se encarga de producir sentimientos negativos que nos hacen sentir mal y limitan el alcance de la mentira. Sin embargo, a medida que seguimos mintiendo, esa activación va decreciendo.
Recientemente neurocientíficos de la Universidad de California del Sur también hallaron que el cerebro de los mentirosos compulsivos es ligeramente diferente de quienes suelen decir la verdad: tiene hasta un 26% más de sustancia blanca en la corteza prefrontal.
La sustancia blanca interviene en la transmisión de información, por lo que estos investigadores consideran que un mayor volumen implicaría una mayor capacidad cognitiva para procesar las mentiras y manipular. De hecho, en algunos casos las historias que cuentan los mitómanos están muy bien hilvanadas y resultan creíbles ya que contienen un gran nivel de detalles, lo que denota que la persona ha estado procesando cuidadosamente esa información.

¿Por qué mentimos?
La mentira suele ser una estrategia para eludir la realidad y, por consiguiente, la responsabilidad de afrontar las consecuencias de determinados actos o situaciones.
Diferentes trastornos psicológicos están vinculados con la mentira, ya que se trata de una forma de evitación, sobre todo en el caso de las adicciones, cuando la persona no desea reconocer su problema o pierde el control y recurre a la mentira para mantener su patrón adictivo. De hecho, se estima que el 92% de los pacientes mienten sobre el consumo de sustancias, el 25% sobre su consumo de alcohol y el 58% sobre su adicción al juego.
con la vida que llevan y acaban inventándose una diferente que les hace sentir mejor. Lo usual es que el mitómano construya un nuevo recuerdo para cubrir una realidad desagradable, que reemplaza con una historia mejor.
La verdad también se suele falsear para obtener alguna ventaja, aunque no siempre se trata de un beneficio material, sino más bien a nivel emocional. Con sus mentiras el mitómano consigue la aprobación, el respeto y/o el afecto que necesita. Por eso, en muchos casos las mentiras patológicas esconden un deseo de llamar la atención, que se logra creando un personaje falso que la persona va enriqueciendo con mentiras.

El tratamiento de la mitomanía
En la base de la mentira patológica se esconde una baja autoestima, la persona cree que si se muestra tal cual es, no será aceptada. Los mitómanos suelen tener una personalidad insegura, por lo que a menudo sus mentiras no son más que una imitación o un plagio de las ideas, pensamientos o experiencias de los demás, generalmente de personas que admiran. Los mentirosos patológicos también suelen carecer de habilidades sociales, por lo que intentan suplirlas recurriendo a las mentiras, para parecer más interesantes y competentes ante quienes les rodean.

Por eso, el tratamiento de la mitomanía pasa por fortalecer la autoestima, mejorar las habilidades sociales y de resolución de conflictos y lograr que la persona se sienta satisfecha con su realidad y consigo misma, para que no experimente continuamente la necesidad de utilizar la mentira patológica para disfrazar su mundo.

¿Qué causa ese sentimiento de vacío emocional?

El vacío emocional puede estar causado por muchas razones. Una de las más habituales es la pérdida de un ser querido, ya sea porque ha muerto o porque se ha producido una separación. Sin duda, la ausencia de la persona que durante cierto tiempo le ha proporcionado un propósito y estructura a tu vida, puede desencadenar esa sensación de vacío interior. Ocurre con frecuencia cuando se pierde un hijo (o cuando estos se van de casa) o se produce una separación de pareja.
La sensación de vacío también puede desencadenarse por la pérdida del trabajo, sobre todo si era muy importante para ti y muchos de tus sueños, expectativas y metas dependían de él. Un cambio repentino que te obligue a renunciar a una parte trascendental de tu vida, como puede ser la mudanza a otro país o una enfermedad, también puede generar ese sentimiento de vacuidad. De hecho, en los periodos de transición suele aflorar esa sensación de vacío existencial, ya que estas etapas van acompañadas de incertidumbre y suelen demandar una reestructuración importante en los planes de vida
Sin embargo, es importante comprender que esas situaciones solo actúan como desencadenantes. El sentimiento de vacío no se debe exclusivamente a la pérdida sino que se relaciona más con el “yo”. El vacío existencial es, ante todo, una disociación que implica la pérdida de contacto con uno mismo. Es como si poco a poco te fueras desconectando de ti y comienzas a ver pasar tu vida sin ningún interés, como si fueras un mero espectador de una obra que carece de sentido.
Lo que sucede es que mientras te mantenías enfocado en un objetivo o una persona, no le prestabas atención a lo que sucedía dentro de ti, a esa progresiva reducción de tu esfera de intereses. Por eso, en la base de esa vacuidad también se suele esconder un estado de frustración existencial provocado por las metas, anhelos y expectativas malogradas.
Por ende, la sensación de vacío también implica un problema de auto-aceptación y una incapacidad para encontrar nuevos sentidos que te permitan reencauzar tu vida.
Los problemas que acarrea el vacío existencial
Sea cual sea la causa, ese sentimiento de vacío puede hacer que te sientas embotado emocionalmente, sin ánimos, solo y/o ansioso. Algunas personas intentan llenar ese vacío con una larga lista de actividades diarias que les impidan pensar, otras encuentran consuelo en la comida o sustancias adictivas como las drogas y el alcohol y otras se refugian en las compras compulsivas. Sin embargo, ninguna de esas alternativas son soluciones definitivas, son paliativos momentáneos que solo sirven para acrecentar aún más la sensación de vacío interior.

Cuando el vacío existencial no se aborda, lo más común es que la persona termine sufriendo una depresión, la cual se acompaña de la pérdida de la capacidad para experimentar placer, sentimientos de desesperanza e indefensión, así como, en los casos más graves, de ideación suicida.
Se ha apreciado que las personas que padecen depresión y anhedonia muestran un funcionamiento cerebral diferente. Varios estudios señalan que se produce una disrupción del mecanismo que nos permite experimentar placer.
Cuando algo nos agrada, la dopamina inunda algunas partes del cerebro, como el cuerpo estriado, una zona relacionada con la identificación de los estímulos significativos emocionalmente y la activación de las respuestas emocionales correspondientes de alegría, gozo y satisfacción.
Sin embargo, en las personas deprimidas que sufren anhedonia el cuerpo estriado es hipoactivo mientras que la corteza prefrontal ventral, un área vinculada con los estímulos aversivos y desagradables, es hiper-reactiva.
En otras palabras, el cerebro de estas personas solo responde ante los estímulos negativos, lo cual contribuye a fortalecer la tristeza, la desesperanza y la sensación de vacío. Afortunadamente, este mecanismo se puede revertir con el tratamiento adecuado.

Cómo dejar de sentirse vacío
1. Reconoce el vacío. Es fundamental que no te refugies en comportamientos dañinos para esconder el vacío que sientes. El primer paso para dejar atrás esa sensación consiste en reconocerla. En vez de rechazar o intentar esconder esa sensación, di simplemente “me siento vacío”. No es necesario que te enojes ni que te sientas mal contigo mismo, ese sentimiento de vacío tan solo significa que tendrás que encontrar un nuevo sentido.
2. Asume el vacío como una oportunidad. Un estudio realizado por investigadores canadienses y croatas demostró que la sensación de vacío y soledad se experimenta de manera diferente según la cultura. De hecho, en la filosofía taoísta y budista el vacío, el estado de Śūnyatā, se considera algo positivo ya que implica que no estamos aferrados a nada. Por eso, aunque en la cultura occidental el vacío existencial está rodeado de un halo negativo, puedes cambiar la perspectiva y asumirlo como una etapa más en tu vida que te brinda una oportunidad para cambiar y explorar nuevos horizontes. Aunque sentir ese vacío puede que no sea muy agradable, es una señal de que necesitas cambiar e ir más allá, por lo que no es necesariamente algo negativo.
3. Deja de buscar fuera, mira dentro de ti. El vacío no se puede llenar con nada literal, no se puede rellenar con cosas, solo puede colmarse con símbolos que tengan un significado especial para ti. Eso significa que lo que llena a una persona y le da sentido a su vida, puede no funcionar en tu caso. La búsqueda de sentido siempre es un viaje personal, por lo que es esencial que mires en tu interior y encuentres tus propios significados, aquello que te hace vibrar, motiva e ilusiona.
4. Pasa tiempo contigo. Recuerda que el vacío existencial es, en cierta forma, una desconexión de ti mismo. Es probable que durante mucho tiempo te hayas descuidado, por lo que es importante que comiences a explorar tus deseos, miedos, esperanzas y sueños, lo cual te ayudará a crear nuevos significados en tu vida. Quizá al principio te sientas incómodo, pero a medida que cuides más de ti y aprendas a conocerte mejor, ese sentimiento de vacío irá desapareciendo.
5. Reconfórtate. Si has pasado mucho tiempo anteponiendo las necesidades de los demás a las tuyas, es probable que tu “yo” se haya debilitado. Para remediarlo debes comenzar a mimar y reconfortar al “niño interior” que hay en ti, dale una palmadita en el hombro cada vez que hace algo bien. Esa nueva forma de relacionarte contigo mismo te ayudará a fortalecer tu autoestima y aumentar tu autoconfianza, de manera que el sentimiento de vacío no tardará en desvanecerse.

La logoterapia como camino para la búsqueda del sentido de la vida
“El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida”, escribió el psiquiatra, creador de la logoterapia y autor del famoso libro “El hombre en busca de sentido”, Víktor Frankl.
A través de la logoterapia el psicólogo acompaña a la persona que sufre una crisis existencial o un vacío emocional en el camino que la conducirá a reencontrar el sentido de su vida.
Llenar ese vacío significa que tendrás que reconstruir tu identidad y volver a conectar con los demás, con la vida y contigo mismo. Si te parece que se trata de una tarea titánica, puedes contar con ayuda psicológica. En El Prado Psicólogos te ayudaremos a dejar de sentirte vacío y reencontrar la pasión por la vida.
Durante la terapia tendrás que afrontar preguntas trascendentales: para qué sirvo, qué quiero hacer en mi vida, qué me satisface de verdad… Estas preguntas te conducirán a un proceso de redescubrimiento interior, de manera que puedas explorar tus diferentes facetas e intereses, lo cual te permitirá plantearte nuevas metas y comprender que más allá de las circunstancias, tienes la libertad de elegir cómo reaccionar.
Además de la logoterapia, en terapia se utilizan otras herramientas para superar la sensación de vacío emocional, como el coaching para establecer objetivos o la hipnosis, para cambiar los pensamientos y emociones negativas por otros más positivos y conectar con tu motivación y fuerza interior.

Hoy quiero hablarles de los diferentes tipos de apego. El tipo de relaciones que han tenido con nosotros en la infancia marca el tipo de personalidad y el tipo de relaciones interpersonales que tendemos a establecer con los demás en nuestra vida adulta.

Los tipos de apego en cada uno de nosotros pueden ser variados, incluso es posible que establezcamos diferentes con distintas personas. Si observamos las relaciones interpersonales de la gente, detectamos grandes diferencias en el modo cómo las valoran y cómo las viven:

• Unos se sienten felices teniendo muchos amigos; otros, por el contrario, prefieren tener pocos y profundos.
• A unas parejas les gusta hacer todo juntos; otras prefieren hacer las cosas cada uno por su cuenta
• Unos disfrutan hablando de cosas íntimas personales; otros prefieren hacerlo de cosas externas.
• Algunos padres tienden a dar mucha independencia a los hijos; otros viven muy agobiados y quieren programar todos los detalles en torno a su vida: estudios, amistades, horarios, etc.

Influye en estas diferencias, la importancia tan desigual que las familias dan al papel de los lazos afectivos y a la conducta de apego en los miembros de la familia.

La familia: la tribu que me define

Estructuras de Apego
Por tanto, las personas desarrollan estructuras diferentes de relacionarse con los demás, o estructuras de apego, de acuerdo con los comportamientos predominantes o más significativos para él, que ha recibido en su familia de origen. Pueden agruparse en torno a tres estructuras básicas:

1º A P E G O S E G U R O
Se consigue un apego seguro cuando los comportamientos de su figura de apego han sido adecuados, y se ha mostrado cercana y disponible teniendo en cuenta las necesidades del niño.

Cuando la figura de apego satisface adecuadamente las necesidades del niño produce tres efectos sumamente importantes.

Proporciona una base segura al niño. El niño se siente seguro y protegido, por eso experimenta pocos sentimientos de ansiedad o miedo.
Estimula al hijo a desarrollar un comportamiento autónomo.
Anima al hijo a explorar, a conocer cosas nuevas, a hacer cosas por sí mismo. Al niño le agrada explorar el mundo que le rodea y le gusta también relacionarse con otros. Sabe que, en caso de peligro, si necesita a su madre, ella acudirá enseguida a ayudarle.
Estas seguridades le permiten relacionarse sanamente entre iguales: hermanos, amigos, compañeros. El recibe lo que necesita y, por tanto, no le importa que también se les dé a sus hermanos, es capaz de compartir, sin envidias ni celotipias.

Resilencia: Superar la pérdida de un ser querido

2º D E S A P E G O
Cuando el niño no ha recibido suficientes refuerzos de apego, y ha vivido en un ambiente en el que se ha sentido frecuentemente solo, aislado y desprotegido, se instala en la lejanía afectiva con actitudes de desapego.

Cómo comprender a un hijo adolescente: (saber responder)

La estructura de desapego comienza a configurarse de esta forma en la infancia y se consolida posteriormente en la vida adulta. Entonces rehuirá la vinculación afectiva para protegerse de nuevos desengaños que golpearían sobre las viejas heridas no del todo cicatrizadas.

3º A P E G O A N S I O S O
La estructura de apego ansioso se origina cuando el comportamiento de apego de los padres ha sido inadecuado, inestable; no ha tenido líneas previsibles de comportamiento, fluctuando mucho en la prestación de cuidados. A veces, ha podido depender de circunstancias ajenas a la voluntad de los padres; por ejemplo, enfermedades y ausencias inevitables; pero, aunque así haya sido, el hijo no puede comprenderlo y puede dejar en él huellas profundas.

La justicia en las relaciones personales

La actitud de la persona en sus relaciones interpersonales en su vida adulta tiene relación con sus experiencias en la edad temprana. Estas experiencias le dejan una huella profunda que se reactiva especialmente siempre que la persona (niño o adulto) se sienta indefensa, esté enferma o en apuros.

Y tú, ¿sabrías decir qué tipo de apego es el tuyo??

Los bomberos acudieron rápidamente pero el incendio, alimentado con sustancias químicas, era demasiado poderoso como para poder apagarlo con celeridad. Se trataba de un desastre en toda regla que no solo representaba pérdidas millonarias sino que también convertía en cenizas el trabajo más reciente del inventor.

Sin embargo, se cuenta que Edison miraba las llamas con pasmosa tranquilidad, aunque no estaba en shock. Más tarde, su hijo refirió que había reaccionado ante aquel incidente con una gran ecuanimidad y hasta con sentido del humor.

Solo le dijo: “Avisa a tu madre y a todas sus amigas, nunca volverán a ver un incendio como éste”. E incluso le tranquilizó al captar su mirada inquieta: “No te preocupes, acabamos de deshacernos de un montón de basura”.

Más tarde el inventor le dijo al periódico The New York Times: “Aunque tengo más de 67 años, empezaré de nuevo mañana”. Y así fue, al día siguiente se puso manos a la obra y reconstruyó su laboratorio.

Al igual que Edison, todos atravesamos situaciones críticas en nuestras vidas en las que se pone a prueba nuestro carácter y fortaleza emocional. Puede ser una enfermedad, una relación de pareja difícil, la pérdida del trabajo o de una persona querida… En esos momentos, cuando la adversidad toca a nuestra puerta, nuestra actitud marcará la diferencia entre salir fortalecidos o sumirse en la desesperación y el sufrimiento.

Por supuesto, es más fácil decirlo que hacerlo. No es sencillo ser fuertes, ver las cosas desde otra perspectiva y tomar decisiones que nos permitan salir de ese agujero emocional. Es difícil mantener la fortaleza mental en situaciones en las que nos sentimos atrapados o bloqueados emocionalmente, cuando la adversidad supera nuestros recursos de afrontamiento y tomar decisiones implica romper con muchas de nuestras certezas. Sin embargo, hay una buena noticia: la fortaleza emocional no es algo con lo que se nace, se desarrolla a lo largo del tiempo.

alcanzar la fortaleza mental y emocional

¿Cómo desarrollar la fortaleza mental?

Encuentra tu motivo para vivir. Viktor Frankl soportó los horrores de los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial y descubrió que, en gran parte, quienes sobrevivieron fueron aquellas personas que tenían un propósito para seguir viviendo. Por eso, uno de los pilares de la fortaleza emocional consiste en tener un motivo para seguir adelante al que podamos aferrarnos en los momentos más difíciles. Sin ese motivo es fácil caer en las garras de la desesperación y claudicar.
Equilibra el pensamiento positivo y negativo. Ni el pensamiento positivo es tan positivo ni el negativo es tan negativo. Ambos son importantes: el pensamiento negativo nos permite anticipar lo que podría salir mal y planificar qué hacer, mientras que el pensamiento positivo nos mantiene motivados, nos da fuerzas y nos permite centrarnos en nuestra meta. La clave radica en encontrar el equilibrio porque cuando estamos atravesando por situaciones difíciles tenemos la tendencia a verlo todo negro y fijarnos solamente en los detalles que confirman nuestros peores pronósticos. En esos casos, debemos activar conscientemente los pensamientos positivos para que sirvan como contrapeso del pesimismo.
Sé compasivo contigo mismo. A menudo, cuando atravesamos situaciones difíciles, tenemos la tendencia a culpabilizarnos, lo cual nos hace sentir aún peor. Sin embargo, las personas fuertes emocionalmente son capaces de tratarse con amabilidad, respeto y compasión mientras asumen sus responsabilidades e intentan enmendar sus errores. Cuando cuidamos al niño interior que habita dentro de cada uno de nosotros, reducimos la intensidad de las emociones negativas y abrimos un resquicio para que las emociones positivas florezcan. Por eso es muy importante cuidar nuestro diálogo interior y aprender a tratarnos con gentileza y cariño.
Aprende a reírte de ti. Las personas con una gran fortaleza emocional suelen tener un carácter divertido y son capaces de reírse se sí mismas. No se toman las cosas como algo personal, lo cual les permite protegerse de los vaivenes emocionales. De hecho, el sentido del humor es uno de los rasgos que definen a las personas resilientes. No se trata del sarcasmo y la ironía dirigidos a ridiculizar a los demás, sino a ese humor inteligente dirigido hacia uno mismo que permite encontrar lo absurdo o incongruente en la desgracia, de manera que se despoje de su peso emocional negativo. Se trata de aprender a poner buena cara al mal tiempo, para ver la realidad desde otra perspectiva.
Equilibra las emociones con la lógica. Las emociones no son un enemigo a batir, pero a veces pueden empeorar la situación. Cuando se produce un secuestro emocional, dejamos de pensar con claridad y las emociones toman el mando. Para evitarlo, es conveniente prestarle atención al mensaje que transmiten los emociones pero también equilibrarlas con la lógica. De hecho, la fortaleza emocional consiste en detectar las emociones, comprender cómo pueden influir en nosotros y luego, gestionarlas de la mejor manera posible.
Cambia lo que puedes cambiar y acepta lo que no puedes controlar. Una de las características de personalidad de las personas emocionalmente fuertes es que tienen un locus de control interno. Eso significa que asumen la responsabilidad por sus acciones, pero no se culpabilizan. Son conscientes de que hay cosas que pueden cambiar y otras sobre las que no tienen ningún control. Esa diferencia les permite movilizar sus recursos psicológicos de manera más eficaz, manteniendo su equilibrio emocional.
Da un paso a la vez. A veces los problemas llegan juntos, se acumulan y terminan abrumándonos, hasta tal punto que nos conducen a una situación de bloqueo emocional. En esos casos, debemos respirar profundamente y dar un paso a la vez, con la vista puesta en nuestra meta.
cómo ser más fuerte mentalmente

Lo más importante es priorizar, siendo conscientes de que el primer paso no nos lleva donde queremos llegar, pero nos saca de donde estamos. Así logramos romper la inercia, nos ponemos en movimiento y potenciamos la sensación de empoderamiento, que es fundamental para salir fortalecidos de las situaciones difíciles.