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Quienes nacieron a mediados del  siglo XX, por lo general, fueron educados bajo unas normas estrictas, con una obediencia sin mucho diálogo, en ocasiones rígida. Sus hijos, en cambio, centrados en un mundo cibernético, aparentemente felices, experimentan frecuentes fracasos y baja autoestima; no saben enfrentarse a retos ni son incapaces de resolver sus pequeñas y normales dificultades cotidianas. Los domina un marcado egocentrismo, apatía, e intolerancia que se prolonga a lo largo de la juventud, e incluso, después del matrimonio, porque no acaban de madurar.

Los llamados «hijos tiranos» son fruto de una autoridad permisiva, anárquica y sin mayores controles de padres que piensan que si se les exige a los hijos, sufrirán y se frustrarán.

En este contexto de dudas e inseguridades, los autores proponen: tender hacia una formación más cercana, ejercer una autoridad con fortaleza en la que  pueda existir un diálogo sincero, tomar conciencia de la importancia de la convivencia familiar, mostrar congruencia en los valores, entre otros consejos que conducirán hacia una generación de padres más sabios e hijos más humanos.

En estas épocas no hay nada peor dentro de una pareja que el egoísmo de los hijos, es muy común ver en estos tiempos, la ingratitud de los hijos, y con mucho más razón si nosotros lo hemos sido también en nuestro momento con nuestros padres.

La mayoría de las veces, cuando hemos vivido como hijos, resultamos ser hijos ingratos, rebeldes, egoístas y muy poco comprensivos con nuestros padres, incluso no permitimos que ellos rehagan su vida, y si estos tienen pareja hacemos lo imposible por separarlos, y ya logrado la encomienda nos olvidamos de ellos incluso de visitarlos o llamarles…

La Ingratitud de los hijos depende mucho de la educación que les hemos dado, al no darles a ellos los valores morales que son tan necesarios en los días que vivimos, seremos vistos como padres irresponsables, egoístas e indiferentes.

Generalmente para que los hijos nos quieran y obedezcan, se recurre al chantaje emocional o ignorancia, para que nuestros hijos no nos causen problemas lo solucionamos con darles todo los caprichos que estos piden aunque luego no tengamos para comer a otro día, para que el niño este más contento y nos dé menos problemas.

El niño o la niña abre la boca exigiendo esto y lo otro y ahí estamos nosotros dándole gusto en todo lo que él pida y satisfaciendo todos sus caprichos, y así nos aseguramos que nos «quieren», un tonto engaño, nada más lejos de la realidad, porque nuestros hijos no nos van a querer más por darles más caprichos.

Por estas y otras razones más, no enseñamos a nuestros hijos a ser agradecidos, no sólo con nosotros sino con los demás, no les enseñamos a darle el justo valor de lo que tienen, ni que los valores morales son mil veces más importantes que las cosas materiales que puedan pedir, porque nosotros no los nutrimos interiormente o espiritualmente como es debido.

Los padres que tienen que trabajar mucho, tienden a «justificar» un falso sentimiento de culpa, por no dedicarles el tiempo suficiente a sus hijos, y cometen el terrible error de permitirles y consentirles toda clase de caprichos, pensando de que así el niño está compensado por el tiempo que no estuvieron con ellos por estar trabajando o en otras actividades.

 

Es así que los hijos van creciendo egoístas, insensibles, rebeldes y muy ingratos, para ellos es lo más normal, hasta se burlan de los padres cuando ellos le hacen algún reclamo al respecto, ellos crecen con los valores morales trastocados y piensan que la actitud hacia sus padres es normal y no es así.

Generalmente los hijos ingratos son una consecuencia de nuestra conducta hacia nuestros propios padres, si hemos sido indiferentes, egoístas, insensibles con ellos, pues nuestros hijos e hijas harán lo mismo con nosotros, nadie escapa a la justicia de la ley de causa y efecto.

Cuando veamos el sufrimiento que causamos a nuestros padres, dejándoles de lado o en una Residencia de ancianos, en contra de su voluntad, porque no hay espacio para él en nuestra casa, porque no queremos más cargas de las que tenemos, o sencillamente nos olvidamos de ellos, no los visitamos con frecuencia, o simplemente estamos en contra de que ellos sean felices con otra mujer , si son hijas estas son mas indiferentes a sus necesidades, lo cierto es que no se dan cuenta los hijos que cuando separan a sus padres de una pareja estos sufren, sin darse cuenta que estos lloran lágrimas muy amargas.

Los hijos crecen sin remordimientos, sin falta de caridad y gratitud hacia aquellos que nos dieron la vida y todo lo que pudieron, pero al pasar los años nunca nos damos cuenta de aquellos que estuvieron a nuestro lado, las noches en que no podíamos dormir por estar enfermos, por tener pesadillas, etc.

En nuestro deseo de criar niños felices es posible cometer equivocaciones que a la larga juegan en nuestra contra o causan actitudes que no resultan ser tan buenas como creíamos. A continuación, te diremos cuáles son los errores que los padres cometen al educar a sus hijos y que a larga fomentan el lado egoísta de los menores.

¿Egoísta se nace o se hace?

Hay niños que demandan atención, cosas materiales y cumplimiento de ciertas exigencias de forma constante. De algún modo, todos los niños pasan por ésta fase en la etapa infantil entorno a la edad de los dos años, el problema comienza cuando esta actitud se prolonga en el tiempo y se vuelve parte su carácter. Otra fase tiene lugar en la adolescencia, en donde los jóvenes se vuelven muy exigentes y demandantes en relación a lo que quieren y necesitan.

Algunas otras situaciones que pueden vivir los niños, como por ejemplo el divorcio de sus padres, puede llevar a que éstos se vuelvan egoístas y deseen que toda su atención se centre en ellos. Sin embargo y más allá de las vivencias, en mucho niños su lado egoísta se origina por un error de los padres al criarlos.

5 errores de crianza que fomentan el egoismo en los hijos 2

¿Por qué los hijos son egoístas?

Estas son las 5 conductas que los padres deben evitar para con sus hijos si no quieren que el egoísmo sea parte de la personalidad de sus hijos.

#1 Dar una exagerada atención

Cuando las madres o los padres tienen una atención exagerada y complacen en exceso a los niños mientras éstos son pequeños y luego a medida que éstos crecen dejan de hacerlo, generan en ellos un sentimiento de pérdida, lo que se traduce en enojo. Han sido muy dependientes y sobre protegidos y de pronto la sensación de abandono se instala en ellos.

Estos niños exigen de otras personas lo que ya no pueden obtener de sus padres, pero lo peor de todo es que aunque consigan lo que desean nunca nada es suficiente.

#2 Ser padres ausentes

Hasta los dos años de edad es muy importante la presencia de la madre; si el niño por la circunstancia que sea ha sido privado de ella, puede que tenga un sentimiento de rencor y de comportamiento egoísta y que de alguna forma sienta que todos le deben un trato especial.

#3 Tener actitudes egoístas

También puede ser que el niño aprenda a ser egoísta imitando la actitud de alguno de sus progenitores.

#4 Mimar en demasía

Otro error de las madres al criar a sus hijos está relacionado con el hecho de consentirlos demasiado. Esta no deja de ser una forma de prestarles demasiada atención, por lo que los niños se acostumbran a recibir atención constantemente e incluso sin ser requerida, y cuando la dejan de tener les nace una actitud egoísta.

#5 Fijar expectativas altas

Cuando las madres tienen expectativas muy altas en función de sus hijos y éstas no se cumplen, el niño se siente rechazado y con baja autoestima lo que promueve una actitud egoísta.

Los niños egoístas tienden a querer todo de forma inmediata, son incapaces de esperar y no toleran las situaciones que involucran la paciencia.

Cómo ayudar a un niño egoísta

Es necesario que el niño adopte un cambio de pensamiento y conducta, para lo cual es necesario implicarlo en habilidades sociales, fomentar su obediencia y demorar las gratificaciones.

Se debe enseñar al niño a tolerar las frustraciones y a tomar decisiones.

También se le debe enseñar a desarrollar la empatía hacia los demás.

Al niño hay que estimularlo a llevar a la práctica el ser capaz de dar y recibir.

Ver también: Recomendaciones para no educar hijos malcriados

El infinito amor de los padres por sus hijos puede llevar a cometer errores en la crianza de los niños que luego tendrán sus secuelas. Como padres debemos tener en claro que lo que para nosotros puede ser en muchas ocasiones una muestra de amor, esconde en realidad una grave equivocación de nuestra parte.

Sólo cuando tengamos suficiente lucidez nos daremos cuenta de lo torpes y egoístas que fuimos con los seres que más nos quisieron, y al tiempo, comprenderemos que tendremos que prepararnos, posiblemente, para sufrir lo mismo de parte de a quien hoy asemos sufrir noche a noche.