FILOFOBIAMIEDO A AMARMIEDO A DEJARSE AMAR

Acabamos de pasar San Valentín y no todo el mundo lo ha celebrado. Muchas personas, después de haber sufrido una ruptura de pareja traumática o un duelo difícil tras la separación, tienen miedo de volver a enamorarse, algo que en ocasiones también se señala como «miedo al compromiso». Se trata de un problema auténtico y que, si no se soluciona a tiempo, puede empeorar y dar lugar a la llamada filofobia: el miedo irracional a enamorarse o comprometerse emocionalmente con alguien.

Por supuesto, sufrir por amor no es algo novedoso. Y tener ciertas reticencias después de atravesar una experiencia dolorosa también es normal. Pero la filofobia es un término reciente, que –al menos por ahora– no aparece en los manuales de diagnóstico para psicólogos, y que se usa para describir la clase de situación que «interfiere de manera importante en la vida de la persona, la cual, por más que quiera, es incapaz de forjar vínculos profundos con otras con las que podría tener una relación sentimental».

El amor es un sentimiento sublime, pero ni siempre es fácil comprenderlo. Mientras muchas personas no se sienten realizadas hasta encontrarlo, otras evitan amar, sea invirtiendo tiempo en relaciones que no tiene futuro o buscando excusas (a menudo inconscientes) para seguir solas.

La verdad es que la mayoría de nosotros en algún momento de nuestra vida hemos tenido miedo de amar. Este recelo puede manifestarse de distintas formas o surgir en diferentes fases de una relación afectiva, puesto que todos creamos ciertas barreras para protegernos de ser lastimados.

En muchos casos, esta autoprotección exagerada nos impide encontrar y mantener el amor que decimos que queremos.

Consejos para superar la Filofobia

La filofobia puede ser superada, pero para ello debes admitir tu problema y trabajar de la mano de un psicólogo especializado. Si conoces a alguien que pueda padecer este trastorno ayúdale y aconséjale a acudir a terapia, hazle ver que los miedos se pueden superar poco a poco.

La filofobia puede ser superada, pero para ello debes admitir tu problema y trabajar de la mano de un psicólogo especializado.

Si conoces a alguien que pueda padecer este trastorno ayúdale y aconséjale a acudir a terapia, hazle ver que los miedos se pueden superar poco a poco. Un buen argumento es ayudarle a darse cuenta de que los miedos se pueden superar, y que la respuesta de huir no va a ayudarle. Lo único que podemos hacer para superar nuestros miedos es reconocerlos, afrontarlos y exponernos a ellos.

El principal problema del filofóbico es la incapacidad para sentirse vulnerable, para lo cual tenemos que fomentar la capacidad de valentía de la persona.

El amor es una vivencia fantástica y necesaria, pero para poder experimentarla es necesario exponerse y arriesgarse.

¿Qué impulsa nuestros miedos a la intimidad?
Cuando se trata de amor, casi todos establecemos al menos un par de estrategias para protegernos. Mucha gente incluso se auto sabotea.

De acuerdo con Lisa Firestone, psicóloga y autora de innúmeros libros sobre relaciones amorosas, los principales motivos por los cuales tenemos miedo de amar son:

1. Sentimiento de fragilidad
Cuando amamos de verdad a alguien nos sentimos vulnerables. Empezar una nueva relación significa entrar en un territorio hasta entonces inexplorado. Todos tenemos miedo de lo desconocido. Dejarse llevar por el amor significa correr un riesgo real. Si estamos realmente enamorados exponemos nuestras vulnerabilidades al depositar toda nuestra confianza en la otra persona. Todos los hábitos que hemos tenido hasta entonces, y que nos han permitido sentirnos centrados en nosotros mismos, empiezan a quedarse en el camino. Amar es mirar para uno mismo, pero también para el otro.

Además, solemos creer que cuanto más una persona nos importa, más nos puede lastimar, lo que no siempre es verdad.

2. La verdadera felicidad viene junto con el miedo al dolor
Cada vez que nos sentimos verdaderamente felices, plenos y probamos como la vida puede ser preciosa, tenemos miedo de sufrir cuando este estado de alegría pura se acabe. Al final, no hay felicidad que dura para siempre y los días tristes fatalmente llegarán. Por esto tenemos tanto miedo de entrar de cabeza en una história de amor, que va a llenar nuestro corazón de buenos sentimientos, pero que también puede traer el dolor.

3. El nuevo amor puede abrir heridas del pasado
Nuestras lástimas del pasado, incluso las experiencias de la infancia, tienen una fuerte influencia en cómo percibimos a las personas con las cuales nos acercamos y en cómo construimos nuestras

relaciones amorosas. Heridas mal curadas o viejas vivencias negativas pueden hacernos desconfiar de abrir nuestro corazón a una nueva persona. Luego, podemos alejarnos de la intimidad porque esta despierta sentimientos de dolor, pérdida, enojo o rechazo.

4. El amor suele ser desigual
Al inicio de una relación, mucha gente decide no seguir adelante al notar que el otro está más enamorado . Estas personas tienen recelo de no ser capaces de un día corresponder a este sentimiento y a dañar el otro. La verdad es que el amor a menudo es desequilibrado. Somos personas distintas, con experiencias distintas y que amamos de manera distinta.

Además, nuestros sentimientos hacia a una persona son cambiantes. Hay fases que amamos más, otras que tenemos dudas de nuestro amor. Es natural que sea así.

Dejar de empezar una relación por estas preocupaciones nos impide de conocer a alguién que está expresando un interés genuino en nosotros. Y jamás debemos desperdiciar la oportunidad de construir una relación que realmente tiene potencial para hacernos felices.

5. Miedo de romper la conexión con la familia de origen
Tener una relación de pareja larga es un fuerte indicio que hemos crecido y que estamos listos para empezar nuestras propias vidas como individuos independientes de nuestros padres. Aunque la familia de origen seguirá siendo importante, ella pasa a tener un papel secundario,

puesto que ahora la pareja tomará sus propias decisiones sobre qué camino van a seguir juntos. En los casos en que los padres son sobreprotectores y tratan su hijos adultos como niños puede ser complicado cortar este vínculo para empezar una historia de amor independiente.

6. El amor despierta nuestros miedos existenciales
Cuando amamos a alguien, no solo enfrentamos el miedo de perder a esta persona, sino que nos hacemos más conscientes de nuestra finitud. Al entrar en una relación afectiva, nuestra vida gana más valor y luego la idea de morir se vuelve más aterradora. Para encubrir este miedo, podemos enfocar en las preocupaciones más superficiales o sabotear la relación para que ella se rompa. Podemos inventar mil motivos por los cuales no deberíamos estar con esta persona sin darnos cuenta de nuestros temores más profundos.

7. Incapacidad de reconocer nuestro valor
A menudo, tenemos dificultad para reconocer nuestro propio valor y creer que realmente podemos despertar el interés de alguien. Solemos tener una voz interna crítica que nos dice que no merecemos la felicidad. Esto se debe a las experiencias difíciles que muchos hemos sidos expuestos durante la infancia. Estas voces internas son dañinas, pero también nos hacen sentir cómodos debido a su familiaridad. Ya estamos acostumbrados a ellas. Luego, cuando otra persona nos ve de una forma diferente, amándonos y apreciándonos, esto puede desencadenar un incómodo y nos llevar a adoptar una actitud defensiva, puesto que ser amado desafía todo lo que creíamos sobre nosotros mismos.

“Una mujer se sintió molesta cuando su novio le dijo que la amaba tanto que desearía tener hijos a su lado. Ella nunca había expresado hostilidad hacia él antes, y el hombre en cuestión no la presionó o incluso sugirió una acción”, cuenta Robert Firestone, Ph.D. en psicología

El especialista asegura que nos sentimos prevenidos ante el hecho de ser y sentirnos amadas, lo que, sorprendentemente, genera sensaciones negativas como ira y rabia. Sin embargo, se trata de un proceso inconsciente. Firestone explica el porqué de este fenómeno:

Sentirse amado despierta ansiedad: como respuesta al temor de sentir que otra persona tiene un afecto especial hacia nosotros se generan sentimientos de hostilidad y rechazo, además de la ansiedad de corresponderle, aunque la persona no lo desee.

La tristeza de recordar el pasado: ser tratado con amor no solo trae sensaciones positivas; en muchas personas genera sentimientos de dolor provenientes de experiencias del pasado, sobre todo en la infancia. Asimismo, brota el miedo a ser abandonado, por lo que el amado empieza a poner barreras para no ser tocado por el amor y no volver a ser herido.

Crisis de identidad: quienes han tenido que pasar situaciones negativas en el amor temen volverse a entregar a él, pues este les haría dejar de ser quienes realmente son; es decir, contraponen los conceptos de amor y el propio yo. El psicólogo afirma que esto se debe al proceso de idealización que tienen los hijos de los padres durante la etapa infantil, como un proceso de “supervivencia psicológica”.

El temor a volverse dependiente emocionalmente: la etapa de la aceptación a ser amado se origina, también, de vivencias emocionales de la infancia, específicamente de una falencia o vacío emocional, en lo que se refiere a la relación padre-hijo. Estos traumas persisten en la vida adulta, así no sea de forma consciente. El resultado es una pseudo-dependencia de la persona; en otras palabras, la creencia de que puede ser feliz por sí mismo, sin necesidad de otros.
Pero cuando se sienten acorralados por el amor, toman actitudes de negación y alejamiento o las mismas que recibieron de sus padres en la infancia y, más aún, cuando el vínculo emocional con la otra persona empieza a tomar fuerza.

El rechazo a recibir halagos: por contrario que parezca, alcanzar el éxito en la carrera o, en este caso, en el campo sentimental, puede sacar a relucir, de una u otra forma, las insatisfacciones personales en la vida de un individuo. Esto genera reacciones de culpa y autorecriminación, lo que hace actuar a las personas con hostilidad y agresividad frente a quienes les manifestaron su admiración. En ese orden de ideas, quien padece de este tipo de condición toma los halagos como una forma de sabotear y arruinar su éxito, por lo que se someten a sí mismos a una carrera para mantenerlo.

Cuestionamientos existencialistas: según afirma Firestone, “las personas crean el mundo emocional en el que viven”, entonces, por todos los medios posibles, intentan mantener el equilibrio emocional que tenían cuando eran niños. Por esta razón, el hecho de ser amados interrumpe el proceso, llevándolos a la antitésis de mantener una relación feliz y satisfactoria a como de lugar.

Para reflexionar
Todas las relaciones de pareja tienen una avalancha de retos. Conocer nuestro miedo de amar y cómo nos comportamos cuando estamos junto a alguien es fundamental para construir una relación sana y equilibrada a largo plazo.

Debemos estar atentos porque el miedo de amar puede venir camuflado por ciertos comportamientos cómo:

encontrar siempre defectos, dejando de lado las calidades
apostar por amores platónicos
enfocar en relaciones pasajeras

Inseguridades y bloqueo emocional

Estos problemas están «vinculados a un bloqueo emocional debido a las inseguridades de la persona», afirma por su parte la psicóloga Ciara Molina, autora de libros como Emociones expresadas, emociones superadas (2013) y Crea la vida que deseas (2018). Son inseguridades que se derivan de malas experiencias pasadas, propias o del entorno cercano. La interpretación de esos sentimientos hace que la mente considere la vinculación con otra persona como un «peligro».

«En su soledad, la persona se ha creado una especie de burbuja de bienestar, a su modo y semejanza –explica Molina–. En el momento en que ve que la burbuja puede peligrar es cuando aparece el miedo». La psicóloga pone el ejemplo de una persona que «sale emocionalmente tocada» de una relación larga, de varios años, pero que, tras hacer su proceso de duelo, encuentra la estabilidad para afrontar su día a día. Entonces conoce a alguien. Y al principio todo es bonito, pero llega un punto en que ese alguien pide que la relación avance.

Molina detalla lo que le sucede a la persona en cuestión: «Casi sin darte cuenta, tu memoria emocional te lleva a esos primeros días después de la ruptura, en los que te sentías tan mal, recuerdas cómo te costó superarlo y se empiezan a despertar toda una serie de miedos asociados con esas sensaciones pasadas». Como el cuerpo y la mente no quieren volver a sufrir, el temor se apodera de la persona y lo que hasta ese momento era una relación bonita se llena de dudas.

Señales de que tienes miedo a enamorarte

¿Cuáles son las actitudes típicas de la persona que tiene miedo a enamorarse, es decir, el temor a «salir de la zona de confort» y volver a sufrir? Algunas de las más comunes son las siguientes:

• Enamorarse de personas «inalcanzables», como un modo de dificultar que la relación se concrete y también de poner la responsabilidad fuera de sí misma («No es que yo tenga miedo a enamorarme, sino que las circunstancias hacen que la relación no sea factible»).

• Relacionarse con gente muy distinta a uno mismo. De este modo, el hecho de que la pareja no prospere se produce de manera «natural», y la persona no siente la presión de terminar, a causa de sus miedos, con una relación que parece funcionar.

• Buscar defectos en la persona con la que están saliendo, como una forma de justificar ante sí misma que «no es la indicada» y, por lo tanto, que no deben implicarse más con ella.

• Ocasionar discusiones y peleas con la pareja, en una búsqueda por que sea la otra persona quien deje la relación (de nuevo aparece la cuestión de poner la responsabilidad en el otro).

• Aislarse emocionalmente si siente que la otra persona se está acercando demasiado: no coger el teléfono, tardar demasiado en responder mensajes, llenarse de otras actividades o inventar pretextos para no verla con asiduidad, etc.

Esto quiere decir que quienes padecen de este miedo al compromiso «buscan romper la relación para recuperar de esta manera el control que habían perdido y, con él, la estabilidad que quieren para su vida», puntualiza Ciara Molina. El mayor problema es que «esta paz les dura poco, porque cuando toman consciencia de que otra vez dejaron pasar la oportunidad de tener una pareja, se vuelven a sentir abatidos».

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